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Domingo 8 de Septiembre del 2002

Palabras peligrosas
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un pastor que predicó un fuerte sermón acerca de la honestidad. Condenó la deshonestidad en todas sus formas, y retó a su congregación a ser honestos en todo su trato con los demás. Al día siguiente, se subió al autobús para ir a la oficina. Cuando pagó el pasaje, el conductor le devolvió demasiado cambio. El pastor se sentó y empezó a pensar. "Dios me ha dado lo que necesitaba para esta semana", pensó. "¡Qué maravillosa es la provisión de Dios!" Pero en su corazón él sabía que tenía que devolver el dinero extra. Cuando llegó a su bajada, le dijo al conductor, "Ud. cometió un error al darme el cambio. Me dio demasiado, y aquí está lo extra." El conductor le respondió, "No fue ningún error. Yo estaba en su iglesia ayer, y oí su sermón acerca de la honestidad. Decidí ponerlo a prueba esta mañana."

La gente que te rodea te está observando para ver qué tan real es tu fe en Dios. No hay mejor manera de tomarte la temperatura espiritual que por la boca. Tus palabras revelan lo que está en tu corazón.

En esta mañana, quiero decirles que Dios es fiel a su Palabra. ¿Cuántos de Uds. creen eso? ¡Es la verdad! Y si somos seguidores de ese Dios fiel, entonces nosotros también seremos fieles a nuestra palabra.

Veamos lo que nos dice la Biblia acerca de esto.

Lectura: Santiago 5:12

5:12 Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.

Se dice que el que mucho jura, mucho esconde. Por esta razón, Dios nos enseña a ser personas tan honestas que no tenemos que jurar - somos creíbles sin necesidad de juramentos. Nuestras vidas deben ser tan transparentes que nadie puede dudar de nuestra palabra.

Hoy en día, estamos viviendo una crisis de confianza. No sabemos en quién confiar. El liderazgo político nos miente, los comerciales esconden la verdad acerca de sus productos en letras tan minúsculas que hay que sacar la lupa para leerlas, y los padres enseñan a sus propios hijos a mentir.

Imaginemos la escena: suena el teléfono, y la mamá, apurada, dice al niño: "No importa quién es, diles que no estoy". El niño contesta el teléfono, saluda al llamador, y responde a su pregunta: "Mi mamá dice que no está".

Hermanos, así no debe de ser en el hogar donde Cristo es exaltado. Al contrario:

I. Dios nos exige la integridad en palabra

¿Qué significa la palabra "integridad"? Significa simplemente que lo que decimos concuerda con lo que hacemos. Significa que no hay falsedad, no hay pretextos, no hay dedos cruzados.

En los días de Jesús, la decepción era común. Las instrucciones que Santiago da aquí son un resumen de una enseñanza de Jesús. Lo que Jesús dijo es tan interesante que vamos a leerlo en Mateo 5:33-37:

5:33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.
5:34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
5:35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
5:36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.
5:37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Sucede que, en días de Jesús, la gente rebuscaba cualquier manera de librarse de sus compromisos. Como respuesta, los líderes religiosos habían creado una lista de juramentos que eran obligatorios, y otra lista de juramentos que se podían quebrar.

Por ejemplo, ellos decían que se podía quebrantar un juramento hecho por Jerusalén, pero no se podía quebrantar un juramento hecho hacia Jerusalén. Mediante explicaciones tan enredadas, pretendían defender la honra del nombre de Dios - pero el resultado era simplemente una lista de pretextos para la deshonestidad. Cristo llega al grano y nos dice que los juramentos deben de ser innecesarios.

Llegamos a entender, entonces, por qué Santiago nos dice que no juremos por nada. En su día, jurar por alguna cosa era una manera de esquivar la responsabilidad. Era una manera de engañar. Frente a esto, es mejor no jurar.

Ahora bien, debemos de entender que Dios no nos está prohibiendo el hacer juramentos en situaciones donde se requieren - por ejemplo, en una corte de ley. Cuando Jesús fue juzgado, dio testimonio bajo juramento. El apóstol Pablo también juró en varias ocasiones.

El Señor no nos está prohibiendo que hagamos juramentos en cortes de ley u otros momentos indicados. Lo que nos está diciendo es que en nuestra vida diaria, debemos de ser tan honestos que no es necesario jurar.

En vez de preguntarnos qué juramentos tenemos que guardar y cuáles se nos permite quebrantar, debemos de ser tan honestos que con simplemente decir "sí" o "no" ya basta para establecer lo que haremos.

Recuerdo que, cuando era niño, de vez en cuando alguien hacía una declaración sorprendente. Todos le mirábamos con sospecha, pensando que quizás nos estaban dando atole con el dedo, hasta que decía: "Te lo juro por Dios". Con esa frase mágica, se tenía que creer.

Éramos niños. Pero creo que esa frase no debe de encontrarse en la boca de un creyente. Debe de ser innecesaria. La realidad es que, como nos dijo Jesús, seremos juzgados por cada palabra vana que salga de nuestros labios. Tenemos que reconocer que

II. Dios nos juzgará por la integridad en palabra

Santiago lo dice muy claramente: Que su "sí" sea "sí", y su "no", "no", ¿para qué? ¿Porque es mejor ser honesto? ¿Porque es algo bonito? ¿Simplemente porque sí? No, él dice para que no sean condenados.

Esto significa que seremos juzgados en base a nuestra integridad. La Biblia recalca vez tras vez que la única manera de ser librados de culpa en el día del juicio es mediante la fe en Jesucristo. Nunca debemos de pensar que nuestros propios intentos de ser buenas personas nos van a ganar la entrada al cielo. La Biblia nos dice que somos salvos por gracia, por medio de la fe; no por obras.

Pero igualmente, la Biblia enfatiza que la persona que ha sido salvada por la fe vivirá de una manera distinta. Es posible engañar a todo el mundo, hasta engañarse a uno mismo, pensando que uno tiene fe cuando no tiene nada. La manera de saber si tenemos fe verdadera o no es la examinación de nuestra vida.

Es semejante a la técnica que se usa en la minería para distinguir diferentes clases de metales que tienen una apariencia similar. Bajo luz ultravioleta, metales que se ven iguales bajo luz normal cobran una apariencia muy distinta. El experto puede clasificar los metales en base a su reacción a la luz ultravioleta y a otras clases de luz no visibles al ojo humano.

Obviamente, la luz ultravioleta no transforma el metal de alguna clase en algo distinto. No convierte la pirita, por ejemplo, en calcopirita. Pero sí demuestra la identidad del metal que se está clasificando.

De igual modo, nuestras acciones solas no determinan si somos salvos o no. Nadie será salvo porque dijo la verdad en vez de decir una mentira. Las obras no pueden salvar. Pero nuestras acciones sí demuestran el estado de nuestra alma. Podemos saber qué tan real es nuestra fe viendo nuestras acciones.

En otras palabras, si hemos creído en Cristo para recibir la salvación, nuestras vidas serán distintas. Y como dijimos al principio, la mejor manera de tomar nuestra temperatura espiritual es por la boca. Se da a conocer la realidad de nuestra fe en Cristo mediante la integridad de nuestra palabra.

Hermanos, cuando hacemos promesas que no guardamos, mostramos que nuestro corazón no está totalmente entregado a Cristo. Cuando les prometemos a nuestros hijos un dulce para apaciguarlos, somos mentirosos si esperamos que se les olvide luego. Cuando los amenazamos con peligros inventados como el cucuy, les estamos enseñando a mentir.

Cuesta decir la verdad. Es mucho más fácil hacer decirle a la otra persona lo que ellos quieren oír, en vez de ser sinceros y decir la verdad. En vez de prometer cosas que no vamos a cumplir, debemos decir la verdad.

¿Qué ejemplo les estás dando a tus niños? ¿Les estás enseñando a decir la verdad, aunque te cueste? ¿O les enseñas a decir la verdad sólo cuando conviene? Recuerda que Dios te va a juzgar según lo que dices. La falta de integridad trae castigo.

Se cuenta la historia de dos hombres que se encontraron en la calle. Uno le dijo al otro, "¿Has oído acerca de Bernardo? Se fugó con medio millón de dólares de su compañía." Respondió el otro, "Eso es horrible. Yo nunca le tuve mucha confianza a ese tipo." El primero le dijo, "No sólo eso, se llevó también a la esposa de Tomás". El otro replicó, "Eso es horrible. El siempre fue un bueno para nada". Agregó el primero: "Además, se robó un carro para escaparse". Le respondió el segundo: "¡Qué vergüenza! Yo siempre dije que él iba a terminar mal". Siguió el primero: "Además de todo eso, se cree que estaba borracho cuando se largó del pueblo". Respondió el otro, "Todo eso es terrible. Pero lo que realmente me preocupa es esto: ¿quién va a enseñar su clase de escuela dominical el domingo?"

¿Qué creen que pasará cuando Bernardo se encuentre ante Dios? ¿Piensan que Dios dirá, "Bueno, hiciste muchas cosas malas, pero de todas maneras fuiste un buen maestro de la escuela dominical?" ¡Por supuesto que no!

Las acciones de Bernardo demostraron que ser maestro de la escuela dominical era simplemente una fachada que cubría sus verdaderas intenciones. De igual manera, tú puedes hacer lo que quieras en la iglesia y puedes engañar a muchas personas, pero el verdadero estado de tu corazón se mostrará por lo que dices.

Déjame preguntarte ahora a ti: ¿qué dice tu boca acerca de tu corazón? ¿Qué demuestra tu honestidad o tu deshonestidad acerca de la realidad de tu fe? Si te estás engañando, será mejor reconocerlo y arrepentirte, antes de que sea muy tarde.

Recuerda que si confiesas tu pecado, si lo reconoces ante Dios, él te perdonará y te limpiará. Si lo reconoces ante otra persona, hallarás poder para vencer el pecado y ser libre.


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