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Domingo 3 de Junio de 2012

Cuatro momentos cruciales
Pastor Tony Hancock

Quiero que imagines conmigo que llevas a tu hijo al doctor, y después de algunos análisis, el doctor vuelve al cuarto con la cara sombría. "Su hijo tiene una enfermedad fatal", te dice. "Sin tratamiento, esta enfermedad llevará a la muerte." Luego te dice: "Hay algo más. Esta enfermedad es de herencia. Usted se la pasó a su hijo."

¿Qué sentirías en ese momento? ¿Qué pasaría por tu mente? Estoy seguro que tu mayor deseo sería encontrar el mejor tratamiento para que la enfermedad de tu hijo pudiera ser curada. Moverías cielo y tierra para que el destino de tu hijo fuera diferente.

Quizás te parezca sorprendente, pero ¡lo que dijo el doctor en esta escena imaginaria resulta ser la verdad! Si tú tienes hijos, ellos tienen una enfermedad fatal. Es más, esa enfermedad tú se la heredaste. La enfermedad se llama pecado, y si no se cura, es fatal. Mata sin excepción a todos los que la tienen, si no reciben el tratamiento indicado.

Sin embargo, el tratamiento está a la mano. Se llama Jesús, y cura a todo el que a El acude. Una de las razones principales por las que Dios creó a la familia es para pasar la fe de generación en generación. Dios nos ha dicho por qué es importante, y también nos ha dicho cómo hacerlo.

Una palabra a los que no tienen hijos pequeños: este mensaje es para todos nosotros. Para algunos, los hijos todavía están en el futuro. Este mensaje es para recordar y hacer propósitos. Para otros, los hijos ya crecieron o quizás no los tuvieron. Sin embargo, todos debemos apoyar a los padres en la tarea de pasar la fe. Pídele al Señor que te guíe a saber cómo hacerlo.

Abramos ahora la Biblia en Deuteronomio 6, y leamos los versos 4 al 7:

6:4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
6:5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;
6:7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

El libro de Deuteronomio registra los últimos mensajes que entregó Moisés al pueblo de Israel antes de su muerte. Durante cuarenta años, él había guiado al pueblo de Dios. Los había sacado de su esclavitud en Egipto. Los guió a recibir la ley en el monte Sinaí. Guió la construcción del tabernáculo, donde adoraban a Dios.

Durante los años que pasaron en el desierto debido a su desobediencia, Moisés fue su líder. Ahora estaban a punto de entrar a la tierra prometida, pero Moisés no podría acompañarles. El le deja entonces al pueblo sus instrucciones más importantes. Dentro de este libro que registra todas esas cosas importantes que Moisés dejó al pueblo, este pasaje es especial.

Los israelitas repetían el versículo 4 como su declaración de fe. Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mandamiento más importante, El citó el versículo 5. Dentro de un libro de mensajes importantes, éste es uno de los más importantes - quizás el más importante.

Observemos, entonces, lo que nos dice. Para empezar, nos dice que Dios es uno. Hay un solo Señor, no un Señor de aquí y otro de allá. Entre los dioses que adoraban los cananeos, había uno llamado Baal. Cada pueblo tenía su propio Baal; había muchos Baales, uno de este lugar y otro de aquél.

Pero Jehová, el Dios verdadero, no es así. No hay un Señor de aquí y otro de allá, para que escojamos al que más nos guste. Hay un solo Señor. Por esto, El también tiene que ser el número uno en nuestras vidas. La cosa más importante en la vida es amar a Dios como número uno.

¿Por qué nos resulta tan difícil hacer esto? Es a causa del pecado, esa enfermedad mortal y hereditaria que mencionamos al principio del mensaje. El pecado no es solamente algo que hacemos de vez en cuando. Es algo que nos ha afectado hasta lo más profundo de nuestro ser.

Nos gustaría pensar que somos personas buenas, por lo general, que simplemente la regamos de vez en cuando. Nos gustaría pensar que, si viéramos al fondo de nuestro corazón, encontraríamos mariposas y flores. La verdad es otra. En lo más profundo de cada corazón humano hay una infección de pecado que repele a Dios. ¿Alguna vez has juntado los dos polos iguales de dos imanes, y has visto como se repelen? Hay un rechazo constante del uno al otro.

Así es nuestro corazón pecador hacia Dios. Constantemente trata de buscar lo suyo. Habla palabritas piadosas, pero al mismo tiempo piensa en lo que quiere, no en lo que Dios quiere. Ese mismo pecado está firmemente arraigado en el corazón de tus hijos. Si tú quieres que ellos aprendan a amar a Dios y a ponerlo en primer lugar, será un esfuerzo. No es algo que sucede automáticamente.

Dios es uno, y amar a Dios como número uno es la cosa más importante en la vida. Si quieres que tus hijos aprendan a amar a Dios así, este pasaje te da cuatro formas de lograrlo. Observa conmigo el versículo 7. Mira los cuatro momentos que te dice que hables con tus hijos acerca de Dios: "cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes."

Estos cuatro aspectos de la vida son cruciales para que tus hijos aprendan a amar a Dios. Es importante reconocer que ellos tomarán su propia decisión, pero Dios te llama a hacer lo que te corresponde para que ellos pueden aprender esta lección - la lección más importante.

Consideremos uno por uno estos cuatro momentos cruciales para que tus hijos aprendan a amar a Dios. El primer momento es cuando estés en la casa. ¿Qué sucede cuando estás en la casa con tus hijos? ¿Pasan tiempo juntos? ¿Pasan tiempo juntos hablando de Dios? Uno de los momentos más importantes es la cena familiar. No dejes que el televisor te robe ese tiempo importante.

Entre esos momentos que pasan en familia, el más importante es la adoración familiar, lo que llamamos la célula familiar. Pasar ese tiempo con tus hijos les dice a ellos que esto es importante para ti. Si no puedes apagar las novelas o el partido para pasar tiempo con tus hijos conociendo más de Dios, por lo menos una vez a la semana, les estás diciendo que esas cosas son más importantes que Dios. ¡Difícilmente aprenderán así a ponerle en primer lugar en sus vidas!

Puede ser que tus hijos sean mayores, y que no tengan muchas ganas de participar. Si son adolescentes o jóvenes, anímales e invítales. Quizás te sorprendas. Hazlo con los que estén dispuestos a hacerlo. Ese tiempo en la casa de hablar con tus hijos de Dios es muy importante.

El segundo momento crítico con tus hijos es cuando estés en el camino. Cuando se escribió la Biblia, las familias iban de una parte a otra caminando. Hoy en día, casi todos viajamos en carro. ¿Qué puedes hacer para convertir tu auto en un lugar de encuentro con Dios?

Puedes escoger música cristiana para escuchar en el carro. Puedes orar brevemente antes de salir. Puedes aprovechar lo que veas en el camino para hablarles a tus hijos de Dios - no constantemente y de forma artificial, sino según el Espíritu Santo te provoque hacerlo.

El tercer momento crucial es cuando te acuestes. Uno de mis recuerdos de la infancia es que mi padre siempre me acostaba leyéndome una historia bíblica. Teníamos un libro de historias bíblicas, y cada noche él me leía una antes de dormirme. Esa pequeña costumbre de cinco minutos tuvo un gran impacto sobre mi vida.

Otra cosa que puedes hacer es orar con tus hijos a la hora de dormirse. Pídele al Señor que los proteja durante la noche, que les dé descanso y que los prepare para un buen día mañana. Esto no es algo que demore mucho tiempo, pero ¡qué importantes son esos momentos antes de dormirse!

El cuarto momento crítico es cuando te levantes. ¿Qué haces en la mañana antes de irte al trabajo y antes de que tus hijos vayan a la escuela? Quizás las cosas sean un poco diferentes ahora que están de vacaciones, pero pensemos en una mañana normal durante el año escolar. ¿Qué tiempo le das a Dios?

Si puedes, ora con tus hijos y lee una porción bíblica. Si no puedes hacer eso, al menos dales tu bendición antes de empezar el día. No tienes que esperar hasta que empiece el año escolar para hacer esto. Aunque sigan dormidos cuando salgas para el trabajo, puedes entrar a sus cuartos, poner la mano suavemente sobre su cabeza y bendecirlos en el nombre de Jesús.

Estoy seguro que algunos de ustedes se sienten abrumados por todas las cosas que les he dicho. ¿Dónde voy a encontrar tiempo para hacer todo esto? - te preguntas. No es mi intención desanimarte. Más bien, quiero que escojas una - ¡sólo una! - de todas las cosas que he mencionado para empezar a ponerla en práctica.

Quizás no estés haciendo la célula familiar. Proponte empezarla esta semana. Si ya la estás haciendo, ¡qué bueno! Quizás Dios te esté llamando a cenar con tus hijos, y aprovechar ese tiempo para hablar y orar con ellos. O quizás te esté llamando a pasar esos cinco minutos con tus hijos antes de que se duerman.

Escoge una de las cosas que he mencionado y decide, ante Dios, que la vas a empezar a hacer. Dentro de 10 ó 20 años, no vas a recordar la novela que ves esta semana. No recordarás quién ganó el partido, o qué dijo aquel cómico. El tiempo que pasas con tus hijos puede tener un impacto eterno sobre sus vidas. No dejes que nada te lo robe.


Visita la página web renovada del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net. Las novedades incluyen la célula familiar, una guía sencilla para reunirse en familia cada semana. También habrá nuevas respuestas a las preguntas al pastor. Si no has visitado www.pastortony.net últimamente, ¡visítalo ya!

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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