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Domingo 27 de Mayo de 2012

Un Dios trabajador
Pastor Tony Hancock

Aún recuerdo mi primer trabajo. A la edad de quince años empecé a trabajar, saliendo de la escuela, en un supermercado. A mí me tocaba meter en bolsas las compras de los clientes y hacer otras labores manuales. Hasta el día de hoy, cuando uso la caja de autoservicio en la tienda, guardo mis compras en las bolsas usando las normas que aprendí en aquel trabajo: las cosas pesadas van abajo, los productos congelados van juntos y los artículos de tocador van por separado.

Tengo que confesar que mi motivación en buscar ese trabajo fue puramente económico. Quería tener dinero para gastar. Dios usó ese trabajo para mantenerme ocupado, y me dio varias buenas experiencias. En los años que han transcurrido desde esa experiencia, he aprendido mucho más acerca del trabajo. Sobre todo, he llegado a ver que la Biblia tiene mucho que decir al respecto.

Por supuesto, la Biblia nos dice cómo portarnos en el trabajo. Nos dice que lo hagamos todo como para el Señor, no para los hombres. Nos dice que seamos honestos e íntegros, aun cuando nuestros compañeros no lo son. Pero la Biblia nos dice más que esto. Nos habla del origen y del destino del trabajo. Si llegamos a comprender lo que la Biblia nos dice acerca del trabajo, puede llegar a transformar nuestra actitud hacia él.

Hemos estado hablando en estas semanas acerca del dinero. Hemos hablado del diezmo, que es la forma en que le mostramos a Dios nuestra confianza en El y nuestra gratitud hacia El. Hemos hablado de la deuda, y también hemos visto cómo nos llama Dios a gastar lo que El nos da.

Hoy consideramos la forma en que nos ganamos el sustento. Para casi todos nosotros, el trabajo es el medio por el cual recibimos el sustento. ¿De dónde viene el trabajo? ¿Quién lo inventó? Busquemos la respuesta en Juan 5:16-18:

5:16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.
5:17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
5:18 Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Encontramos estos versículos en medio de una de las controversias que tuvo Jesús con los fariseos. Ellos lo acusaban de romper la ley, trabajando en sábado.

Jesús respondió que Dios, su Padre, trabaja todos los días, y que El también lo hacía. Detrás de esto había un debate entre los judíos. Ellos sabían que Dios sostiene la creación. Si El dejara de trabajar un solo día, todo se desmoronaría. Se preguntaban, entonces, ¿cómo es que Dios puede trabajar el día sábado sin violar su propia ley?

Llegaron a la siguiente conclusión. El día sábado, la gente no se podía alejar de sus casas y no podían levantar nada por encima de sus cabezas. Como Dios llena todo el universo, no se puede decir que El se salga de su lugar para trabajar el sábado. Tampoco se podría decir que El levantara algo encima de su cabeza, porque no hay nada más alto que El. Por lo tanto, decidieron los judíos, aunque Dios trabaja el día sábado, no quebranta el sábado al hacerlo.

Jesús declara que las mismas condiciones se aplican a El. Sus oyentes entendieron muy bien que El se estaba haciendo igual a Dios. No pudieron comprender que El realmente es Dios hecho hombre. Fijémonos en estas palabras de Jesús: "Mi Padre aun hoy está trabajando, y yo también trabajo." ¿Habías pensado alguna vez que Dios trabaja?

Quizás nos hemos imaginado a Dios sentado en su trono allá en el cielo, moviéndose sólo para darles órdenes a los ángeles. ¡No es así! ¡Dios está activo! ¡El trabaja! Para empezar, Dios creó el mundo. Su Espíritu fue activo, moviéndose sobre la creación desordenada para traer orden del caos. Con su Palabra, Dios dio existencia a las cosas.

En segundo lugar, Dios sostiene al mundo. Hebreos 1:3 dice que "el Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa." Imagina que Dios un día dijera: "¡Qué pereza! No quiero ir a trabajar hoy. Mejor me quedo en la cama." En ese momento, el mundo dejaría de existir.

En tercer lugar, Dios restaura el mundo. Dios está trabajando constantemente para restaurar lo que nuestro pecado ha destruido. Su Espíritu está obrando para traer convicción de pecado. Da nueva vida a los que se arrepienten. El Hijo hizo una labor impresionante e inigualada en la cruz. El Padre gobierna con sabiduría al mundo. Dios no sólo sostiene a su creación, sino que está trabajando constantemente para restaurarla.

Si Dios lo hace, el trabajo no puede ser algo malo. No es un castigo. No es una maldición. Al contrario, el trabajo es una bendición. Para aprender más acerca de este tema, vayamos a Eclesiastés 3, y leamos los versos 9 al 15:

3:9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
3:10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.
3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
3:12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
3:13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
3:14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.
3:15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Eclesiastés es un libro de sabiduría, escrito aparentemente por Salomón hacia el final de su vida. El había tenido la oportunidad de ver muchas cosas acerca de la vida humana. Tenía dinero, mujeres, fama, hijos, poder - todo lo que un hombre podría desear. Sin embargo, se dio cuenta de que el significado de la vida no se encontraba en ninguna de estas cosas.

El libro de Eclesiastés relata la forma en que este hombre se puso a considerar los diferentes aspectos de la vida, para encontrar su sentido. En estos versículos él considera el trabajo y su significado. Lo hace desde una perspectiva un tanto pesimista, pero tiene cosas importantes para decirnos.

Hay quienes buscan en su trabajo la importancia o el sentido de la vida. En otras palabras, se creen alguien por el trabajo que tienen o por lo que pueden lograr en el trabajo. Si Dios trabaja, no es malo que nuestro trabajo sea importante para nosotros también. Lo malo está en pensar que somos alguien en base a lo que hacemos.

Salomón tuvo bastantes oportunidades para ver esto en acción. Los reyes de su día construían grandes monumentos como muestra de su poder. Salomón mismo construyó un gran palacio y un templo para el Señor que fueron maravillas del mundo en su día. Hoy, nada de lo que él hizo existe.

Podemos apreciar las pirámides de México o de Egipto, pero ¿recuerdas los nombres de quienes los construyeron? Son simplemente una reliquia de la historia. Todo su trabajo no les dio a sus constructores la inmortalidad. Es por esto que Salomón nos dice que el trabajo se puede volver afanoso y vano. Se vuelve abrumador cuando creemos que el trabajo nos da significado.

Dios ha puesto en nuestro corazón la eternidad, nos ha hecho reconocer que hay algo más allá del momento presente, aunque no alcanzamos a comprender todo lo que Dios está haciendo. Es por esto que ningún logro, ningún trabajo, ninguna promoción podrá satisfacer tu corazón. Dios ha puesto allí el sentido del tiempo y la eternidad, y sólo El te podrá satisfacer.

Quizás estés pensando en este momento: "¡Eso no me describe a mí! Yo muy apenas logro sobrevivir y pagar las cuentas mensuales. ¡Ni hablar de creerme alguien por lo que he logrado en el trabajo!" Quizás ninguno de nosotros se haya hecho rico y famoso por medio de su trabajo.

Pero puede ser que todavía estés creyendo esa mentira, porque estás dejando que el mundo te encasille como insignificante por no tener uno de esos trabajos tan supuestamente importantes. El significado de tu vida y tu valor como persona no dependen del trabajo que tengas o que no tengas.

Si no tienes trabajo, empieza a orar y a buscar. Busca algo en qué ocuparte. Si estás trabajando, y Dios te da la oportunidad de educarte o de conseguir un mejor trabajo, por supuesto, hazlo. Pero toma el trabajo que tienes ahora y reconoce que es una bendición de Dios. Los versos 12 y 13 son para ti. Disfruta tu trabajo, y los frutos de tu labor. Son una bendición. Es bueno llegar a la casa después de un día cansado y abrazar a tu esposa y a tus hijos. Es bueno sentarte a comer una buena cena, y saber que Dios te ha permitido ganar el dinero para comprarlo por medio de tu trabajo.

¡Disfrútalo! Es una bendición de Dios. Simplemente no confundas esa bendición con lo más esencial. Sólo hay un trabajo permanente y eterno. Es el de Dios. El verso 14 nos habla de esto. Nuestro trabajo, por más importante que el mundo lo considere, pronto pasará al olvido.

Pero Dios está haciendo cosas eternas. Lo que El hace, permanece. Es en El que podemos encontrar lo que realmente importa, y lo que le da verdadero sentido a la vida. Lo que Dios hace, lo hace para que le temamos. La vida humana cobra su verdadero sentido cuando llegamos a reconocer la grandeza de las obras de Dios, y nos damos cuenta de lo insignificantes que somos nosotros a comparación.

Nosotros no sabemos lo que sucederá mañana, pero Dios ve el principio y el fin. El está realizando una obra más impresionante que cualquier construcción humana. Su creación es asombrosa. Su nueva creación será aún mayor. Cuando tú adoras a Dios, cuando confías en El, cuando te entregas a lo que El está haciendo, encuentras el verdadero significado de la vida. Así quedas libre para apreciar todo lo que Dios te da - incluso tu trabajo.

Puede ser que no te agrade tu trabajo. ¡A mí me ha pasado! De hecho, renuncié a mi primer trabajo en el supermercado porque ya no aguantaba a uno de los gerentes. Si no te gusta tu trabajo, ora y pídele a Dios que te ayude a encontrar la salida.

Pero te invito a salir mañana al trabajo dándole gracias a Dios porque El te lo dio. Recuerda que El también está trabajando. Alábale por la grandeza de lo que El ha hecho, hace y hará. Busca la forma de disfrutar del trabajo y lo que te permite hacer. El trabajo es una bendición buena de nuestro Dios trabajador.


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