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Domingo 13 de Mayo de 2012

El secreto de una madre
Pastor Tony Hancock

Una madre le estaba ayudando a su hijo a ponerse el abrigo. "El secreto", le dijo la madre a su hijo, "está en meter bien la parte plana al cierre antes de subirlo". El niño miró a su madre con cara de pregunta. "Mami, ¿por qué tiene que ser un secreto? ¿No se lo puedo contar a nadie?"

¡Hay que tener cuidado cuando hablamos con los niños! Fácilmente malinterpretan el sentido de lo que decimos. Por supuesto, cómo subir un cierre no es ningún secreto. Era simplemente algo que el niño debía aprender. Pero hoy vamos a conocer a una madre que sí tenía un secreto. En realidad, ella tenía más de un secreto; y el secreto que aprendemos de su vida es un secreto muy importante para todas las madres.

Abramos la Biblia en Exodo 2 y leamos los versos 1 al 10 para conocer el secreto de una madre:

2:1 Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví,
2:2 la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.
2:3 Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.
2:4 Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería.
2:5 Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase.
2:6 Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste.
2:7 Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño?
2:8 Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño,
2:9 a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió.
2:10 Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

El nombre de esta madre no se menciona aquí, pero de otros pasajes sabemos que ella se llamaba Jocabed. Ella tuvo un hijo, y desde nacer, su hijo ya estaba condenado a morir. El faraón de Egipto, al ver cómo crecía el pueblo de Israel, había mandado que todos los bebés varones israelitas debían ser tirados al río Nilo.

Moisés no fue el primer hijo que tuvo Jocabed; tenía ya al menos dos más - Miriam y Aarón. Pero ella vio algo especial en Moisés, algo que no la dejó terminar con su vida; y durante tres meses lo guardó en secreto. Después de ese tiempo, ya no pudo seguir escondiendo a Moisés.

Jocabed decidió entonces cumplir con el edicto del faraón y tirar a su hijo al río. Simplemente hizo un pequeño ajuste; lo metió en una canasta impermeable al agua antes de meterlo al río. Allí se quedó Moisés, mientras su hermana mayor lo observaba de lejos.

En eso llegó la hija del faraón. Las aguas del río Nilo se consideraban sagradas; cuando esta mujer llegó a bañarse, no se trataría de su baño diario, sino de alguna especie de ritual de purificación con las aguas del río. Pero pronto se olvidó de la razón de su visita al río. Descubrió al bebé flotando entre los juncos a la orilla del río.

La Biblia no nos dice el nombre de esta princesa, pero haciendo cuentas, muchos estudiosos de la Biblia consideran que podría haber sido Hatshepsut. Ella fue hija de un faraón y esposa de otro faraón, y posiblemente también gobernó como faraona - una de muy pocas. Ella nunca tuvo hijos propios; su instinto de madre se apoderó de ella cuando vio a este lindo bebé.

En eso se acercó Miriam, y ofreció a su madre - claro, sin decírselo a la princesa - como nodriza para el bebé. Fue así que Jocabed tuvo la oportunidad de criar a su propio hijo, ¡pagada por la hija del faraón! Por algunos años se quedó con ella, y luego se fue a vivir al palacio con la hija del faraón.

¿Cuál fue el secreto de Jocabed? Ella escondió a Moisés en secreto durante varios meses; pero tuvo otro secreto también. Hebreos 11:23 nos dice cuál fue ese secreto: "Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey".

El secreto de Jocabed es que ella fue una mujer de fe. Sus acciones al querer proteger a su hijo, cualquier madre las puede comprender; pero el secreto de su éxito está en su fe. Ella confiaba en Dios. Aunque las circunstancias eran adversas, aunque todo se veía mal, aunque el gobierno estaba completamente en su contra, ella confiaba en Dios.

Esta fe de Jocabed se expresó en acción. Ella confiaba en Dios, pero no se quedó con los brazos cruzados. Hizo lo que estaba a su alcance, usando la inteligencia y la sabiduría que Dios le había dado para ayudar a su hijo y buscar una salida a su situación.

A veces tenemos un concepto equivocado de lo que es la fe. Pensamos que tener fe es quedarnos pasivamente esperando, sin hacer nada, dejando que Dios lo haga todo. Cuando tenemos fe, nuestros corazones descansan en la seguridad de que Dios nos ama, y El está en control. Nuestros corazones descansan, pero nuestra mente y nuestro cuerpo están activos.

No sabemos cómo obrará Dios, pero sabemos que El sí obrará. Así fue Jocabed. Dios respondió, y cuando parecía que todo estaba perdido, usó a la hija del faraón y a Miriam para rescatar a Moisés. No importa el problema que estés enfrentando en tu vida. Este principio no es sólo para las madres; cualquiera de nosotros puede aprender de Jocabed cómo se ve la fe en acción.

Si tú enfrentas un problema con uno de tus hijos, si tú sientes que está bajo amenaza, sigue el ejemplo de Jocabed. Deja que tu corazón descanse en la seguridad de que Dios obrará, y haz todo lo que esté a tu alcance. No te aflijas pensando que tú mismo tienes que resolver el problema; Dios estará presente para obrar. Sólo haz todo lo que puedas; deja lo demás en manos de Dios.

Dios tuvo propósitos para la vida de Moisés, y usó la fe activa de Jocabed para proteger su vida y realizar esos propósitos. Moisés llegó a ser el líder usado por Dios para liberar a los israelitas de su esclavitud en Egipto. Hasta la llegada de Jesucristo, no surgió ningún líder más grande para el pueblo de Dios.

¿Cuáles propósitos tendrá Dios para los niños de esta iglesia? ¿Cómo estará llamando a las madres a poner su fe en acción? El todavía usa la fe de las madres para proteger a sus hijos, para guiarlos a un destino mejor, para marcar sus vidas de formas eternas.

Jocabed fue una mujer de fe. Ella también tenía otro secreto: ella fue una mujer que enseñó a su hijo acerca de Dios. Piénsalo: ¿en qué otro momento de su vida podría haber aprendido Moisés acerca de Jehová, el Dios de sus antepasados? ¿En qué otro momento podría haber llegado a comprender quién es Dios? No lo aprendió en el palacio del faraón. La hija del faraón no se lo enseñó.

Sin embargo, cuando él fue adulto, se identificó con su pueblo, no con los egipcios. Cuando Dios se le apareció, a la edad de ochenta años, él sabía de quién se trataba. Sólo de Jocabed, su madre, y de su padre pudo haber Moisés aprendido acerca de Dios. La enseñanza que él recibió en esos primeros años de su vida fue crucial para que él supiera quién era él y quién era Dios.

Madres, ustedes juegan un papel muy importante en la vida de sus hijos. No digo esto para menospreciar el papel del padre; él también tiene un papel muy importante en el plan de Dios. Pero en este día que celebramos a las madres, es bueno considerar el trabajo esencial que hacen las madres en enseñarles a sus hijos e hijas acerca de Dios.

No pierdas las oportunidades que Dios te ha dado para hablarles a tus hijos de El. No dejes de orar por tus hijos. Sus corazones son como vasijas de barro que Dios te ha entregado para formar, ahora, antes de que sea tarde. No creas esa mentira de que son muy pequeños, y no entienden. Moisés fue muy pequeño cuando su madre le enseñó acerca de Dios. Cuando sean grandes, será tarde. Este es el momento.

Pero también hay algo muy interesante en el ejemplo de Jocabed y Moisés. A pesar de la buena enseñanza que recibió de Jocabed su madre, Moisés no tuvo una vida perfecta. Al contrario, cuando se hizo adulto, cometió un horrible crimen y tuvo que huir a otro país, donde se quedó durante cuarenta años. Si no recuerdas la historia, puedes leerla en Exodo 2:11-15.

2:11 En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos.
2:12 Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
2:13 Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo?
2:14 Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto.
2:15 Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián.

Sin embargo, lo que su madre le había enseñado se quedó con él. Después de esos años de purificación y arrepentimiento, Dios lo llamó a una tarea muy especial. Muchas madres cristianas han tenido la misma experiencia que Jocabed. Han enseñado bien a sus hijos, para luego ver que se alejan del buen camino.

Si esto te ha sucedido, es lógico que tu corazón de madre se entristezca. Pero no pierdas la esperanza, ni creas que Dios te ha fallado. Tampoco pienses que el evangelio no ha funcionado. Más bien, empieza a orar todos los días por tu hijo descarriado. Confíalo en manos de Dios, sabiendo que la buena semilla que tú sembraste en el corazón de tu hijo se ha quedado allí. Un día, podrá brotar y dar un buen fruto.

¿Cuántas madres tenemos aquí que quieren seguir el ejemplo de Jocabed? Quisiera orar por ustedes en esta mañana. Si tú como madre quieres ser una mujer de fe, si quieres comprometerte ante Dios a enseñarles a tus hijos acerca de El, te invito a ponerte de pie en señal de compromiso para que pueda orar por ti. Ahora tú conoces el secreto de una madre, y puedes hacerlo tu secreto también.


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