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Domingo 29 de Abril de 2012

A Dios lo que es de Dios
Pastor Tony Hancock

En cierta ocasión, los enemigos de Jesús pensaron atraparle con una pregunta capciosa. Le preguntaron si estaba bien pagar los impuestos al emperador romano. La trampa que contenía la pregunta era ésta. Si Jesús respondía que sí había que pagar los impuestos, perdería su apoyo entre el pueblo común. Para ellos, el gobierno de Roma no tenía ningún derecho a gobernarlos.

Por otra parte, si Jesús decía que no había que pagar los impuestos, podrían acusarlo ante las autoridades de provocar la rebelión entre el pueblo, diciéndoles que no cumplieran con sus deberes civiles. ¡Creían que le habían tendido la trampa perfecta a Jesús!

Ahora bien, estoy seguro que a todos nos encantaría si Jesús hubiera respondido que no es necesario pagar los impuestos. Pero esto no es lo que hizo. Pidió que le trajeran una moneda, y luego preguntó de quién era el retrato que llevaba. Cuando le respondieron que era del emperador, el césar, El dijo: "Den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios" (Lucas 20:25).

¡Una respuesta muy sabia! Ahora bien, si no pagamos nuestros impuestos, hay consecuencias, ¿no es cierto? Podemos encontrarnos en serios problemas legales. Pero ¿cuáles serán las consecuencias de no darle a Dios lo que es de El? ¿Habrá consecuencias? Al estudiar la Palabra de Dios, descubrimos que sí hay consecuencias cuando no le damos a Dios lo que le pertenece.

Para descubrir cuáles son, abramos la Biblia en Malaquías 3:6-12:

3:6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.
3:7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?
3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
3:9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.
3:10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
3:11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.
3:12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.

El profeta Malaquías escribió a un pueblo indiferente y desidioso. Años antes, Dios había hecho algo grande al traerlos de regreso a la tierra después del exilio. Pero ya se les había acabado el entusiasmo inicial de estar de vuelta en la tierra prometida, y habían caído en una rutina religiosa.

Seguían las costumbres que sus padres les habían enseñado, pero lo hacían a medias. Asistían al templo, pero sólo por compromiso; llevaban sus sacrificios de animales dañados e imperfectos. Es tan fácil caer en la misma trampa en la que cayeron ellos. Lo he visto en mi propia vida. Nos conformamos con las cosas grandes que Dios ha hecho en el pasado, en lugar de entregarnos a El al cien por ciento y esperar cosas más grandes para el futuro.

Este compromiso mediocre también se veía en sus finanzas. Sabían lo que Dios esperaba de ellos, pero les resultaba difícil dárselo. Creían que, si daban el diezmo, lo demás no les iba a alcanzar. Lo que no lograban comprender era que les faltaba dinero precisamente porque no daban a Dios lo que le corresponde.

La primera cosa que nos vamos a llevar de este pasaje es el siguiente: La fidelidad en las finanzas demuestra obediencia y fe. En los versículos 6 y 7, vemos una comparación entre la fidelidad de Dios y la infidelidad de su pueblo. Dios no cambia; El ha guardado su promesa a Abraham, y hasta el día de hoy, el pueblo de Israel sigue en existencia. ¡Dios es fiel!

Nosotros, en cambio, solemos ser muy volubles. No es algo nuevo; la raza humana siempre ha sido así. Pero Dios nos dice: "Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes". No es tarde. Hemos fallado, hemos sido desobedientes, y hemos traído sobre nuestra vida, familia e iglesia las consecuencias. Pero ¡hoy es el día para cambiar! ¡Hoy es el día para recapacitar!

De otro modo, dice Dios, le estamos robando. "¿En qué sentido tenemos que volvernos?" - pregunta el pueblo. En otras palabras, ¿cómo te hemos fallado? ¿En qué sentido hemos sido desobedientes? ¿Cuál ha sido nuestra falla? La respuesta viene, escalofriante y sincera: Ustedes están robando a Dios.

Pensemos un rato. Nadie le robaría a una persona sabiendo que se va a dar cuenta. Los carteristas roban a sus víctimas cuando están distraídos. El estafador engaña a sus víctimas para que no entiendan lo que les está sucediendo. El que le roba dinero a su patrón lo hace secretamente, para que nadie se dé cuenta.

Si se nos ocurriera robarle a Dios, entonces, tendría que ser porque pensamos que El no se va a dar cuenta. ¡No existe otra explicación! Si hemos llegado a entender, en base a la Biblia, que el diezmo le pertenece a Dios, y no se lo damos, es simplemente una falta de fe en El. Es desobediencia.

Es muy importante que tú y yo entendamos esto. El diezmo no es algo que damos cuando nos parece que la iglesia necesita ayuda. No es algo que damos sólo cuando nos sobra dinero. No es algo que damos cuando nos ha ido bien, y estamos especialmente agradecidos con Dios.

El diezmo es un acto de obediencia a Dios, y es un acto de fe en Dios. Es un acto de fe, porque cuando tú separas de tus ingresos cada semana el diez por ciento, le estás diciendo a Dios que tú confías en El para que lo demás alcance. En cambio, cuando no lo haces, con tu acción le dices que tú crees que El no es capaz de suplir tus necesidades.

Cierto joven tenía dificultad para dar el diezmo. Fue a hablar con su pastor, y le dijo: "Pastor, quiero dar el diezmo, pero no creo que el dinero me alcance. ¿Qué me recomienda?" Su pastor le dijo: "Vamos a hacer algo. Cada semana, da tu diezmo como debe ser. Si te falta dinero, dímelo, y yo te daré todo lo que te haga falta. ¿Qué te parece?"

El joven dijo que le parecía bien, y que así sí podría dar el diezmo. Entonces, el pastor le preguntó: "Si estás dispuesto a confiar en mí, ¿por qué no estás dispuesto a confiar en Dios?" A ti que no diezmas, te hago la misma pregunta: ¿por qué no estás dispuesto a confiar en Dios? ¿Por qué no crees que El te puede hacer alcanzar tu sueldo? El diezmo es un reflejo de tu fe y compromiso con Dios.

Pero hay algo más. La segunda cosa que descubrimos en este pasaje es lo siguiente: La fidelidad en las finanzas trae bendición. Para empezar, Dios les dice que todos están bajo castigo porque han fallado en traerle los diezmos. Es por esto que sus cosechas se arruinan.

Sin embargo, dice Dios, "pruébenme en esto, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde". Esta es la única ocasión en la Biblia en la que Dios nos dice que lo pongamos a prueba. Otros pasajes nos dicen que no lo pongamos a prueba, pero aquí El hace una excepción: El nos invita a probarle en el área de dar. Si empezamos a dar con disciplina y sinceridad, El promete derramar bendición sobre nosotros.

Sin embargo, existen personas que dicen que esta promesa no es para nosotros. Dicen que el diezmo sólo es parte del Antiguo Testamento, y que ya no estamos bajo esta obligación. Es cierto que hay muchos aspectos de la ley del Antiguo Testamento que han sido cumplidas en Jesús, y que ya no estamos bajo la obligación de obedecer.

En cada uno de estos casos, hay pasajes claros del Nuevo Testamento que demuestran que ya no se aplican a nosotros. Por ejemplo, en cuanto a los alimentos, Marcos 7:19 dice claramente que Jesús los declaró limpios a todos: "porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos." Ya no tenemos que observar esas leyes.

Pero en cuanto al diezmo, sucede lo contrario. Cuando Jesús habló del diezmo en Mateo 23:23, dijo claramente que no lo debíamos descuidar: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello." Pablo también deja claro que él espera que todos los miembros den, y que lo hagan con alegría.

Por lo tanto, esta promesa todavía es aplicable a nosotros, porque todavía estamos bajo la responsabilidad de dar a Dios el diez por ciento. Dios todavía nos promete que, si somos fieles en esto, El nos bendecirá de una forma desbordante. Será a tal grado que incluso otros lo reconocerán, como lo dice el verso 12.

El Dr. Criswell, pastor por muchos años de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, cuenta una historia acerca del diezmo. Un joven ambicioso le dijo a su pastor que le había prometido a Dios que le daría el diezmo. Para ese entonces, él ganaba 40 dólares a la semana, y su diezmo era de $4. A los pocos años sus ingresos habían subido enormemente, a tal grado que su diezmo ahora era de $500 a la semana. Haciendo cuentas, nos damos cuenta de que estaba ganando $5000 por semana.

Llamó a su pastor y le preguntó si habría forma de salir de su compromiso de diezmar, pues le estaba costando mucho dinero. Su pastor le respondió: "No veo forma de que te salgas de tu compromiso, pero si quieres, lo que podemos hacer es pedirle a Dios que tus ingresos bajen para que vuelvas a ganar $40 por semana. Así no tendrías problema en dar tus $4."

Nos reímos de la historia, pero ¿no es así que pensamos muchas veces? Dios nos bendice, pero se nos olvida que fue El quien nos bendijo. Nos pesa ser fieles con El. Martín Lutero dijo: "He tratado de guardar cosas entre mis manos y las he perdido todas, pero todo lo que he puesto en las manos de Dios todavía lo poseo."

En estas próximas semanas, estaremos hablando de las diferentes formas en las que Dios nos quiere bendecir por medio de nuestras finanzas. Hoy, hemos hablado del diezmo. Quiero invitarte ahora a hacer un compromiso ante Dios de serle fiel en esta área. Dile que quieres mostrar tu fe en El, y ser obediente. Dile que confías en su promesa de bendecirte. El es fiel.


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