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Domingo 1 de Septiembre del 2002

El por qué de la paciencia
Pastor Tony Hancock

Había llovido, y la maestra finalmente terminaba de poner chanclos en los pies de sus treinta y dos alumnos. Había sido un proceso largo y cansado, pero finalmente todos estaban terminados - hasta que una niña dijo, "Maestra, éstos no son mis chanclos". La maestra se inclinó a quitárselas. Cuando ya se los había quitado, la niña le informó, "Son de mi hermana. Ella me los prestó para que los usara". Sin quejarse, la maestra se las volvió a poner, y los niños salieron al receso.

Lo que mostró esa maestra, amigos y hermanos, es lo que se llama paciencia. Es una cualidad que hace mucha falta en estos días. La vida moderna contiene muchas pruebas a la paciencia.

Manejar en el tráfico de cualquier ciudad es una manera muy rápida de perder la paciencia. Tratar de conseguir ayuda a través de lo que irónicamente se suele llamar una línea de servicio al cliente también nos hace perder la paciencia. Y cualquier trámite que requiera contacto con las oficinas gubernamentales es una manera segura de perder la paciencia.

¿Tenemos nosotros como creyentes alguna razón para ser pacientes? ¿Será que podemos superar la impaciencia y la frustración de los que nos rodean y ser pacientes? ¡La Biblia nos dice que sí! Hay varias verdades que nos pueden ayudar a ser pacientes, si las interiorizamos.

El apóstol Santiago escribió a un grupo de personas que tenía muchas razones para perder la paciencia. Estaban marginados socialmente, la situación política iba de mal en peor, y eran parte de una secta religiosa poco entendida y menos aceptada. Sin embargo, Santiago les dice que tengan paciencia - y el mensaje que Dios le dio por inspiración también es para nosotros.

Lectura: Santiago 5:7-11

5:7 Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.
5:8 Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.
5:9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.
5:10 Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.
5:11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.

La vida se vive mejor con paciencia. Tanto nosotros como los que nos rodean tendremos una vida más placentera y productiva si aprendemos a tener paciencia. Este pasaje nos enseña que podemos ser pacientes, que debemos ser pacientes, y que nos conviene ser pacientes. Veamos cómo.

I. Como creyentes, podemos ser pacientes porque Cristo viene pronto

A primer oír, tal declaración parece inconsistente. ¿No será que la venida de Cristo nos causa más bien impaciencia, pues deseamos que él venga ya? Sería posible pensar así, pero Dios nos enseña a verlo de otra perspectiva.

Pensemos en el ejemplo del sembrador que Santiago aquí pone. Cuando un hombre prepara la tierra y siembra su semilla, ¿qué más puede hacer para que la cosecha llegue pronto? Si ya quitó la mala hierba, si ya echó el abono, ya no hay más. Sólo puede esperar para que llegue la cosecha. Si él ha hecho todo lo necesario, y Dios manda la lluvia, entonces la siega llegará - y no importa qué tan paciente o impaciente sea el sembrador. Su estado emocional no tiene ningún impacto sobre la siembra.

De igual modo, si nosotros estamos siguiendo a Dios, si tenemos fe en él por medio de su Hijo y estamos viviendo la vida como él nos manda, entonces no sirve de nada perder la paciencia. No lograremos nada con ello.

Dios nos está dando aquí una clave para vencer la impaciencia y vivir en tranquilidad: mantener una perspectiva larga. Si nos fijamos en lo presente, nos frustraremos, nos sentiremos impacientes, estaremos buscando ansiosamente la salida, y no veremos más allá del presente momento.

En cambio, si miramos más allá de lo presente, si vemos que dentro de poco esos problemas que nos parecen tan importantes carecerán de significado, podemos ser pacientes. Como creyentes, tenemos más razón que nadie para tener paciencia, pues sabemos que tarde o temprano regresará Cristo, y nos llevará a estar con él. Cuando recordamos eso, ningún problema es grave.

Pero tú dirás, "Yo sé todo eso, yo creo que Cristo va a regresar, pero no me siento muy paciente. ¿Qué me pasa?" La realidad es que la paciencia es una decisión. La Biblia dice en el verso 8, Manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor. Ésta es una orden. La paciencia es una decisión que debemos tomar.

Si no fuera así, la Biblia no nos diría que fuéramos pacientes. Sería innecesario, aun cruel, decirnos que hagamos algo de lo cual somos incapaces. La realidad es que sí podemos ser pacientes, y nuestro grado de paciencia depende de nuestra propia decisión.

La clave es recordar lo que creemos. La impaciencia llega cuando perdemos de vista la verdad acerca del futuro y acerca de Dios y empezamos a pensar sólo en aquí y ahora, en vez de recordar que Dios está en control de todo, que sus planes son buenos, y que él nos ama.

Sigamos el ejemplo del agricultor, sembrando semillas de paz y esperando con paciencia la cosecha que Dios nos dará. Podemos ser pacientes, porque sabemos que Jesús regresará.

II. Como creyentes, debemos ser pacientes porque la impaciencia trae castigo

La verdad es que la frustración o la ansiedad acerca de nuestra situación muchas veces nos lleva a ser ásperos y bruscos con los que nos rodean. Por eso, Santiago se dirige a esta situación en el versículo 9.

Si nos volvemos impacientes con nuestra situación - sea porque no nos tratan bien en el trabajo, o porque tenemos problemas económicos, o porque no podemos realizar nuestros sueños - podemos fácilmente expresar nuestra frustración a nuestros seres queridos.

Imaginemos al hombre que recibe un regaño de su jefe en el trabajo. Llega a la casa, y le grita a su esposa preguntándole por qué no está lista la comida. La esposa, en su turno, regaña al hijo por dejar su ropa tirada en el suelo. El niño, enojado, le da una patada al perro. Y el perro, ladra al gato hasta que se refugia en un árbol.

Vemos lo que sucede cuando no manejamos las frustraciones de una manera apropiada. Las regamos sobre otros en forma de quejas, de chismes, de críticas, y la situación se empeora. Reaccionamos a cosas que no tienen importancia como si fuera el fin del mundo, simplemente porque estamos llenos ya de amargura y frustración.

Todos lo hemos visto, y todos lo hemos hecho - pero hay un problema. Dios nos dice que la persona que reacciona de esta manera se está condenando a sí misma. Jesús nos dijo: No juzguen, para que no sean juzgados. Si nos ponemos a criticar a otros, si empezamos a llamarles la atención por cosas que no son tan importantes, si proyectamos nuestra propia frustración sobre ellos, nos estamos condenando a nosotros mismos.

Jesús también dijo que seríamos medidos con la medida que usamos con otros. Si hemos señalado cada pequeño error, entonces también cada pequeño error nuestro será señalado en el día del juicio. Si hemos aprendido a tener paciencia, Dios también será paciente con nosotros.

Si queremos escapar la condenación, debemos de ser pacientes - porque la impaciencia trae castigo. Pero positivamente,

III. Como creyentes, nos conviene ser pacientes porque recibiremos una recompensa

Dios nos ha dado muchos ejemplos de personas que perseveraron, y fueron recompensados. Uno de ellos es Job. Este hombre ha llegado a ser paradigma de la paciencia.

Pero recordemos: ¿qué le pasó a Job? Dios le dio permiso a Satanás para que éste lo tentara, quitándole todas las bendiciones materiales y físicas que Dios le había dado. Finalmente, como golpe final, llegaron sus amigos para decirle que todo tenía que ser culpa suya, que seguramente le había fallado a Dios de alguna manera, y por eso le estaban sucediendo todas estas cosas.

¿Cómo reaccionó Job a todo esto? Bueno, no crean que fue un angelito. El le hizo preguntas a Dios, se puso algo amargo, y se preguntaba por qué le había sucedido esto. Pero lo importante es que nunca maldijo a Dios, como su esposa le animaba a hacer. Nunca rechazó su fe, ni dejó de creer en un Dios que lo rescataría.

Al fin de todo esto, Dios le restauró hasta lo doble de lo que él había perdido. La paciencia de Job recibió su recompensa. Y de igual modo, la paciencia nuestra también recibirá su recompensa.

No tenemos que mirar muy lejos para ver que la paciencia sí trae recompensa. Las personas pacientes disfrutan de mejor salud, tienen más amistades, son más divertidas. Es bueno ser paciente.

Pero para el creyente, la recompensa de ser paciente no se acaba allí. La Biblia nos enseña que recibiremos recompensas en el cielo conforme a nuestras acciones aquí en la tierra. Si hemos mostrado nuestra fe mediante la paciencia aquí, entonces recibiremos un galardón allá.

Es más, podremos recibir una recompensa aquí y ahora. Si confiamos en Dios en medio de las situaciones adversas, y aun en medio de las frustraciones de la vida, él muchas veces nos permite ver su intervención en nuestro mundo.

Los profetas repetían vez tras vez que los que esperaban en el Señor verían obrar su mano. Si tú eres paciente en esa situación que enfrentas ahora, verás cómo Dios obra en medio de tus circunstancias. Verás cambios que tú no puedes explicar, porque provienen de la mano de Dios. La paciencia que nace de la fe es poderosa, y trae su recompensa.

¿Cómo respondes tú a los problemas de la vida? ¿Has aprendido a ser paciente? Recuerda que puedes ser paciente, porque Cristo regresará pronto; que debes ser paciente, porque la impaciencia trae castigo; y que te conviene ser paciente, porque recibirás una recompensa.

La clave es aprender a ver a largo plazo, en vez de solamente pensar en la frustración del momento. Pon tus ojos en Cristo, recuerda que él viene pronto, y supera la impaciencia.


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