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Domingo 18 de Marzo de 2012

De vuelta en casa
Pastor Tony Hancock

Es bonito volver a casa. Para los que han pasado mucho tiempo lejos de la familia, el momento de entrar por la puerta del hogar y saludar a los familiares queridos es algo muy soñado. "Hogar, dulce hogar", dice el refrán, y para muchos, el hogar es un dulce lugar.

En las últimas dos semanas hemos seguido el arca del pacto del Señor en las vueltas que ha dado. El arca, el mueble más sagrado del tabernáculo, representaba el trono de Dios. No era una imagen de Dios, pero representaba su presencia. Dios le había mandado a su pueblo guardarlo con respeto en el tabernáculo, que se encontraba en Siló. Queriendo manipular a Dios como los pueblos paganos lo hacían con sus ídolos, se les ocurrió a los israelitas llevarlo a la guerra.

Dios les mostró que no le gustaba la idea, permitiéndoles perder la batalla y dejando que el arca cayera en manos de los filisteos. Luego, los filisteos lo colocaron como un trofeo en el templo de su dios Dagón. Dios les mostró que esto tampoco le gustaba, pues El es más poderoso que cualquier otro dios. Tumbó la imagen de Dagón, quebrándole la cabeza y las manos, y castigó a los filisteos con una plaga de tumores.

Por fin, los filisteos estaban hartos. Decidieron que era hora de devolver el arca a su hogar. Pero ¿cómo hacerlo? Aquí recogemos la historia en 1 Samuel 6. Vamos a empezar la lectura en los versículos 1 al 6:

6:1 Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete meses.
6:2 Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos saber de qué manera la hemos de volver a enviar a su lugar.
6:3 Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano.
6:4 Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Ellos respondieron: Conforme al número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros príncipes.
6:5 Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.
6:6 ¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron?

Después de sufrir por siete meses, los filisteos deciden devolver el arca a los israelitas. Ahora les tocaba encontrar la forma correcta de hacerlo.

Ellos consideraban que no era correcto devolver el arca sin nada; había que incluir una ofrenda para recompensar a Dios por la falta de respeto que le habían demostrado. Hicieron cinco copias de tumores hechos de oro, y cinco ratas de oro. Esto sugiere que la plaga probablemente fue llevada por una invasión de ratas.

¿Por qué hicieron copias en oro de los tumores y las ratas? Representaba una especie de magia de transferencia. Los brujos y hechiceros hasta el día de hoy hacen cosas parecidas. Para hacerle daño a alguien, maltratan una efigie de esa persona, pensando que el daño hecho a la efigie le sucederá a la persona. Los filisteos también pensaban de esta manera, y son cosas que no le agradan a Dios. Pero como un pueblo pagano, ésta era su forma de pensar.

Lo que podemos decir de ellos es que, por fin, reconocían la grandeza de Dios. Querían aplacarlo, aunque no sabían cómo hacerlo. Empezaron a mostrarle el respeto debido. Sus intenciones eran buenas. Veamos lo que sucede en seguida, leyendo los versos 7 al 12:

6:7 Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa.
6:8 Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis que se vaya.
6:9 Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.
6:10 Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus becerros.
6:11 Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los ratones de oro y las figuras de sus tumores.
6:12 Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet-semes.

Lo que hicieron los filisteos era una especie de prueba. ¿Cuál es el instinto de las vacas con cría? ¡Lo último que harían sería dejar atrás a sus becerritos! Además de esto, ningún animal desacostumbrado a llevar yugo lo hace fácilmente la primera vez. Naturalmente, entonces, el instinto de estas vacas sería zafarse del yugo y regresar lo más pronto posible a sus becerros.

Pero ¿qué hicieron? Mugiendo por todo el camino, como hacen las vacas recién paridas, se fueron directamente por el camino a Bet Semes - el pueblo israelita más cercano. Una fuerza externa, ajena a su instinto vacuno, las impulsaba. Quedó claro para todos que el Señor era quien había castigado a los filisteos por su maltrato del arca.

Pero ¿qué sucedería al llegar el arca a territorio israelita? Vamos a ver. Leamos los versos 13 al 16:

6:13 Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron.
6:14 Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová.
6:15 Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día.
6:16 Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día.

Con gran alegría, el pueblo recibió el arca que había vuelto a casa. Hicieron un sacrificio al Señor con las vacas y con la madera de la carreta. ¡Era un día de gran regocijo!

No obstante, ese día de tanta alegría se convirtió en un día de tristeza y lamento. Brinquemos al verso 19 y leamos hasta el 7:1 para ver qué sucede:

6:19 Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad.
6:20 Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros?
6:21 Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros.
7:1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.

En Bet Semes, sucedió una tragedia. El nombre del pueblo significa casa del sol, pero fue un día muy oscuro para ellos. Setenta de los hombres del pueblo tuvieron el descaro de mirar adentro del arca del Señor. Queriendo satisfacer su curiosidad por ver qué contenía este mueble, abrieron la tapa sagrada donde se manifestaba la gloria de Dios.

Pero - ¿por qué se enojó Dios tanto por la simple curiosidad de estos hombres? ¿No sería natural para cualquiera querer ver lo que había adentro? ¡Seguramente no tenían ninguna mala intención! Sin embargo, en su ley Dios les había dicho claramente que sólo los levitas debían mover o tocar el arca. Ellos lo sabían; por esto habían mandado traer a los levitas para que bajaran el arca de la carreta que la trajo de vuelta a casa.

En otras palabras, estos hombres de Bet Semes desobedecieron a sabiendas las reglas que Dios había dado para el trato correcto y respetuoso de su trono, el arca del pacto. El arca era santa, porque representaba el lugar donde Dios se manifestaba - y Dios es santo. Cuando lo sagrado se trata con desprecio, se vuelve peligroso. Cuando no sabemos respetar la santidad de Dios, nosotros mismos quedamos en peligro.

La historia que hemos leído es una historia de comparaciones. Considera la diferencia entre el corazón de los dos pueblos. Los filisteos buscan la forma correcta de aplacar a Dios, mientras los israelitas lo tratan con irreverencia. El pueblo filisteo, pueblo pagano, no tenía la Palabra de Dios. No habían recibido instrucciones acerca de cómo tratar el arca del pacto. Lo que ellos decidieron hacer para tratar de aplacar el enojo divino no fue exactamente lo que Dios hubiera querido.

No obstante, tuvieron el deseo correcto. Por fin reconocieron que el Señor es el Dios verdadero. Por fin reconocieron que tenían que hacer algo para agradarle.

El pueblo de Israel, en cambio, había recibido la revelación de Dios. Ellos sabían lo que El quería de ellos. Sabían que el arca se tenía que tratar con respeto. Sabían que sólo las personas indicadas la podían tocar. Sin embargo, setenta de ellos decidieron ignorar las instrucciones divinas y tratar el arca como algo común. Deshonraron el arca, tomando su importancia a la ligera.

Te pregunto: ¿cómo tratas tú las cosas de Dios? Recuerdo a una maestra de primaria que tuve, que siempre ponía la Biblia encima de cualquier montón de libros. No dejaba que nada estuviera encima de la Biblia. Jamás ponía una Biblia en el piso. Ella me enseñó a respetar la Biblia como sagrada.

No te quiero decir, por supuesto, que si pones una Biblia en el piso, Dios te va a castigar. Lo que te quiero decir es esto: al tratar los objetos que se relacionan con Dios con respeto, también respetamos la santidad del Dios que representan. La Biblia es sagrada porque es la Palabra de Dios. Es bueno aprender a respetarla.

De igual forma, los elementos de la cena del Señor - el pan y el vino - son sagrados porque representan a Jesucristo. Debemos tratarlos con respeto - no con veneración, pero con la honra que se merecen por lo que representan. Cuando perdemos el respeto a las cosas relacionadas con la santidad de Dios, empezamos a perder el respeto hacia Dios mismo.

Hemos comparado las intenciones de estos dos pueblos. Comparemos también los resultados que surgieron. Los filisteos, con toda su ignorancia, fueron sanados. Los israelitas, el pueblo de Dios, ¡murieron! ¡Las cosas estaban al revés! ¿Por qué? Porque los israelitas no habían aprendido a respetar la santidad de su Dios.

Si tú ignoras la santidad de Dios, si lo tratas como cosa vana, sufrirás. Las cosas de Dios no son un juego. Así como no podemos manipular a Dios, no podemos tratarlo a la ligera. Qué triste comentario acerca de la gente de Bet Semes, que cuando vieron los resultados de faltarle al respeto a Dios, su reacción fue querer que se alejara el arca. Cuando no sabemos respetar su santidad, la bendición de Dios se aleja de nosotros.

Alguien dirá: "¡Esas cosas sólo pasaban en el Antiguo Testamento! En el Nuevo Testamento, Dios se muestra como un Dios de amor. ¡El ya no es tan enojón!" Muchos así piensan, pero están equivocados. ¿Has oído de Ananías y Safira? Ellos murieron en la iglesia por faltarle al respeto al Espíritu de Dios, al Espíritu Santo. ¡Dios es tan celoso hoy de su santidad como siempre lo ha sido!

La frase clave de la historia que hemos leído está en el verso 20. "El Señor es un Dios santo. ¿Quién podrá presentarse ante él?" Contestemos esa pregunta. La primera pista se encuentra en Salmo 24:3-4:

24:3 ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?
24:4 El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.

Si queremos presentarnos ante el Señor, si queremos estar en su presencia, es necesario purificar nuestros corazones y nuestras manos mediante el arrepentimiento. Es necesario dejar cualquier falsa adoración.

La segunda pista se encuentra en Efesios 3:10-12.:

3:10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,
3:11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,
3:12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;

En su gran sabiduría, Dios nos ha dado a nosotros - seres imperfectos y débiles - una forma perfecta de entrar a su presencia. Por medio de la fe en Jesucristo, somos purificados de la maldad. Por fe en Jesucristo, somos consagrados por su sangre. En la cruz Jesús nos abrió el camino al lugar santísimo, donde estaba el arca del pacto.

Tú y yo podemos entrar confiadamente a la presencia de Dios, y no tenemos que temer - si entramos por fe en Jesucristo, con el corazón purificado por su sangre. En Cristo tenemos un camino vivo a la presencia de Dios, a su presencia santa y perfecta. Al entrar en su presencia, descubrimos nuestro verdadero hogar.


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