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Domingo 11 de Marzo de 2012

El más fuerte
Pastor Tony Hancock

Durante la adolescencia parece que todos los varones pasamos por una etapa en la que constantemente nos retamos a las vencidas. "A ver quién es más fuerte", le decíamos a un amigo, y ya se había lanzado el reto. Como por arte de magia, aparecían unos cinco o seis espectadores para ver la competencia. Después de unos momentos de forcejeo, el ganador celebraba la victoria mientras el perdedor bajaba la cabeza.

Algunas personas tratan a los poderes espirituales como si fueran unos adolescentes jugando a las vencidas. Por ejemplo, quienes acuden a los curanderos o hechiceros suelen decir: "Este es el más poderoso de estos rumbos". Los devotos de los santos declaran: "Este santo es el más milagroso". Así también pensaban las naciones que rodeaban al pueblo de Israel; cada nación tenía su dios o sus dioses, y en el campo de batalla mostraban su poder. La guerra era como jugar a las vencidas; el dios más fuerte le daba la victoria a su pueblo.

La semana pasada leímos la historia de la captura del arca del pacto. Este mueble sagrado representaba el trono de Dios, su presencia misma. Los filisteos, enemigos y opresores de Israel, habían logrado derrotarlos en el campo de batalla y llevarse a casa el arca del pacto. Por supuesto, ellos lo vieron como una gran hazaña para su dios, que se llamaba Dagón.

Leamos ahora lo que hicieron con el arca del pacto. Abramos la Biblia en 1 Samuel 5, y leamos los primeros dos versículos:

5:1 Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod.
5:2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.

Para los filisteos, su dios Dagón se había mostrado más fuerte que el Dios de Israel. Al parecer, el Señor había sido incapaz de darle la victoria a su pueblo. ¡Ni siquiera había podido evitar que el arca del pacto cayera en manos de sus enemigos! Seguramente era un Dios débil, ¿no?

En señal de esto, los filisteos llevaron el arca del pacto a una de sus ciudades principales y la pusieron dentro del templo de Dagón en una posición inferior, al frente de la imagen de Dagón. Veamos ahora lo que sucedió allí, en los versículos 3 al 5:

5:3 Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.
5:4 Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente. 
5:5 Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.

Al día siguiente, los filisteos llegaron al templo de Dagón para descubrir que la imagen de su dios se había caído de su lugar, y estaba postrado haciendo reverencia al arca, el trono del Señor.

¡Seguramente había sido un accidente! Quizás había pasado un terremoto esa noche, aunque nadie había sentido nada. Posiblemente algún animal se había metido al templo de Dagón y había tumbado su estatua, aunque era muy pesada. De todas formas, cuidadosamente levantaron la estatua y la pusieron en su lugar.

Pero al día siguiente, lo que descubrieron ya no se podía explicar. Nuevamente estaba tirada la estatua de Dagón, y esta vez, la cabeza y las manos de la imagen se habían separado. Esto era más que coincidencia; un hombre sin manos es impotente, como lo era Dagón. Un hombre sin cabeza está muerto, como lo estaba Dagón.

En la estatua de Dagón postrada ante el arca del pacto vemos una gran realidad: el Señor es más poderoso que cualquier otro dios. Los filisteos creían que su dios era más poderoso, porque habían ganado la batalla contra los israelitas. Ignoraron la verdadera razón por la derrota de los israelitas. Ellos no habían perdido porque su Dios era débil, sino porque sus corazones eran rebeldes. Por su orgullo y falta de arrepentimiento, Dios había permitido que perdieran y que el arca cayera en manos de los filisteos.

Me temo que nosotros muchas veces pensamos así como pensaron los filisteos. Juzgamos el poder de Dios de acuerdo a lo que queremos recibir de El. Si Dios nos da lo que queremos, lo alabamos con alegría y júbilo. ¡Dios es poderoso! - decimos. ¡Gracias a Dios por mostrar su poder!

Pero cuando las cosas no salen como nosotros queremos, pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros. Quizás no pudo hacer lo que habíamos querido, o quizás El realmente no existe. ¿Te das cuenta? Nuestra fe fácilmente se puede convertir en algo centrado en nosotros mismos, en nuestras experiencias, en lo que nosotros queremos.

¿Por qué no ha hecho Dios lo que le has pedido? Podría ser, como sucedió aquí con los israelitas, que haya desobediencia en tu vida y que estés bajo disciplina de El. También puede ser que El te esté haciendo esperar, para aprender a confiar en El. Podría ser que El piensa darte algo mejor, porque El sabe lo que es mejor para ti.

Pase lo que pase, tenemos que recordar que Dios es todopoderoso. No importa si le has pedido algo, y no te lo ha dado; no importa si pareces haber sufrido una gran derrota; no importa si tu vida no ha salido como tú habías esperado; la verdad es que Dios es poderoso. En medio de tu situación, ¡alábale! ¡Declara su poder! ¡Recuerda que El es poderoso! Así es el Dios al que servimos. Es más poderoso que cualquier otro dios. No importan las circunstancias o las apariencias, Dios es poderoso. ¡Créelo!

No se ha terminado la historia del arca en el territorio filisteo. Leamos ahora los versos 6 al 12 para descubrir lo que sucedió después:

5:6 Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio.
5:7 Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón.
5:8 Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel.
5:9 Y aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron de tumores.
5:10 Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo.
5:11 Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí.
5:12 Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la ciudad subía al cielo.

Dagón se había quedado sin manos, pero la mano del Señor se hizo evidente. Castigó al pueblo de Asdod, la ciudad principal adonde se había llevado el arca, con tumores. Al parecer, se trataba de una plaga dispersada por las ratas.

Por lo tanto, los pobladores de Asdod decidieron enviar su problema a otra de las ciudades filisteas, la ciudad de Gat. En Gat, sucedió lo mismo; y los de Gat quisieron hacer lo mismo que los de Asdod. Enviaron el arca a Ecrón, otra ciudad filistea. Pero los de Ecrón, tan pronto llegó el arca, insistieron en que era hora de que el arca regresara a su hogar. ¡Ellos no querían morir llenos de tumores, como había sucedido con los de Asdod y Gat!

¿Por qué castigó Dios a estas poblaciones con tanta severidad? Pensemos en lo que está sucediendo. Para empezar, ellos deshonraron el arca del pacto. En respuesta, Dios demostró claramente que El era superior a Dagón. Pero sus corazones permanecían duros. Esto se ve en la reacción de la gente de Asdod.

Cuando aparecieron los tumores, ellos dijeron así: "El arca del Dios de Israel no puede quedarse en medio nuestro, porque ese dios ha descargado su mano sobre nosotros y contra nuestro dios Dagón." ¿Te das cuenta? Aunque habían visto su poder y estaban convencidos de que El era más fuerte que Dagón, el Señor seguía siendo para ellos el Dios de Israel. Aunque habían visto que Dagón era impotente ante la presencia del Señor, él seguía siendo su dios.

A pesar de ver claramente las evidencias de que el Señor, Dios de Israel, es el Dios verdadero, ellos no estaban dispuestos a dejar de creer en Dagón. No estaban dispuestos a humillarse ante el Señor. ¿Crees que Dios los habría perdonado si se hubieran vuelto hacia El con fe y arrepentimiento? ¡Claro que sí! Lo hizo con Nínive en los días de Jonás.

Pero ellos seguían renuentes. Lo que vemos aquí es que el Señor es peligroso para quien se rehúsa a humillarse ante El. El es más poderoso que cualquier otro dios, y es peligroso para quienes no lo reconocen. Los filisteos con su plaga de tumores son simplemente un ejemplo de lo que les sucederá a todos los que no quieren reconocer al Señor por lo que El realmente es, y obedecerle.

Muchas personas no se acercan al Señor porque le tienen miedo. ¡Es con buena razón! Sin embargo, no hay lugar donde nos podamos esconder de El. Cuando El se levanta para juzgar el mundo, nadie se podrá esconder de su vista. Como una tomografía demuestra la realidad oculta del organismo humano, la vista del Señor deja al descubierto todo pecado.

Sin embargo, no tenemos que temer la santidad del Señor, si nos acercamos a El de la forma correcta: purificados por la sangre de Jesucristo, arrepentidos y confiados en El. Por medio de la sangre de Cristo somos santificados. Con un corazón arrepentido y humilde podemos acercarnos confiadamente ante el trono de la gracia del Señor.

El Señor, Dios de Abraham y de Israel, el Padre de nuestro Señor Jesucristo es el más fuerte. Un día, todos quedarán postrados ante El - como quedó la imagen de Dagón. La decisión es ésta: ¿quedaremos postrados porque su santidad nos ha tumbado y destruido, como lo hizo con Dagón?

¿O seremos de los que El levanta, porque nos hemos postrado ante El en arrepentimiento, obediencia y sumisión? Si te hace falta reconciliarte con Dios, El te ha dado la forma de hacerlo - por la fe en lo que ya hizo su Hijo Jesucristo en la cruz por ti. No esperes más. Ven hoy a recibir su perdón.


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