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Domingo 19 de Febrero de 2012

La bendición de la obediencia
Pastor Tony Hancock

Imaginemos, por un momento, que el presidente de una gran compañía está a punto de salir de viaje. El hace una reunión con todos los empleados y les dice: "Voy de viaje, y estaré fuera algún tiempo. Mientras estoy fuera, quiero que ustedes se encarguen del negocio. Les mandaré cartas con instrucciones detalladas. Quiero que sigan mis instrucciones al pie de la letra." Todos los empleados se muestran de acuerdo.

El presidente se va de viaje, y durante un par de años deja la compañía en manos de los empleados. Durante este tiempo les escribe con frecuencia, diciéndoles lo que quiere que hagan. Por fin, regresa a la compañía. Al llegar a la entrada, encuentra un desorden total. El patio del edificio está descuidado. Hay varias ventanas rotas en la fachada del edificio.

Al entrar, encuentra a la recepcionista pintándose la uñas, música a todo volumen sale de las puertas de varias oficinas y la mitad de los trabajadores se han tomado el día libre. En lugar de ganar dinero, el negocio ha sufrido enormes pérdidas. Al instante, convoca una reunión con todos los empleados.

"¿Qué pasó? ¿No recibieron mis cartas?" - les pregunta a todos. Ellos responden: "¡Claro! Aquí tenemos todas sus cartas. Las mandamos encuadernar, para que ninguna se perdiera. Algunos de nosotros hasta las hemos memorizado. Cada domingo, nos reunimos para estudiar las cartas. ¡Son muy bonitas!" El presidente les pregunta: "Pero ¿qué hicieron con mis instrucciones?" Los empleados responden: "¿Qué hicimos? Buenos, no hicimos nada. ¡Pero las leímos todas!"

Me pregunto si esta situación imaginaria, cortesía de Chuck Swindoll, tendrá algún parecido con la situación actual de la iglesia. La respuesta la dejo a criterio de cada uno. Hoy hablaremos de la obediencia, y las bendiciones que trae la obediencia. La pregunta para cada uno de nosotros es ésta: ¿me estaré perdiendo bendiciones por mi desobediencia? Abramos la Biblia en el Salmo 112:

112:1 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
112:2 Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita.
112:3 Bienes y riquezas hay en su casa, Y su justicia permanece para siempre.
112:4 Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; Es clemente, misericordioso y justo.
112:5 El hombre de bien tiene misericordia, y presta; Gobierna sus asuntos con juicio,
112:6 Por lo cual no resbalará jamás; En memoria eterna será el justo.
112:7 No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová.
112:8 Asegurado está su corazón; no temerá, Hasta que vea en sus enemigos su deseo.
112:9 Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre; Su poder será exaltado en gloria.
112:10 Lo verá el impío y se irritará; Crujirá los dientes, y se consumirá. El deseo de los impíos perecerá.

En este salmo el autor, cuyo nombre se desconoce, habla con sabiduría. El compara dos formas de vivir: podemos vivir en obediencia a Dios, o podemos vivir siguiendo nuestra propia ambición. Vemos aquí la comparación entre estas dos formas de vivir, con más atención puesta en las bendiciones de la obediencia, y sólo una mención breve de los resultados de la desobediencia.

Me doy cuenta que a ti y a mí muchas veces nos falta la sabiduría que tiene el autor, porque nos enfocamos demasiado en la vida de los malvados. Vemos a una persona que parece vivir bien sin Dios, y queremos saber por qué - en lugar de fijarnos en la bendición que Dios tiene para nosotros, si sabemos obedecer.

Vamos a enfocarnos, entonces, en las cosas que nos dice el salmista acerca de la bendición de la obediencia. Consideremos primeramente las cualidades de la persona obediente, la persona justa. El versículo uno la describe así: "Dichoso el que teme al Señor, el que halla gran deleite en sus mandamientos".

¿Qué significa temer al Señor? Pensemos en un ejemplo. Todos hemos manejado por la carretera en alguna ocasión, cuando de repente vemos a lo lejos que las luces de freno de todos los carros que van adelante se empiezan a alumbrar en cierto lugar. ¡Ya sabemos qué hay allí! Hay un policía escondido. Los conductores le temen al policía, y ajustan su velocidad.

Si nosotros tememos al Señor, ajustaremos nuestra vida - no sólo en ciertos momentos o ciertos lugares, sino en todo tiempo y todo lugar. El Señor está presente siempre y en todas partes, y si le tememos, nuestra obediencia no tendrá limitaciones de lugar o de momento. Cuando viene una tentación, cualquiera que sea, responderemos como lo hizo José: "¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?" (Génesis 39:9).

La obediencia va más allá del temor, sin embargo, porque la segunda mitad del verso 1 dice que la persona bendecida, la persona dichosa, "halla gran deleite en sus mandamientos". Considera, por un momento, esa frase. ¿Consideras que los mandamientos del Señor son agradables? No son una carga, ni un peso. Al contrario; conocer la voluntad del Señor es algo delicioso, pues trae bendición.

La persona sabia y bendecida tiene hambre por conocer más de la Palabra de Dios porque reconoce que es buena. No es pesada o desagradable. Es como una receta para una vida bendecida. Cuando una mujer sigue una receta, no lo ve como algo pesado. Sabe que, si sigue las instrucciones, resultará un delicioso pastel o un sabroso caldo. Así es con la Palabra también.

Los versos 5 y 9 nos dan otras cualidades del justo. Se trata de su forma de usar el dinero. Para empezar, el justo es generoso con sus bienes. El verso 5 dice: "Bien le va al que presta con generosidad". El verso 9 repite la idea: "Reparte sus bienes entre los pobres".

Esto no significa que la persona bendecida da sin discernimiento; sabe reconocer cuándo hay verdaderas necesidades, y cuándo no. Más bien, esta persona entiende que lo que Dios le ha dado no es sólo para su propio deleite, sino también para compartir con otros. Comprende lo que dice Proverbios 11:24: "Unos dan a manos llenas, y reciben más de lo que dan; otros ni sus deudas pagan, y acaban en la miseria".

Además de ser generoso, el hombre bendecido es íntegro en sus finanzas. La segunda mitad del verso 5 dice: "Maneja sus negocios con justicia". El verso 9 repite la idea: "Su justicia permanece para siempre". La persona bendecida no recibe sus bendiciones porque hace tranzas en su negocio, porque le roba al patrón o porque se aprovecha de los demás. Alguien puede enriquecerse de esta forma por un tiempo, pero no es la bendición de Dios. No durará.

Recuerdo, en cierta ocasión, que a mi padre un vendedor ambulante le dio demasiado cambio. Al darse cuenta de lo que había sucedido, mi padre regresó para devolverle el exceso. El vendedor se quedó asombrado, y le dijo que nadie haría lo que él había hecho. ¿Sabes por qué lo hizo? Porque mi padre tenía a Jesús en su corazón. Sabía que Dios lo estaba viendo, y que El se complace en la integridad y la honestidad.

Estas son las cualidades del justo: Teme al Señor, y se deleita en sus mandamientos; es generoso, y es justo en sus negocios. Hablemos ahora de las bendiciones del justo. Los versos 2 y 3 nos dicen que su hogar será bendecido. Sus hijos serán personas de bien, de influencia en la sociedad. En su casa no faltan riquezas.

He visto personas justas, que han tenido hijos rebeldes. También he visto justos que pasan por momentos de dificultad económica. El hecho de tener un hijo rebelde o de pasar necesidad no siempre es resultado de la desobediencia; sólo tenemos que ver el ejemplo de Job para saberlo.

Sin embargo, lo que podemos decir es que, si tú vives en obediencia, esto traerá bendición para tus hijos. Traerá bendición a tu hogar. Es mucho más probable que tus hijos sean personas de bien si tú obedeces al Señor. Tendrás la dicha de sentirse orgulloso de ellos porque toman buenas decisiones y forman familias felices, si tú caminas en obediencia al Señor.

La segunda bendición del justo es estar seguro, aun en tiempos difíciles. El verso 4 dice: "Para los justos la luz brilla en las tinieblas". Aun cuando las cosas se ven muy oscuras, Dios brilla su luz sobre el justo. Los versos 7 y 8 repiten la misma idea. Observa lo siguiente: este salmo no dice que el justo no recibe malas noticias, sino que dice que su corazón confiará en el Señor cuando los reciba.

Tampoco dice que el justo jamás enfrentará tiempos de oscuridad y dificultad; dice que, en medio de la oscuridad, habrá una luz para él. El verso 8 dice: "Al final verá derrotados a sus adversarios". No siempre es al instante; no siempre es de la noche a la mañana. A veces tenemos que perseverar en obediencia por mucho tiempo mientras parece que nuestros adversarios se salen con la suya. Sin embargo, al final, veremos la derrota de nuestros adversarios.

Recuerdo la situación de una familia de hermanos en Cristo. Ellos pasaron por una crisis económica muy fuerte, y llegaron al colmo de tener que alquilar su casa y vivir en el sótano. Sin embargo, se mantuvieron fieles al Señor sin titubear. Después de varios años, se recuperaron y alcanzaron a construir varias plantas más, donde viven con sus hijos. Dios los bendijo, porque se mantuvieron fieles a El.

No creas la mentira de que el obediente nunca sufre. Más bien, la obediencia trae bendición, a pesar de las pruebas y los problemas que vienen. Trae bendición al hogar, trae seguridad en los tiempos de prueba y trae buena fama. El verso 6 lo dice. El justo, el que obedece a Dios, es recordado.

Ahora bien, ¿qué será del malvado? El verso 10 lo describe muy brevemente. Lo que nos dice es esto: ¡todos sus deseos vendrán a la nada! Todo lo que tanto se esforzó por lograr se quedará en la nada. Toda su ambición será frustrada. Podemos ver muchos casos de esto ahora. Lo veremos en su cumplimiento total cuando Jesús regrese para establecer su reino.

¡Qué gran ironía! La persona que vive obedeciendo sus propios deseos, siguiendo su propia ambición, quedará totalmente frustrada y en la nada. En cambio, la persona que obedece la voluntad del Señor será establecida, bendecida y fructífera. Como dijo Jesús, el que quiera salvar su vida la perderá, y el que la pierda por mi causa, la salvará.

La pregunta para ti y para mí, entonces, es ésta: ¿cómo viviremos? ¿Viviremos en obediencia, aunque nos cueste, aunque el mundo se burle, aunque no entendamos el por qué? Si lo hacemos, podremos confiar en la bendición de Dios. ¿O seguiremos nuestra propia ambición? El final será la frustración. ¿Cómo nos encontrará Jesús, cuando El regrese? ¿En obediencia, o en maldad?


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