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Domingo 5 de Febrero de 2012

Cómo estar bien arrepentido
Pastor Tony Hancock

En cierta ocasión, haciendo un viaje, me perdí. Logré ubicarme en el mapa, pero me di cuenta de que había manejado muchos kilómetros por la carretera equivocada. Pensé: "Voy a buscar algún atajo para tratar de recuperar un poco del tiempo perdido". Busqué por una y otra carretera, pero no había forma de cortar camino.

Por fin, me di cuenta de la triste realidad. La única manera de llegar al destino que buscaba era dar una vuelta de 180 grados y regresar por el camino por donde vine. Era un golpe para mi orgullo, pues significaba que había perdido tiempo y gasolina por mi error. Sin embargo, tendría que hacerlo. La única opción era seguir perdiendo tiempo y gasolina, alejándome más de mi destino.

Todos nosotros hemos vivido por años siguiendo un camino que nos ha llevado más y más lejos del destino al que deseamos llegar. Ese camino se llama pecado. El pecado nos lleva cada vez más lejos de Dios. Cuando nos damos cuenta de esto, siempre buscamos algún atajo. "Seguramente habrá alguna forma de llegar a Dios sin tener que retroceder", pensamos. Buscamos en la religiosidad, en la autosuperación o en la filosofía.

Cuando Jesús empezó a predicar, la primera cosa que nos dijo es que no hay atajo. Si queremos llegar a nuestro destino deseado - la comunión con Dios - tenemos que dar la media vuelta y regresar por donde nos venimos. Esto se llama arrepentimiento. Leamos de él en Mateo 4:17: "Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado."

Cuando Jesús empieza su ministerio público, su mensaje se resume con esta sencilla frase: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca". Era el mismo mensaje que había predicado Juan el Bautista, aunque con un sentido un poco diferente. Juan había anunciado que el reino de los cielos se acercaba, que ya pronto llegaría. Jesús anunciaba que el reino de los cielos estaba cerca; estaba físicamente cerca, porque El ya estaba presente para establecer ese reino.

El reino de los cielos sigue estando cerca. Cuando Jesús murió en la cruz, El triunfó sobre Satanás y estableció el reino de Dios sobre la tierra. Ese reino actualmente se extiende mediante la predicación del evangelio. Un día ese reino será consumado, cuando Jesús regrese para establecerlo completamente.

Por lo tanto, el llamado de Jesús a sus oyentes es el mismo llamado que El nos hace ahora a nosotros: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca". Si queremos entender este mensaje tan crucial, existen tres realidades básicas que hay que tener en claro. La primera realidad se trata del camino que llevábamos todos, el camino del pecado.

¿Qué es el pecado? El pecado es una actitud del corazón que no toma en cuenta a Dios ni cree sus palabras. Es una vida dirigida hacia nuestros propios deseos, sin realmente importarnos lo que Dios quiere. El pecado - este poder que nos domina - produce pecados, que son las acciones individuales de mentir o robar o cometer adulterio o copiar en un examen.

El hecho de haber cometido pecados demuestra que estamos bajo el poder del pecado. La única persona que no estuvo bajo el poder del pecado tampoco cometió pecados. En cambio, el simple hecho de no haber cometido ciertos pecados no significa que no estamos bajo el poder del pecado.

Solemos ser muy buenos para justificarnos. El borracho dice: "Al menos no soy homicida", y piensa que por ende su pecado no es muy grande. El mujeriego dice: "Al menos no soy borracho", y piensa que su pecado es insignificante. El homicida dice: "Es que tuve una infancia muy cruel", y se cree libre de culpa. Mientras sigamos haciendo pretextos, jamás podremos hallar la solución.

Es muy importante encontrar la solución, porque nuestro camino - el pecado - lleva rumbo a la muerte. Esto lo dice, por ejemplo, Romanos 6:16: "¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia." Si nosotros seguimos por ese camino del pecado, nuestro final será la muerte... la muerte eterna, la separación de Dios y el castigo eterno.

¡No te dejes engañar! El pecado es muy engañoso. Hebreos 3:13 dice así: "Anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado". El pecado es como cierto vendedor de autos usados que una vez conocí. El carro que estaba considerando comprar era un modelo austero, pero el vendedor me trató de decir que valía mucho porque se podía ordenar con opciones muy lujosas - o sea que no era cualquier auto económico.

El carro que le iba a dar en parte de pago, en cambio, sí tenía varias opciones algo lujosas. Frente a esto, él me dijo que realmente no valía mucho, porque los compradores podrían asustarse al ver las opciones y pensar que no les alcanzaba el dinero para comprarlo. Me decía dos cosas incoherentes, pero estaba dispuesto a decir cualquier cosa con tal de ganar dinero.

El pecado también es incoherente, y también te dirá cualquier cosa con tal de engañarte y mantenerte lejos de Dios. Te dirá: "¡Todo el mundo lo hace! No puede ser tan malo". O te dirá que tu pecado es justificado, porque otra persona te hizo daño y te mereces cierta satisfacción. El pecado te dirá que lo que quieres hacer no le hace daño a nadie. ¡Somos adultos! - dicen los adúlteros. ¡Nadie lo ve! - dice el hombre que mira pornografía, ignorando el daño que le hace a su esposa sin ella saber por qué.

No te dejes engañar por el pecado. Por ese camino sólo hay muerte. Pero hay uno que vino para traer vida: Jesucristo. El mismo dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Juan 10:10). La vida que te ofrece Jesucristo es lo opuesto a la muerte que el pecado te dará. Esta es la segunda realidad que debemos entender: Jesús es el único camino a la vida.

El pecado te miente, para engañarte; Jesús siempre es sincero. El pecado te ofrecerá pretextos para hacer lo que quieras; Jesús te dice con sinceridad que caminar con El no es fácil, pero que El estará contigo para ayudarte. El pecado te lleva a una eternidad lejos de Dios; Jesús te lleva a una relación eterna con el Padre.

Todo lo que Jesús hizo, y todo lo que Jesús es, produce vida en ti - si lo recibes. Sus enseñanzas te mostrarán cómo vivir una vida de verdadera bendición. Su poder obrará en ti para ayudarte a vencer el pecado. Su muerte y resurrección cancelan la culpa de todos los pecados que has cometido o que cometerás, y te dan verdadera libertad de la culpa.

Si el pecado se parece a un agente deshonesto de autos usados, Jesús es como un buen doctor. "Esto podrá doler un poco", dice al poner la inyección. En lugar de decirnos siempre lo que queremos oír, El nos dice lo que debemos oír. La pregunta que nos confronta a todos es ésta: ¿cuál camino seguiremos? ¿El camino del pecado, o el camino que es Jesucristo?

Esta decisión es la tercera realidad que tenemos que comprender. La única manera de dejar el camino del pecado, ese camino que lleva directo a la muerte, y entrar en el camino de la vida que es Jesús es por medio de ese giro de 180 grados que se llama arrepentimiento.

El arrepentimiento no es simplemente un sentimiento de pena por lo que hemos hecho. No es simplemente una nueva perspectiva sobre las cosas. Esas cosas pueden formar parte del arrepentimiento; si estamos realmente arrepentidos, sentiremos dolor por las cosas que hemos hecho en el pasado y tendremos una nueva perspectiva sobre las cosas.

Pero el arrepentimiento es más que eso; es un cambio total en la orientación de nuestra vida. Es un cambio total en nuestro corazón que nos lleva a querer agradar a Dios y buscar lo que a El le importa. Es un cambio de vida. Es volver a Dios, y volver hacia Dios.

Me temo que hay muchas personas que pasan por la iglesia, que incluso llegan a tener sentimientos bonitos hacia Jesús y hasta a bautizarse, que no han entendido su mensaje. Nunca se han arrepentido. La fe en Jesús no es algo que se puede sumar a la vida, mientras guardamos todas las viejas costumbres también. La fe en Jesús es algo que tiene que tomar el lugar de la vida anterior.

La prueba está en los resultados. El arrepentimiento sucede en el corazón, pero los frutos se ven en la vida. A los hipócritas de su día, Juan el Bautista decía: "Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento" (Mateo 3:8). Ninguna cantidad de religiosidad puede substituir el verdadero arrepentimiento.

En esta mañana te invito a examinar tu propio corazón. ¿Te has arrepentido? ¿Has dejado el camino del pecado para caminar con Jesucristo? ¿Se ven los frutos en tu vida? Si no lo has hecho, te invito hoy a arreglar cuentas con Dios. Medita sobre lo que Jesús hizo por ti, y decídete a caminar con El. Es el único camino a la vida.


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