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Domingo 25 de Agosto del 2002

La nueva contabilidad
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de una señora que caminaba por el parque un día. De repente, se encontró una rana. Ella miró la rana, y la rana le miró a ella, y finalmente la rana dijo, "Si usted me da un beso, me convertiré en el presidente de una compañía muy grande". Después de pensar un momento, tomó la rana y la puso en su cartera. Un hombre estaba sentado en una banca en el parque. Después de observar lo sucedido, le dijo, "Disculpe, señora, quisiera hacerle una pregunta. ¿Por qué no le dio un beso a la rana?" Respondió la señora, "Bueno, lo que sucede es que así como están las cosas, una rana habladora vale mucho más que un ejecutivo".

A menos que hayas estado de visita en la luna por los últimos meses, te habrás dado cuenta de la explosión en los mercados de acciones causada por falsificaciones de ingresos, y el gran número de ejecutivos que enfrentan sentencias de cárcel por su participación en actividades ilegales. Estas personas creían que el enriquecimiento suyo y de su compañía justificaba cualquier acción para mejorar el rendimiento de las acciones. Ahora que estas estrategias han salido a la luz y sus acciones no valen casi nada, podría haber casos en que una rana habladora realmente valiera más que un ejecutivo.

Estos casos ponen en relieve la cuestión del valor que ponemos sobre el dinero, y las maneras que usamos para ganarla. Dios habla mucho del dinero en su Palabra, y nos da una perspectiva algo diferente sobre ella. Los ejecutivos de Enron, Global Crossing, y otras compañías tropezaron porque tenían la vista muy corta. Sólo podían ver la importancia de los reportes trimestrales. Se olvidaron del día de revisión que llegaría.

De igual modo, tú y yo podemos caer en un grave peligro si tenemos la vista muy corta en nuestro propio uso del dinero. Podemos olvidar que nuestras cuentas también caerán bajo revisión un día - y el resultado podría ser aun más serio que el encarcelamiento.

Leamos  lo que nos dice Dios en su Palabra.

Lectura: Santiago 5:1-6

5:1 ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.
5:2 Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.
5:3 Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.
5:4 He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.
5:5 Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.
5:6 Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

En días de Santiago, había todo un grupo de personas parecidas a los ejecutivos deshonestos de hoy. Estas personas se enriquecían sin pensar en las personas que destruían en el proceso. Su único interés era el valor de su propio portfolio. Estas personas eran los hacendados. Por la situación económica del día, había muchos pequeños agricultores que tuvieron que vender sus terrenos a un precio muy bajo, y un grupo pequeño de personas muy ricas se hacían dueños de terrenos más y más grandes.

El maltrato de los trabajadores era común, y muchas veces los mismos trabajadores se quedaban sin futuro mientras los dueños se enriquecían más y más. Vemos que la historia se repite; ahora son las corporaciones con sus trabajadores en vez de haciendas con peones, pero es la misma historia.

La respuesta de Dios a los abusos de los hacendados es la misma que su reacción a los abusos de hoy. Y aunque no seamos ejecutivos, hay un mensaje para nosotros en este pasaje. Empecemos viendo cómo reacciona Dios a esta clase de abuso.

I. Dios juzgará severamente a todos los que hagan mal uso de las riquezas

Hay dos maneras de hacer mal uso de las riquezas. Una de ellas es la manera en que se gana la riqueza, y el otro es la manera en que se gasta. Santiago nos habla primero del segundo problema.

El nos dice que las riquezas serán la condenación de los que en ellas confían. El problema con las personas que Santiago describe es que ellos habían amontonado sus riquezas. Tenían inmensas sumas de dinero guardadas. Tenían tanto que ya se estaba echando a perder, según los versos dos y tres.

Tenían tanta ropa que la tenían guardada, y la polilla la estaba comiendo. Se parecían al niño glotón que agarró dos helados en la fiesta y puso uno en el bolsillo para comer después. Cuando lo fue a buscar, sólo tenía los pantalones manchados.

Es prudente ahorrar para el futuro, pero Dios condena rotundamente la avaricia que busca guardar desmedidamente en vez de ayudar a otros. ¿Por qué se echan a perder las posesiones de los ricos? Porque en vez de compartirlas con otros, las guardan para sí mismos. Dios no mira con buenos ojos a la persona que amontona riquezas para sí mismo, y no es generoso con los demás. Sus mismas riquezas carcomidas serán su condenación en el día del juicio.

Además de esto, los que maltraten a otros serán tratados muy mal. El verso cuatro habla del maltrato de los trabajadores por sus patrones. La persona que se aprovecha de otros para enriquecerse se está acarreando condenación en el cielo. Las quejas de los que sufren suben a los oídos de Dios, y no serán olvidados.

La realidad de que Dios juzgará tan severamente a los que usen mal las riquezas tiene dos consecuencias para nosotros. La primera es que

II. Podemos estar confiados de que los que nos maltraten recibirán su merecido

Dios no nos está diciendo que seamos pasivos. Si se te está tratando injustamente en el trabajo y puedes buscar otro, o lanzar una queja contra tu patrón, o tratar de resolver la situación de otra manera legal y ética, ¡hazlo!

Pero desgraciadamente hay muchas circunstancias en las que la injusticia no puede resolverse en esta vida. Hay muchas personas que sufren a manos de otros que no pueden remediar la situación. Muchas veces, el injusto parece salirse con la suya. Podemos estar seguros que esta injusticia es sólo aparente. Podemos ser pacientes, esperando que Dios haga la justicia a su tiempo, en vez de sentir que nosotros tenemos que corregir toda la injusticia que existe.

Imagínate otra vez en la primaria, sufriendo los insultos y los golpes del valentón de la escuela. Ese tipo fuerte, cruel, y enojón te está exigiendo el dinero que tu mamá te dio para comer. ¿Qué harás? De repente, observas detrás de tu atormentador que se aproxima la maestra. El no la puede ver, pero tú sí. En ese momento la situación cambia. El cree que está en control, que todo va a salir como él quiere, pero tú sabes que no. Tú sabes que dentro de un momento él estará sufriendo el castigo que se merece.

Esa es la perspectiva que podemos tener como creyentes. Hay mucha injusticia en el mundo. Sufrimos mucho a manos de los crueles. Pero pronto regresará el Señor para hacer justicia, y sólo tenemos que esperar hasta ese día. ¿Debemos de buscar la justicia aquí? ¡Claro que sí! Pero cuando no la hallamos, no tenemos que desesperarnos.

Más bien, la injusticia nos da razón para anhelar el regreso de Cristo. Cuando él vuelva, todo será transformado. Todas las injusticias serán castigadas, y la justicia reinará.

Una de las oraciones más primitivas de la iglesia es la palabra Maranata. Significa simplemente Señor, ven. Cuando vemos el sufrimiento que nos rodea, y cuando somos víctimas, podemos orar lo mismo. Señor, ven, para establecer tu reino y destruir la injusticia en la tierra. Si vamos a orar eso, sin embargo, debemos estar seguros de estar preparados para esa venida.

III. Debemos estar seguros de no encontrarnos entre los juzgados

Podemos estar tan ocupados en señalar a los ricos que nos maltratan que se nos olvida examinarnos a nosotros mismos para ver si estamos haciendo lo mismo que ellos. No tenemos que ser ricos para tratar de aprovecharnos de los demás.

Si vendemos un carro ocultando algún defecto, estamos haciendo lo mismo que el patrón que no paga a sus empleados. Si nos aprovechamos de la necesidad de alguien para cobrarles demasiado por nuestra ayuda, nos volvemos iguales a los monopolistas.

Este pasaje, aunque parece ser muy fuerte, es un mensaje de aliento para nosotros - pero sólo si estamos listos para el día del juicio. Si queremos estar listos, tenemos que vivir como seguidores de Cristo Jesús - y eso significa ser justos en nuestro trato con los demás.

Es una triste realidad que las personas que más se aprovechan de otros suelen ser los que han sufrido la injusticia en sus propias vidas. Si tú te crees víctima de la injusticia, asegúrate de que no seas culpable del error que condenas en otros.

Además de ser justos en nuestro trato con los demás, tenemos que usar nuestras riquezas para el beneficio de otros. Hemos dicho que Dios condena a los ricos por acumular desmedidamente los bienes en vez de usarlos para ayudar a los necesitados.

Desgraciadamente, muchas veces la persona necesitada que llega a tener un poco de dinero es el más tacaño de todos. Simplemente porque no tengas grandes sumas ahorradas no significa que estás usando tus ganancias bien.

Se cuenta la historia de un rabí que recibió a un visitante muy rico pero miserable. El rabí lo llevó a la ventana. "Mira allí", dijo, "y cuéntame lo que ves." El hombre rico respondió, "Veo hombres, mujeres, y niños". Luego el rabí lo llevó a un espejo. "Ahora dime qué ves", le dijo. "Ahora me veo a mí mismo", respondió el hombre. Entonces dijo el rabí: "En la ventana hay vidrio, y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo está cubierto con plata, y tan pronto se añade la plata dejas de ver a otros, y sólo te ves a ti mismo." Las riquezas tienen ese efecto. Cuando las miramos, dejamos de ver a los demás, dejamos de ver sus necesidades, y sólo podemos ver nuestros propios deseos.

Si no queremos sufrir en el día del juicio, tenemos que usar nuestras riquezas para el beneficio de los demás.

Considera entonces: ¿Cómo puedes usar lo que tienes para ayudar a otros? ¿Podrías usar tu carro para ayudar a los que no tienen transportación? ¿Podrías usar tu tiempo para ayudar a la persona que necesita ayuda? ¿Podrías dar algo de tu ropa a la persona que la necesita?

La clave de toda la vida es nuestra relación con Cristo. La única condición para estar preparados para el día del juicio es estar bien con Cristo. Pero sí somos creyentes en él, entonces seguiremos su ejemplo. Ese ejemplo es uno de paciencia, de generosidad, y de justicia.

Podemos saber con seguridad que Dios juzgará a los que mal usen el dinero. Podemos saber que los que nos tratan injustamente serán juzgados, pero tenemos que asegurarnos de que no seamos como ellos.


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