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Domingo 15 de Enero de 2012

Valora el evangelio
Pastor Tony Hancock

Se reporta que, cuando se hundió el Titánic, once millonarios perdieron la vida. Uno de los que alcanzó a sobrevivir dejó atrás trescientos mil dólares en efectivo y en joyas cuando huyó de su cabina. El luego comentó: "El dinero me parecía una burla en ese momento. Lo dejé atrás, y me llevé tres naranjas."

Cuando su vida colgaba de un hilo, ese hombre cambió repentinamente de valores. Lo que había valorado antes, ahora le parecía ridículo. Algo que poco le había costado, en cambio - tres naranjas - ahora le podría sostener la vida mientras esperaba ser rescatado.

¿Qué es lo que tú valoras? En otras palabras, ¿qué te parece importante? ¿Qué cuidas? Hemos llegado al final de nuestro largo recorrido a través del libro de Romanos. El tema de este libro es el evangelio. Pablo dice al principio del libro: "No me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen" (Romanos 1:16).

Ahora, al final del libro, él vuelve al tema. Aunque sólo menciona la palabra "evangelio" una vez en estos últimos versículos del libro, el evangelio satura sus pensamientos. Este mensaje que había llevado a Pablo a recorrer dos continentes, a sufrir rechazo y persecución y hambre y naufragios y muchas cosas más, este mensaje - el evangelio - es de gran valor. ¿Lo valoras tú?

Leamos más acerca de esto en Romanos 16:17-27:

16:17 Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.
16:18 Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.
16:19 Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal.
16:20 Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.
16:21 Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes.
16:22 Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor.
16:23 Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
16:24 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
16:25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,
16:26 pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,
16:27 al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.

Antes de continuar, es importante definir el evangelio. ¿Qué es el evangelio, este mensaje digno de valorar? El evangelio es simplemente el mensaje acerca de Jesús, de lo que El ha hecho para que podamos ser reconciliados con Dios. Es el mensaje de su vida, su muerte en la cruz y su resurrección. El evangelio es el mensaje de Jesucristo.

Para muchas personas, ese mensaje se ha convertido simplemente en otro dato. Así como saben que Cristóbal Colón descubrió América en 1492 y que Benito Juárez fue presidente de México, también saben que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. A la muerte de Jesús quizás le dan la misma importancia que a los otros datos.

Cuando comprendemos el evangelio, sin embargo, comprenderemos también que es algo de inmenso valor, de mucho más valor que cualquier dato meramente histórico. Nos daremos cuenta que es de tanto valor que valdría la pena hasta dar la vida por él. Y quizás por este mismo motivo, el evangelio está bajo ataque.

Este punto es tan importante que el apóstol interrumpe los saludos que da al final de su carta con esta advertencia. Cuídense, dice, de los que vienen a causar divisiones, y les enseñan cosas diferentes de las verdades que ya han aprendido.

Cualquier cosa de valor siempre estará en peligro. Cuando era niño, vivíamos cerca del Museo de Oro. Era común por las noches oír balaceras entre asaltantes y policías. El contenido del museo era muy valioso, y constantemente estaba bajo ataque. Es por la misma razón que los bancos transportan sus fondos en carros blindados; lo valioso siempre está en peligro.

El evangelio también está en peligro. No es el peligro de que alguien se lo robe, sino el peligro de ser trastornado, de ser confundido, de ser pervertido o perdido. Por ser tan valioso, tenemos que cuidarlo. No lo cuidamos guardándolo en una caja fuerte o llevándolo en un carro blindado. Lo cuidamos cuando estudiamos la Palabra para entender bien qué es el evangelio y lo aprendemos a vivir.

De este modo, podremos reconocer las falsificaciones del evangelio que se nos presentan. Nos daremos cuenta cuándo alguien nos quiere predicar un mensaje que no es bíblico, que no concuerda con el verdadero evangelio. Así aprenderemos, como lo dice Pablo, a ser sagaces para el bien e inocentes para el mal.

Me llama la atención la astucia que solemos tener para el mal. Si alguien cuenta un chiste colorado, pronto agarramos el significado oculto. ¡Nuestras mentes son listas para ese tipo de cosas! Pero ¿cuántos de nosotros nos hemos esforzado por estudiar y entender el evangelio? ¿Cuántos hemos escudriñado la Palabra para conocer bien qué hizo Jesús y por qué nos importa? ¿Cuántos de nosotros se lo podemos explicar a otra persona para que lo entienda?

El evangelio está bajo ataque, y tenemos que cuidarlo y guardarlo. Cuando lo hacemos, llegamos a comprender el valor del evangelio. Es que el evangelio es el camino a la victoria. Mira lo que dice el versículo 20: "Muy pronto el Dios de paz aplastará a Satanás bajo los pies de ustedes".

Es cierto que el evangelio está bajo ataque, pero ese mismo evangelio precioso es el camino a la victoria sobre nuestro peor enemigo. La razón por la que el evangelio vale la pena defender es porque es el único modo de tener la verdadera victoria en la vida - y después de la muerte.

Cuando Adán y Eva pecaron, el Señor le dijo a la serpiente que un descendiente de la mujer le aplastaría la cabeza. Ese descendiente fue Jesucristo. La serpiente - Satanás - fue derrotado en la cruz. El sigue teniendo influencia en el mundo, y logra engañar a muchas personas. Sin embargo, él ya ha sido derrotado.

Nosotros, por fe, compartimos la victoria de Jesucristo. ¡Esta es la gran noticia del evangelio! Por fe, sabemos que nuestro pecado ha sido perdonado, que el enemigo ya no tiene poder sobre nosotros y que somos parte de la nueva creación que Dios está preparando. Aunque por el momento vivamos todavía en este mundo con sus problemas y sus enfermedades, pronto seremos libres.

¡Qué gran esperanza tenemos! No dejes que nadie te la robe. No dejes que la preocupación por las cosas del mundo te robe la esperanza que tienes en Cristo. No dejes que la atracción de las cosas del mundo te robe la esperanza que tienes en Cristo. En el evangelio tenemos un gran tesoro, porque el evangelio es el camino a la victoria.

El valor del evangelio también nace de esto: el evangelio exalta a Dios. El valor de cualquier cosa tiene que ver con su origen y su material. Por ejemplo, una moneda de oro es mucho más valiosa que una moneda de cobre, aunque los dos traigan la misma figura. El oro tiene más valor que el cobre.

De igual modo, el evangelio es de tan gran valor porque tiene su origen en el corazón de Dios, y exalta a Dios. Leamos nuevamente los versículos 25 al 27. Observa tres cosas aquí acerca del evangelio. En primer lugar, el evangelio fue un secreto durante muchos siglos.

El plan de Dios fue un misterio. Había ciertas prefiguraciones, ciertos presagios de lo que iba a suceder que Dios dio por medio de los profetas; pero no se reveló completamente cómo Dios se había propuesto salvar al mundo hasta que Jesús vino. El evangelio es una verdad valiosa que muchos desearon entender, pero que ahora se nos ha revelado a nosotros.

En segundo lugar, el evangelio tiene como su fin la obediencia de todas las naciones. No es solamente para cierta nación, o para la gente de cierto color o de cierto idioma. El evangelio refleja el corazón de Dios, que late con amor para las personas de toda lengua, tribu y nación.

Esto también refleja el gran valor del evangelio. Es una medicina aplicable a la enfermedad de cada ser humano, una cura universal que no tiene limitaciones de eficacia. Sólo esta clase de evangelio podría ser digna del Dios de todo el mundo.

En tercer lugar, el evangelio lleva a la exaltación suprema de Dios. Cuando tú y yo llegamos a comprender el evangelio, la única respuesta natural es adorar y exaltar a Dios. El se lleva toda la gloria por salvarnos. El se lleva todo el crédito. En la cruz, llegamos a entender nuestra incapacidad y nuestra necesidad de un Salvador, y El se merece toda la gloria.

¿Qué valor le das al evangelio? ¿Qué importancia tiene en tu propia vida? Quiero animarte a considerar ahora las decisiones que tomas a diario. ¿Cuánto tiempo inviertes en conocer mejor el evangelio? ¿Cuánto te esfuerzas por compartirlo con otros? ¿Qué valor le das?

Se cuenta la historia de unos niños en el continente africano que jugaban a las canicas. Un visitante se acercó para examinar las canicas que usaban. Parecían ser simplemente unas piedritas medio redondas, pero este visitante conocía algo de piedras y de canicas - y sabía que no eran ni piedras ni canicas.

Los niños estaban jugando a las canicas con diamantes sin tallar. ¡Jugando a las canicas con diamantes! Para ellos, eran simplemente unas piedritas que habían salido de la tierra. Ignoraban su enorme valor. ¿Será que nosotros hacemos lo mismo? Teniendo en nuestras manos este mensaje de tanto valor - el evangelio - ¿jugaremos con él a las canicas? O más bien, ¿le daremos el valor que le corresponde?


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