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Domingo 11 de Diciembre del 2011

Terminemos la tarea
Pastor Tony Hancock

Hace muchos años, una empresa petrolera le ofreció a un misionero en la China una fuerte suma de dinero para dejar las misiones y ser su representante en ese país. El misionero se rehusó a aceptar la oferta. La empresa petrolera, deseando abrir un nuevo mercado, le duplicó la oferta de salario. El misionero nuevamente declinó el puesto.

Por fin, le preguntaron qué más quería. ¡Ya no le podemos ofrecer más dinero! - dijo el representante de la compañía. El misionero replicó: El dinero no tiene nada que ver. El dinero es mucho, pero el trabajo es demasiado pequeño.

Interesante respuesta, ¿no? Este misionero entendía que su tarea, su trabajo como misionero, era muy grande, y que ningún trabajo secular - por mejor pagado que fuera - era lo suficientemente importante como para alejarlo de su misión. Sólo la tarea de llevar el mensaje de salvación era bastante grande.

Hoy leeremos de otro misionero, uno de los misioneros más influyentes de la historia. El plantó numerosas iglesias en varios países, en dos continentes. Enfrentó persecución, peligros en la tierra y en el mar y hasta fue apedreado y dejado por muerto en una ocasión. Nada lo detuvo en la realización de su misión, porque él sabía que ésta era tan grande que podría llenar toda su visión.

Lo interesante del caso es que tú y yo, como seguidores de Jesucristo, hemos sido llamados a formar parte de la misma misión. Por lo tanto, las palabras de este misionero no sólo son de interés académico; nos sirven como un llamado a la acción. Abramos la Biblia en Romanos 15, y leamos los versos 14 al 16, para empezar:

15:14 Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.
15:15 Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada
15:16 para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.

Ya se han dado cuenta de que el misionero del que hablaba es el apóstol Pablo. El empieza esta sección declarando su confianza en las capacidades de los romanos. El no los conocía personalmente, y ellos se podrían haber ofendido por algunas de sus exhortaciones. El les dice que confía en su sabiduría y bondad, pero no se retrae de lo que ha dicho.

¿Por qué? Porque Dios le ha dado una gracia especial. Esta gracia, este don de Dios, es el privilegio de ser enviado con el mensaje de Jesucristo. Esto nos lleva a la primera cosa que aprendemos aquí acerca de la misión que compartimos con Pablo. Se trata del propósito de la misión.

Lo dice el versículo 16. Pablo se imagina como un sacerdote, presentándole a Dios una ofrenda agradable, un sacrificio bueno. ¿Cuál es ese sacrificio? Es el sacrificio de las vidas de personas que antes no conocían a Dios, pero que, al recibir a Cristo, son santificadas por el Espíritu Santo.

¿Alguna vez has tenido un gato? Los gatos suelen tratar de complacer a sus amos trayéndoles regalos. Desgraciadamente, lo que al gato le puede parecer un regalo agradable generalmente no lo es para su amo. El gato se presenta con un ratón o un pájaro muerto, cosa que le encantaría que alguien le regalara. Sólo me puedo imaginar la sorpresa del animal cuando su amo responde con asco en lugar de regocijo ante el regalo.

Dios nos dice que a El le complace que nosotros participemos en la misión de llevar las buenas nuevas de salvación alrededor del mundo. Este es el regalo que El quiere que le traigamos. Las vidas de las personas que se convierten al Señor son una ofrenda que a El le trae alegría.

Jesús nos dijo lo mismo. El dijo que hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen que arrepentirse. La misión de llevar el mensaje de salvación es motivo de gran alegría y gozo para Dios.

¿Quieres darle gusto a Dios? ¿Quieres complacerle? Una de las mejores maneras de hacerlo es unirte a su misión alrededor del mundo. Tu participación en la misión mundial de Cristo contribuye a la formación de esa ofrenda agradable a Dios, la ofrenda de vidas entregadas.

Ahora bien, ¿cómo se realiza esta misión? Encontremos ahora el secreto del poder de la misión en los versículos 17 al 22:

15:17 Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere.
15:18 Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,
15:19 con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.
15:20 Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno,
15:21 sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.
15:22 Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros.

¿Cómo realizó el apóstol Pablo su misión? ¿Lo hizo por su propia astucia, usando sus grandes estudios y su propia capacidad para convencer a las personas? ¿Dependió de su carisma y sus conexiones?

¡No! Al contrario, él dice que no se atreve a hablar de nada más que lo que Cristo ha hecho por medio de él. El secreto del poder de la misión es la dependencia en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Pablo logró predicar el evangelio y sembrar iglesias en lugares donde nadie había llegado sólo porque dependió del poder de Dios.

Fue el Espíritu Santo quien realizó señales que confirmaban la predicación de Pablo. Fue el Espíritu Santo quien trajo convicción a los corazones de los que oían su mensaje, para que se arrepintieran de sus pecados y confiaran en Jesucristo. Pablo nunca perdió su dependencia total en el Espíritu.

Me temo que nosotros fácilmente la perdemos, y por esto, nuestros esfuerzos a veces son meramente humanos en lugar de ser sobrenaturales. Vemos nuestros recursos, que son pocos, y decimos: ¡No podemos dar nada! ¡Que den otros! Vemos nuestro estado legal o familiar, y decimos: ¡No podemos ir! ¡Que vayan otros!

Pero el poder de Dios se demuestra en la vida de los que dicen, como dijo Isaías, Heme aquí; envíame a mí. Se demuestra en la vida de los que dicen, como Pablo: No me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí. La tarea de evangelizar el mundo es enorme, pero nuestro Dios es más grande aun. Es sólo en su poder que lo podemos hacer.

Dios nos está llamando a dejar de mirar nuestras limitaciones y empezar a enfocarnos en su poder. Nos está llamando a dejar de ser prácticos y prudentes, y a lanzarnos por fe a la aventura de su misión mundial.

Años atrás, un desfile de carros alegóricos pasaba por la calle principal de una gran ciudad cuando, de repente, uno de los carros se detuvo. Se le había terminado el combustible. Para colmo, ¡el carro alegórico representaba a una empresa petrolera! Con millones de litros de gasolina a su disposición en los depósitos de la compañía, al conductor se le había olvidado abastecer el carro.

A nosotros se nos va a terminar el combustible si no aprendemos a depender siempre del poder de Dios para realizar su obra. Una de las formas de hacerlo es pasar tiempo en oración. En la oración expresamos en palabras nuestra dependencia del Señor. Reconocemos que su Espíritu es la fuerza motora, no nosotros. Nos apoyamos en El.

Cuando hayamos comprendido de dónde viene el poder para la misión, podremos pensar en nuestra participación en la misión. Leamos los versos 23 al 33 para conocer más de esto:

15:23 Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,
15:24 cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros.
15:25 Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.
15:26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.
15:27 Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales.
15:28 Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.
15:29 Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.
15:30 Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios,
15:31 para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta;
15:32 para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.
15:33 Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

Estos versículos destacan tres formas de participar en la misión mundial de Jesucristo. La primera es ir. Dios llama a algunas personas a ir a otros lugares para llevar su mensaje. Pablo fue uno de ellos, y quizás tú también lo seas.

La segunda forma de participar es dar. Pablo trata el tema con mucha gentileza, pero no lo ignora. El había recaudado una ofrenda de algunas iglesias para los hermanos necesitados en Jerusalén, e iba de camino para entregárselo. Después de ir a Jerusalén, su intención era visitar Roma - pero sólo como una parada en su viaje a España, en aquel entonces una provincia lejana y remota del imperio romano.

Su esperanza es que los romanos lo apoyen en su proyecto de llegar a España. A esto se dirige en el verso 24. Aunque Pablo tenía el oficio de fabricar carpas, y lo hizo en ocasiones, él también sabía que tenía el derecho de recibir apoyo de las iglesias. Cuando lo recibía, quedaba libre para dedicarse a tiempo completo a la obra del Señor.

Nuestras ofrendas les permiten a nuestros obreros y misioneros entrar a lugares donde, de otra manera, no podrían vivir, y dedicarse a la obra de predicar el evangelio. Aunque tu ofrenda no sea mucha, cuando se suma a las ofrendas de muchos más, es capaz de alcanzar alrededor del mundo.

La tercera forma de participar en la misión se encuentra en los versos 30 al 33. Es orar. Pablo pide a sus lectores que se unan a él en la lucha por medio de la oración. Cuando nosotros oramos por nuestros misioneros de forma directa y específica, nos unimos a la lucha. Nos paramos hombro a hombro con ellos y peleamos la batalla espiritual con ellos. También compartimos su victoria.

Quiero invitarte en esta mañana a considerar cómo aportarás tú a terminar la tarea. Esta semana, toma tiempo todos los días para orar por nuestros misioneros. Considera cuánto puedes contribuir a la misión mundial. Con fe, haz un compromiso ante el Señor. Pregúntate, además, si El te estará llamando a ir. Juntos, podemos terminar la tarea.


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