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Domingo 30 de Octubre del 2011

¿Juntos o unidos?
Pastor Tony Hancock

¿Habrá alguna diferencia entre estar juntos y estar unidos? Considerando esta pregunta, alguien observó que la diferencia se puede ilustrar con dos gatos. Si les amarramos las colas - y por favor, no lo vayan a intentar en casa - y los colgamos de un tendedero de ropa, podremos observar la diferencia entre estar juntos y estar unidos.

Los gatos estarán juntos, porque sus colas estarán amarradas. Pero de ninguna forma se podría decir que están unidos. ¡Al contrario! Se pondrán a reñir y a rasguñar hasta que algo sucede. Pensando en el cuadro mental de estos gatos, me pregunto: ¿sucederán cosas similares en la iglesia? ¿Habrá casos de iglesias donde los hermanos están juntos, pero no están unidos?

Indudablemente los hay. Cuando el mundo ve la falta de unión, se pregunta si realmente servimos a un Dios de amor. Cuando los hermanos nuevos observan los pleitos que surgen en la iglesia, se desaniman. Jesús oró para que nosotros tuviéramos la unión que El tiene con su Padre. Es algo muy importante para El.

Las divisiones en la iglesia han sido un problema desde el comienzo. La iglesia empezó como un grupo de trasfondo judío que reconoció a Jesús como el cumplimiento de las escrituras judías. Como judíos, seguían observando sus costumbres judías. En el propósito de Dios, sin embargo, estaba que los gentiles también entraran a la iglesia.

Cuando esto sucedió, empezaron los pleitos. La religión judía tenía ciertas reglas que, después de la venida de Cristo, ya no se aplicaban. Sin embargo, algunos de los judíos que habían aceptado a Jesucristo todavía no comprendían que ya no era necesario hacer estas cosas. Ellos veían a sus hermanos en la iglesia que no observaban estas reglas y los consideraban libertinos. Sus hermanos en la iglesia, en cambio, los menospreciaban como ignorantes.

En su carta a la iglesia romana, el apóstol Pablo dedica más de un capítulo a esta situación. En un momento vamos a leer lo que dijo bajo inspiración del Espíritu Santo. Antes de leerlo, es muy importante entender algo. Pablo sabía que uno de esos grupos tenía la razón. Sin embargo, él se enfocó más en la importancia de mantener la unión de la iglesia, en lugar de sólo darle la razón a un grupo. Es posible tener la razón, pero estar equivocado - por tener una actitud equivocada.

Leamos ahora Romanos 14:1-12:

14:1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.
14:2 Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.
14:3 El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.
14:4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
14:5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.
14:6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.
14:7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.
14:8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
14:9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
14:10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
14:11 Porque escrito está:  Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla,  Y toda lengua confesará a Dios.
14:12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

Las cuestiones que se mencionan aquí nos pueden parecer extrañas, porque ya no son controversiales para nosotros. Sin embargo, podemos aprender mucho de las enseñanzas que el apóstol nos da acerca de cómo manejar estas cuestiones dentro de la iglesia.

La primera cosa que menciona es el asunto de la comida. En el Antiguo Testamento, había toda una serie de reglas acerca de lo que se podía comer. Aparte de esto, los judíos evitaban comer carne que había sido ofrecida a un ídolo, para no contaminarse y mezclarse con la falsa adoración. Algunas personas llevaban esto a un extremo y no comían carne, porque no podían tener la seguridad de que la carne que compraban en el mercado había llegado allí sin haber sido sacrificada primero a un ídolo.

Es a esta gente que Pablo se refiere en el verso 2 cuando habla de los que sólo comían verduras. No eran vegetarianos, sino que evitaban la carne para no comer carne contaminada por haber sido sacrificada a un ídolo. Jesús declaró que toda la comida es limpia. Esto significa que lo que comemos no tiene nada que ver con nuestro estado espiritual. Puede afectar nuestra salud física, pero no tiene nada que ver con nuestra salud espiritual.

Algunas personas, sin embargo, todavía no comprendían este punto. Eran débiles en la fe. En otras palabras, su fe en Jesucristo no había crecido al punto de comprender que las antiguas reglas de la alimentación ya no se aplicaban a su situación. ¿Cómo responder a estas personas en la iglesia?

La primera cosa que Pablo dice es ésta: Recíbanlos, pero no para entrar en discusiones. En otras palabras, no es necesario que estemos de acuerdo en cada punto. Si alguien piensa de una forma diferente que nosotros, pero no se trata de un punto principal de la fe, debemos de aceptarlo como hermano y no entrar en discusiones ni pleitos.

Tenemos que proteger la unión, porque todos somos siervos de un mismo Señor. El se va a encargar de juzgarnos. No nos toca a nosotros hacerlo. Si Dios ha aceptado a tu hermano porque ha llegado a tener fe en Jesucristo, ¿quién eres tú para rechazarlo? Si Cristo incluye a tu hermano en su iglesia, ¿quién eres tú para excluirlo?

Pablo menciona también otra cuestión que causaba divisiones en la iglesia. Se trataba de los días. En el Antiguo Testamento, se observaba el sábado de forma rigurosa como día de reposo dedicado al Señor. También había ciertos días festivos que se debían observar. Cuando Cristo vino, El cumplió el significado espiritual de estas fiestas y del sábado. Por lo tanto, ya no estamos bajo la obligación de guardarlos.

Sin embargo, había personas que no habían llegado a comprender este punto, y seguían guardando el sábado y los días festivos. ¿Qué dice Pablo? Que el que guarda el sábado lo hace para el Señor, y el que no lo hace también vive para el Señor. Lo importante es que cada uno esté plenamente convencido de lo que hace. En otras palabras, ninguno debe violar su conciencia.

Al final de nuestros días, todos seremos juzgados por el Señor. Por lo tanto, ¡dejemos de juzgarnos unos a otros ahora! Dios se encargará de arreglar las cosas. No nos corresponde a nosotros hacerlo.

Ahora bien, hay dos casos en los que sí tenemos que juzgar. Dios nos llama a ser tolerantes, pero la tolerancia tiene sus límites. El primer caso es el de una falla moral. En 1 Corintios 5, por ejemplo, el mismo apóstol Pablo que escribió estas palabras acerca de la tolerancia le dice a la congregación de Corinto que ellos tienen que juzgar el pecado moral y expulsar al pecador de la congregación.

En este caso, un hombre vivía en pecado con su madrastra. Pablo no les dice que sean tolerantes, sino que llamen al pecado por su nombre. Aunque nunca dejemos de amar a nuestros hermanos, no debemos de confundirnos y pensar que este llamado a la tolerancia se extiende al pecado.

El otro caso es el de falsa doctrina. Si alguien empieza a enseñar cosas falsas acerca de las doctrinas básicas de la fe - acerca de la persona de Jesucristo, acerca de la salvación, acerca de la Biblia - no lo podemos aceptar. Tenemos que ser como los bereanos, que examinaban las Escrituras para ver si lo que se les predicaba era la verdad.

Lo que yo observo, sin embargo, es que solemos ser muy tolerantes con los pecados de otros, y a veces hasta con la falsa doctrina, pero nos dividimos por cuestiones insignificantes. Las dos cosas que Pablo menciona en este pasaje son cuestiones de ritual, no de moral. Son cosas que se relacionan con formas de adoración, no con acciones morales o inmorales.

Hasta el día de hoy, la mayoría de los problemas en las iglesias tienen que ver con cuestiones de ritual, no de moral. Cosas como estilos musicales, el uso del velo, el uso del proyector o de himnarios y otras cosas parecidas han separado a muchos creyentes, cuando no son cuestiones trascendentes. Unos levantan las manos al adorar, mientras que otros lo ven como algo extraño. ¡Los dos adoran al mismo Señor!

Dios nos está llamando a proteger la unión de su pueblo. El nos llama a recordar que El es quien nos va a juzgar. Le servimos a El. Hermanos, el mundo se está perdiendo sin Cristo. No dejemos que las divisiones por cosas insignificantes nos separen los unos de los otros. Caminemos en unión, para que el mundo pueda ver el amor de Cristo.


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