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Domingo 16 de Octubre del 2011

La deuda que nunca terminarás de pagar
Pastor Tony Hancock

Nos encontramos en medio de una crisis económica causada por una cosa - las deudas. Los bancos hicieron préstamos a clientes que no los podían pagar, y la irresponsabilidad se vio por los dos lados. Los ecónomos nos dicen que esta clase de contracción económica demora varios años en resolverse.

Las deudas se han hecho algo demasiado común en nuestra sociedad. Alguien comentó en cierta ocasión que ¡la única razón por la que la mayoría de las familias americanas no tienen un elefante es porque nadie les ha ofrecido venderles un elefante con cero de enganche y facilidades de pago!

La Biblia nos habla acerca de cómo usar bien el crédito. También nos dice que hay una deuda que nunca terminaremos de pagar, pero que siempre debemos estar pagando. Leamos acerca de esto en Romanos 13:8-10.

13:8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
13:9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
13:10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

El apóstol Pablo conecta lo que nos dice aquí con la idea del deber. Al final de la sección anterior nos habla de nuestra responsabilidad de respetar a las autoridades y nos dice que paguemos lo que debemos en cuestión de impuestos. Ahora recoge esta idea para decirnos que no debemos tener deudas pendientes con nadie, menos la deuda del amor.

Pero ¿significa esto que un cristiano nunca puede pedir dinero prestado? ¿Significa que no podemos conseguir una hipoteca para comprar una casa? ¿Significa que no podemos pedirle dinero prestado a un hermano cuando nos encontramos en apuros?

No, no significa esto. Lo que significa es que tenemos que manejar nuestras deudas con integridad. Esto significa no sacar deudas que no podemos pagar. Si piensas pedirle dinero prestado al banco o algún otro negocio, averigua cuánto vas a pagar en intereses. Siéntate a calcular cuánto vas a pagar cada mes, y si puedes hacer los pagos cómodamente o no.

Ten mucho cuidado en usar las deudas para cosas que no guardan su valor. No uses tus tarjetas de crédito para ir de vacaciones, por ejemplo; si no puedes cubrir el costo con dinero ahorrado, mejor sería no tomar las vacaciones. Es muy fácil endeudarse, y muy difícil salir de deudas.

Si le debes dinero a otra persona, trata esa responsabilidad con integridad también. Si algo ha sucedido y no le puedes pagar a tiempo, le debes una explicación del por qué. Recuerdo algunos años atrás que alguien me había pedido cierta cantidad de dinero prestado. Pronto me pagó la mitad. Después de eso, cada vez que me veía, se escondía.

Si él se me hubiera acercado y me hubiera dado alguna explicación, probablemente incluso le podría haber perdonado parte de la deuda. Pero el esconderse y huir demuestra una gran falta de integridad. Por esto, Dios nos llama a tratar las deudas con integridad. Si tienes un deuda con algún negocio, haz tus pagos. Si no puedes, habla con ellos para ver si pueden llegar a algún acuerdo.

Y si le debes dinero a alguien, haz lo posible para pagarle. No te escondas. Si no puedes pagar en el tiempo acordado, explícale por qué. Sobre todo, no dejes que el enemigo use alguna deuda para separarte de un hermano. No dejes que la pena te aleje. Habla con sinceridad e integridad.

Pero hay una deuda que siempre estará pendiente, y que nunca deberemos dejar de pagar. Es la deuda del amor. De hecho, la única forma de obedecer a Dios es pagar siempre tu deuda de amor. 1 Juan 4:8 nos dice que Dios es amor: "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor". El amor verdadero es algo que Dios vive, y que viene de El.

El nos ha mostrado ese amor por medio de Jesucristo. Cuando Jesús, siendo inocente, tomó tus pecados y los míos y los cargó en su propio cuerpo a la cruz, El mostró verdadero amor. Cuando El gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46), lo hizo para que tú y yo pudiéramos ser reconciliados con su Padre - en amor. Cuando extendió los brazos y murió, nos mostró hasta dónde llega la extensión de su amor.

Ser cristiano, entonces, ser creyente y seguidor de Jesucristo no es nada si no es conocer y vivir en amor. Cualquier vida cristiana que no tenga como gasolina en su motor el amor no podrá ser una vida agradable a Dios. El verdadero amor te llevará a obedecer la ley de Dios.

Piensa en los ejemplos que vemos aquí. Si amas a alguien, ¿lo matarás? ¿le robarás sus pertenencias? ¿cometerás adulterio con su esposa? ¡Claro que no! Las leyes que Dios nos ha dado en su Palabra realmente sirven para enseñarnos lo que significa amar. Por lo tanto, si tratamos de guardarlas sin amor, tendremos problemas.

Este precisamente es el problema del legalismo. El legalismo consiste en tratar de guardar las leyes de Dios por razones egoístas, para recibir su bendición y evitar su castigo. Si ésta es la única razón por la que tratamos de obedecer a Dios, y no hay en nuestro corazón amor hacia El y hacia los demás, terminaremos como los fariseos.

Es por esto que Pablo nos dice en otro lugar: "Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso" (1 Corintios 13:3). Tú puedes estar aquí cada domingo, puedes cargar una Biblia enorme y vivir una vida impecable; pero sin amor, es hueco.

Pero entonces, ¿por qué nos da Dios leyes? ¿Por qué no simplemente decirnos que amemos, y ya? Lo que sucede es que, como dice Jeremías 17:9, "Nada hay tan engañoso como el corazón". Sin la dirección que Dios nos da en su Palabra, nos convencemos fácilmente de que lo que nosotros queremos hacer realmente es motivado por el amor.

Para tomar sólo un ejemplo, hay demasiadas familias que han sido destrozadas porque dos personas han insistido: "Es que nos amamos". Frente a esto, Dios dice: "No cometerás adulterio" (Exodo 20:14), y nos demuestra que el amor es fiel a sus compromisos. Por más bonito que se sienta, la pasión no es lo mismo que el amor.

El amor sin normas o límites se convierte en algo peligroso; la ley sin amor se convierte en legalismo, egoísmo y crueldad. El amor humano que no se somete a las leyes de Dios es como un incendio forestal. Las leyes sin amor se convierten en una cáscara vacía, que sólo parece tener fruto adentro.

Pero cuando conocemos el amor de Dios y aprendemos a demostrarlo a los demás de las formas que El nos enseña en su Palabra, somos realmente agradables a El y encontramos bendición para nuestra propia vida.

Los versos 1 y 2 del capítulo 12 expresan el tema de estos capítulos. En el verso 2 leemos lo siguiente: "Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta". Es cuando tú y yo conocemos el amor de Dios y lo compartimos con los demás - con los que no lo conocen, aun con los que no lo quieren conocer - que descubrimos cuán buena es su voluntad.

Esta es la deuda que nunca terminaremos de pagar, pero no es una deuda pesada. ¡Al contrario! Es una deuda liviana y agradable, porque al pagarla, conocemos más y más del amor de Dios. ¿Cómo puedes expresar hoy el amor de Dios a tu familia, a tus hermanos en Cristo, a las personas que están en tu contra? Te invito en este momento de meditación a considerar cómo te está llamando Dios a pagar hoy esa deuda.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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