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Domingo 9 de Octubre del 2011

¿De qué sirve el gobierno?
Pastor Tony Hancock

Una de mis posesiones más valoradas en mi niñez fue una bicicleta roja. En esa bicicleta me paseaba por todas partes de mi vecindad, libre para ir adonde yo quisiera. Un día, llevé mi bicicleta a la panadería para comprar unos panes. Cuando salí de la panadería, ¡ya no estaba mi bicicleta! Alguien se la había robado.

Nunca volví a ver mi bicicleta. Al día siguiente, mi padre me llevó a levantar una denuncia en la comisaría. Cuando reportamos el crimen, el policía que recibió el reporte se mostró algo desconcertado. Lo que sucede es que la comisaría quedaba al frente de la panadería donde me habían robado la bicicleta. El crimen había sucedido ante las narices de la policía.

Frente a tales ocurrencias, es fácil hacer la pregunta: ¿de qué sirve el gobierno? Por supuesto, las cosas se pueden poner mucho peores. En ocasiones, las autoridades mismas se ven involucradas en acciones ilegales. A veces, los que han jurado mantener el orden público más bien lo perjudican.

Como creyentes, sería fácil decir: "Dios ahora es mi autoridad. Las autoridades gubernamentales pertenecen al sistema mundano que se está destruyendo. ¿No dice la Biblia que Jesús va a reinar sobre la tierra? ¿No dice que el mundo entero está bajo el control del maligno? Yo no tengo por qué respetar al gobierno. Sólo respetaré a Dios."

¿Será así que debemos responder al gobierno? ¿De qué sirve? Veamos lo que Dios nos dice en su Palabra al respecto. Abramos la Biblia en Romanos 13:1-7

13:1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
13:2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
13:3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;
13:4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.
13:5 Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.
13:6 Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.
13:7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

Como sus hijos, Dios nos llama a someternos a las autoridades. El las ha establecido, y le sirven a El.

Empezamos con la realidad de que Dios ha establecido a las autoridades. El primer verso nos dice que no hay autoridad que Dios no haya dispuesto. Dios ha creado las autoridades que existen. Es fácil aceptar esta verdad cuando se trata de gobiernos relativamente justos y benevolentes, pero ¿qué podemos decir cuando se trata de un gobierno corrupto? Seguramente Pablo no tenía a tales gobiernos en mente, ¿verdad?

Pues, sí. El hombre que condenó a muerte a Jesús, Poncio Pilato, fue un agente del mismo gobierno que tenía su sede en Roma, la ciudad a la que Pablo dirige su carta. El emperador que ocupaba el asiento de poder en ese imperio era Nerón, un hombre que pocos años después prendería fuego a los cristianos para usarlos como linternas en su jardín.

Jesús también nos enseñó lo mismo. Le preguntaron si era necesario pagar impuestos al césar. Ahora bien, creo que a nadie le gusta pagar impuestos. Pero la pregunta que le hicieron a Jesús va más allá de una sencilla pregunta acerca de los impuestos, porque los impuestos se pagaban a un gobierno odiado, corrupto e invasor.

¿Cómo respondió Jesús a la pregunta? La respuesta se encuentra en Marcos 12:17: "Denle, pues al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios". Aun al césar, tan odiado por los judíos, había que darle el respeto debido y pagar los impuestos debidos.

Esta verdad también fue demostrada en el Antiguo Testamento. Dios se la reveló a Nabucodonosor, el rey pagano que invadió la tierra santa de Judá y llevó cautivos a los judíos. En un sueño, él llegó a ver que "el Dios Altísimo es el soberano de todos los reinos humanos, y que se las entrega a quien él quiere" (Daniel 4:17).

Como creyentes, entonces, es imposible que neguemos que Dios ha instituido las autoridades. La gente del mundo desprecia a las autoridades. Odian a la policía. Creen que todos los jueces son corruptos, y lastimosamente, muchos lo son. Sin embargo, Dios nos llama como sus hijos a tener una mente renovada, como lo vimos hace algunas semanas en Romanos 12:2: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". Parte de esa renovación de nuestra mente consiste en aprender a ver a las autoridades de otra manera.

¿Significa esto, entonces, que tenemos que obedecer al gobierno, pase lo que pase, diga lo que diga? ¿Qué hacemos si el gobierno nos dice que neguemos a Jesucristo, como ha sucedido y sucede en varias partes del mundo? ¿Le debemos al gobierno obediencia absoluta?

No, al único que le debemos obediencia absoluta es a Dios. En cierta ocasión, las autoridades mismas arrestaron a los apóstoles Pedro y Juan y les prohibieron terminantemente que predicaran el nombre de Jesucristo. ¿Qué hicieron los apóstoles? ¿Se callaron, obedeciendo a las autoridades? Escuchen su respuesta: "¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!" (Hechos 5:29)

Nuestra obediencia al gobierno debe ser real, pero no absoluta. Si el gobierno nos ordena hacer algo que va en contra de lo que Dios claramente ha dicho, tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres. Tampoco significa que no debemos de trabajar para lograr que el gobierno sea mejor.

Dios ha establecido la autoridad, pero esto no es razón para no tratar de cambiar lo que está mal. Al contrario, ¡con cuánta más razón debemos de usar todos los medios a nuestra disposición para mejorar el gobierno! Para empezar, la Palabra nos dice que oremos por los que están en autoridad. Podemos usar el voto, las manifestaciones pacíficas, los medios de prensa y cualquier otro medio legítimo para promover el cambio positivo.

Lo que no podemos hacer, en buena conciencia, es tomar las fechorías y los errores de las autoridades como pretexto para dejar de respetarlas y dejar de cumplir con nuestras responsabilidades como ciudadanos. Tú dirás: Pero ¡la policía es corrupta! ¡No importa! Respétala. Pero ¡los congresistas son unos payasos! ¡No importa! Ora por ellos. Pero ¡mis impuestos se malgastan! ¡No importa! Págalos. Dios ha establecido a las autoridades, y les debes respeto.

Si no lo haces, te estás oponiendo a Dios. Así lo dice el verso 2. Y si te opones a Dios, no quedarás sin castigo. Las autoridades no sólo han sido instituidas por Dios, sino que las autoridades sirven a Dios. Observa lo que dice el verso 4. Esto parece difícil de creer. ¿Cómo podría Dios usar a las autoridades corruptas o ineficientes que tenemos ahora?

La realidad es que, en un mundo imperfecto y marcado por el pecado, Dios usa instrumentos imperfectos para lograr sus propósitos perfectos. En el Antiguo Testamento, El usó naciones crueles e injustas para castigar a otras naciones, y luego castigó a las mismas naciones que habían sido sus instrumentos por su crueldad.

De la misma manera, Dios ahora usa autoridades imperfectas como instrumentos de su justicia para castigar a los malhechores. En el primer capítulo de Romanos aprendimos que la ira de Dios se está revelando desde el cielo contra toda la injusticia del hombre. Una de las maneras en las que su ira se revela es mediante las acciones de las autoridades.

Por lo tanto, cuando algún narcotraficante es capturado y sentenciado, cuando un homicida es encarcelado, cuando un violador recibe su merecido por manos del gobierno, podemos ver en sus acciones la ira de Dios que castiga a los malhechores. Ellos mismos no lo saben. No se dan cuenta de que son instrumentos de Dios, pero lo son.

Dios les ha dado la autoridad para castigar. Por lo tanto, es necesario someternos a las autoridades. Algunos se someten por temor a las consecuencias de no obedecer, pero nosotros tenemos una razón mayor. Dice el verso 5 que lo tenemos que hacer, no sólo para evitar el castigo, sino por la conciencia. Como creyentes, ahora sabemos que el gobierno tiene su parte en el plan de Dios, y que las autoridades son sus siervos.

Los últimos versos nos dicen que tenemos que mostrar esta sumisión de la forma en que menos nos gusta: ¡pagando los impuestos! En inglés se dice que no hay cosa segura menos la muerte y los impuestos. ¡A ambos los odiamos! Pero aunque no nos guste, tenemos la responsabilidad de cumplir con los impuestos que legalmente debemos. En realidad, el pago de impuestos es algo que le debemos a Dios mismo.

Por lo tanto, si tú estás esquivando ilegalmente el pago de tus impuestos, no sólo desobedeces al gobierno; desobedeces a Dios, a quien sirven las autoridades. Duele pagarlos, cuando vemos las formas en que se malgastan. Sin embargo, es un deber y una responsabilidad. Dios se encargará de castigar a los que abusan de la confianza pública.

Sabes, yo no voté a favor del actual presidente. Lo considero un hombre inteligente y educado, pero algunas de sus posturas no me agradan. Sin embargo, aunque no voté por él, tengo la responsabilidad de respetarle como autoridad y orar por él. En la próxima elección, es probable que tampoco vote por él. Esto no me quita la responsabilidad de respetarlo, y de honrar a la autoridad.

El título de este mensaje es éste: "¿De qué sirve el gobierno?" Pero la pregunta verdadera es: ¿A quién le sirve el gobierno? La respuesta es: a Dios. ¿Hay alguna actitud en tu corazón hacia las autoridades que Dios te esté llamando a cambiar? Ahora que comprendes de dónde proviene la autoridad del gobierno, ¿te está llamando Dios a cambiar algo en tu vida? Te invito a dejar que el Señor te guíe a hacer lo que el Espíritu te demuestre.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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