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Domingo 18 de Septiembre del 2011

Sacrificios vivos
Pastor Tony Hancock

El adorador se acercaba al templo llevando la pequeña ovejita que caminaba amarrada de un hilo. El recordaba cuando había nacido esta ovejita. La madre oveja había despertado a todos con sus balidos, y él había salido para ver el nacimiento de esta ovejita - blanca, bella, perfecta.

La había alimentado con la mejor comida. Cuando creció, la había llevado a los pastizales más verdes para que engordara. La había cuidado de cualquier caída. Esta ovejita nunca se había quebrado la pata, nunca había sido rasguñada por un lobo, nunca se había lastimado. Era perfecta.

Por fin, llegó el día. Esta ovejita perfecta debía ser sacrificada. Mientras la llevaba al templo, su amo pensó: ¡Qué horrible es el pecado, que se tiene que pagar con la muerte de esta inocente criatura! Sólo por medio de su muerte podría él quedar libre de la culpa.

Por fin, llegó al templo. Entregó la ovejita al sacerdote, quien la preparó para morir. El adorador puso sus manos sobre la cabeza de la ovejita, simbólicamente transfiriendo sus pecados al indefenso animal. El sacerdote degolló el animal, y el adorador veía cómo su vida se escurría en la sangre. Había muerto por él.

Esta es una escena que no se ha tenido que repetir por casi dos mil años, pues se ha hecho un sacrificio final. En lugar de un animal inocente, el sacrificio fue un hombre inocente. En lugar de la cría de una oveja, el sacrificio fue el Santo Hijo de Dios. Cuando su vida se escurría en la sangre que El derramó en la cruz, fue para que todo aquel que en El crea, tenga vida eterna por fe en El.

Dios hizo un enorme sacrificio por nosotros. Por este motivo, nosotros ya no tenemos que ofrecerle sacrificios de animales. Esos sacrificios predecían el sacrificio de Jesucristo, pero desde que El vino, ya no son necesarios. ¿Desea Dios todavía que le hagamos sacrificios? Sí, pero no para tratar de ganar su perdón. Su perdón está disponible para quien la quiera recibir, confiando en Jesucristo.

Dios nos está llamando a mostrarle nuestra gratitud dándole cierto sacrificio. ¿Qué tipo de sacrificio querrá Dios? Algunas personas sacrifican cinco o diez dólares y los ponen en el plato de la ofrenda. Dios lo ve y dice: Ese no es precisamente el sacrificio que quiero de ti. Es algo más.

Otros se sacrifican caminando de rodillas para hacer peregrinación. Dios los ve y dice: Ese sacrificio tampoco es el que yo realmente deseo. Otros sacrifican su salud azotándose para mostrarle a Dios su gratitud. Dios los mira y dice: ¡Quiero algo más! Pero ¿qué más podrá querer Dios? Abramos la Biblia en Romanos 12:1-2 para descubrirlo:

12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Los sacrificios que Dios desea no son sacrificios muertos. Ya se hizo el único sacrificio muerto que fue necesario. Primera de Pedro 3:18 dice así: "Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios". Ya no se necesita ningún otro sacrificio muerto.

¡Dios desea un sacrificio vivo! El quiere que le ofrezcamos nuestros cuerpos en sacrificio vivo. En lugar de llevar un animal sangriento al altar, el sacrificio que realmente le agrada a Dios es que tú y yo llevemos nuestro cuerpo al altar. A lo único que tenemos que morir es al pecado, para vivir la vida santa que es agradable a Dios y bendecida para nosotros.

Pero ¿por qué hacer esto? ¿Qué razón tenemos para sacrificar nuestros cuerpos, es decir, dedicarlos a agradar a Dios? ¡Bastante razón tenemos! La primera frase de nuestro pasaje nos lo dice: "Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios..." Es la gran misericordia de Dios, su perdón tan generoso, que es nuestra motivación.

Piensen en todo lo que hemos estudiado en los últimos meses de los primeros once capítulos de Romanos. Acordémonos de la profundidad de nuestro pecado que vimos en los primeros tres capítulos. A pesar de que todos le dimos la espalda, escogiendo el pecado en lugar de la pureza, Dios no nos abandonó. Envió a Jesucristo para rescatarnos. El nos compró a gran precio.

No sólo nos compró, sino que nos incluyó en su pueblo. Los que antes no teníamos nada que ver con el pueblo de Dios fuimos injertados por fe en Jesucristo. Si Dios ha hecho todo esto y más, ¿qué otra cosa podemos hacer además de agradecérselo con nuestra vida?

Vivir para Dios en este cuerpo que tenemos es nuestra adoración lógica y espiritual. Hay una palabra muy interesante que se usa en el verso 1. Donde nuestra traducción dice "adoración espiritual", también se podría traducir "adoración lógica" o "adoración racional". Esto es, la adoración que nosotros como seres racionales, seres inteligentes, le podemos ofrecer a Dios.

Existen formas vanas de adoración. De Africa salió la reciente noticia triste de tres niños que se lanzaron al fuego tras sospechar que su padre se había metido en la brujería. Pensaban, con este extraño acto de adoración, purificar su hogar. Lastimosamente, no lograron nada con su sacrificio.

La religiosidad es una forma igualmente vana de adoración. El supuesto sacrificio de asistir a la iglesia y realizar ciertos movimientos no es la adoración que Dios busca de nosotros. Es importante asistir a la iglesia y es bueno cantar alabanzas al Señor, pero no debemos de pensar que, con hacerlo, hemos cumplido con adorarle.

La adoración del creyente no se trata de lo que se hace en momentos sagrados, en lugares sagrados, con actos sagrados; se trata de extender el alcance de lo sagrado a cada aspecto de la vida. Solemos pensar que la iglesia es un lugar sagrado, y que tenemos que respetarlo; pero la Biblia te dice que, si tú has aceptado a Cristo, tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. Tu cuerpo es sagrado.

Por lo tanto, si dices groserías en el trabajo, es como si las dijeras en pleno culto. Si te peleas con tu esposa y maltratas a tus hijos, es como si trajeras esa pelea aquí y la realizaras frente a todos los hermanos. Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, y Dios te está llamando a ofrecerlo en sacrificio vivo todo el tiempo.

¿Qué significa si nos portamos de una forma en la iglesia, y otra en la casa o el trabajo? Significa una de dos cosas. Es posible que no hayamos aprendido todavía qué clase de adoración busca Dios de nosotros. Tenemos que comprender lo que El quiere. La otra opción es que nos importe más lo que piensa la gente que lo que piensa Dios. Esa es una opción muy peligrosa.

Pero quizás te preguntes: ¿cómo lo hago? ¿Cómo puedo ofrecer mi cuerpo en sacrificio vivo? El versículo dos te da la respuesta. Sólo si tienes una mente renovada podrás darle a Dios ese sacrificio que El desea de ti. Por eso, Dios nos llama a ser renovados en nuestra forma de pensar.

Observa lo que dice: "no se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente". El campo de batalla para el cristiano es la mente. Es a la mente que Satanás presenta sus mentiras. Es la mente la que el mundo trata de dominar. El mundo tiene un molde, y quiere que tu mente, como gelatina, se conforme a ese molde.

Algunos años atrás se realizó un estudio interesante. Grupos de diez estudiantes entraban a un aula de clases, donde se les preguntaba cuál de tres rayas era la más larga. Nueve de los estudiantes eran voluntarios que habían sido instruidos que debían siempre escoger, no la raya más larga, sino la segunda.

Los resultados del estudio fueron sorprendentes. En caso tras caso, el décimo estudiante - el que no conocía las instrucciones especiales que los demás habían recibido - al ver que los demás levantaban la mano para escoger la raya equivocada, hacía lo mismo que los demás.

Al final del estudio, más o menos el 75% de los examinados había votado por la raya equivocada. Prefirieron seguir a los demás en lugar de creer la clara evidencia de su propia vista. Yo me pregunto: ¿cuántas cosas habremos aceptado simplemente porque todo el mundo los dice? ¿Cuántas mentiras estaremos creyendo simplemente porque circulan por todos lados?

Es necesario que nuestra mente sea transformada. Ese cambio comienza el momento en que aceptamos a Cristo, cuando le damos la espalda al pecado y empezamos a caminar con Cristo. Pero el momento de la conversión es sólo el principio. Pablo dice: sean transformados, describiendo un proceso continuo. No dice transfórmense, como si sólo se tratara de un cambio rápido, como una muda de ropa.

Ese cambio en nuestra forma de pensar sucede conforme más nos llenamos la mente con la verdad del Señor y dejamos atrás las influencias del mundo. A veces esto significa dejar de ver algún programa de televisión, si nos damos cuenta que nos está influenciando en mala dirección. A veces significa dejar de leer ciertas revistas o de ir a ciertos lugares. Sobre todo, significa llenar nuestra mente con la verdad de Dios mediante la lectura y el estudio de su Palabra.

Conforme más permitamos que la verdad de Dios transforme nuestra mente, sucederá un cambio en nuestra forma de ver su voluntad. Nos dice la última parte del verso: "Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta". Por mucho tiempo, cuando yo leía esta frase, no la entendía. Me preguntaba por qué decía comprobar en lugar de conocer la voluntad de Dios.

He llegado a comprender que muchas personas conocen la voluntad de Dios, porque clara está en la Biblia. Sin embargo, pocos la comprueban en su vida diaria. Es sólo cuando nuestra forma de pensar es transformada que empezamos a querer hacer la voluntad de Dios, y al obedecer, comprobamos que es buena, agradable y perfecta.

Con el tiempo, conforme más y más sucede esta transformación, más y más llegamos a saber de manera casi instintiva lo que Dios quiere que hagamos. Su ley se llega a escribir en nuestro corazón, y El nos va guiando por su Espíritu. Esta es la meta de la madurez cristiana.

¿Qué sacrificios le estás dando a Dios? Quiero invitarte hoy a hacer un nuevo compromiso con El de darle el sacrificio que El más desea, el sacrificio vivo de tu ser. Dile: Señor, quiero mantener estas manos limpias de pecado. Quiero que mis pies sólo me lleven a donde tú quieras. Quiero que mis pensamientos sean agradables a ti. ¿Estás dispuesto a hacer ese compromiso en esta mañana?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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