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Domingo 4 de Septiembre del 2011

Nuestro Dios fiel y asombroso
Pastor Tony Hancock

¿Cómo es Dios? Me encanta la historia de la madre que encontró a su hijo dibujando en su cuarto. Sin mucho interés, le preguntó: "Hijo, ¿qué dibujas?" El niño le respondió: "Estoy haciendo un dibujo de Dios." La madre le respondió: "Pero hijo, ¡nadie sabe cómo se ve Dios!"

El hijo, confiado en sus capacidades, le dijo: "Pues, sólo espera hasta que termine. ¡Ya lo van a saber!" Yo no sé qué habrá dibujado ese niño, pero de seguro no fue un dibujo de Dios. El arte nos puede ayudar a percibir ciertas cosas acerca de Dios, pero es imposible representarlo visiblemente. El es Espíritu, como nos lo enseñó nuestro Señor Jesús. Dios es Espíritu.

¿Cómo, entonces, es Dios? ¿Cómo lo podemos saber? La forma en que podemos saber cómo es Dios es ver sus acciones. La Biblia es el registro inspirado de las obras de Dios, y es aquí que aprendemos cómo es Dios. En el pasaje que veremos hoy, llegaremos a conocer más acerca de nuestro Dios fiel y asombroso.

Abramos la Biblia en Romanos 11, y comencemos con los versos 1 al 10:

11:1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.
11:2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo:
11:3 Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?
11:4 Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.
11:5 Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.
11:6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
11:7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;
11:8 como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.
11:9 Y David dice:  Sea vuelto su convite en trampa y en red,  En tropezadero y en retribución;
11:10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean,  Y agóbiales la espalda para siempre.

Empezando con Abraham, Dios había formado un pueblo para sí mismo. Les había dado un lugar donde vivir, la tierra de Palestina. Les había dado sus leyes, su templo, su rey - todo lo necesario para vivir bien con El.

Sin embargo, ese pueblo no le fue fiel a su Dios. Al ver cómo reaccionó Dios, aprendemos también cómo es El. ¿Rechazó Dios por completo a su pueblo? ¿Dijo: Ya basta? ¡No! Dios es fiel. A pesar de la falla de su pueblo, Dios mostró su gran fidelidad guardando un remanente. Ese remanente, ese pequeño número de personas que Dios guardó para sí, sirve como garantía de que Dios no ha rechazado a su pueblo.

El apóstol Pablo formó parte de ese remanente. Siendo israelita, también había llegado a reconocer a Jesucristo como su Señor y Salvador. Es más, no era novedoso que Dios guardara sólo un remanente. Ya lo había hecho antes. En los días del profeta Elías, casi el pueblo entero de Israel dejó de adorar al Dios verdadero y empezó a adorar a un dios falso llamado Baal.

Todo esto fue impulsado por una reina malvada llamada Jezabel, quien llegó al colmo de matar a los profetas de Dios y perseguir a Elías. Desanimado, escondiéndose de una mujer, Elías clamó a Dios: "Han matado a todos tus profetas, y ahora me quieren matar a mí también" (1 Reyes 19:14). La respuesta de Dios fue ésta: "He apartado para mí siete mil hombres, que no han doblado la rodilla a Baal" (1 Reyes 19:18).

¡Elías no estaba solo! Dios había conservado, por su gracia, un remanente de hombres y mujeres que seguían fieles a El. Lo que había sucedido cientos de años antes, en los días de Elías, también sucedía en los tiempos del Nuevo Testamento. Aunque la mayoría de los judíos no reconoció a Jesucristo como su Mesías, Dios guardó un remanente que sí lo hizo. Por su gracia, El protegió los corazones de un grupo, entre ellos los apóstoles, quienes sí lo reconocieron como Señor y Salvador.

¿Qué nos dice esto acerca de Dios? Nos dice que El es fiel. El no olvida sus promesas. No es caprichoso, ni cambia de idea de repente. Es firme en sus propósitos. Yo no sé qué pensarás tú, pero ¡ese es un Dios al que quiero conocer! Es alguien con el que puedo contar. ¡Dios es fiel!

Y si tú y yo conocemos a ese Dios fiel, tenemos que aprender a mantenernos fieles a El aunque todos los que nos rodean sean infieles. Si todos los que te rodean pierden la fe, conserva la tuya; porque Dios nunca abandona a los que se mantienen fieles a El, aunque sean sólo un pequeño remanente.

¡Tan fácilmente nos dejamos llevar por lo que dicen y piensan los demás! Nos desanimamos porque ellos se desaniman, y como Elías, pensamos que nos hemos quedado solos. Pero Dios nos dice: "He guardado un remanente por mi gracia". Levanta la cabeza, y sigue firme, aunque pienses que todos han perdido la fe.

Ese remanente garantiza que Dios tiene un futuro para su pueblo. Leamos ahora los versos 11 al 24:

11:11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.
11:12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?
11:13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,
11:14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.
11:15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?
11:16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
11:17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,
11:18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
11:19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.
11:20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.
11:21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.
11:22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.
11:23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.
11:24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

Aquí aprendemos algo de lo que veremos más en los versículos siguientes. Es esta realidad: la caída de Israel no es permanente, sino temporal. Dios todavía tiene un propósito para Israel - Israel como nación, como raza - en su plan para este mundo.

Sin embargo, en el momento actual, Dios ha abierto la puerta a los gentiles - por su gracia, mediante la fe. Israel tropezó, y como resultado, Dios abrió la puerta a todas las naciones para que entráramos libremente a su pueblo, por fe en Jesús.

Ahora bien, ¿cómo debemos de responder nosotros, los gentiles, a esta oferta generosa de Dios? Les diré cómo han respondido algunos: con soberbia y orgullo. Han dicho: Dios ya no tiene futuro para Israel como nación. Dicen: los judíos son malditos porque mataron a Jesucristo. Nosotros hemos reemplazado a Israel porque somos mejores que ellos.

¡Qué infamia! Nosotros matamos a Jesucristo con nuestros pecados y ofensas. Fue por nuestra culpa que El murió en la cruz. No podemos sentirnos superiores al pueblo de Israel. Al contrario; su caída nos sirve de aviso. Si Dios tan fácilmente arrancó de su pueblo a los infieles, nosotros no tenemos más garantía que ellos.

En varias ocasiones en el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios se compara con un olivo - el árbol que da las aceitunas. El olivo necesita cuidado para que dé su fruto, y Dios es como el jardinero que cuida el olivo. El propósito del olivo es dar fruto para su dueño.

En el caso de Israel, el olivo no estaba dando el fruto deseado. Por lo tanto, Dios arrancó de su pueblo las ramas que no estaban dando fruto. La mayoría de los judíos quedaron a un lado, dejando sólo una pequeña bola de ramas - el remanente. En lugar de las ramas desgajadas, Dios injertó unas ramas que no eran propias del árbol - ramas de un olivo silvestre.

Esas ramas somos nosotros, los que por herencia no pertenecemos al pueblo de Dios, pero que gracias a Jesús hemos llegado a formar parte de su pueblo. Ahora bien: si Dios arrancó sin titubear a las ramas propias del árbol cuando dejaron de confiar en El y serle fieles a El, ¿qué esperanza tenemos nosotros?

Nuestra única esperanza está en mantener nuestra confianza firmemente puesta en Jesús, y mantenernos fieles a El. De otra forma, nos espera el mismo destino que sufrieron ellos. Dios es fiel; pero si le damos a El la espalda y persistimos en vivir como nosotros queremos, El nos dejará ir por el camino que nosotros mismos hemos escogido y nos quitará de su pueblo.

Ahora vamos a conocer un misterio. Sigamos leyendo los versículos 25 al 32:

11:25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
11:26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito:  Vendrá de Sion el Libertador,  Que apartará de Jacob la impiedad.
11:27 Y este será mi pacto con ellos,  Cuando yo quite sus pecados.
11:28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.
11:29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.
11:30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,
11:31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.
11:32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

En la Biblia, un misterio es algo que las personas de generaciones anteriores no han conocido, pero que Dios ahora ha revelado. El misterio que Pablo nos comparte es éste: habrá una restauración futura de Israel.

Podemos imaginarnos la historia del pueblo de Dios como si fuera un drama en tres actos. En el primer acto, el pueblo de Israel ocupa el escenario. Ellos son el centro de atención. Personas de otras naciones llegan a conocer de Dios y a salvarse, pero sólo por medio de Israel.

En el segundo acto, después de la venida de Jesús, el pueblo de Israel ya no ocupa el escenario. Ahora el pueblo de Dios se conforma de personas de cualquier nación, bajo la única condición de creer en Jesucristo. Sin embargo, viene un tercer acto. En este tercer acto, el pueblo judío volverá a estar bajo los reflectores.

¿Por qué sucederá esto? Porque Dios hizo promesas a Abraham y a sus descendientes que El no dejará de cumplir. Quizás muchos de los descendientes físicos de Abraham fueron faltos de fe, y perdieron su lugar; pero Dios no dejará de cumplir sus promesas. Como dice el verso 29, las dádivas y el llamado de Dios son irrevocables. Sus regalos y sus promesas a Israel se cumplirán.

Dios no hace acepción de personas; durante el tiempo presente, el pueblo judío se ha endurecido. Como resultado, nosotros estamos entrando al pueblo de Dios. Cuando haya entrado al pueblo de Dios el número total de gentiles destinados a la salvación, como dice el verso 25, entonces el pueblo de Israel será restaurado a su lugar central en el plan de Dios.

¿Cuándo sucederá esto? El verso 26 nos da la respuesta; sucederá cuando Jesús regrese por segunda vez. Durante el Milenio, después del regreso visible de Jesús a la tierra, el pueblo de Israel volverá a ocupar el lugar principal en el desarrollo del plan de Dios sobre la tierra.

Podemos ver el cuidado providencial de Dios en los hechos de la historia actual. Muchos pueblos y muchas naciones han perdido su identidad en los últimos dos mil años, pero Dios no ha permitido que el pueblo de Israel sea destruido o asimilado por otras naciones. En 1948, después de siglos de exilio, El abrió el camino para que regresaran a su tierra.

Esto no es casualidad. Dios está preservando la identidad de su pueblo para que, en el momento que El ha escogido, su Hijo pueda regresar y ser reconocido como el Rey legítimo de Israel. Cuando eso suceda, significará gran bendición - no sólo para el pueblo judío, sino para todas las naciones. Así nos lo dicen los versos 12 y 15.

Dios quiere que comprendas que El todavía tiene un plan. Así como El sorprendió al pueblo judío incluyendo a los gentiles en su pueblo, El también sorprenderá a las naciones restaurando las fortunas del pueblo judío. Nosotros conocemos a un Dios fiel y asombroso.

¿Le serás fiel a El? ¿Caminarás con El? ¿Buscarás que se realice su plan en tu vida, en tu hogar, en tu corazón? Así podrás mantener tu lugar en ese olivo verde que es el pueblo de Dios. Así podrás dar el fruto que Dios quiere que des. Para terminar, leamos los versos 33 al 36, la respuesta apropiada de adoración frente a la realidad de lo que Dios es:

11:33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
11:34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
11:35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?
11:36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.


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