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Domingo 28 de Agosto del 2011

La cadena del evangelio
Pastor Tony Hancock

En el año 2007, una compañía que se especializaba en mudar casas solicitó permiso de las autoridades regionales para mudar una vivienda. El permiso les fue otorgado, con cierta ruta señalada para el uso del camión que llevaría la casa.

Al parecer, la ruta no fue planificada correctamente por la agencia de gobierno correspondiente. Después de las horas de oficina, un representante envió un fax a la compañía de mudanza cambiando la ruta autorizada. Lastimosamente, los encargados de la mudanza no recibieron el fax a tiempo. Aquí (*) puede ver los resultados de esta falta de planificación y de comunicación.
(*) http://www.snopes.com/photos/accident/housebridge.asp

Si queremos lograr algo, ¡la planificación y la buena comunicación son esenciales! Espero que tengas planes para tu vida hechos bajo la soberanía de Dios, y que se los comuniques claramente a las personas interesadas. Hoy quiero que nos enfoquemos en los planes de Dios.

¿Será que Dios tiene planes para la salvación de la humanidad? ¿Será que nos ha comunicado claramente cuáles son esos planes? La respuesta a ambas preguntas: ¡claro que sí! Dios tiene su plan para salvación. Ese plan se realiza por medio del evangelio de Jesucristo, el mensaje de salvación en El.

Lo más increíble es que Dios nos ha incluido a nosotros en la realización de su plan. Tú y yo tenemos un papel en el propósito de Dios, y El nos ha dicho claramente cuál es ese papel. Abramos la Biblia en Romanos 10:14-21 para aprender más acerca de este plan:

10:14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
10:15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
10:16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
10:18 Pero digo: ¿No han oído? Antes bien,  Por toda la tierra ha salido la voz de ellos,  Y hasta los fines de la tierra sus palabras.
10:19 También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; Con pueblo insensato os provocaré a ira.
10:20 E Isaías dice resueltamente: Fui hallado de los que no me buscaban;  Me manifesté a los que no preguntaban por mí
10:21 Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un puebo rebelde y contradictor.

En los versículos 14 y 15 encontramos la cadena dorada de la salvación, desde la perspectiva del hombre. Seguramente se acuerdan que, en Romanos 8, vimos la cadena dorada de la salvación desde la perspectiva de Dios - cómo El nos conoció antes de la fundación del mundo, nos predestinó para llegar a ser como su Hijo, nos llamó, nos justificó y nos glorificará, cuando Jesús regrese.

Lo vemos desde nuestra perspectiva en los versos 14 y 15. Recibimos la salvación cuando invocamos al Señor. Invocar significa clamar con fe. En la oscuridad de nuestro pecado, le pedimos a Dios que nos salve, confiando en lo que Jesucristo hizo en la cruz por nosotros. ¡Dios siempre responde a este clamor!

Pero para que eso suceda, tuvimos que haber creído que Dios nos podría salvar. Nadie le pide socorro a una persona desconocida, o a alguien en quien desconfía. Teníamos que haber llegado a creer en Dios y en su propósito de salvarnos. Pero para creer, tenemos que haber oído.

Si no hemos oído de Dios, si no hemos escuchado el evangelio, no podemos creer ni clamar. Pero para oír, alguien nos tuvo que haber predicado el mensaje. Si nadie nos lo predicara, no oiríamos, ni creeríamos, ni clamáramos. Pero para habernos predicado, esa persona tuvo que ser enviada. Tuvo que haber sido comisionado y enviado.

Sólo así podríamos recibir gozosamente las buenas noticias, como lo describe el profeta Isaías, citado en el verso 15. Repasemos entonces la cadena dorada de la salvación, invirtiendo el orden: Enviar - Predicar - Oír - Creer - Invocar

Es importante que no se rompa ninguno de estos eslabones. Por ejemplo, quizás tú has oído el mensaje de salvación, crees que es verdad, pero simplemente no has invocado al Señor, haciendo un compromiso con El. ¡No rompas ese eslabón! Haz ya tu compromiso con Cristo.

Dios también envía a sus siervos a otros lugares y otros países, y nos toca a nosotros apoyarles con nuestras ofrendas y nuestras oraciones. Así también se mantiene la cadena intacta. El mismo apóstol Pablo recibió ofrendas de varias iglesias que lo apoyaban, y así pudo viajar para llevar el mensaje a muchos lugares. Hoy apoyamos a nuestros misioneros para que hagan lo mismo. Los misioneros no pueden ir si no son enviados. ¡No rompamos ese eslabón!

¡Somos parte de un proyecto que trasciende fronteras y generaciones! Como dice el verso 15, ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas! Ese mensajero también lo puedes ser tú. No es sólo labor de los misioneros y evangelistas. De tus labios puede salir esa palabra de fe.

En cierta ocasión, el evangelista Billy Graham predicó el evangelio en una cruzada en el Canadá. Se trataba de un festival evangelístico de varios días, con la participación de varios predicadores. El Dr. Graham estaba programado para predicar cierto día, pero llegó un día antes.

Sentándose hacia atrás, observaba a un hombre de tercera edad que escuchaba atentamente la presentación del evangelio. Cuando llegó el momento de la invitación, el Dr. Graham le tocó el brazo al hombre y le preguntó si le gustaría pasar para aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador. Se ofreció para acompañarle al frente, si lo deseaba.

El hombre lo pensó un momento. Claramente, no había reconocido al Dr. Graham. Por fin, se decidió. "No, gracias", le respondió, "creo que voy a esperar hasta mañana, cuando estará predicando el pez gordo - el Dr. Graham."

Muchas veces, pensamos que la proclamación del evangelio sólo es para los "peces gordos" - los pastores, los evangelistas, los misioneros. Satanás quiere que pensemos así, porque así él mantiene a la mayoría de los creyentes en silencio y a la mayoría de las personas en oscuridad.

Uno de los gozos más grandes que existe en este mundo es ser parte de esa cadena de salvación para una persona. Todavía recuerdo la emoción que sentí cuando, de niño, compartí el evangelio con uno de mis amigos, y él aceptó al Señor. ¿Formas parte de la cadena de salvación? ¿Estás proclamando, para que otros puedan oír, creer y clamar al Señor?

Al hacerlo, es importante recordar lo que nos enseña el verso 16. Es muy simple: ¡no todos creerán! Por más que se predique el mensaje de una forma atractiva y clara, no todos lo recibirán. Esto no indica una falla en la presentación.

El profeta Isaías lo vio en su día, cuando él le dio al pueblo los mensajes del Señor. Llegó a expresar con tristeza este sentimiento: Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje? Sentía que nadie la prestaba atención. Sin embargo, seguimos estudiando sus profecías miles de años después.

El apóstol Pablo lo veía en su día también. Como hemos visto, en toda esta sección de Romanos, él considera la situación de sus compatriotas judíos. Habían oído el mensaje, pero la mayoría no había aceptado el mensaje. Jesús lo enseñó en la parábola del sembrador. Hay diferentes reacciones en la gente, y no tiene que ver con la destreza del sembrador ni la calidad de la semilla; depende de la condición del corazón en el que cae la semilla.

Por lo tanto, no te sorprendas ni te desanimes si compartes el evangelio con alguien, y no lo acepta. No te desanimes si no ves resultados como los que quieres ver. Por una parte, no todos creerán; y por otra parte, hay muchos que rechazan el mensaje ahora, pero lo recibirán después. Sólo tenemos que pensar en las multitudes que recibieron al Señor Jesús con gozo cuando entró en Jerusalén, sólo para pedir su crucifixión una semana después.

¡Qué decepcionante! Pero menos de dos meses después, seguramente fueron algunas de esas mismas multitudes las que oyeron el evangelio de labios de Pedro el día de Pentecostés, y fueron salvas. ¡No te desanimes! Dios sólo te llama a ser fiel en proclamar el mensaje. Su Espíritu se encarga de despertar la fe en los corazones de los que oyen la palabra, como lo dice el verso 17.

Estamos viviendo en una etapa muy especial de la historia humana. Durante el tiempo del Antiguo Testamento, cualquier persona que quisiera unirse al pueblo de Dios tenía que hacerse parte del pueblo judío. Muchos lo hicieron; personas como Rut, que fue tatarabuela del Rey David, o Racab, que también forma parte del linaje de Jesucristo, eran de otras naciones. Pero tuvieron que unirse al pueblo judío para ser parte del pueblo de Dios.

Hoy en día, en cambio, se han abierto las puertas a personas de cualquier nación. Mientras la mayoría del pueblo judío se quedó afuera por rechazar el mensaje, Dios ha abierto las puertas a las personas de cualquier nación. El versículo 20 lo describe.

Por lo tanto, tenemos que aprovechar esta oportunidad que Dios nos está dando para que muchos más puedan llegar a ser parte de su pueblo. Ahora no hay límites de lenguaje, de nacionalidad, de lugar. Cualquier persona puede clamar con fe a Jesucristo, y ser salvo. Pero muchos no lo saben.

Siguen tan actuales las preguntas de los versos 14 y 15 como lo fueron cuando se escribieron hace dos mil años. ¿Serás uno de los que responde al llamado? ¿Compartirás el mensaje? ¿Ayudarás a enviar a otros? Dios tiene un plan - es un plan perfecto. El nos ha comunicado claramente qué tenemos que hacer para realizarlo. La única pregunta es ésta: ¿haremos nuestra parte?

¿Con quién puedes compartir el evangelio esta semana? ¿Te entregarás en manos de Dios - a pesar del temor, a pesar de las burlas - para ser parte de esa cadena de salvación?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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