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Domingo 21 de Agosto del 2011

Vida + Vida
Pastor Tony Hancock

Algunos años atrás, un centro de esquí en el estado de Colorado colocó el siguiente letrero en la entrada de una de sus pistas: ¡PELIGRO! ¡NO ENTRAR! Sin embargo, varios esquiadores ignoraron el aviso y se metieron a la pista cerrada. ¡Estaba sola! No podían resistir la tentación de esquiar sin competencia, ni la atracción de lo prohibido.

Su error fue fatal. El área sufría de inestabilidad, y una avalancha de un kilómetro de ancho enterró a cuatro de los esquiadores bajo toneladas de piedras y nieve. La prohibición tenía un propósito, el de cuidar la vida de de los esquiadores. Quienes la ignoraron pagaron el precio.

Dios también nos ha dado leyes y normas para la vida que tienen como propósito proteger nuestra vida. Tristemente, como lo que sucedió con aquellos esquiadores, muchos hoy en día prefieren seguir su propio camino, ignorando los avisos y obedeciendo sus antojos antes que las leyes de Dios.

Abramos la Biblia en Levítico 18:5: "Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová. " En este libro, donde Dios le da a su pueblo las instrucciones detalladas para su vida, también les dice por qué se las está dando. Estas leyes, dice Dios, son para que vivan. No son reglas arbitrarias, sin razón; son, más bien, como cuando nuestros padres nos decían que miráramos a cada lado antes de cruzar la calle. La obediencia protege y trae vida.

Esta es la razón por la que Dios le dio su ley al pueblo de Israel. ¡Era una bendición! Siguiendo su ley, ellos podrían vivir bendecidos en la tierra que El les estaba dando. Nosotros también podemos vivir bien si seguimos las leyes que Dios nos ha dado. Por ejemplo, una de las leyes de Dios dice: "Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida" (Exodo 20:12).

El apóstol Pablo comenta en Efesios 6:2-3 que este es el primer mandamiento que viene con una promesa: "Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;  para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra." Si honras a tus padres, ¡te irá bien! Si honras a tus padres, Dios te recompensará con más vida. Jóvenes, es muy importante que ustedes presten atención a este mandamiento.

Durante la adolescencia, uno empieza a escuchar más a los de su generación que a sus padres. Esto es parte del proceso de crecer y madurar, pero hay que tener cuidado. Si dejamos de honrar a nuestros padres por escuchar a nuestros amigos, podemos caer en grave peligro.

Muchas jóvenes se han convertido en madres solteras por no escuchar a sus padres cuando les dicen: ¡Ese muchacho no te conviene! Muchos jóvenes han caído entre malas compañías por no respetar la hora que sus padres les ponen para llegar a casa. Jóvenes, escuchen a sus padres. Puede ser que no conozcan a los artistas más recientes, o que su ropa haya pasado de moda en 1.999, pero ellos saben mucho de la vida.

En mi loca juventud, una de mis pequeñas rebeliones fue empezar a fumar cigarrillos. Cuando mis padres se enteraron, la reacción de mi madre fue prohibirme el uso de su carro. Me gustaba salir en su carro porque era mucho más nuevo y deportivo que el mío, pero ella me dijo: No quiero que mi carro sea usado por un fumador.

Bajo esa leve presión, con el tiempo dejé de fumar. ¡Gracias a Dios por mis padres, que no me permitieron continuar con ese vicio! Si no los hubiera escuchado, iría rumbo a una muerte prematura, desperdiciando mi dinero en cigarrillos y destruyendo mis pulmones. Es con buena razón que Dios nos dice: "Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida".

Otra de las leyes que Dios nos ha dado tiene como propósito proteger la familia y el hogar. Con tres palabras sencillas, Dios nos dice: "No cometas adulterio" (Exodo 20:14). Jesús luego nos explicó que el propósito de esta ley no es solamente prohibir el acto sexual ilícito, sino que se trata de proteger el corazón.

Leamos sus palabras en Mateo 5:27-30:

5:27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.
5:28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
5:29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
5:30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

¿Dónde empieza el adulterio? ¿Empieza cuando la pareja contrata un cuarto por hora para tener su vulgar encuentro? No, no empieza allí. Empieza mucho antes, con una mirada descuidada, con un abrazo demasiado largo, con un chiste de doble sentido.

A espaldas de mi casa vive otro pastor. Algún tiempo atrás, su esposa lo abandonó por otro hombre. Por Facebook, se puso en contacto con un ex novio y empezaron a chatear. Antes de que pasara mucho tiempo, ella ya había decidido abandonar a su esposo de años.

¿Cuándo empezó el problema entre ellos? ¿Empezó cuando ella se encontraba ya en los brazos de su amante? No, empezó desde mucho antes. Empezó en aquellas noches cuando ella se quedaba en Facebook, con toda la casa dormida, escribiéndole notas a su ex. Empezó con los pensamientos de una mujer que decidió que la fruta prohibida era más dulce, en lugar de cultivar su relación con su esposo.

¿Quiénes son los que sufren ahora? Más que nadie, sufren sus hijos. Cuando tienen que cambiarse constantemente entre la casa de mamá y la de papá, cuando su pequeño corazón les acusa de tener la culpa porque mamá y papá ya no se quieren, pagan con creces el error de otra persona.

Es por esto que Jesús te dice: Si algo te incita a pecar, ¡córtalo! Si tu cuenta de Facebook te causa problemas, ¡córtalo! Si la Internet te lleva al pecado, ¡córtala! Si sientes atracción hacia alguien que no es tu pareja, ¡sepárate de esa relación! No te entregues al coqueteo, pensando que lo puedes controlar. ¡Córtalo! Córtalo, antes de que termine destruyéndote la vida.

En las leyes de Dios hay vida. En la obediencia, hay bendición. Siguiendo las instrucciones de Dios, puedes tener vida en este mundo - vida buena, vida bendecida. Sin embargo, hay una vida que la obediencia no te puede conseguir. Se trata de la vida eterna. Leamos ahora Romanos 10:4-13 para ver qué nos dice de esto:

10:4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.
10:5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.
10:6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);
10:7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).
10:8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10:10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
10:11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
10:12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;
10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

¿Reconociste el versículo que cita el apóstol Pablo en el verso 5? Es el mismo versículo que leímos en Levítico. Pablo lo cita con otro énfasis: Quien practique estas cosas vivirá por ellas. En otras palabras, la ley de Dios, cuando la obedecemos, nos trae vida. Nos trae bendición. Sin embargo, si quisiéramos ser justos ante Dios por medio de la ley, tendríamos que practicarla perfectamente.

Sin cancelar la bendición que viene cuando obedecemos la ley, Dios nos enseña que no podemos ser justos ante El por medio de ella. ¿Por qué? Porque somos pecadores. Todos hemos desobedecido la ley, más de una vez. Es por esto que la ley misma, la ley del Antiguo Testamento, señalaba hacia Alguien que sí nos puede acercar a Dios.

Esto es lo que significa el verso 4. Este versículo es tan importante que deberías memorizarlo. Cristo es el fin de la ley, para que todo el que cree reciba la justicia. Quiero que pensemos por un momento en esta palabra fin, porque es una palabra clave para comprender lo que Dios nos quiere decir.

Podemos decir así: "Este es el fin de la carretera", y queremos decir que aquí se acaba. Ya no hay más. Si éste fuera el sentido de la palabra en el verso 4, significaría que la ley ya no existe ni tiene importancia para nosotros. Pero esto no es lo que significa.

También decimos: "Los niños se vacunan con el fin de protegerlos contra la enfermedad". En esa oración, la palabra fin significa meta o propósito. Éste es el sentido de la palabra en el verso 4. Cristo es la meta, el propósito de la ley. El es quien la cumple, y la ley fue dada para llevarnos a El. El mismo lo dijo en Mateo 5:17: "No he venido para abrogar, sino para cumplir".

Las leyes morales nos demuestran nuestra necesidad de un Salvador. Al mostrarnos nuestra falta moral, nos hacen ver que necesitamos perdón, porque hemos pecado. Las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento, las leyes concernientes al sacrificio, nos muestran cómo puede ser quitado el pecado. Sólo mediante el derramamiento de sangre podría ser borrada la culpabilidad.

Cristo cumple todas estas cosas. Cuando entendemos la ley de Dios correctamente, nos lleva directamente a Cristo. El es el fin de la ley. El cumplió perfectamente la ley moral. El derramó su sangre en sacrificio por los pecados que nosotros hemos cometido.

Y El está a nuestro alcance. No está lejos de nosotros. No tenemos que subir al cielo, como dice el verso 6, porque El ya bajó para hacerse uno de nosotros. No tenemos que bajar al abismo, porque Jesús ya resucitó de los muertos, venciendo la muerte.

No, el mensaje de salvación y vida eterna está cerca de nosotros. Es un mensaje muy sencillo, un mensaje que hasta un niño es capaz de comprender: que si confías de corazón en lo que Cristo hizo por ti cuando murió y resucitó, y si lo reconoces con tus labios como tu Señor, serás salvo.

Esta es la justicia que se basa en la fe, no en las obras. La entrada a la salvación sólo es por Cristo, no por las obras. La obediencia a la ley de Dios te traerá vida y bendición en este mundo, pero si quieres alcanzar la vida eterna, sólo la fe en Cristo es suficiente.

Dios quiere que tú tengas una vida buena y bendecida. Es por esto que te ha dado sus leyes. Al obedecerlas, hallarás bendición. Dios también quiere que tengas vida eterna. Es por esto que El envió a su Hijo, el cumplimiento de la ley. Cuando tú confías en Jesucristo y lo reconoces como tu Señor, Dios te acepta y te reviste con su justicia perfecta.

¿Tienes esa vida? ¿Estás viviendo en la vida + vida que Cristo te vino a traer?


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