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Domingo 11 de Agosto del 2002

Si Dios quiere
Pastor Tony Hancock

Había una vez un hombre - pongámosle por nombre Miguel - que vivía en un pequeño pueblo de México. Toda su vida Miguel soñaba con ir al norte para trabajar y hacerse una vida mejor. Su familia era muy humilde, pero Miguel se imaginaba manejando un camioneta 4x4 por las calles de su pueblo. En sus sueños, Miguel construía una casa grande a la orilla de su aldea, abría una tienda, y disfrutaba de la independencia económica - todo gracias a su trabajo en el norte. Finalmente decidió que era tiempo de hacer de sus sueños realidad. Empezó el largo viaje a los EE.UU. Después de un arduo trayecto por el desierto, Miguel llegó al norte. Se empezó a dar cuenta de que había llegado allí para sufrir. Su primer trabajo en el campo lo expuso al sol, largas horas de labor, y un bajo sueldo.

Finalmente, llegó la oportunidad que él había esperado. Encontró una buena posición de planta, en una fábrica, donde el sueldo era bueno y el trabajo fácil.  Empezó su primer día de trabajo, y se dio cuenta de que le iba a gustar mucho. Esa tarde, sin embargo, yendo a la casa, se accidentó.

No tenía aseguranza, el accidente fue su culpa, y no iba a poder trabajar por varios meses. ¿Qué sería de sus sueños? Ya no podría realizarlos; se esfumó el camión, se cerró la tienda, y desapareció la casa. En vez de poder avanzar como había soñado, tendría que depender de la caridad de otras personas. Miguel se quedó totalmente desconcertado. No sabía cómo responder a la situación que le enfrentaba. Todos sus planes se habían venido abajo, y ya no veía futuro. Nunca se había sentido así. No sabía a dónde ir.

¿Qué pasó con Miguel? Miguel hizo sus planes sin tomar en cuenta un detalle muy importante. El se olvidó que hay otro sobre el cual no hay ningún control. Hizo sus planes sin tomar en cuenta la voluntad de Dios.

Hoy veremos lo que la Palabra de Dios tiene que decirnos acerca de este tema.

Lectura: Santiago 4:13-17

4:13 ¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos;
4:14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
4:15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
4:16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;
4:17 y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

El mundo que nos rodea vive como si no hubiera Dios, como si fuéramos los arquitectos de nuestro propio destino. ¿Cuántas veces vivimos nosotros que nos llamamos creyentes de la misma manera? ¿Cuántas veces se nos olvida tomar en cuenta la voluntad de Dios?

La realidad es que Dios está en control de cada cosa que sucede en el mundo, y de cada circunstancia de nuestra vida. Si no lo tomamos en cuenta, estaremos cometiendo un grave error que puede traer consecuencias muy negativas tanto para nuestra vida espiritual como para nuestro bienestar emocional.

Veamos, entonces, dos pasos que podemos tomar para evitar ser como Miguel.

I. Recordemos que Dios está en control de todo lo que sucede

Detrás de cada suceso en el mundo hay una mano invisible, controlándolo todo. Dios no nos maneja como títeres, pero sí obra de maneras poderosas y misteriosas para lograr su voluntad.

Él nos dice vez tras vez en su Palabra que está en control de todo. Por ejemplo, Daniel 2:21 dice lo siguiente: El cambia los tiempos y las épocas, pone y depone reyes. A los sabios da sabiduría, y a los inteligentes, discernimiento.

Tenemos como ejemplo de esto la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Si hubiera un momento en la historia humana en que Dios pareciera no estar en control, sería ese momento. Su único Hijo, su Amado, su Escogido, su Ungido para reinar sobre la tierra, estaba preso. No sólo estaba bajo control de los judíos, acusado de un crimen que no había cometido, sino que los romanos no estaban cumpliendo con su responsabilidad de proteger al inocente. Más bien, por razones políticas y por conveniencia personal, lo condenaron a muerte.

El único Hijo de Dios, el Rey por derecho de toda la tierra, el Señor de Señores, estaba condenado a muerte. Y Dios no intervino al último momento para salvarlo. Al contrario; murió crucificado, bajo un sol abrasador, en ignominia, abandonado por sus seguidores. Seguramente Dios había perdido el control de los eventos. Seguramente los líderes judíos y los romanos habían actuado fuera de su autoridad, subvirtiendo su plan. Así pensaríamos, ¿verdad? ¡Pero no fue así! ¡Más bien, nos dice la Biblia que todo esto sucedió exactamente conforme al plan de Dios! Dice Hechos 4:27-28, En efecto, en esta ciudad se reunieron Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste para hacer lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera.

En este momento de aparente derrota, Dios seguía en completo control. Y si él estaba en control cuando murió su Hijo, entonces él sigue en control.

En las últimas elecciones norteamericanas, cuando la duda acerca de la identidad del próximo presidente duró varias semanas, Dios no se estaba comiendo las uñas. Él ya sabía quién ganaría, y estaba en control completo del proceso.

Si Dios puede controlar hasta los movimientos políticos de las naciones más poderosas de la tierra, entonces es indudable que cada detalle de nuestra vida también está bajo su control. Esto lo vemos en Proverbios 20:24: Los pasos del hombre los dirige el Señor. ¿Cómo puede el hombre entender su propio camino? Los pasos de tu vida están bajo el control de Dios. Cada cosa que te sucede está bajo la supervisión del Señor. Si tratas, entonces, de manejar tu vida sin tomar a Dios en cuenta, quedarás en la confusión.

Recuerda, por lo tanto, que Dios está en control. No hay nada que te pase que él no haya permitido. No hay nada que te pueda suceder que él no quiera usar para tu bien, si se lo permites. Por eso, cuando pensemos en el futuro y hagamos planes para nuestra propia vida,

II. Reconozcamos que Dios tiene control sobre nuestra vida

No sólo debes de recordar que Dios está en control de todo lo que sucede, sino que tienes que reconocer su control sobre tu vida individual. ¿Cuántas veces has dicho, Si Dios quiere, o Dios mediante? Es un dicho tan común que ya ni siquiera se piensa. Usamos la frase sin detenernos a pensar en su significado. Ha llegado a ser tan conocido que lo hemos olvidado.

Consideremos otro dicho: Dinero ahorrado, dos veces ganado. Este dicho en su forma inglesa es muy conocida en los Estados Unidos. Cada niño de edad escolar aprende que Benjamín Franklin lo popularizó. Es uno de los dichos más trillados en la lengua inglesa. Pero existe un dato interesante. A pesar de lo repetido que es aquel dicho, el país de los EE.UU. tiene una de las tasas de ahorros más bajas del mundo. ¡En algunos meses recientes, la cifra de ahorros como porcentaje de los ingresos fue negativo! Es decir, el pueblo norteamericano, en promedio, tiene más dinero prestado en crédito que ahorrado en el banco.

Es obvio que el dicho no ha afectado el estilo de vida del pueblo que lo repite. Y de igual modo, podemos repetir "Si Dios quiere" hasta que se nos caigan los labios, pero la realidad se reflejará en nuestra vida. ¿Estamos viviendo como si Dios realmente lo controlara todo?

Cuando Santiago nos dice en el versículo 15 (leer), él no está hablando de simplemente introducir otra frase en nuestro vocabulario. El está hablando de un cambio de perspectiva. Está hablando de una actitud de dependencia sobre Dios.

Las palabras fácilmente llegan a ser una expresión sin sentido; lo que Dios quiere es que aprendamos a depender de él. Quiere que recordemos que nuestros planes se someten siempre a su veto. El quiere que busquemos su propósito en los eventos de nuestra vida, en vez de creernos víctimas de una fortuna sin sentido y sin objetivo.

Pero no sólo significa someternos a la voluntad de Dios en los eventos de nuestra vida; significa someternos a la voluntad de Dios para nuestras propias acciones también. ¿Cómo podremos vivir con un Si el Señor quiere, cuando estamos desobedeciendo su voluntad?

Dios tiene tu vida en la palma de su mano - si tratas de vivir como si la vida te perteneciera, vas a terminar en el fracaso. Si vives sin tomar en cuenta a Dios, estás viviendo en pecado. Éste es el sentido del verso 17. Los pecados no son sólo cosas que cometemos; si omitimos algo que debemos de hacer, es también un pecado.

Puedes vivir tranquilo y seguro, si recuerdas que Dios está en control de todo y tratas de alinear tu vida a su voluntad. Pero si pretendes vivir como si Dios no existiera, como si no estuviera en control, estás viviendo una peligrosa ilusión. Tarde o temprano tu casa de cartas se derrumbará.

Tengo que darles una advertencia. Sería fácil pensar que el control que Dios tiene sobre nuestra vida significa que no debemos de planear. Podríamos pensar que simplemente debemos de tomar las cosas como vienen, sin pensar en el futuro, sin ahorrar, sin planear por la educación, sin buscar oportunidades para avanzar.

Es un error pensar de este modo, pues Dios mismo en su Palabra nos enseña a planear. Se nos dice en Proverbios 21:5, por ejemplo, Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso! Se nos está diciendo que si no planeamos, si no pensamos en el futuro, vamos a fracasar. Cuando fracasamos, no debemos de echarle la culpa a Dios; ¡debemos de reconocer que fue nuestra propia falta de planeamiento que ocasionó el fracaso!

El problema, entonces, no está en hacer planes; está en planear sin tomar en cuenta a Dios. Es preguntarme, ¿Qué quiero hacer con mi vida? en vez de preguntar, ¿Qué quiere Dios que haga con mi vida? Es planear sin tomar en cuenta que tú propones, pero Dios dispone. Por eso, cuando planeas, reconoce que Dios está en control de tu vida. Pregúntate qué le complacerá, y pon un "Si el Señor quiere" en todos tus planes.

 

¿Qué pasó con nuestro ficcioso amigo Miguel? Bueno, él aprovechó el tiempo que tenía sin trabajo para leer una Biblia que se le regaló. A través de lo que leyó, empezó una nueva relación con Jesucristo. Al mejorarse de su accidente, se bautizó, y empezó a vivir según las leyes de Dios.

Pronto se dio cuenta de que Dios había estado en control de sus circunstancias, y lo que él veía como una tragedia, Dios lo dispuso para su bien. Le había dado la oportunidad de recapacitar, y entregarle el control de su vida.

¿Y qué de ti? ¿Sigues viviendo como si no hubiera Dios? ¿O le has entregado el control de tu vida? Dios está en control de todo - pero si insistes en vivir como si tú controlaras tu vida, te estás alejando de su cuidado y su amor. No insistas en cometer este error. Entrégate al cuidado de Dios desde hoy en adelante.


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