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Domingo 14 de Agosto del 2011

La piedra en el camino
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un rey que quería enseñarle a su pueblo buenas costumbres. Cierta noche, dejó en medio del camino una enorme piedra, y luego se dispuso a observar a los que pasaban. El primero en pasar fue un carnicero que iba al trabajo. Se tropezó contra la piedra. Echando maldiciones, continuó por su camino.

El siguiente en pasar fue un vendedor. Cuando la rueda de su carreta pegó contra la piedra, dijo: ¡A qué idiota se le habrá ocurrido dejar esta enorme piedra aquí! Y siguió por su camino. Las cosas siguieron iguales durante el resto del día, hasta que, por la tarde, una muchacha humilde iba regresando a la casa después de un largo día de trabajo.

Viendo la enorme piedra, pensó: "Ya oscurece, y alguien se podría lastimar con esa piedra. Mejor la voy a mover, para que nadie se lastime". Agachándose, empezó a mover la piedra, que estaba algo pesada. Para su sorpresa, había algo debajo de la piedra - una caja de madera. Cuando levantó la caja, descubrió que estaba más pesada que la piedra - porque estaba llena de monedas de oro. El rey había dejado la caja como premio para la primera persona que moviera la piedra.

Observemos, en esta pequeña historia, las diferentes funciones de la piedra, dependiendo de las diferentes reacciones de las personas. Muchos se tropezaron contra la piedra, que sólo les ocasionó molestias. Una persona, en cambio, investigó más a fondo la piedra. Para ella, fue de gran bendición. La Biblia nos habla de una Piedra que, dependiendo de nuestra reacción, puede también tener uno de dos efectos en nuestra vida. Leamos acerca de esta piedra en Romanos 9, empezando con el verso 30 y leyendo hasta el 10:3:

9:30 ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; 
9:31 mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. 
9:32 ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,
9:33 como está escrito:  He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída;  Y el que creyere en él, no será avergonzado.
10:1 Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.
10:2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.
10:3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

El apóstol Pablo nos sigue explicando por qué el pueblo de Israel, después de 2.000 años de preparación, no había reconocido al Salvador prometido cuando El llegó. La semana pasada vimos que Dios es soberano sobre el proceso de la salvación, y El nunca ha salvado a nadie simplemente por pertenecer a cierto grupo nacional o racial.

Así como Dios no acepta a nadie simplemente porque pertenece a cierto grupo racial, El tampoco rechaza a nadie simplemente porque pertenece a cierto grupo racial. Desde el día de Pablo hasta hoy, un remanente del pueblo judío sí aceptó las buenas nuevas. Sin embargo, para la mayoría, Jesús se convirtió en una piedra de tropiezo - así como lo es para muchas personas hoy en día.

Miremos el versículo 33, donde se combinan dos versos de Isaías. La piedra puesta en Sión - es decir, en medio del pueblo de Dios - causa dos reacciones. Algunos tropiezan y caen, mientras que otros confían y se mantienen firmes. ¿De dónde la diferencia?

La diferencia nace de dos diferentes caminos para llegar a Jesucristo. Dependiendo del camino por el cual llegas a El, El podrá hacerte tropezar, o podrá ser tu seguridad. El error que cometía la mayoría de los judíos - y que comete mucha gente religiosa hoy en día también - era seguir el camino de la ley.

Una de las ideas comunes en el pueblo judío era que el intento de guardar los mandamientos de Dios era suficiente para merecer la vida eterna. Otra idea era que el conocimiento de las leyes de Dios era esencial para la salvación; por lo tanto, las personas que no conocían la ley de Dios - es decir, toda la gente no-judía - no tenía esperanza de alcanzar la vida eterna.

¿Habrá gente hoy en día que piensa lo mismo? Yo me he topado con muchos de ellos. Me dicen cosas como: "Creo que voy a ir al cielo porque siempre trato de ser una buena persona". ¿Escuchaste la palabra que dicen? Trato. Como los judíos que creían que el intento es suficiente.

Otras personas dicen: "Me gusta escuchar la Palabra de Dios". ¿Te das cuenta? Como el pueblo judío, creen que con escuchar y conocer, ya han logrado algo. Vamos a ver cómo responde la Biblia a estas ideas. Pensemos primeramente en la persona que siempre trata de obedecer, para ganarse el cielo.

Miremos los versos 31 y 32. ¿Qué sucedió con los que buscaban acercarse a Dios portándose bien? ¡Fracasaron! Tropezaron con la Piedra de tropiezo. ¿Por qué? Porque querían lograrlo por medio de las obras, no por medio de la fe. Pensémoslo por un momento. Si nosotros pudiéramos agradar a Dios portándonos bien y haciendo cosas buenas, ¿por qué murió Jesucristo?

Si tú y yo podemos ser lo suficientemente buenos como para llegar a Dios por nuestra propia cuenta, entonces Jesús no tuvo por qué morir en la cruz. Hubiera sido mejor que El se quedara en el cielo, disfrutando de la adoración de los ángeles. Si tú y yo podemos ganarnos el cielo, ¡su muerte se vuelve innecesaria! Fue un desperdicio.

Es por este motivo que El se convierte en Piedra de tropiezo para todos los que se tratan de acercar a Dios por medio de las obras. La mayoría de los judíos tropezó porque pensaban que sus esfuerzos por obedecer la ley que Dios les había dado eran suficientes para asegurar su favor. Para ellos, la muerte de Jesucristo era innecesaria, sin sentido.

Su forma de pensar se parece a la de quienes creen que entrarán al cielo porque siempre tratan de obedecer los Diez Mandamientos. Esos mandamientos son parte de la misma ley que los judíos trataban de obedecer, pero Pablo aquí nos dice que eso no es suficiente.

Si tú y yo podemos lograr que Dios nos acepte portándonos bien, la muerte de Jesucristo se vuelve innecesaria. Me ha tocado hablar con muchas personas que reconocen que Jesús murió por nosotros, pero no entienden por qué. Dicen que Jesús murió para demostrarnos el amor de Dios. Esto es cierto, pero no es suficiente. También dicen que Jesús murió para enseñarnos a morir. ¡La gente supo morir perfectamente bien por miles de años antes de que Jesús viniera al mundo!

Ninguna de éstas es razón suficiente para que Jesús dejara la gloria del cielo y se sometiera a la muerte cruel y degradante de la cruz. La única razón suficiente es que El murió porque tú y yo necesitamos un Substituto, alguien que muriera en nuestro lugar. Jesús no es sólo un ejemplo para nosotros, aunque debemos de seguir su ejemplo. Es un sacrificio por nuestro pecado.

Si no comprendemos esto, entonces Jesús se convierte en piedra de tropiezo para nosotros. No comprendemos por qué murió, y no le damos el lugar que El se merece al centro de nuestra vida. Si tú estás tratando de llegar a Dios haciendo cosas buenas, Jesús se va a convertir en una piedra de tropiezo para ti - por más que creas que El murió, no vas a comprender por qué.

Jesús también se convierte en piedra de tropiezo para los que tratan de llegar a Dios por medio de las ganas. Observa el verso 2. Pablo testifica de su amado pueblo judío que ellos tenían celo por Dios, pero su celo no se basaba en el conocimiento. En otras palabras, tenían muchas ganas de quedar bien con Dios, pero no habían comprendido cómo lograrlo.

La palabra que se traduce "conocimiento" no se refiere solamente a saber algo. No es sólo tener información, sino tener comprensión. Es entender. El pueblo judío tenía mucha información acerca de Dios; conocían bien su ley, pero no habían entendido su propósito. Tenían malentendidos, aunque sinceros.

Hoy en día, hay una idea muy común. Es la idea de que lo único que cuenta es la sinceridad. Si tú sinceramente buscas a Dios, no importa cómo lo haces; El te aceptará. Lo interesante es que no aplicamos esta idea en otras áreas de la vida. Si cruzamos la calle, miramos antes de cruzar; ¡no pensamos que nuestra sinceridad nos protegerá del tráfico!

La Biblia nos enseña que el celo - las ganas, la sinceridad - no es suficiente. A pesar de que la mayoría de los judíos buscaba a Dios con mucho celo, tropezaron con la Piedra porque ignoraron la verdad. No importa la devoción que sientes ni la fuerza de tus sentimientos si no van de acuerdo con la verdad de la Palabra de Dios.

Si las buenas obras no son suficiente y las ganas no son suficientes, ¿qué es suficiente? Sólo Cristo. Si tratamos de llegar mediante las obras o el celo, tropezaremos. En cambio, si confiamos en Cristo, no seremos defraudados. La última frase del verso 33 lo dice con claridad.

Es sólo cuando llegamos a Cristo reconociendo que El es el único sacrificio por nuestro pecado, el único que merece ser el Señor de nuestra vida, el único que nos puede llevar a Dios que El deja de ser piedra de tropiezo y se convierte en un fundamento sólido para nuestra vida.

La confianza en Jesucristo - la decisión de entregarnos a El, dependiendo de El para nuestro destino y para la vida en el presente - es lo que transforma la Piedra de tropiezo en una Roca firme. Es al confiar en El que se convierte en la base sólida para nuestra vida.

Si estamos confiando en El, no seremos defraudados - ni en esta vida, ni en el día del juicio final. Nada más es suficiente. ¡Sólo Cristo! Te pregunto: ¿has llegado a confiar en El? ¿Mantienes tu confianza?


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