Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 3 de Julio del 2011

Adoptados por Dios
Pastor Tony Hancock

Durante muchos años, la pareja no había podido concebir un hijo. Por fin decidieron adoptar un bebé, y se registraron con una agencia de adopciones. Pasado algún tiempo, la agencia les llamó para avisarles que había un bebé disponible que ellos podrían adoptar. Era un bebé ruso.

Entusiasmados, la pareja no pidió más detalles. Salieron de inmediato para firmar los papeles correspondientes en la agencia. Camino a casa, se desviaron para visitar un instituto cercano, donde pidieron información sobre las clases de ruso. Un poco extrañada, la mujer que les atendía les preguntó por qué deseaban estudiar el idioma ruso.

La pareja, con caras radiantes de gozo, le dijo: "Es que vamos a adoptar a un bebé ruso, y dentro de un año o año y medio, cuando empiece a hablar, ¡queremos entenderlo!" Qué lindo el entusiasmo y el amor de esta pareja, pero ¡qué gracioso error de su parte! No importaba de dónde fuera su hijo adoptivo; si creciera con ellos, hablaría su idioma.

Un niño adoptado a temprana edad aprende las costumbres de su hogar adoptivo. También recibe los derechos de hijo; puede heredar la propiedad de sus padres adoptivos, aunque no sean de la misma sangre. La Biblia nos dice que tú y yo podemos ser adoptados por Dios como sus hijos. Gálatas 3:26-27 nos dice que, si hemos llegado a conocer por fe a Jesucristo, El nos ha dado entrada a la familia de Dios:

Gálatas 3:26-27
3:26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 
3:27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Piénsalo por un momento. Dios, el que siempre ha existido y siempre existirá, el que es más grande que todo el universo, el que lo hizo todo de la nada, el que maneja los asuntos de la estrella más lejana y vive en absoluta santidad, nos invita a ser parte de su familia. ¡Imagínate! Es realmente algo esplendoroso. Humanamente hablando, es difícil de creer; pero así es Dios. Hace lo imposible.

Un niño que ha sido adoptado por una pareja de clase alta recibe dos ventajas principales. Al instante, llega a tener un hogar seguro. En el futuro, llegará a ser heredero de las propiedades de sus padres. Como hijos de Dios, también tenemos bendiciones presentes y bendiciones futuras. De esto nos hablará hoy la Palabra de Dios. Abrámosla en Romanos 8:14-25:

Romanos 8:14-25
8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
8:15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
8:17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
8:19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
8:20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;
8:21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
8:22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;
8:23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
8:24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?
8:25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

Cuando un niño es adoptado por una familia, él recibe algo que lo identifica como miembro de aquella familia. Ese algo es el apellido familiar. Al recibir ese apellido, él mismo sabe - y todos los demás lo saben también - que él ahora pertenece a una familia nueva.

Nosotros también somos identificados como miembros de la familia de Dios, si hemos sido adoptados mediante la fe en Jesús. Lo que nos identifica como hijos de Dios es la presencia en nuestra vida y nuestro corazón del Espíritu Santo. El viene a nuestra vida para guiarnos y para realizar varias obras maravillosas en nosotros.

El nos guía. A veces lo hace de formas muy obvias, como en el caso de la hermana que sintió una fuerte sensación que le prohibía abordar cierto vuelo - que posteriormente se estrelló. Para escuchar la voz del Espíritu en tales casos, tenemos que prestarle atención.

Pero la gran mayoría del tiempo, su voz no es tan fuerte. Nos guía de una forma mucho más sutil, hablándonos por medio de un versículo, de un sermón, de un consejo, de una oración. Nos despierta la conciencia para ver lo bueno y lo malo. Nos pone a alguien en el corazón, para que oremos por la persona. Al guiarnos así, nos muestra que somos hijos de Dios.

Además de guiarnos, el Espíritu que nos identifica como hijos de Dios nos asegura que lo somos. Leamos de nuevo los versículos 15 y 16. El Espíritu Santo que está presente en nosotros nos da el valor para hablarle a Dios con las palabras más tiernas. "Abba" es la palabra hebrea que corresponde a "papá", la forma más sencilla en que un niño se refiere a su padre. Denota confianza y seguridad.

¿Cómo podríamos hablarle así al Juez del universo, al Dios que destruyó Sodoma y Gomorra con fuego y azufre y que cubrió toda la tierra con agua a causa del pecado del hombre? Sólo podemos sentir esa confianza cuando su Espíritu nos la da, gracias al sacrificio de Jesucristo. Cuando, en un momento precioso de oración, sientes la presencia y la confianza en tu Padre, es obra de su Espíritu.

El Espíritu de Dios nos ministra esa seguridad y confianza de que, en Jesucristo, hemos llegado a ser hijos de Dios. ¡Disfrutemos este privilegio! ¡Pasemos tiempo con nuestro Papá! ¡Hablemos con El! Como un padre se goza cuando su hijo se sienta sobre sus piernas y le habla, nuestro Padre celestial disfruta también nuestra presencia. Parece increíble, pero el Espíritu nos asegura que es cierto.

Ese mismo Espíritu nos enseña que hay más para nosotros. Como el hijo adoptivo que tiene la esperanza de recibir algo en el futuro de sus padres, también nos espera algo grande. Leamos ahora los versos 18 al 25 para descubrir cuál es la herencia que nos espera.

Por lo general, una herencia sólo se recibe cuando una persona muere. Dios no va a morir, pero El tiene una herencia para sus hijos que recibiremos cuando llegue el momento que Dios ha decidido en su perfecta sabiduría. Esa herencia resultará en bendición para toda la creación. Cuando Dios creó el mundo, El puso a los seres humanos en una posición de autoridad sobre el mundo. Cuando nosotros pecamos, Dios declaró una maldición sobre la tierra.

En otras palabras, la tierra fue sometida a frustración. Ya no podía realizar al máximo su potencial. La muerte entró en la creación, la enfermedad, la putrefacción. La tierra misma se agita en terremotos, en maremotos, en problemas climáticos - buscando su liberación.

Somos llamados a cuidar y proteger esta creación que hemos recibido, pero tenemos la esperanza de que un día llegará a ser mucho mejor de lo que es ahora. Es por esto que nos dice el texto que queda la firme esperanza de que la creación misma será liberada. Cuando Dios declaró la maldición sobre la tierra a causa del pecado de la humanidad, también declaró que vendría un descendiente de la mujer para aplastar la cabeza de la serpiente.

Ese descendiente, por supuesto, es Jesucristo. Cuando El regrese para completar su obra, entre otras cosas, se reversará la maldición sobre la tierra y la creación será restaurada. Es posible que esto suceda durante el milenio, los mil años en los que Jesús reinará visiblemente sobre la tierra. Sin embargo, lo más probable es que se cumpla después del juicio final.

Después de describir el juicio de toda la humanidad y la destrucción de los impíos, el apóstol Juan vio en su visión un cielo nueva y una tierra nueva, porque los primeros habían dejado de existir (Apocalipsis 21:1). Es en esta nueva creación que nosotros viviremos para siempre, y es allí donde ya no habrá ninguna maldición, ningún castigo, ningún sufrimiento, ninguna muerte.

Por lo tanto, el tiempo presente con todos sus sufrimientos se parece a los dolores de parto de una mujer. ¿Por qué aguanta una mujer los dolores de parto? Porque lo que viene después es muy gozoso; la llegada de un bebé. El mundo natural sufre, pero las señales que vemos a nuestro alrededor no nos deben desesperar, sino más bien nos sirven como señales de esperanza.

La herencia que Dios nos ha prometido no sólo incluye la restauración de la creación, sino la resurrección de nuestros cuerpos físicos. Según el verso 23, nuestra adopción como hijos será completa cuando hayamos recibido nuestros cuerpos renovados. Juan también nos habla de esto en 1 Juan 3:2: "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es".

En este punto preciso se equivoca mucha gente. Muchas personas tienen la idea de que, después de morir, nuestras almas irán al cielo y allí viviremos para siempre. Se tratan de imaginar esa existencia, y parece aburrida. La realidad es que Dios nunca nos creó para vivir sin cuerpos. Aunque tenemos un alma que se separa del cuerpo al morir, la esperanza que tenemos en Cristo es para la resurrección de nuestros cuerpos.

La vida después de la resurrección será como la que tenemos ahora, sólo que muchísimo mejor. Si nos imaginamos lo que sería vivir con cuerpos que jamás se enferman, experimentando al máximo toda la belleza que hay a nuestro alrededor, sin preocupaciones ni ansiedad, podemos tener una pequeña idea de lo que será la vida después de la resurrección.

Como creyentes, somos llamados a cultivar una actitud de esperanza y expectación. Hemos recibido muchas bendiciones como hijos de Dios, pero lo mejor está por venir. Es por esto que podemos confrontar los problemas y el sufrimiento de este mundo con paciencia y con fortaleza.

Jesucristo es el ejemplo para nosotros. El sufrió en su cuerpo, pero luego fue resucitado y ahora está en la gloria. Nosotros también sufriremos por algún tiempo aquí, pero luego seremos resucitados y conoceremos la gloria.

Por lo tanto, cuando enfrentamos la enfermedad y el rechazo y los problemas económicos y todo lo demás, podemos saber que Dios los está usando para prepararnos para algo mucho mejor. El nos ayuda a enfrentar esos problemas; pero no sólo eso, sino que nos asegura que no los sufrimos en vano. Tienen un propósito en su perfecto plan.

La escuela y el trabajo se vuelven más llevaderos cuando sabemos que las vacaciones nos esperan. Si somos hijos de Dios, El nos asegura una linda herencia cuando su plan sea totalmente realizado. ¿Tienes esa esperanza en tu corazón? ¿Estás preparado para ese día?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe