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Domingo 26 de Junio del 2011

Vida en el Espíritu
Pastor Tony Hancock

Una misionera en el país de Ecuador cuenta de su experiencia con un par de turistas que llegaron a su casa. Ellos deseaban explorar la selva, y venían cargados con todo el equipo que habían encontrado en una tienda deportiva. No conocían el lugar, ni habían estudiado los peligros de la zona. Sin embargo, lo único que le pidieron a la misionera fue que les enseñara unas sencillas frases para poder hablar con los indígenas.

¡Qué confianza la de estos turistas! Estaban totalmente seguros de poder enfrentar con éxito cualquier reto que se les presentara. No le pidieron a la misionera que los guiara, ni siquiera que les recomendara a alguien para acompañarles. No; ¡ellos lo podían hacer solos! ¡Qué audaces! A veces la audacia se convierte en imprudencia.

¿Será que nos presentamos ante Dios de la misma forma? Enfrentamos peligros y decisiones que tendrán consecuencias hasta la eternidad, pero sólo le pedimos que nos ayude con unas pequeñas frases. Como aquellos turistas, nos sentimos totalmente confiados de poder enfrentar cualquier reto que se nos presente. Pero ¿no sería mejor tener con nosotros un guía, alguien que conociera los peligros y los mejores caminos para seguir?

¡La buena noticia es que Dios nos ha dado tal Guía! Se trata de nada menos que El mismo. Ahora nos corresponde a nosotros prestarle atención al Guía que Dios nos ha dado. Abramos la Biblia en Romanos 8:9-11 para aprender más acerca de El.

8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.
8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

¿Quién es el Guía que Dios nos ha dado? Es su Espíritu, el Espíritu Santo de Dios. La primera cosa que queda muy clara en este pasaje es que cada persona que conoce a Cristo ha recibido su Espíritu. No hay diferencia entre el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo. Si hemos recibido a Cristo, su Espíritu mora en nosotros. Si el Espíritu no está en nosotros, es que no hemos recibido a Cristo.

De hecho, es sólo por obra del Espíritu Santo que podemos conocer a Cristo. El trae la convicción del pecado a nuestro corazón. Nos hace ver que necesitamos un Salvador. Cuando respondemos a esa convicción con fe en Jesús, El nos transforma, dándonos una nueva naturaleza y una nueva identidad. Pero no es como una hada madrina, que sólo se aparece por un rato para tocarnos con su varita mágica y luego se va.

¡No! El Espíritu Santo viene a vivir dentro de cada persona que se entrega a Jesús. Por medio de la fe en Jesús, el Espíritu vive en ti. Si tú has reconocido a Jesús como el Rey y Salvador de tu vida, el Espíritu Santo ha llegado a tu corazón con todas sus maletas y las ha desempacado para quedarse a vivir. ¡No es un visitante, sino un residente en tu corazón!

Hay muchas cosas maravillosas que El hace. Una de ellas es que El nos garantiza que tenemos y tendremos vida. Mira lo que dice el verso 10: si Cristo está en nosotros, por fe, tenemos una garantía de vida. Es cierto que nuestro cuerpo todavía va a morir, pero su Espíritu en nosotros garantiza que vamos a resucitar, así como Cristo resucitó.

Si el mismo Espíritu poderoso que resucitó a Cristo de entre los muertos está en nosotros, El también nos dará vida como lo hizo con Jesucristo. Es la garantía de que la promesa de Dios se cumplirá, y que un día resucitaremos.

Un hombre ve un carro que le gusta, y va a negociar un precio con el agente de ventas. Cuando termina de negociar el precio de venta, el agente le pregunta: ¿cuánto va a dar como depósito? ¿Por qué le pide un depósito? Porque si el comprador realmente está serio en su intención de comprar el carro, estará dispuesto a dar una suma de dinero para garantizar la compra. En cambio, si no está dispuesto a dar un depósito, es que realmente no está seguro de hacer la compra todavía.

Leamos 2 Corintios 1:21-22:

1:21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios,
1:22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

La palabra que se traduce "garantía" o "arras" es una palabra que se usaba en el comercio para referirse a un depósito o enganche. El Espíritu Santo es el enganche que Dios nos ha dado para garantizar que seremos resucitados, que nuestra vida no se acabará con la muerte, y que seremos parte del nuevo mundo que El hará.

Ahora bien, si tenemos esa garantía de vivir para siempre, nuestro compromiso ya no es con el pecado, que produjo la muerte en nosotros. Ahora tenemos un compromiso con la vida. El Espíritu Santo ha venido a nuestra vida para guiarnos en los caminos de justicia. Esto es lo que demuestra que tenemos como destino la vida. En cambio, si seguimos viviendo bajo el poder del pecado, demostramos que nuestro destino todavía es la muerte. Leamos los versos 12 al 14 de Romanos 8:

8:12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;
8:13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Dios nos dice algo muy claro aquí. Si estamos viviendo todavía bajo el poder del pecado, si obedecemos los impulsos y las instrucciones del mundo y de nuestra carne, mostramos que todavía estamos destinados a muerte. En cambio, si el Espíritu Santo nos está guiando hacia una vida de más y más santidad, esto indica que nuestro destino es la vida eterna con Dios.

Imaginemos que alguien tiene una infección. Los síntomas de esta infección son fiebre, malestar general y dolores de cabeza. La persona va al doctor, quien le receta un antibiótico. Después de tomar el antibiótico por algunos días, se va la fiebre, la persona se siente mejor y ya no le duele la cabeza. ¿Qué nos dice esto? Nos dice que el antibiótico funcionó - los síntomas han desaparecido.

En cambio, si después de algunos días los síntomas siguen iguales, significa que el antibiótico no ha funcionado. Puede ser que el doctor se equivocó de diagnóstico, que la farmacia cometió un error o que hubo algún defecto en la pastilla. Pero el hecho de que los síntomas continúen indica que la infección sigue estando presente.

¿Cómo sabemos si la infección del pecado se ha curado en nuestro corazón? Lo sabemos si nuestra vida ha cambiado. Si el Espíritu Santo nos está guiando y está produciendo su paz, su gozo, su amor en nosotros, esto indica que Jesucristo está curando nuestro malestar. En cambio, si seguimos con las mismas malas costumbres de antes, esos síntomas indican que nuestro problema de pecado no ha sido curado. No hemos recibido a Cristo de verdad.

Cada día Dios nos llama a decirle "sí" a su Espíritu que vive en nosotros y que nos va guiando por sendas de justicia, para la gloria de Dios. Quizás en algún momento experimentemos su presencia de forma especial, pero El está presente todo el tiempo. A nosotros nos toca decirle "sí" cuando El nos guía, cuando nos convence, cuando nos corrige. Al hacerlo, creceremos en la seguridad de nuestro destino celestial.

¿Y qué pasa con la persona que una vez aceptó a Cristo, pero no está caminando con Dios? ¿Qué de la persona que aceptó a Jesús, quizás con mucha emoción, pero ahora vive en fornicación? ¿Qué del que regresó al vicio? ¿Qué del que simplemente ya no tiene interés en las cosas de Dios?

Sólo Dios conoce el corazón, y no podemos juzgar a nadie. Lo que sí podemos decir con certeza es que la persona que no está caminando en obediencia al Espíritu no puede tener ninguna seguridad de ser salvo.

Sólo Dios sabe si se trata de alguien que realmente fue salvo y se alejó del camino, o si sólo parecía ser salvo. Si realmente fue salvo, tarde o temprano volverá al camino; pero mientras esté lejos, no puede consolarse con el pensamiento de que ya aceptó a Jesucristo y se bautizó - porque la muestra de que su salvación fue real es que ahora esté caminando en obediencia al Espíritu. Los versos 13 y 14 son muy claros.

No quisiera que ninguno de nosotros sufriera con esa duda. Seamos fieles y obedientes a Cristo, siguiendo cada día la dirección de su Espíritu que está en nosotros. Así podremos vivir con la plena confianza de que nuestro camino nos llevará a la vida eterna con Dios.

En mi carro tengo un navegador electrónico. Se llama Juanita - algunos de ustedes la conocen. La mayor parte del tiempo, Juanita está apagada. Sólo la prendo si estoy perdido, y quiero saber cómo llegar a mi destino deseado. El resto del tiempo, yo mismo elijo mi rumbo.

Quizás así le tratas al Espíritu Santo. Mientras todo marche bien, tomas tus propias decisiones. Es sólo cuando te encuentras en problemas que dices: ¡Oh Dios! ¿Qué hago ahora? Es sólo en ese momento que buscas su dirección.

No puedes seguir viviendo así si has llegado a conocer a Cristo. Tienes que aprender a oír la voz del Espíritu y decirle que sí, a dejar que El te guíe. Sólo así podrás tener la amplia seguridad de que estás en Cristo, y que vivirás con El. Dile hoy al Espíritu que quieres escuchar su voz en tu corazón, y que quieres seguirle. Dile "sí" al Espíritu Santo, y no al pecado. Así conocerás cada vez más la vida plena que Dios tiene para ti, la vida en el Espíritu.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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