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Domingo 29 de Mayo del 2011

¿A quién le vas a servir?
Pastor Tony Hancock

Un hombre entró a un bar con su cocodrilo. Le preguntó al barman: "¿Sirve usted a los abogados?" . "Sí, señor", le respondió el barman. "Muy bien", respondió el hombre, "a mí deme una soda, y un abogado para mi cocodrilo".

Aquí hubo un malentendido; el barman creía que la pregunta se trataba de servirles algo a los abogados, mientras que el hombre preguntaba acerca de servir a los abogados como alimento. Una confusión chistosa, aunque ¡quizás no tanto para los abogados!

Existe una confusión que no es chistosa acerca del servicio en el mundo actual. Deja en ridículo a quienes la creen. Muchas personas piensan que se están sirviendo sólo a sí mismos. Si les preguntamos: ¿Para quién vives?, ellos nos responderán que viven para sí mismos, que nadie les manda, que sólo sirven a sus propios intereses.

¿Será cierto? ¡No lo es! Sepámoslo o no, todos le servimos a alguien. La única pregunta es ésta: ¿A quién le vas a servir? Consideremos nuestra respuesta mientras leemos Romanos 6:15-23:

6:15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.
6:16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?
6:17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;
6:18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.
6:19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.
6:20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.
6:21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.
6:22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Empezamos con una pregunta. Ya hemos establecido que nadie puede ser justificado por hacer las cosas que la ley de Dios exige. No es un problema con la ley, sino con nosotros; nos hemos mostrado incapaces de cumplir a la perfección todo lo que Dios nos pide, debido al pecado.

En su amor, Dios mostró su gracia dándonos otra forma de ser salvos. Envió a su Hijo para hacerse humano como nosotros, pero sin pecado. Siendo inocente, El murió en el lugar de nosotros los culpables y nos ofrece el perdón. Sólo tenemos que creer en El, confiando en lo que El hizo en la cruz por nosotros.

Si la salvación es un regalo, entonces, ¿por qué no aprovechar la oportunidad para pecar sin consecuencias? Si Dios nos ha librado de la ley, y ya no tenemos que vivir bajo todas las condiciones que Dios le puso al pueblo judío en el Antiguo Testamento, ¿por qué no simplemente entregarnos a una vida de pecado? A fin de cuentas, ¡el pecado es divertido!

Lo es, pero hay una realidad que no podemos ignorar. La simple realidad es que todos le servimos a alguien. De aquí, la pregunta: "¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen?" Todos le servimos a alguien: o le servimos al pecado, detrás del cual está Satanás, o le servimos a Dios. No hay otra alternativa.

En el mundo antiguo, las personas podían venderse a la esclavitud para resolver sus problemas económicos. En lugar de ser encarcelados por incapacidad de pagar sus deudas, buscaban a alguna persona rica y se vendían a la esclavitud. A cambio del dinero, quedaban al servicio de la persona.

Era obvio, entonces, que cualquier persona que se vendía a sí misma en tal situación quedaba bajo el poder, bajo la autoridad, de quien la había comprado. El pecado te ofrece un momento de placer, o una forma fácil de salir de tu problema; pero cuando tú te vendes a su poder, te conviertes en su esclavo.

Existe una clase de planta que es insectívora. Sus hojas crecen en forma de jarros, con una parte plana en la superficie que generalmente es colorada, y muchas veces produce néctar. Los insectos llegan a la hoja pensando encontrar comida dulce, y por un momento, la hallan. Sin embargo, la hoja es resbalosa; al momento, el pobre insecto se encuentra ahogándose en un líquido al fondo de la hoja. La planta digiere el insecto, y usa los nutrientes para su propio crecimiento.

El pecado hace lo mismo. Te atrae con promesas de libertad, de placer, de una vida más fácil. Al momento, se siente bien; pero descubrimos demasiado tarde que nos ha atrapado, y que sus designios para nuestra vida no son buenos. El pecado nos atrapa convenciéndonos de que podemos ser nuestros propios amos, pero lo que hace es convertirnos en sus esclavos.

Pregúntaselo al alcohólico que se convenció de que estaba en control de lo que tomaba. Pregúntaselo al drogadicto que sólo quería saber lo que se sentía. Pregúntaselo al adicto a la pornografía, que empezó diciendo que era normal y que todo el mundo lo hace, pero ha perdido la atracción hacia su esposa y puede destruir su hogar. Pregúntaselo a la mujer que empezó con una mentirita piadosa y ahora ni sabe cuál es la verdad.

Pero tú dirás: Pastor, ¡usted exagera! Eso puede ser cierto de algunas personas adictas, pero ¡yo estoy en control de mi propia vida! ¡Yo no soy adicto al pecado! Muy bien, ¿has tratado alguna vez de vivir un sólo día sin pecar? ¿Has pasado veinticuatro horas sin tener ni un pensamiento lujurioso, sin decir ni una grosería, sin mentir ni robar ni hacer nada indebido? ¡Pruébalo, si crees que el pecado no esclaviza!

La buena noticia es que podemos ser libres de esa horrenda esclavitud. De hecho, si tú has venido a Cristo, ¡ya eres libre! Te lo dice el verso 17: si tú has creído el mensaje del evangelio, te has sometido de corazón a la enseñanza verdadera de Dios, y has quedado librado del dominio del pecado.

¡No te vuelvas a entregar a esa esclavitud! Tienes que servir a alguien: o eres esclavo de Dios, o lo eres del pecado. Ahora bien, la comparación no es perfecta; esto se reconoce en el verso 19. La diferencia está en que la esclavitud al pecado es una cosa degradante, destructiva y deshumanizante. En cambio, la esclavitud a la justicia es algo liberador, edificante y bueno.

En el mundo, cuando vivíamos en pecado, teníamos una clase de libertad - éramos libres de la justicia. Sin embargo, éramos esclavos del pecado. Ahora, si nos convertimos en siervos de la justicia de Dios, seremos libres de la opresión del pecado. Son las únicas dos opciones que tenemos.

¿Qué produce la esclavitud al pecado? Lo declara el verso 21: cosas que ahora nos dan pena. Es más, conduce a la muerte. Pero si hemos sido librados del pecado por la fe en Jesucristo, nos hemos convertido en siervos de Dios. En lugar de cosechar la muerte, cosechamos la santidad que lleva a la vida eterna.

El verso 23 lo resume todo. Puedes tener como amo el pecado, o puedes tener a Dios. Si el pecado es tu amo, te pagará la muerte. En cambio, si Dios es tu amo, recibirás la vida eterna - pero no como paga. ¡No es algo que puedes ganar! Más bien, Dios te lo da como un regalo, por su amor.

¿A quién le vas a servir? Si tú crees que la salvación que Jesús te ofrece te deja libre para vivir en pecado, no has comprendido de qué se trata. Cristo te ha liberado del pecado para que sirvas a Dios y vivas en santidad. Si vives sirviendo el pecado, cosecharás la muerte; si vives bajo la autoridad de Jesucristo, recibirás la vida. Quizás, como siervo de Cristo, has caído en pecado. Para eso está la confesión. Pero ¡no te vuelvas a entregar a su poder!

En este mundo, la libertad absoluta no existe. No podemos hacer, sin consecuencias, todo lo que nos da la gana. Tenemos que escoger nuestra esclavitud: podemos tener la aparente libertad del pecado, que se convierte en la peor esclavitud, y termina matándonos. O podemos escoger el servicio de Cristo, que nos pone límites, pero trae libertad y vida verdadera. ¿Cuál es tu decisión?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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