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Domingo 15 de Mayo del 2011

Un antepasado infame
Pastor Tony Hancock

¿Qué sabes de tus antepasados? Quizás cuando eras niño tu mamá te contaba de tu bisabuelo o tatarabuelo que fue militar o terrateniente. En cada familia hay antepasados de los que la familia se siente orgullosa. Cuando era niño, mi papá me contaba de mi tatarabuelo que fue un pastor bautista. También me contaba del antepasado que peleó por convicción en la guerra para defender el derecho de otras personas.

Son antepasados de los que la familia se siente orgullosa. Sin embargo, también me contaba - aunque no con mucha frecuencia ni en detalle - de otros antepasados que fabricaban bebidas embriagantes en el sótano de su casa, para mantenerlos fuera de la vista de las autoridades. Obviamente, ¡cada familia tiene sus ovejas negras también!

Todos nosotros compartimos un antepasado que nos ha dejado una herencia manchada. ¿Saben cómo se llama él? Su nombre es Adán. Adán significa "hombre"; es un nombre muy apropiado para el hombre del que desciende toda la raza humana, y el que nos representa a todos.

¿Qué hizo nuestro antepasado Adán? Cometió un gran error. Desobedeció a Dios. Con esa desobediencia, entró en el mundo un problema gravísimo. Adán nos colocó en una trayectoria, un rumbo, que lleva directamente a la muerte y la condenación.

Dios puso a Adán en una situación perfecta. No le faltaba nada. No tenía necesidades ni carencias. Disfrutaba de la compañía de su esposa, y de Dios mismo. Vivía en un hermoso huerto de donde podía escoger a su antojo de una gran variedad de deliciosas frutas. Dios sólo le puso una regla, una prohibición. Había un fruto que él no podía comer, el fruto del conocimiento del bien y del mal.

¿Qué hizo Adán? Todos conocemos la historia; se dejó convencer. Una de las cosas que me llama la atención acerca de Adán es su silencio. ¿A qué me refiero? Me refiero al hecho de que, cuando su esposa Eva fue engañada por la serpiente y le invitó a probar la fruta prohibida, Adán no dijo nada.

¡El mismo había recibido de Dios las instrucciones de no comer de esa fruta entre todas las del jardín! ¡El sabía mejor que nadie lo que Dios quería de ellos! Sin embargo, cuando su esposa le invitó a desobedecer a Dios, él se quedó en silencio. Mostró una pasividad totalmente indigna del hombre, creado por Dios para ser líder y cabeza del hogar.

Hombres, ¿cuántas veces nos hemos quedado en silencio cuando debíamos haber hablado? ¿Cuántas veces nos hemos dejado vencer por la pasividad cuando deberíamos ser los que guían a su familia hacia Dios? Hay muchas mujeres que llevan a sus hijos a la iglesia porque su esposo no quiere asistir, y hacen algo muy noble. Sin embargo, sus esposos están mostrándose tan debiluchos y mandilones con el pecado como lo fue Adán.

El hombre es el que ha sido llamado por Dios a decir: "Hoy vamos a ir a la iglesia. Vamos a orar antes de comer. Vamos a tener la célula familiar. No podemos hacer esto, porque no es lo que Dios quiere." ¡No repitamos el error de Adán! Seamos hombres de verdad.

Mediante tus decisiones, tú puedes afectar el destino de tus descendientes durante muchas generaciones. Puedes hacerlo para bien, o para mal. Un papá que se entrega al alcohol puede criar hijos que aprenden de su ejemplo a ser alcohólicos también, y que a su vez crían hijos alcohólicos, y así empieza un ciclo de maldad y pecado.

Adán hizo esto a una escala mundial. Su pecado nos afectó a todos, dejándonos propensos a pecar y culpables del pecado. Sin embargo, la buena noticia es que podemos ser librados de los efectos destructivos de la mala decisión de nuestro antepasado Adán. Podemos ser trasladados a una nueva familia con una nueva herencia. Leamos acerca de esto en Romanos 5:12-21:

5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
5:13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.
5:14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.
5:15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.
5:16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.
5:17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
5:18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
5:19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.
5:20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;
5:21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.

Todos nosotros, por nuestro nacimiento físico, hemos nacido en la familia de Adán. El es el antepasado de todos nosotros. Cuando él pecó, todos estábamos representados en él. Su pecado - un simple acto de rebelión y desobediencia - dio entrada al mundo al poder del pecado. El pecado trajo consigo la muerte, y hasta el día de hoy, sigue dominando el mundo.

¿Has conocido alguna vez a una persona que nunca pecó? Todos hemos pecado. Hemos dicho mentiras, hemos robado cosas pequeñas y grandes, hemos desobedecido a nuestros padres, hemos fallado de una y mil maneras. Por lo tanto, la culpa de Adán es la de nosotros también; como dice el verso 12, todos pecaron.

Alguien podría decir: ¡Qué injusto que seamos castigados por algo que ni hicimos! Pero la simple realidad es que todos hemos participado en el pecado de Adán. Ninguno de nosotros es inocente. Somos sus cómplices en el crimen de rebelarnos contra nuestro Dios y Creador. Llevamos en nuestro ser el parecido familiar.

Vino a este mundo un Hombre de verdad, uno que tenía el poder para deshacer lo que Adán había hecho. Adán dio entrada al mundo al pecado, que nos quiere dominar y nos lleva a la muerte. Jesucristo, en cambio, dio entrada al mundo a la gracia de Dios, que nos libera y nos ofrece la vida eterna. Su vida, muerte y resurrección son la ventana mediante la cual la gracia de Dios penetra este mundo de condenación y muerte.

Es más, Adán nos condenó a todos con un solo pecado. En cambio, Jesús vino a salvarnos y así quitar un número incalculable de pecados. Con una acción - la entrega de su vida perfecta en la cruz - Jesús hizo justos a un gran número de personas y canceló un gran número de pecados.

Jesús obedeció la ley que nosotros éramos incapaces de obedecer, para traer la justicia a todos los que dejan su identificación con Adán y, por medio de la fe en El, llegan a conformar parte de la familia de Jesús. El pecado de Adán trajo condenación a todos los que descienden de él. La obediencia de Cristo trae libertad y perdón a todos los que se identifican con El por fe.

Esto nos lo dice el verso 17. Así entendemos que, en el verso 18, la condenación que es para "todos" es para todos los que están en Adán por nacimiento físico, y la justificación que da vida a "todos" es para todos los que se han unido por fe a Jesucristo. No es para todos sin distinción, sino para todos los que están en Cristo.

Por eso, te pregunto en esta mañana: ¿En quién estás? ¿Vives en Adán, o has sido adoptado como parte de la familia de Jesucristo? No puedes cambiar tu linaje; no puedes escoger otros antepasados. Pero sí puedes abandonar la herencia de pecado y muerte que te ha dejado tu antepasado Adán y entrar, por adopción, en una familia nueva, la familia de Jesucristo.

¿Sigues todavía el ejemplo de Adán? ¿Sigues viviendo bajo su influencia, bajo el poder y la condenación del pecado? ¡Es hora de cambiar de familia! Escoge hoy la vida que puedes tener en Cristo Jesús.


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