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Domingo 3 de Abril del 2011

Las promesas y la fe
Pastor Tony Hancock

Una maestra de escuela dominical buscaba sacar unos suministros de un armario, pero descubrió que se había cerrado con un candado con combinación. Ya que ella no sabía la combinación de números que podría abrir el candado, fue en busca del pastor para contarle su problema.

El pastor la acompañó al armario, pero le dijo: Hace mucho tiempo que no abro este armario, y no sé si pueda recordar la combinación. Luego, levantó la mirada hacia el cielo, respiró profundamente y abrió el candado con el primer intento.

La maestra se quedó impresionada. ¡Pastor! ¡Qué fe! El pastor no pudo dejar que se quedara con una idea equivocada. Mire, hermana - le dijo - la combinación está escrita en el techo. De este ejemplo aprendemos que lo que parece ser fe, no siempre lo es en realidad.

Usamos la palabra "fe" de muchas maneras. Por ejemplo, la usamos para referirnos al simple optimismo. No sé cuántas veces he oído a las personas decir: Tengo fe que todo va a salir bien. Es bueno ser optimista, pero la pregunta que siempre les quiero hacer es ésta: ¿Tienes fe en quién? La seguridad de la fe depende totalmente de la persona en la que se deposita.

La semana pasada, aprendimos acerca de Abraham, el padre en la fe de todos los que creen en el Señor. Hoy seguimos aprendiendo del ejemplo de Abraham. Leamos Romanos 4:13-25:

4:13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.
4:14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.
4:15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.
4:16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.
4:17 (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.
4:18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.
4:19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.
4:20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,
4:21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;
4:22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia.
4:23 Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada,
4:24 sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro,
4:25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

El domingo pasado, comentamos que hay dos sistemas dentro de los cuales vivimos los seres humanos. Uno es el sistema de las obras o la ley, y el otro es el sistema de la fe.

Abraham nos demuestra cómo funciona el sistema de la fe. El le creyó a Dios, y Dios lo considero justo. El sistema de la ley, en cambio, se basa en ganar el derecho de ser aprobados por Dios. El problema es que somos débiles, y no podemos guardar la ley. Como resultado, lo que la ley produce es castigo. ¿Por qué? Porque sabiendo lo que Dios quiere, no lo hacemos.

Antes de que Dios diera su ley al mundo, el pecado y el castigo existían. Sin embargo, venida la ley, el pecado se convierte en transgresión - es decir, en desobediencia a una orden. Si un niño rompe una lámpara por estar jugando con una pelota dentro de la casa, es probable que su madre se enoje. Sin embargo, si su madre le acaba de decir que no lo haga, y rompe la lámpara, ¡seguramente la madre estará mucho más enojada! Así es con Dios, según el verso 15.

Abraham no heredó la gran promesa de bendición que Dios le hizo porque obedeció la ley, entonces, sino porque tuvo fe. Aquí aprendemos precisamente lo que es tener fe: Fe es creer que Dios cumplirá sus promesas. ¿Sólo eso? ¡Sí, sólo eso! Y una fe tan sencilla es capaz de transformar nuestra vida por completo.

Se dice que no es bueno leer primero el final de una historia, pero quiero que nos fijemos, por un momento, en los versos 23-25, el final de nuestro pasaje. Aquí vemos que todo lo que venimos diciendo de Abraham es para nosotros también. Abraham es nuestro ejemplo porque, si tenemos fe como la que él tuvo en Dios, seremos justificados como lo fue él. Nuestra fe está puesta en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Quiero que aprendamos tres cosas acerca de la fe en base al ejemplo de Abraham, tal y como nos lo relata este pasaje. En primer lugar, la fe se basa en el carácter de Dios. Tenemos fe porque sabemos quién es Dios. Seguramente ustedes conocen a alguien a quien no le confiarían ni un pelo. Saben cómo es, y no podrían confiar en esa persona.

Cuando llegamos a saber cómo es Dios, nos damos cuenta de que El sí es confiable. Leamos nuevamente la segunda parte del verso 17. Dios le había prometido a Abraham que tendría un hijo, y aunque Abraham tenía casi 100 años y su esposa era estéril, Abraham le creyó. ¿Por qué? Porque Abraham sabía que el Señor es un Dios que da vida a los muertos, un Dios que - con su Palabra - da existencia a las cosas.

El cuerpo de Abraham, en cuanto a tener hijos, ya estaba como muerto - ¡pero Dios da vida a los muertos! Su hijo no existía - ¡pero Dios, con su Palabra, da existencia a las cosas! Si Dios había creado el mundo de la nada, con sólo su Palabra, ¿cómo sería incapaz de darle un hijo a Abraham?

La fe es creer las promesas de Dios, porque el Dios que nos hace las promesas es confiable. Pero es importante fijar la vista en Dios, porque puede haber evidencias contrarias. Esta es la segunda cosa que vemos acerca de la fe. Miremos el verso 18: Abraham esperó, contra esperanza. ¿Qué significa esta aparente contradicción? Significa que, en cuanto a la esperanza humana, la que se basa en lo visible, Abraham no tenía esperanza; pero según la Palabra de Dios, sí la tenía. El decidió creerle a Dios, en lugar de creer lo que sus cinco sentidos le decían.

La fe es creer las promesas de Dios, aunque haya aparentes evidencias contrarias. No es que las promesas de Dios sean ilógicas o ridículas, sino que, cuando miramos el mundo a nuestro alrededor, nos puede resultar difícil creer lo que Dios dice. Pero ¡las cosas no son siempre lo que parecen!

Un hombre visitó el zoológico un día, y vio a un hombre llorando en un rincón. Le preguntó a uno de los empleados: ¿Por qué llora ese hombre? El empleado le respondió: Es que murió el elefante. Caramba, se ve que lo quería mucho - dijo el visitante. No, es que a él le toca cavarle la tumba - respondió el empleado.

¡Las cosas no son siempre lo que parecen! Las cosas en este mundo tampoco son siempre lo que parecen. Pero ¡las promesas de Dios siempre son confiables! Y sin embargo, a veces tenemos dudas momentáneas o pasajeras. ¿Sabes qué? ¡Abraham también las tuvo! Volvamos por un momento a Génesis 17:15-17:

17:15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.
17:16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.
17:17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?

Dios mismo se apareció ante Abraham para decirle estas palabras. ¿Dudó Abraham? ¡Sí dudó, por un momento! Pero no permitió que en su corazón creciera una actitud incrédula. Volviendo a Romanos 4:20, esto es lo que vemos. Abraham se reafirmó en su fe; nutrió su fe frente a las dudas.

No te sientas mal si de vez en cuando dudas. Lo importante es lo que haces cuando te llega una duda. ¿Le das alojo en tu corazón? ¿O más bien buscas respuesta a esa duda? La fe es creer las promesas de Dios, aunque tengamos dudas momentáneas.

Y esa fe, como dije hace un momento, es capaz de transformar nuestra vida por completo. Déjame mencionar rápidamente sólo algunas de las formas en que la fe en Jesucristo nos transforma. En su Palabra, Dios nos promete su perdón, cuando nos arrepentimos y confiamos en Jesucristo. Cuando tú crees esa promesa, vives libre de la culpa de tu pasado. No tienes que defenderlo, no tienes que esconderlo, no tienes que justificarlo - simplemente eres libre, porque le crees a Dios.

Jesús también prometió a los que lo siguen que El siempre estaría con ellos. Si tú eres seguidor de Jesucristo, no tienes que temer el futuro - porque confías que Dios está contigo, pase lo que pase. El te lo ha prometido. Sólo lo tienes que creer. Puedes avanzar confiado.

Dios también ha prometido hacer justicia. "Mía es la venganza, yo pagaré" (Romanos 12:19)- dice su Palabra. Si tú le crees a Dios, no tienes por qué guardarles rencor a los que te han hecho daño. Puedes tener la seguridad de que Dios guardará su promesa, y tú no tienes que encargarte de hacer que rindan cuentas.

Mira la clase de Dios que tenemos. Es un Dios que nunca falla a sus promesas. Es un Dios que da vida a los muertos, un Dios que nombra cosas que no existen y les da existencia. ¿Le crees a un Dios así? ¿Crees sus promesas? Eso es tener fe - y es lo que Dios busca de ti. Dile hoy a Dios: creeré tus promesas. Creeré, porque tú eres fiel. Creeré, aunque parezca haber evidencias contrarias. Creeré, aunque tenga dudas momentáneas. ¡Ayúdame a creer, y transforma mi vida!


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