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Domingo 13 de Febrero del 2011

Dios es fiel
Pastor Tony Hancock

Existe un principio en la ciencia que se llama el principio del péndulo. Funciona así: cuando un objeto es colgado de un punto fijo, llevado hacia un lado y luego soltado, nunca llega al mismo punto de donde se soltó. El péndulo registra oscilaciones cada vez más pequeñas, hasta finalmente detenerse.

Un maestro de ciencias les trataba de mostrar este principio a sus alumnos. Le enseñó con un ejemplo cómo funcionaba el principio, y les aseguró que había sido científicamente comprobado. Preguntó cuántos de sus alumnos creían en el principio del péndulo, y todos levantaron la mano.

Luego, el maestro colocó en medio del cuarto un enorme péndulo colgado del techo. Invitó a cualquier alumno voluntario a pasar, colocar el péndulo frente a su nariz y soltarlo sin moverse. Según el principio del péndulo, el gran peso no podría volver más allá de su punto de origen. Sería imposible que ese peso le pegara en la nariz.

¿Cuántos estudiantes levantaron la mano para hacer la demostración? ¡Ni uno! Decían que creían en el principio del péndulo, pero a la hora de la hora, su fe no fue tan fuerte, que digamos. ¿Dónde estaba la falla? ¿En el principio del péndulo? No, ese principio nunca ha fallado en toda la historia de la ciencia. Es un principio confiable, tal como la gravedad o la electricidad.

La falla estuvo en el corazón de los estudiantes, que viendo, no quisieron creer y arriesgar sus caras. Dios, como el principio del péndulo, es totalmente confiable y fiel. Nosotros, en cambio, muchas veces no confiamos en El. El pasaje que nos corresponde del libro de Romanos nos habla de esto. Les invito a abrir sus Biblias conmigo a Romanos capítulo 3, y vamos a leer los versos 1 al 8:

3:1 ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión?
3:2 Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.
3:3 ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?
3:4 De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito:  Para que seas justificado en tus palabras,  Y venzas cuando fueres juzgado.
3:5 Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.)
3:6 En ningua manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?
3:7 Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador?
3:8 ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirma que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes?

En las semanas pasadas, hemos visto el problema que todos tenemos - el problema del pecado. Luego, vimos dos cosas que nos pueden cegar para que no veamos nuestro problema. La primera cosa que nos puede cegar es confiar en nuestra propia nobleza. La segunda cosa que nos puede cegar es la religión. Como vimos la semana pasada, la religión judía fue dada por Dios, pero era incapaz de salvar a nadie si su corazón no cambiaba.

Ahora el apóstol Pablo responde a las objeciones de una de las personas religiosas mencionadas en la sección anterior. ¿Qué se gana, entonces, con ser judío? - pregunta la persona. La respuesta es que la nación judía tiene muchas ventajas. Para empezar, fue a los judíos que Dios les encomendó su Palabra. Cuando Dios decidió darse a conocer al mundo, El escogió a una nación para ser su vocero y su representante para el mundo. Esa nación fue la nación judía.

Más adelante en el libro, el apóstol regresa a este tema. Por lo tanto, no lo vamos a tratar a fondo ahora. El punto clave, sin embargo, es que el ser judío no significaba la salvación automática. Había muchas bendiciones en ser judío, pero sin la fe que trae un cambio de corazón, eran inútiles. Lo mismo se nos puede decir a nosotros. Hemos recibido muchas bendiciones de Dios: su Palabra y la revelación de su Hijo, entre muchas otras. Sin embargo, no nos sirven de nada sin fe.

En el versículo 3 llegamos a la segunda objeción, y al corazón del mensaje. Esto es lo que pregunta ahora la persona con la que retóricamente dialoga Pablo. Si a algunos de los judíos les faltó fe, ¿dejará entonces Dios de ser fiel a sus promesas? Si el hombre falla en creerle a Dios, ¿fallará Dios en cumplir lo que El ha prometido?

¡Claro que no! Aunque todo hombre sea mentiroso, Dios siempre cumple lo que promete. Dios siempre es veraz. Dios es fiel. Es una Roca que nunca se mueve, un muro fijo que nunca se derrumba.

Lo que no comprendemos - o lo que no queremos comprender, muchas veces - es que Dios no sólo es fiel para bendecir, sino que es fiel para castigar también. A esto va el Salmo 51:4: "Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio" (RV60), que el apóstol cita en el verso 4: "Eres justo en tu sentencia, y triunfarás cuando te juzguen" (Romanos 3:4, NVI).

Cuando hablamos de la fidelidad de Dios, nos gusta pensar que Dios es fiel en medio de cualquier problema o situación que pudiéramos enfrentar. ¡Esto es verdad! El siempre cumple sus promesas. Pero así como Dios ha prometido siempre estar con los que confían en El, también ha prometido disciplinar a sus hijos desobedientes, y condenar a los que persisten en rebelarse contra El.

Cuando yo era niño, había una moda entre los evangélicos que se llamaba las cajitas de promesas. Eran cajas con versículos impresos en pequeñas tarjetas, y cada día, se sacaba una tarjetita para leer la promesa del día. No tenía nada de malo esta costumbre, salvo que todas las promesas eran positivas. Solían ser cosas como "Nunca te dejaré ni te desampararé". Un buen pensamiento.

Sin embargo, la Biblia también dice: "pero si nos juzga el Señor, nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo" (1 Corintios 11:32). ¡Creo que esta promesa nunca apareció en una cajita de promesas! Sin embargo, también es una de las promesas del Señor. El promete disciplinar a sus hijos, y promete también condenar al mundo rebelde.

Dios no falla a ninguna de sus promesas, pero esas promesas son tanto de bendición como también de castigo. Por ejemplo, algunas de sus promesas al pueblo de Israel tenían condiciones, y otras no. Dios le prometió a Abraham que haría de él una gran nación, y así fue. El le prometió que bendeciría a todas las naciones por medio de su descendencia, y lo ha hecho en Jesús.

En cambio, Dios les prometió a los israelitas por medio de Moisés que ellos vivirían tranquilos y prósperos en su tierra mientras se mantenían fieles a las condiciones del pacto. Ellos fallaron una y otra vez, con el resultado de que Dios finalmente los quitó de la tierra y los mandó al exilio.

Lo que tenemos que comprender es que Dios no existe para hacernos felices a ti y a mí. El es bueno, es fiel, y nos ha hecho muchas promesas; si nosotros cumplimos con lo que El nos pide, El será fiel con nosotros. ¿Qué es lo que nos pide? Un corazón arrepentido, que confía en Jesús y lo sigue.

En cambio, si no aceptamos las condiciones de Dios, El también será fiel para castigarnos. Dios también se glorifica cuando aplica su justicia al rebelde y obstinado. Esto también muestra la grandeza de Dios, porque muestra que El es justo y fiel para hacer justicia.

Pero alguien podría objetar, pensando humanamente: si mis pecados le dan a Dios la oportunidad de mostrar su gran justicia, entonces es injusto que El me castigue, pues El se beneficia de mi injusticia. Pero este argumento es ridículo. Dios es el gran Juez de todo el mundo. Si El, en su función de Juez, es glorificado por nuestra desobediencia, esto no significa que El nos debe algo a cambio.

La conclusión lógica de este argumento ridículo se encuentra en el verso 8: ¿Por qué no hacer lo malo para que venga lo bueno? En otras palabras, ¿por qué no cometer más pecados, para que Dios pueda mostrar su justicia? Quienes así tratan de escudar su pecado tienen bien merecida su condenación.

¿A qué conclusión nos lleva todo esto? A la simple conclusión de que Dios es fiel. Si tú cumples con lo que Dios pide de ti - si te has arrepentido de corazón y tienes una fe viva en Jesús que está produciendo fruto en tu vida - El será fiel en cuidarte, en bendecirte y en llevarte a vivir para siempre con El, cuando llegue ese día.

En cambio, si tú no le eres fiel a Dios, puedes saber que El sí será fiel - fiel para guardar sus promesas de disciplina y castigo. Si eres hijo de Dios porque has aceptado a Cristo, pero estás caminando en desobediencia, puedes estar seguro que Dios será fiel para disciplinarte.

Si nunca has aceptado a Cristo como Señor y Salvador, puedes estar seguro que Dios será fiel también para condenarte. Pero éste no es su deseo. En su justicia, El lo hará si no te arrepientes. Pero su deseo es que te arrepientas y recibas su salvación. Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

¿De qué lado te encontrarás de la fidelidad de Dios? ¿Pondrás tu fe en Cristo, para poder confiar en su fidelidad para bendecir? ¿O seguirás tu propio camino? Si lo haces, Dios también será fiel en cumplir su promesa de castigo. No esperes más. Ven hoy a Cristo.


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