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Domingo 23 de Enero del 2011

El problema que todos tenemos
Pastor Tony Hancock

¿Cómo responderías si te dijera que todos nosotros - tú, yo y cada persona que conocemos - estamos infectados con una enfermedad mortal? ¡Estás loco! - me dirías. ¡Yo me siento perfectamente bien! ¡Yo no estoy enfermo!

Sin embargo, te aseguro que es cierto. Todos tenemos un problema gravísimo. Sin tratamiento, esta condición resulta en la muerte en el 100% de los casos. Y cada ser humano está infectado. Sin embargo, la buena noticia es que esta enfermedad tiene remedio. Aunque la enfermedad es letal, el remedio es eficaz en el 100% de los casos donde se aplica.

¿Cuál es esta enfermedad, me preguntarás? Es la enfermedad del pecado. Todos estamos infectados, pero hay un remedio. Ahora bien, para poder aplicar correctamente el remedio, tenemos que comprender algo de la enfermedad. Por eso, volviendo a nuestro estudio de la carta de Pablo a los romanos, vamos a hablar de la situación de cada uno de nosotros.

Abran sus Biblias conmigo a Romanos 1. Leamos, para empezar, el verso 18:

1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;

Este versículo resume el problema: la humanidad se encuentra bajo la ira de Dios. A veces creemos que, si Dios nos ama, El no se va a enojar cuando hacemos cosas malas. Pero aquí vemos que no es así.

Dios es santo y perfecto, y El nos creó para ser como El. Sin embargo, hemos escogido una vida diferente. Cuando Dios ve todo el pecado y la injusticia de este mundo, El justamente se enoja. Esa ira ya se está revelando, dice la Biblia. La podemos ver en los desastres naturales, por ejemplo. Esto no significa que los lugares que sufren inundaciones o terremotos siempre son peores que otros lugares, sino que Dios así nos demuestra su disgusto con el pecado de toda la humanidad. Y los desastres naturales son sólo el comienzo; al final de la historia, la ira de Dios se revelará completamente, condenando y destruyendo a los que lo siguen ignorando.

Pero, ¿por qué se enoja Dios con nosotros? ¡Seguramente hay mucha gente que peca sin saber! No todos conocen la Palabra de Dios. Seguramente muchos, pecando por ignorancia, son inocentes. Vamos a ver si esta idea tiene sentido. Leamos los versos 19 al 23:

1:19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.
1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.
1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 
1:23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

El problema que todos tenemos no es que hemos desobedecido una ley que ignoramos. Déjenme poner un ejemplo. Los reglamentos sobre la paga de impuestos en este país llenan libros que son cinco veces más largos que la Biblia. Aun los expertos en leyes difieren acerca de su aplicación. No es extraño que haya personas que no saben qué impuestos pagar y cómo hacerlo. Aunque ¡déjame decirte que, si no pagas tus impuestos y el gobierno se entera, no te irá bien!

Pero la situación con Dios no es así. El no nos culpa de pecado por haber ignorado alguna ley complicada que nadie entiende. ¡No! Nuestra culpabilidad nace del hecho de que, teniendo a nuestro alrededor abundantes muestras de la existencia de Dios y de su grandeza y sabiduría, ¡le hemos dado la espalda!

Calvino lo expresó de la siguiente forma: "Por lo tanto, es en vano que tantas luces encendidas brillan para nosotros en la creación del universo para mostrar la gloria de su Autor... Porque aunque carecemos de la capacidad natural para llegar al conocimiento puro y claro de Dios, perdemos toda excusa, puesto que la falla y la torpeza radican en nosotros."

Dios nos ha puesto en un mundo que testifica ampliamente de su existencia, pero nosotros hemos preferido los dioses que nosotros mismos podemos hacer. Le hemos dado la espalda, y más bien hemos adorado a la creación en lugar del Creador.

Desde las tribus primitivas con su veneración del sol y la tierra hasta el hombre moderno que confía en la ciencia para su salvación, las personas constantemente le dan la espalda a Dios y crean sus propios dioses. Como resultado, Dios nos ha permitido caer cada vez más en la inmundicia y la perdición. Leamos los versos 24 y 25:

1:24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,
1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Vamos a encontrar tres formas en que Dios nos ha castigado, simplemente permitiendo que las consecuencias de nuestra desobediencia se expresen. Vemos la primera en estos versículos: Dios permite que nuestros malos deseos nos dominen. En el principio, Dios creó al hombre y a la mujer para que se casaran, se amaran y vivieran en una relación armoniosa para toda la vida.

Sin embargo, al darle la espalda a Dios, la expresión sexual del ser humano se ha pervertido. Como resultado, en lugar de ser una expresión de amor y fidelidad, los hombres y las mujeres lo han convertido en algo degradante. El hombre que sólo ve a las mujeres como conquistas degrada su cuerpo al usarlo como un instrumento de guerra, en lugar de aprender a ser un buen esposo y buen padre.

La mujer que sólo usa su cuerpo para manipular a los hombres, consiguiendo lo que quiere mediante la seducción, degrada su cuerpo al convertirlo en un instrumento de control, en lugar de aprender a ser una buena esposa y buena madre. De una y mil maneras, mediante la fornicación, el adulterio, la prostitución, la pornografía y muchas otras cosas, hemos cambiado la verdad de Dios - una verdad que nos lleva a amar en fidelidad y pureza - por la mentira.

Como resultado, Dios nos entregó a más perversión. Leamos los versos 26 y 27:

1:26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,
1:27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Dios no sólo permitió que nuestros malos deseos nos dominaran, sino permitió que nuestros malos deseos se pervirtieran también. Cambiando las relaciones sexuales naturales, la humanidad - tanto hombres como mujeres - ha abandonado por completo el plan de Dios para buscar su satisfacción en la lujuria pervertida.

Hoy en día, hay quienes pretenden defender la homosexualidad, y hasta decir que Dios la aprueba. Este pasaje es muy claro en enseñar que la homosexualidad no es algo que Dios desea. Seamos directos. Hay ciertas partes del cuerpo que fueron creados para el sexo, y otras partes que tienen otras funciones. Las relaciones sexuales entre miembros del mismo sexo van en contra de la naturaleza. Sabiendo que Dios ha creado nuestros cuerpos, no tenemos permiso para usarlos como nos da la gana.

Dicho esto, también es importante comprender que la homosexualidad es simplemente otra expresión más del pecado que nos ha dominado a todos. Es destructivo e inaceptable, pero no te sientas mejor que un homosexual simplemente porque no compartes su tentación particular. ¿En qué sentido es un homosexual peor que un adúltero? ¿Cómo es peor su pecado que el de dos jóvenes que tiene relaciones sexuales antes de casarse?

Si bien tenemos que rechazar la normalización de la homosexualidad, también tenemos que extenderle a la persona que sufre de sus tentaciones la misma gracia que nosotros recibimos. Las acciones homosexuales son inaceptables ante Dios, pero la persona que las ha cometido es amada por Dios, y puede ser limpiada y transformada por El.

Veamos ahora la tercera forma en que Dios ha permitido que la humanidad se castigue sola. Leamos los versos 28 al 32:

1:28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;
1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Como resultado de haberle dado la espalda a Dios, El permite que nuestra mente se desequilibre y se vuelva inservible. La capacidad racional es uno de los grandes dones que Dios nos ha dado. Podemos pensar, podemos decidir, podemos escoger.

Sin embargo, al darle la espalda a Dios, nuestra forma de pensar ha cambiado. Ya no pensamos bien. Lo malo nos parece bueno, y lo bueno nos parece aburrido y ridículo. De nuestro corazón, de nuestros pensamientos, fluyen todas las malas acciones y todas las formas de vida equivocadas que vemos a nuestro alrededor - y en nuestra propia vida también.

En lugar de trabajar y vivir contentos con nuestras ganancias, nos llenamos de avaricia. En lugar de buscar el bien de los que nos rodean, les tenemos envidia. En lugar de respetar las autoridades, nos rebelamos hasta contra nuestros padres. ¡Lo peor de todo es que no pensamos estar haciendo mal! Al contrario, ¡alabamos a los que practican estas cosas!

En lugar de criticar al capitalista que se ha hecho rico mediante la corrupción, el soborno y el abuso de sus trabajadores, ¡deseamos ser como él! En lugar de orar por la actriz que cambia de marido como cambia de ropa, ¡compramos revistas para enterarnos de todos sus amoríos!

Aunque conservamos en nuestra conciencia un recuerdo de lo bueno, nuestra mente se ha pervertido. De allí nace la maldad que cunde y crece en nuestro mundo cada día más. Nuestras vidas son como ríos que nacen de un pozo contaminado. Nuestra mente está mal. Necesitamos un cambio radical en nuestra forma de pensar.

Pero puede ser que tú hayas escuchado este mensaje y pensado: Quizás los demás así sean, pero yo soy diferente. Yo soy una persona buena y moral. Si así piensas, regresa el próximo domingo, porque el mensaje será especialmente para ti.

Hasta aquí, hemos hablado del problema. Más adelante, hablaremos de la solución. Su nombre, por supuesto, es Jesucristo. La realidad del pecado en todas sus manifestaciones es la razón por la que necesitamos a Jesús. Dios no nos ha dejado sin esperanza, sino que ha enviado a su Hijo para salvarnos.

Pero esto también significa que todas las personas que tú conoces, si no conocen a Jesús, están bajo la ira de Dios. Tienen una gran necesidad, y tú tienes la solución. Si supieras que tu vecino se moría de hambre, y tenías comida en la alacena, ¿no sería cruel dejarlo morir? Nuestros vecinos se mueren de hambre espiritual, y nosotros tenemos el Pan de Vida. ¿Qué estás haciendo para compartirlo?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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