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Domingo 9 de Enero del 2011

Cautivado por el evangelio
Pastor Tony Hancock

¿Sabes lo que es vivir cautivado? Hay muchas cosas en este mundo que nos pueden cautivar - una bella melodía, una historia conmovedora o el encanto de una linda mujer. Sin embargo, con el tiempo, estas cosas dejan de cautivarnos.

En cambio, hay algo que nos puede cautivar - si se lo permitimos - y mantenernos bajo su poder para siempre. No es un poder destructor, sino al contrario, algo que trae verdadera vida. El apóstol Pablo sabía lo que era ser cautivado por ello. Escuchen sus palabras en Gálatas 2:20: "He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí."

Después de su experiencia con Jesús en el camino a Damasco, su vida jamás volvió a ser igual. Todas sus metas, sus anhelos, sus deseos habían pasado al olvido, y sólo vivía para una cosa - conocer mejor al que dio su vida en su lugar. ¿Cómo podemos tú y yo ser cautivados de la misma manera?

Sólo por medio de algo que se llama el evangelio. Di esa palabra conmigo - el evangelio. ¿Qué es el evangelio? La palabra misma significa buenas noticias, pero eso sólo nos ayuda un poco. ¿Qué clase de buenas noticias son? ¿En qué consisten? Felizmente, tenemos todo un libro en la Biblia, escrito por Pablo mismo, que tiene como finalidad ayudarnos a entender el evangelio.

Vamos a pasar varios meses conociendo mejor este libro. Mi deseo es que, al final, todos hayamos sido cautivados también por el evangelio, y que nuestras vidas ya no sean iguales. Sin más preámbulo, entonces, abramos nuestras Biblias en la carta de Pablo a los Romanos, capítulo 1, y leamos los versos 1 al 6:

1:1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
1:2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,
1:3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne,
1:4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,
1:5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;
1:6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;

Hoy en día solemos escribir al principio de una carta el nombre del destinatario, pero en el mundo antiguo, el escritor escribía primero su nombre, y luego el nombre de la persona a la que escribía. Después de identificarse, el apóstol Pablo menciona su tema principal, el evangelio.

¿De qué se trata el evangelio? La respuesta es muy sencilla, y se encuentra en el verso 3. El evangelio, muy simplemente, se trata de Jesucristo. Es un mensaje acerca de El. Pero por favor, en la sencillez de esta idea, no te pierdas lo profundo que es esto. El evangelio no es simplemente una forma de conseguir el perdón de Dios. Tampoco es algo para memorizar y repetir como un loro.

El evangelio es el mensaje de todo lo que Jesucristo es, y todo lo que ha hecho por nosotros. Observen todas las cosas que dice Pablo en el espacio de unos pocos versículos acerca del evangelio. Para empezar, nos dice que el evangelio había sido preparado por Dios mediante las sagradas Escrituras. Se refiere a lo que ahora llamamos el Antiguo Testamento.

Durante muchos siglos antes del nacimiento de Jesús, Dios estaba preparando el camino para su venida por medio de todo lo que encontramos en las páginas del Antiguo Testamento. El vino como cumplimiento de todo esto. Después de hablar de esta preparación, Pablo describe con mucho cuidado a Jesús mismo. Primero, nos habla de su naturaleza humana. Como hombre, Jesús descendió del gran rey David.

Sin embargo, su resurrección de entre los muertos por el poder del Espíritu Santo demostró que El también es - y siempre ha sido - el Hijo de Dios. Por honor a El, porque El se lo merece, somos llamados a la fe - una fe que produce obediencia. Así que tenemos un evangelio que ha sido preparado de antemano por Dios, que se ha revelado en Jesucristo - el Hijo de David e Hijo de Dios, y que nos llama a confiar y obedecer.

¿Dónde está el centro de todo esto? El centro está en Jesús. Jesús es el centro del evangelio. Si entiendes quién es Jesús, entenderás el evangelio también. Sin Jesús, el evangelio no tiene ningún sentido. Ahora bien, cuando hablo de conocer a Jesús, de seguro muchos de ustedes piensan de inmediato en alguna imagen o figura de Jesús que han visto en algún lado.

Pero conocer a Jesús no significa imaginarnos cómo se veía El. Se trata de entender quién fue y qué hizo, y conocerlo espiritualmente. Nadie sabe cómo se veía Jesús. No hay retratos de El hechos en su vida. Todas las imágenes son sólo imaginaciones. Pero eso no significa que no podamos conocer a Jesús. Significa que el conocimiento de El no viene por una imagen, sino por su Palabra.

¿De qué, entonces, o de quién, se trata el evangelio? Se trata de Jesucristo. Ahora vamos a ver algo más acerca del evangelio. Leamos los versos 7 al 15:

1:7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
1:8 Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.
1:9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones,
1:10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros.
1:11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados;
1:12 esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.
1:13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles.
1:14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.
1:15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.

Pablo escribe esta carta a la iglesia de Roma. Por esto, se llama Romanos. Pablo no conocía a los romanos. El les escribió desde la ciudad de Corinto, y como vemos en el verso 10, lo hizo porque quería visitarlos.

La iglesia en Roma probablemente había surgido de los romanos que estaban en Jerusalén el día de Pentecostés, y allí habían oído allí la predicación de Pedro. Regresaron a Roma con el mensaje del evangelio, y surgió entonces una iglesia.

Pensemos, por un momento, en esta situación. Pablo escribe a un grupo de personas que él no conoce, pero a quienes desea visitar. ¿Cuál era la conexión entre Pablo y los romanos? Ellos eran de diferentes lugares; Pablo era de una ciudad llamada Tarso. Eran de diferentes nacionalidades: Pablo era judío, mientras que la mayoría de los creyentes romanos eran gentiles. No tenían nada en común, menos una cosa: el evangelio. Eso era suficiente.

De aquí vemos algo muy importante: el evangelio es algo compartido. En primer lugar, el evangelio une a todos los que lo reciben. Ese mismo evangelio llevó a Pablo a orar por los romanos, gente que no conocía personalmente, y a desear visitarlos. Lo llevó a querer compartir con ellos, y también recibir el ánimo que ellos le podían dar en la fe.

Cuando el evangelio se conoce y se comparte, trae verdadera unión entre las personas. Tristemente, hay muchas iglesias donde se comparte el evangelio de forma tenue o parcial. Sin embargo, cuando realmente nos entregamos al evangelio, nos trae la unión más fuerte que puede existir.

Si tú quieres que tu matrimonio y tu familia tengan verdadera unión, el evangelio es la única base. No me refiero sólo a orar para aceptar a Jesús; eso es el principio. Pero conforme más penetra el evangelio con toda su verdad en el corazón de cada uno, más unida estará la familia.

El evangelio es también la única base para la unión en la Iglesia. Si tratamos de basar la unión en el hecho de que todos somos tan simpáticos, tarde o temprano vamos a fallar. Pero cuando el evangelio nos une, nada nos puede separar. Incluso encontramos una profunda conexión con personas que no conocemos, cuando el evangelio nos une.

Por esto, el evangelio es algo que se debe compartir. Así como el evangelio unía a Pablo con los romanos, también lo dejaba con la deuda de compartirlo con todos. Con judíos y con gentiles, con analfabetos y doctores, Pablo se sentía en deuda - y estamos nosotros en deuda también. Les debemos a los que no lo han escuchado la oportunidad de oír y de responder al evangelio.

Leamos algo más acerca del evangelio, en los versos 16 y 17:

1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Hemos dicho que Jesucristo es el evangelio, y que el evangelio es algo compartido. Aquí vemos que el evangelio es el poder de Dios, y que ese poder se desata por medio de la fe. De hecho, es por fe desde principio a fin.

A lo largo del resto del libro, Pablo - bajo inspiración del Espíritu Santo - nos demuestra por qué nos hace falta el evangelio, qué beneficios nos trae, cómo transforma nuestra vida, qué relación tiene con el plan universal de Dios y cómo debemos de vivir a la luz del evangelio.

El evangelio es algo tan glorioso que no debemos avergonzarnos de él. ¿Por qué? Porque es el poder de Dios. Es al conocer a Jesús por medio de la proclamación del evangelio que experimentamos en nuestra propia vida el perdón de Dios, su poder para transformarnos y cambiar nuestra vida. El evangelio es la única forma en que podemos conocer así el poder de Dios.

Hoy te invito a decirle a Dios: quiero conocer más de tu evangelio. Ayúdame este año a amar más a Jesús, a conocerle mejor y a compartir con otros acerca de El. Y si nunca has creído el evangelio, si nunca has expresado tu fe en Jesucristo como tu Señor y Salvador, hoy lo puedes hacer. Déjate cautivar por el evangelio. No hay nada igual.


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