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Domingo 19 de Diciembre del 2010

Luz para las naciones
Pastor Tony Hancock

Una sencilla adivinanza infantil dice así: ¿Dónde se encontraba Moisés cuando se apagaron las luces? La respuesta, por supuesto, es ésta: en la oscuridad. Es un chiste, pero la realidad de este mundo no es nada chistoso: muchas personas hoy se encuentran en la oscuridad. No la oscuridad física, sino la oscuridad espiritual; sin seguridad, sin esperanza, sin relación con Dios.

La Navidad es la temporada de la luz. Por todas partes vemos las bellas luces navideñas, adornando y embelleciendo las casas y las calles. Estas luces representan una gran realidad, porque en la Navidad celebramos la llegada de la luz. La luz de Cristo ha llegado para alumbrar la oscuridad de cada vida. Cuando llegamos a conocer su luz, somos llamados a llevar su luz a otros también.

Empecemos con una profecía dada más de setecientos años antes de la primera Navidad. Abramos la Biblia en Isaías capítulo 42, y leamos los versos 1 al 9:

42:1 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.
42:2 No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles.
42:3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.
42:4 No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.
42:5 Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:
42:6 Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,
42:7 para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.
42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.
42:9 He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.

Este pasaje es una de cuatro profecías de Isaías conocidas como Cánticos del Siervo. En ellas, Dios anuncia por medio de su profeta Isaías lo que su Siervo, el Mesías, vendría a hacer.

Quiero destacar en este pasaje tres cosas preciosas que nos permiten comprender más acerca del ministerio de nuestro Salvador. En primer lugar, vemos que El vino como un Siervo compasivo. El no vino a gritar y regañar con voz fuerte, sino a sanar a los quebrantados. A los que, en su debilidad y dolor, se parecen a una caña quebrada o una mecha parpadeante, El no terminará de quebrantar.

Quizás tú así te encuentres hoy. Estás a punto de rendirte. Las únicas voces que oyes en tu corazón son voces de condenación y gritos de regaño. Déjame decirte que la voz de Jesucristo no es una de esas voces. El te extiende su mano de amor para levantarte, para ayudarte a caminar en justicia. Jesucristo, el Siervo de Dios, es un Salvador tierno.

En segundo lugar, vemos que El es un Siervo que trae libertad. ¿Qué dice el verso 7? El viene para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas. Tú dirás: bueno, eso no tiene nada que ver conmigo. ¡Yo no estoy en la cárcel!

No se refiere a una prisión física, con paredes gruesas y fierros en las ventanas. Se refiere a la prisión del pecado, de la separación de Dios y las consecuencias de nuestras propias malas decisiones. Cada uno de nosotros conoce esta cárcel.

Hace algunos años, tuve la oportunidad de ministrar en una cárcel federal. Después de dejar todo objeto metálico o filoso en el carro, ingresaba por pasillos cerrados y oscuros hasta llegar al lugar de ingreso: una enorme puerta de fierro operada por un guardia. Tras pasar esa puerta y oírla cerrar, sabía que mi única salida era por medio de la persona que me había permitido entrar.

Las murallas eran altas, cubiertas con alambre de púas y vigiladas las veinticuatro horas. No había otra forma de salir de ese lugar. Era un sentimiento extraño saber que, por dos horas, estaba encerrado allí. ¿Qué habrán sentido los que se encontraban encerrados, no por dos horas, sino por dos o tres décadas? Sin embargo, te aseguro que había hombres en ese lugar que eran más libres que muchas personas que transitaban libremente por la calle afuera del local.

¿Por qué? Porque sus corazones habían sido liberados gracias al Siervo del Señor. La peor cárcel no está hecha de cemento, fierros y alambre de púas; la peor cárcel es la cárcel del pecado, una cárcel que te aprisiona el corazón y te separa para siempre de lo mejor en la vida - de Dios, del amor, de la inocencia y la sencillez. Dios levantó a su Siervo para liberarte de todo eso.

La tercera cosa que aprendemos acerca de Jesucristo, el Siervo del Señor, es que El trae luz a las naciones. El verso 6 lo dice. Dios nombró y constituyó a Jesús como pacto para el pueblo y luz para las naciones. Esto significa que el pacto de Dios, su compromiso con su pueblo, se establece exclusivamente por medio de Jesús.

Pero no sólo esto; Jesús ha venido para alumbrar a todas las naciones en su oscuridad. ¿A qué clase de oscuridad se refiere? No es la oscuridad cultural; muchas de las naciones del mundo han alcanzado grandes cosas en el ámbito cultural. Las culturas antiguas han dejado construcciones como Machu Picchu, Chichén Itzá y Teotihuacán como muestras de su inteligencia, su sentido de la belleza y su destreza - capacidades dadas a toda la humanidad por Dios.

La oscuridad que Jesucristo vino a alumbrar es la oscuridad espiritual. Estas mismas culturas con sus grandes construcciones y hermosas obras de arte también practicaban cosas tales como el sacrificio humano, con el fin de asegurar el favor de sus dioses paganos y la prosperidad de sus cultivos.

Las sociedades supuestamente más avanzadas de hoy cada año sacrifican más de un millón de bebés no nacidos sobre el altar de la conveniencia y el progreso económico. ¡La oscuridad espiritual sigue reinando en el mundo! Pero para las personas de cualquier nación que se acercan a El, Jesús trae iluminación. Trae la luz de la verdad, de la santidad de Dios que podemos recibir por fe.

Lo dice Mateo 4:16: "El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció." La luz de Cristo ha venido a resplandecer sobre cada nación, aun las más oscuras. Te pregunto: ¿conoces la luz de Cristo en tu propia vida? ¿Le has permitido entrar y alumbrar cada rincón de tu corazón? Cristo quiere estar presente en tu vida por medio de su Espíritu. Quiere alumbrarte el camino por medio de sus enseñanzas. Quiere quitar la oscuridad de tu vida mediante su perdón. No te alejes de El.

Si tú ya conoces esa luz en tu vida, hay un llamado que Dios te extiende. Leamos acerca de este llamado en Mateo 5:14-16:

5:14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
5:15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.

Quizás pensaste, al leer estos versos: ¡Yo creía que Jesús era la luz del mundo! Aquí me dice que nosotros somos la luz del mundo. ¿Quién es la luz, en fin?

Pongamos una comparación. Durante el día, el sol nos alumbra. Aunque haya nubes, no pueden esconder la luz del sol; sólo la opacan un poco. Sin embargo, de noche, el sol ya no brilla sobre nosotros. Pero ¡aún hay luz! ¿De dónde? De la luna, principalmente. La luz de la luna no es propia de la luna; la luna no produce luz por su propia cuenta. Más bien, la luna sirve como un espejo, reflejando la luz del sol para que nosotros podamos ver de noche.

Con nosotros, ¡funciona de la misma forma! Cristo, el sol de justicia, ya no está físicamente presente en el mundo. Sin embargo, en la medida que nosotros reflejamos su luz en nuestras vidas, El se deja ver. La luz que somos llamados a reflejar no es nuestra propia luz; no son las acciones de justicia que a nosotros nos parecen bien, o las buenas obras que surgen de nuestra humanidad.

Somos llamados a reflejar la luz de Cristo, la verdad que está en El y la libertad que El puede traer. Si lo hemos llegado a conocer y permitimos que El transforme cada parte de nuestro ser, los demás podrán ver su luz reflejado en nosotros. Las buenas obras que hacemos en Cristo reflejan su luz. ¿Qué dice Cristo, entonces? Hagan brillar su luz delante de todos.

Los que hemos llegado a conocer por fe a Jesucristo somos llamados a reflejar su luz a todas las naciones, hasta los confines de la tierra. Empezamos aquí donde nos encontramos, reflejando su luz a los demás con nuestras acciones y nuestras palabras. Sin embargo, ¿cómo llegarán los rincones más aislados del planeta a conocer de Cristo si no les llevamos el mensaje?

Por medio de las misiones, llevamos la luz de Cristo hasta lo último de la tierra. Quiero animarte a hacer tres cosas. La primera de ellas es informarte acerca de la necesidad alrededor del mundo. Tenemos algunas guías de oración que te pueden ayudar a comprender más acerca de lo que nuestros misioneros hacen en diferentes partes del mundo, y las necesidades que allí existen.

La segunda de ellas es orar acerca de las necesidades que existen. Cuando nosotros oramos en el Espíritu, nos conectamos con el corazón de Dios y las cosas cambian en el mundo espiritual. Orar es mucho más que simplemente recitar una lista de peticiones o decir: Señor, bendice a todos los misioneros. Es invitar la obra de Dios, con la autoridad que El nos ha dado como seres humanos, en lugares del mundo donde no se reconoce su Reino aún. Esto es algo sumamente poderoso.

La tercera cosa es apoyar el esfuerzo de llevar la luz hasta los confines de la tierra mediante tus ofrendas. ¿Cuánto estás dispuesto a dar en esta Navidad para que nuestros misioneros puedan tener el apoyo que necesitan para compartir el mensaje de salvación en Cristo?

Vamos a ver un video musical que nos llama a ver hacia un futuro en el que la luz de Cristo brillará en rostros de gente alrededor del mundo, en cada pueblo y lengua y nación. Mientras lo vemos, te invito a pasar adelante y recibir una guía de oración y un sobre para la ofrenda que recibiremos la próxima semana. Aprovecha esta semana para aprender, para orar y para decidir cuánto puedes dar para que la luz de Cristo brille en muchos corazones.

Nota: para ver el video usado al final de este mensaje, haga clic aquí.


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