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Domingo 12 de Diciembre del 2010

Tu Pentecostés personal
Pastor Tony Hancock

La última vez que estuvimos juntos, hablamos acerca de la resurrección de Cristo Jesús y su significado para nosotros. Durante cuarenta días después de su resurrección, Jesús estuvo con sus discípulos. Se mostró a más de quinientas personas que lo vieron en carne propia.

De seguro, los discípulos estaban muy contentos de tener con ellos a su Maestro querido. Ellos pensaron, después de su muerte, que lo habían perdido para siempre. ¡Ahora estaba vivo! Sin embargo, les empezó a decir que El se tendría que ir. ¿Cómo lo tomarían? Por supuesto, estaban desconcertados frente a la posibilidad de que su Maestro se retirara.

Sin embargo, Jesús les había dicho algo sorprendente. A sus discípulos les dijo: "Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes" (Juan 16:7). Aunque lo iban a extrañar, era mejor que se fuera. ¿Por qué? Porque iba a venir otro para tomar su lugar.

¿Quién iba a tomar el lugar de Jesús? ¿Quién podría tomar su lugar? Sólo uno que fuera Dios. Tendría que ser uno que es una persona también. El Espíritu Santo no es una fuerza. Tampoco es un fantasma. Es una persona, que es Dios juntamente con el Padre y el Hijo.

¿Dónde está el Padre ahora? Está en el cielo. ¿Dónde está el Hijo? Se ha sentado a la mano derecha de Dios. La forma en que Dios se hace presente con nosotros es por medio de su Espíritu. Dios mismo había anunciado por medio de sus profetas que en el tiempo de cumplimiento El derramaría su Espíritu sobre toda clase de personas, no sólo sobre los líderes del pueblo. Ahora que Jesús había terminado su obra de redención, era hora de tomar el siguiente paso.

Vayamos, entonces, a Hechos 1, y leamos los primeros cinco versículos:

1:1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,
1:2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;
1:3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.
1:4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.
1:5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Juan el Bautista había bautizado a las personas en agua como señal de arrepentimiento, pero ahora Jesús los bautizaría con el Espíritu Santo. Sigamos leyendo ahora los versos 6 al 11:

1:6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
1:7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;
1:8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
1:9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.
1:10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas,
1:11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

Los discípulos desean saber acerca de la restauración del reino a Israel, pero Jesús les dice que eso no es lo importante ahora. Quisiéramos saber todos los detalles del plan profético de Dios, pero El no nos ha revelado las fechas y las horas. Ahora hay otra cosa más importante - la venida del Espíritu Santo. Hay tres detalles importantes aquí. En primer lugar, la venida del Espíritu Santo traería algo mejor. Aunque era grandioso tener a Jesús ahí presente con ellos, la venida del Espíritu Santo era mejor.

¿Alguna vez has pensado que sería maravilloso poder ver a Jesucristo en la carne? Un día lo podremos ver, y será glorioso. Sin embargo, aun mejor que verlo a El es tener la presencia de su Espíritu Santo en nosotros. La presencia del Espíritu Santo en nosotros es algo bueno. No es algo para temer o para causar miedo.

En segundo lugar, la venida del Espíritu Santo traería poder. La presencia del Espíritu Santo en cada persona que cree en Jesucristo es la fuente de poder sobrenatural. Hay muchos creyentes que no han aprendido a permitir que ese poder se manifieste en sus vidas, pero esto no significa que el poder no está presente. El hecho de que las luces estén apagadas en la casa no significa necesariamente que no hay luz eléctrica.

En tercer lugar, el poder que trae el Espíritu Santo es principalmente poder para testificar. Hay muchas otras cosas maravillosas que hace el Espíritu Santo en nosotros: nos ilumina, nos convence, nos consuela, nos sana - todas estas cosas son muy especiales. Sin embargo, cuando Jesús les promete a sus discípulos que recibirían al Espíritu Santo, El no menciona ninguna de estas cosas. Sólo menciona el poder para testificar.

Mucha gente se pregunta: ¿cuándo soy yo bautizado en el Espíritu Santo? ¿Cuándo llega El a mi vida? La Biblia es muy clara. Si nosotros hemos llegado a ser creyentes en Cristo, hemos sido bautizados en el Espíritu Santo. Primera de Corintios 12:13 lo dice muy claramente: "Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo". Si hemos recibido a Cristo, y así llegamos a ser parte de su cuerpo, hemos sido bautizados en el Espíritu Santo.

Sin embargo, para los discípulos, fue diferente. Su bautismo en el Espíritu Santo vino después de que habían llegado a creer en Jesucristo. Esto se debe al lugar que ellos ocuparon en la historia de la salvación; el Espíritu Santo venía para llenar la Iglesia, así que todos lo recibieron al mismo tiempo. Veamos cómo sucedió, leyendo Hechos 2:1-8:

2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
2:5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
2:6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
2:7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
2:8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

¿Dónde estaban los discípulos? El verso 2 dice que estaban en una casa, pero a veces el templo es llamado una casa en el libro de Hechos. Sería lógico, entonces, suponer que estaban en algún cuarto del templo, pues esto explicaría por qué tanta gente se reunió tan rápidamente cuando ellos empezaron a hablar en lenguas.

Para anunciar la llegada del Espíritu Santo, se oyó una gran ráfaga de viento, y se vieron llamas de fuego sobre las cabezas de cada uno de los seguidores de Jesús. El viento representa al Espíritu Santo, pues El es invisible como el viento, pero sus efectos son visibles y palpables. El fuego trae purificación, y el Espíritu de Dios trae santidad a las personas que El llena.

En el mismo momento, ellos fueron bautizados por el Espíritu Santo, y también fueron llenos del Espíritu Santo. Nos lo dice el verso 4. Para los apóstoles, el bautismo con el Espíritu Santo y la llenura del Espíritu Santo sucedieron al mismo tiempo. Sin embargo, para nosotros, pueden ser diferentes.

Ya hemos comentado que nosotros somos bautizados con el Espíritu Santo en el momento de creer en Cristo. En cambio, Efesios 5:18 nos manda a ser llenos del Espíritu Santo: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu". Somos bautizados con el Espíritu Santo en el momento de creer en Cristo, y probablemente no veremos las mismas evidencias que se vieron en ese día.

En cambio, podemos ser más o menos llenos del Espíritu Santo. ¿Cómo sucede esto? La verdad es que no podemos controlar al Espíritu Santo. El se mueve como El quiere. Sin embargo, podemos preparar nuestras vidas para su mover. También podemos estorbar su obra en nosotros.

Si nosotros tenemos pecado en nuestra vida, si caminamos separados de Dios o si no buscamos activamente a Dios, es poco probable que el Espíritu nos llene con poder. En cambio, si confesamos cualquier pecado que Dios trae a nuestra atención y lo abandonamos, si pasamos tiempo con Dios y si le pedimos que su Espíritu nos llene, así nos preparamos para la llenura del Espíritu.

Los dones del Espíritu son diferentes, así que no debemos de pensar que todos hablarán en lenguas cuando el Espíritu Santo los llena. Sin embargo, lo que sí podemos saber es que El traerá un nuevo poder. Los resultados de la llenura del Espíritu Santo el día de Pentecostés fueron asombrosos.

El apóstol Pedro, el mismo que había tenido tanto miedo la noche que Jesús fue traicionado que había negado a su Señor, ahora se levantó ante miles de personas y predicó la Palabra de Dios. Poderosamente llamó a sus oyentes a reconocer que Jesús es el Salvador, el Mesías enviado por Dios. Leamos ahora la última parte de su mensaje, los versos 36 al 41 de Hechos 2:

2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
2:37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
2:41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Con poder, el Espíritu Santo se movió en los corazones de los oyentes de Pedro, y fueron convencidos de su pecado. Sabes, cuando tú compartes el evangelio con alguien, no te toca convencerle. El Espíritu Santo hace eso. Pedro simplemente fue obediente, y el Espíritu Santo lo usó.

El resultado de la predicación de Pedro fue que la Iglesia de Jesucristo se fundó con más de 3.000 miembros en su primer día. Y la promesa es ésta: cada persona que se arrepiente y cree en Jesús como su Señor y Salvador - decisión que se sella con el bautismo en agua - recibirá el mismo Espíritu Santo que recibieron los apóstoles el día de Pentecostés.

Si tú estás buscando el poder que el Espíritu Santo te ofrece, la primera cosa necesaria es que aceptes a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Si tú lo aceptas, el Espíritu Santo vendrá y morará en tu corazón. No esperes necesariamente oír algún sonido o sentir algo particular cuando El venga; muchos grandes creyentes no han sentido nada cuando el Espíritu Santo llegó a sus vidas.

Si ya has aceptado a Jesucristo como tu Señor y Salvador, ¿estás permitiendo que el Espíritu Santo te llene? El está en tu corazón. Dios quiere sorprenderte con el poder de su Espíritu. Quiero retarte personalmente - y quiero retarnos como Iglesia - a empezar a esperar que el Espíritu se mueva entre nosotros.

¿Cuántas cosas hacemos en dependencia sobre el Espíritu Santo? ¡El es la gasolina que mueve la Iglesia! Pero muchas veces, tenemos tanta actividad que es meramente humana. Aprendamos a depender del Espíritu Santo, y esperar que El haga cosas nuevas y sorprendentes.

Si tú estás dispuesto a invitar al Espíritu Santo a moverse en tu vida de una forma nueva, quiero invitarte a señalar esa decisión en esta mañana. El Espíritu Santo es sensible, así que debes tomar un momento para pedirle perdón por no escuchar su voz antes. Luego, invítale a tomar el volante de tu vida. Si quieres tomar esa decisión, ven ahora.


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