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Domingo 21 de Noviembre del 2010

El evento más importante de la historia
Pastor Tony Hancock

Cada año, se celebran varios días que son los preferidos tanto de estudiantes como de trabajadores. Me refiero, por supuesto, a los días feriados. Por lo general, los días feriados conmemoran algún evento importante del pasado, algún evento que se considera digno de recordar.

En México, se celebra el 16 de septiembre como el día de la independencia. En el Perú, se celebra el 28 de julio. ¿Cuál sería la diferencia, para nosotros, si estos eventos no hubieran sucedido? En otras palabras, ¿qué diferencia habría para nosotros en el presente si estos eventos que recordamos del pasado realmente no hubieran existido?

Bueno, si México y el Perú no se hubieran independizado de España, seguiríamos siendo españoles. ¡La vida sería algo diferente! Si no fuera por el 4 de julio en los Estados Unidos, los americanos seguirían siendo ingleses. ¡Estos eventos han producido un cambio en el mundo en el que vivimos!

Hay un evento que se celebra con un día festivo en la primavera del año, que es el más importante de la historia. Si el evento que se recuerda con esta fiesta realmente no hubiera sucedido, nuestra vida sería radicalmente diferente. Quizás, si la Batalla de Puebla no hubiera sucedido, la ausencia del 5 de mayo no cambiaría mucho nuestra vida.

En cambio, sin la resurrección de Jesucristo, nuestra fe sería totalmente vana. La fe que profesa la tercera parte de la población mundial quedaría sin fundamento. En las palabras de Pablo, estaríamos todavía en nuestros pecados.

La semana pasada, hablamos acerca de la muerte de Jesús y su significado. Jesús murió en la cruz y fue sepultado en una tumba prestada. Sin embargo, no se quedó allí. Leamos acerca de lo que sucedió cuando algunas mujeres que lo seguían fueron a la tumba para verlo.

Lectura: Marcos 16:1-8

16:1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.
16:2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.
16:3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?
16:4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.
16:5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.
16:6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.
16:7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.
16:8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.

Jesús fue crucificado y murió el día viernes. Fue enterrado con prisa por José de Arimatea, uno de sus seguidores. Cayendo la noche del viernes, se consideraba que había empezado el sábado, cuando la ley prohibía el trabajo. Por eso fue necesario que lo enterraran con prisa.

Probablemente fue por esta razón que las mujeres no habían podido poner especias aromáticas en el cuerpo. Los judíos no embalsamaban a los muertos, pero tenían la costumbre de colocar especias y perfumes en el cuerpo como un acto de respeto y amor. De seguro las mujeres no habían podido conseguir las especias con tiempo el viernes; habían estado presentes en la crucifixión del Señor, y no hubo tiempo cuando lo bajaron de la cruz y lo enterraron para ir al mercado.

El sábado, por supuesto, nadie podía comprar o vender. Por fin, llegó el domingo, y muy de mañana ellas fueron a comprar las especias para colocarlas sobre el cuerpo de su amado Señor. Por el camino se preguntaban cómo se movería la gran piedra que se había colocado en frente de la tumba; obviamente era una piedra muy grande.

Para su sorpresa, cuando llegaron, no estaban los guardias que las autoridades habían instalado frente a la tumba, y la piedra se había movido. Al entrar a la tumba, se encontraron con un joven vestido de blanco - un ángel - quien les explicó lo que había sucedido: Jesús había resucitado, y pronto se encontraría con sus discípulos.

¿Cómo reaccionaron las mujeres? ¡Estaban espantadas! Nunca les había pasado nada parecido, ni habían esperado que esto sucediera cuando se dirigieron hacia la tumba. Estaban tan asustadas que no le dijeron nada a nadie, aunque luego sí lo hicieron. Sin embargo, había una ineludible realidad: Jesús ya no estaba en la tumba, pues había resucitado.

Desde que Jesús resucitó, la gente ha tratado de negar su resurrección. Mateo, el evangelista, nos relata que los líderes judíos sobornaron a los guardias que habían estado frente a la tumba para que dijeran que los discípulos se habían robado el cuerpo de Jesús. Esta es la primera explicación que se inventó para su resurrección, y algunas personas aún la creen.

Sin embargo, esta idea no tiene sentido. Para empezar, si los discípulos hubieran robado el cuerpo de Jesús con la idea de difundir la idea de su resurrección, no habrían escogido a las mujeres como primeras testigos de su resurrección. El testimonio de una mujer no era válido en la corte judía. No tenía peso. En esa cultura, sólo Dios habría escogido a unas mujeres para testificar de la resurrección de Cristo.

Es más, los mismos discípulos que supuestamente se robaron el cuerpo de Jesús luego murieron por su proclamación. Si lo que ellos predicaban era mentira, y ellos lo sabían, ¿hubieran estado dispuestos a morir? Alguien quizás podría morir por una mentira, pero no sabiendo que es mentira.

La idea de que los discípulos se robaron el cuerpo de Jesús para declarar que había resucitado simplemente no tiene sentido cuando vemos los sacrificios que estaban dispuestos a hacer por el mensaje de su resurrección. Consideremos, entonces, otra teoría.

Quizás Jesús realmente no murió en la cruz, sino que se desmayó. Luego, después de que fue metido en la tumba, se despertó. Cuando sus discípulos lo vieron, pensaron que había resucitado. Esta teoría también tiene serios problemas. Para empezar, Juan nos relata que uno de los soldados abrió el costado de Jesús con una lanza, y que de su lado brotaron agua y sangre. Es difícil imaginar que alguien pudiera sobrevivir tal herida.

Luego, tenemos que preguntarnos: ¿quién quitó la piedra de la tumba? ¿Realmente podemos creer que un hombre debilitado y herido, que no había comido en tres días, fue capaz de quitar una piedra que varias mujeres no podrían quitar? Pasa de ser creíble. Claramente, Jesús no simplemente se desmayó.

Bueno, entonces, quizás las mujeres se equivocaron de tumba. Llegaron a otra tumba, una tumba vacía, y pensaron que era la tumba de Jesús. Esta es otra teoría que se ha propuesto. Sin embargo, los evangelios nos dicen que Pedro y Juan se fueron corriendo a revisar la tumba. Es difícil creer que ellos también se hubieran equivocado de tumba.

Pero el problema más grande con esa teoría es que, si se hubiera tratado simplemente de una equivocación de tumba, la primera cosa que hubieran hecho las autoridades cuando los discípulos empezaron a proclamar la resurrección de Cristo sería producir su cuerpo.

Bueno, entonces, quizás se trató de una alucinación. Las mujeres y los discípulos estaban tan deseosos de volver a ver a Jesús que lo alucinaron. Esta teoría, sin embargo, tiene muchos problemas. Para empezar, las mujeres no iban a la tumba con la expectativa de ver a Jesús. No estaban sugestionadas con esa posibilidad. El temor que ellas sintieron cuando se alejaron de la tumba no concuerda con alguna visión extática.

Los discípulos tampoco tenían esta expectativa. Es más, Jesús se apareció a muchas personas diferentes en una variedad de situaciones. ¡Esa sería una alucinación muy extraña! Pablo, escribiendo sólo unas dos décadas después, pudo mencionar a más de quinientos testigos de la resurrección de Jesús, la mayoría de ellos aún con vida cuando él escribió.

Hemos examinado cuatro explicaciones humanas para la resurrección de Jesús, y ninguna de ellas es convincente. La última explicación que a veces se da es que la resurrección de Jesús fue un mito. Sin embargo, en el mundo antiguo, y en particular en el mundo judío, los mitos solían crecer sólo en torno a personajes históricos, no a personas de la actualidad.

En el caso de Jesús, hay algunos cuentos mitológicos, de su infancia por ejemplo, pero no se escribieron durante la vida de los apóstoles. Surgieron al menos 100 años después. Varios escritores seculares registran que, muy pocas décadas después de la muerte de Jesús, muchos de sus seguidores estaban muriendo por su fe. Esto no concuerdo con la forma en que crecen los mitos.

¿A qué va todo esto? Simplemente a que la resurrección de Jesucristo es uno de los hechos mejor fundamentados de la historia antigua. Muchas personas lo vieron, tenemos muchas evidencias escritas, y ninguna explicación naturalista es convincente. Es lógico creer en la resurrección de Cristo como un hecho verídico de la historia, según los criterios de la investigación histórica.

Si es así, ¿qué diferencia hay para nosotros? ¿Qué importa si Jesús resucitó o no? Es muy importante. En primer lugar, la resurrección de Jesús nos garantiza que, si creemos en El, nosotros también resucitaremos. Leamos Romanos 6:8-10:

6:8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;
6:9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.
6:10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.

Jesús resucitó, y jamás volverá a morir; El venció el pecado. Su resurrección es la garantía de que, si estamos unidos a El por la fe en El, nosotros también resucitaremos.

A veces se venden los productos mediante demostraciones. Por ejemplo, el vendedor de una aspiradora podría tirar tierra sobre una alfombra, y luego aspirarla para demostrar lo bien que funciona la aspiradora. La resurrección de Jesús es la garantía final de que, cuando Dios te promete que puedes tener vida eterna en su Hijo, no es una promesa hueca. Si crees en Jesús, un día resucitarás también.

Pero la resurrección de Jesús no es sólo una garantía para el futuro. Es también una vida nueva para el presente. Leamos Romanos 6:11-13:

6:11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
6:12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;
6:13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Si nosotros nos hemos unido a Cristo por medio de la fe, hemos recibido una vida nueva. Ya no vivimos la vieja vida moribunda, caracterizada por el pecado.

La resurrección de Jesucristo nos da poder para vivir una vida de verdad ahora. Hemos vuelto de la muerte a la vida, y la vida nueva que hemos recibido es una vida de santidad y de servicio a Dios. ¡Cristo ya no está en la tumba! No vivas tú como si siguieras bajo condena de muerte, bajo el poder del pecado.

La resurrección de Jesús es mucho más que la razón para un día festivo. Es una realidad transformadora para todos los días. ¿Estás viviendo consciente de que Jesús vive? ¿Vives con la seguridad de que tú también vivirás? No pienses que su resurrección es sólo un hecho histórico. Es una realidad que tú y yo podemos experimentar, si le invitamos a ser nuestro Señor y Salvador.


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