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Domingo 7 de Noviembre del 2010

El pan de vida
Pastor Tony Hancock

En ciertas de las carreteras de este país, hay señalamientos que anuncian a los automovilistas que se acerca un lugar desde el cual se puede apreciar un bonito paisaje, una vista pintoresca. Podría ser una perspectiva de un lago, de las montañas o de algún cañón profundo.

Imaginemos, por un momento, a un grupo de turistas que transita por alguna de estas carreteras, cuando de repente se dan cuenta del señalamiento que anuncia uno de estos paisajes. De inmediato se para el carro, se bajan todos los turistas y empiezan a posar, a tomar fotos, a mirar a un lado y otro.

Sólo hay un detalle: en lugar de tomarle fotos al paisaje que anuncia el letrero, ¡le toman fotos al letrero mismo! ¿Qué pensaríamos de estos turistas? ¡Que se han perdido el sentido del señalamiento! El señalamiento no existe para ser objeto de atención, sino para llamar la atención a algo diferente y más importante.

Lo mismo sucede cuando consideramos los milagros de Jesús. La semana pasada hablamos de algunas de sus enseñanzas. Hoy veremos uno de sus milagros. Muchas personas leen acerca de los milagros de Jesús y se quedan intrigados por los sucesos mismos. Lo mismo pasó en el día de Jesús; la gente se quedaba maravillada ante los milagros, pero no se preguntaron qué significaban. Los milagros de Jesús, como un señalamiento a la orilla de la carretera, apuntan más allá de sí mismos y nos enseñan algo acerca de Jesús.

Hoy leeremos acerca de uno de los milagros que Jesús realizó, para buscar entendimiento sobre lo que nos enseña acerca de Jesús. Abramos la Biblia en Juan, capítulo 6, versos 1 al 15:

6:1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
6:2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.
6:3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
6:4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
6:5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6:6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
6:7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
6:8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:
6:9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
6:10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
6:11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
6:12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
6:13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
6:14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
6:15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

De los muchos milagros que hizo Jesús, este es el único que se relata en los cuatro evangelios. Sucedió al principio del tercer año de ministerio de Jesús, cuando su popularidad estaba en su apogeo.

Mucha gente lo seguía. ¿Por qué? ¿Porque creían que era el Salvador? ¿Porque querían obedecerlo? No, porque habían visto sus milagros. Y tú, ¿para qué buscas a Jesús? Quizás El te ha ayudado con algún problema. Quizás te ayudó a dejar algún vicio, o te sanó de alguna enfermedad, o restauró a tu familia. Dime: ¿lo sigues buscando sólo para que te dé más? ¿O te das cuenta de que, al tocar tu vida con su poder, El te está llamando a reconocer lo que realmente importa y comprometerte por completo con El?

No hay nada de malo en haber buscado inicialmente a Jesús por alguna necesidad. Sin embargo, El nos llama a ir más allá de esa necesidad y reconocerlo por lo que es. Jesús sabía que la gente que lo seguía estaba lejos de esto, pero aun así se preocupó por su bienestar. Se encontraban lejos de cualquier pueblo, y la mayoría no se había preparado para estar con Jesús todo el día.

Felipe era de un pueblo que quedaba a pocos kilómetros de donde se encontraban ahora. Jesús le pregunta dónde conseguir comida, pero era para ver si Felipe pensaría de forma humana, o si contaría con el poder de Dios. Felipe y su condiscípulo Andrés piensan humanamente. No hay dinero para comprar comida para todos, y lo único que hay son cinco panecillos de cebada - la comida de los pobres - y dos pececillos. ¡Jamás alcanzaría para tanta gente!

Sin embargo, cuando Jesús está presente, las cosas cambian. El dio gracias por la comida, y alcanzó para que todos comieran hasta satisfacerse - 5.000 hombres, más mujeres y niños, quizás quince o 20.000 personas en total. El verso 14 nos dice que este milagro fue una señal - un suceso que señalaba más allá de sí mismo para enseñarnos algo acerca de Jesús.

En un momento vamos a hablar de ese algo, pero primero quisiera simplemente notar un par de detalles del milagro. La primera cosa que notamos es que Jesús no quiere que se desperdicie nada. El les dice a sus discípulos en el verso 12 que recojan las sobras, para que no se desperdicien. Esto es algo sorprendente, en realidad. Jesús tenía el poder para multiplicar la comida y hacer que alcanzara, y aun así El no desea que nada se desperdicie.

Esto nos da a entender que a Dios le agrada que seamos cuidadosos en nuestro uso de la comida, y que les enseñemos a nuestros hijos a hacer lo mismo. Aunque tengamos suficiente y de sobra, no debemos de desperdiciar la bendición que Dios nos da en la comida.

La segunda cosa que notamos es que la gente, con una reacción muy natural, desea hacer de Jesús su Rey. En base a las profecías del Antiguo Testamento, ellos esperaban a un libertador. Entre otras profecías, Moisés les había prometido que Dios levantaría un profeta como él. Al ver lo que Jesús había hecho, se imaginaron que esta profecía se estaba cumpliendo, y tenían razón. Sin embargo, no se dieron cuenta de que lo que ellos esperaban de este libertador enviado de Dios no era lo que Dios quería darles.

Jesús, por lo tanto, se aleja de ellos. Se reúne con sus discípulos en medio del lago, caminando sobre el agua, y juntos llegan al otro lado. Sin embargo, la gente lo persigue. Leamos ahora lo que sucedió cuando la gente se encontró con Jesús al otro lado del lago. Empecemos con los versos 25 al 29:

6:25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
6:26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
6:27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?
6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Jesús va directamente al grano, viendo más allá de las palabras de la gente para distinguir lo que estaba en su corazón. El sabía que no lo habían buscado porque habían comprendido el significado de sus señales milagrosas, sino porque estaban pensando en cosas materiales. Ellos se esforzaban por conseguir el pan, pero Jesús dice que hay una comida mucho más importante.

El pan sostiene la vida por un día o dos, pero hay una comida que puede sostener nuestra vida hasta la eternidad. Sólo hay un Panadero que puede proporcionarnos este pan - Jesucristo mismo, el Hijo del Hombre, el escogido del Padre como su único representante.

Está bien, dice la gente. ¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos? ¿Qué tenemos que hacer para quedar bien con El? ¿Cuáles son las obras que El nos exige? Es muy importante que entiendas lo que Jesús les respondió. La obra de Dios, lo que Dios quiere que hagas, lo que El te exige para aceptarte, es creer en su Hijo Jesús, aquel a quien El envió. ¡Este es el trabajo que Dios busca!

La base de nuestra aceptación por Dios no es algo que le podamos dar a El. Es algo que El nos ha dado a nosotros, algo que sólo podemos aceptar por pura confianza. Si tú quieres acercarte a Dios, no lo puedes hacer tratando de ser una mejor persona. No lo puedes hacer dando dinero a la Iglesia, o ayudando a los pobres, o aguantando a tu suegra.

Sólo puedes acercarte a Dios por medio de la fe en su Hijo. Esta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien El envió. Son palabras de Jesús. Lo que Dios busca de ti es que dejes de confiar en tus propias acciones y aceptes por fe que su Hijo ha pagado tu deuda de pecado, que El ha venido a este mundo para llevarte al Padre.

Si tú dependes de tus propios esfuerzos, nunca será suficiente. Sería como vaciar el mar con una cuchara, o atrapar la luna con un hilo. Tienes que dejar de confiar en tus propios esfuerzos y reconocer que sólo Cristo puede salvarte. Tienes que llegar a depender completamente de El. Esta es la obra que Dios está buscando de ti, y es la única. El trabajo que Dios busca es creer en su Hijo.

A los que creen en su Hijo, Dios da un gran regalo. Leamos los versos 30 al 40 para ver cuál es ese regalo:

6:30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
6:32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
6:33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
6:34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
6:36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
6:40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Notamos que la gente sigue confundida. Han visto a Jesús alimentar a 5.000 hombres con cinco panes y dos pescados, pero ahora quieren ver otro milagro. Se acuerdan de la historia de Israel que los israelitas, bajo Moisés, habían comido el maná en el desierto - un pan que caía del cielo.

Ellos quieren que Jesús les dé algo parecido. El primero les aclara que Moisés no les había dado el maná, sino Dios. Pero hay un pan mejor, un pan celestial que ha venido del cielo. Ese Pan, por supuesto, es Jesús; pero el pueblo sigue sin entender. Ellos piensan que se refiere a un pan comestible, y lo desean.

Jesús ahora dice, sin titubear: "Yo soy el pan de vida". El es el pan del cielo que vino al mundo para traernos vida, una vida eterna. Muchos de los que lo vieron en la carne, no creyeron en El; pero si creemos en El, aunque no lo hayamos visto, podemos tener la seguridad de que El nos dará vida.

Si tú vienes a Cristo Jesús en fe, puedes estar seguro. Puedes estar seguro de que El se encargará de cuidarte. A veces las personas no se quieren entregar a Cristo y bautizar porque dicen: ¿qué pasa si después le fallo al Señor? Jesús aquí dice que, si tú vienes a El, El no te echa fuera; al contrario, la voluntad de su Padre es que no se pierda nada de lo que se le ha dado.

¿Crees que Jesús es tan olvidadizo que te va a perder? ¡Claro que no! El mismo dice que, si tú vienes a El, El te guardará hasta el día de la resurrección. Lo único que te pide es que confíes plenamente en El. Si tú lo haces, puedes tener la seguridad de que, aunque mueras físicamente, tu cuerpo será resucitado en el día final.

Tú volverás a vivir - no sólo en alguna existencia espiritual, sino con un cuerpo glorificado y mejor - para estar siempre en la presencia del Señor, gozándote con El. Jesús te lo promete, y la garantía de su promesa es que El mismo resucitó con un cuerpo glorificado.

Cuando Jesús dio de comer a 5.000 hombres, El hizo que la comida de una persona alcanzara para que todos pudieran comer. Cada uno tuvo su propia comida, y quedó satisfecho. De igual forma, Jesús, el Pan de vida, es más que suficiente para satisfacer toda tu necesidad. Pero tienes que tomarlo por decisión propia. Tienes que venir a la cruz y dejar allí tus pecados, tomando la mano extendida de Jesús para empezar una vida nueva con El. ¿Estás preparado para tomar esa decisión? El es el Pan de Vida que puede satisfacer tu hambre. Ven hoy a El.


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