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Domingo 24 de Octubre del 2010

El Siervo victorioso
Pastor Tony Hancock

Durante la construcción de una de las vías de tren que cruzan este país, los ingenieros del proyecto se vieron obligados a construir un puente para atravesar un profundo barranco. Terminada la construcción del puente, el encargado del proyecto mandó preparar un tren cargado de tanto equipo y tantos vagones que su peso era el doble de lo que normalmente soportaría el puente.

Los trabajadores guiaron el tren al centro del puente, donde se quedó parado durante todo un día. Uno de los trabajadores le preguntó al jefe de construcción: ¿Pretende usted derribar el puente? El jefe le respondió: No, pretendo demostrar que no se derribará.

Después de ser bautizado por Juan el Bautista, el Señor Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto, donde fue tentado por Satanás. Satanás pretendía derribarlo con sus tentaciones. ¿Por qué lo llevaría el Espíritu Santo a este lugar de prueba? Por la misma razón por la que ingeniero mandó colocar el tren al centro del puente: para demostrar que no se derribaría.

Leamos la historia, empezando con el bautismo de Jesús. Comencemos en Mateo 3:13-17:

3:13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.
3:14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
3:15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.
3:16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
3:17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia

¿Te has preguntado alguna vez por qué se bautizó Jesús? Juan el Bautista se hizo la misma pregunta. El antes les había dicho a los fariseos que eran indignos de su bautismo, porque sus vidas no mostraban arrepentimiento. Ahora él le dice a Jesús que su bautismo es indigno de El. Veía en Jesús una justicia que superaba la suya, y que no tenía de qué arrepentirse.

Sin embargo, Jesús le dice así: "Nos conviene cumplir con lo que es justo". Lo que es justo es lo que concuerda con la voluntad de Dios. En otras palabras, lo justo es lo que Dios quiere, porque El es perfectamente justo. Su Padre quería que Jesús se bautizara, y ésta fue razón suficiente para El.

Algunos de ustedes están entre sí y no en cuanto a bautizarse. Quizás se preguntan: ¿por qué tengo que bautizarme? Jesús estuvo dispuesto a hacerlo simplemente porque era la voluntad de su Padre. Si has llegado a conocer a Jesús, estarás dispuesto a bautizarte simplemente porque El te lo pide.

Cuando Jesús se bautizó, se unió a nosotros en nuestra batalla contra el pecado. Los demás se bautizaban porque se arrepentían de su pecado y deseaban dejarlo; Jesús se bautizó porque, al bajar con nosotros a las aguas del bautismo, se une a nosotros en nuestra batalla contra el pecado.

El fue victorioso en esa batalla; si nosotros nos unimos a El por fe y aprendemos de su ejemplo, podemos ser victoriosos también. Jesús es mucho más que un simple ejemplo para nosotros, pero no es menos que un ejemplo. Si aprendemos de El, podemos ser victoriosos también. Leamos acerca de su victoria frente a la tentación en el capítulo 4, versos 1 al 11:

4:1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
4:2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
4:3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4:4 Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
4:5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
4:6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.
4:7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
4:8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,
4:9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
4:10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
4:11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

Jesús estuvo cuarenta días y cuarenta noches en el desierto. Los israelitas caminaron cuarenta años en el desierto después de ser librados de su esclavitud en Egipto, y enfrentaron tentaciones muy parecidas a las que enfrentó Jesús. El número cuarenta une las experiencias de Jesús con las de los israelitas. La diferencia es que ellos cedieron ante la tentación, mientras que Jesús fue victorioso.

¿Crees que tú y yo nos parecemos más a Jesús, o a los israelitas? Por supuesto, somos como ellos. En nuestro estado natural, es decir, sin conocer a Cristo ni crecer en El, caemos ante la tentación así como lo hicieron ellos. Lo que los israelitas no pudieron hacer en cuarenta años, Jesús lo hizo en cuarenta días. Lo que tú y yo somos incapaces de hacer por nuestra propia cuenta, Jesús quiere ayudarnos a hacer - tener victoria sobre las tentaciones del enemigo.

Vamos a considerar una por una las tentaciones que el enemigo puso ante nuestro Señor, pero primero quiero comentar sobre el hecho de que estas tentaciones vienen inmediatamente después de su bautismo. Cuando Jesús se bautizó, los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre El. Oyó la voz de su Padre que declaraba que estaba muy complacido con su Hijo. Fue un momento inolvidable y muy especial.

¡Este momento tan lindo y tan especial fue seguido de inmediato por un enfrentamiento con el enemigo! Tenemos que entender que muchas veces es así en nuestras vidas también. Los peores ataques suelen venir inmediatamente después de una gran experiencia con Dios. Puede ser nuestro bautismo, un retiro o una victoria espiritual.

Lo importante es no asustarnos, o evitar las bendiciones espirituales. Lo importante es estar precavidos. No cometas el error de pensar, después de un encuentro poderoso con el Señor, que el enemigo ya no te va a atacar. ¡Lo más seguro es que será al revés! Pero tú puedes tener la victoria.

Jesús enfrentó tentaciones que se parecen mucho a las tentaciones que enfrentamos nosotros en la vida. Hebreos 4:15 dice que Jesús "ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros". Sin embargo, la forma que tomaron las tentaciones fue marcada por el hecho de que fue Hijo de Dios. Por ejemplo, la primera tentación que enfrentó Jesús fue de convertir las piedras en pan. Yo nunca he enfrentado esa tentación, y apuesto a que tú tampoco; no puedo convertir piedras en pan.

Sin embargo, cuando vemos más allá de estos detalles, nos damos cuenta de que las tentaciones que enfrentó Jesús son las mismas que enfrentamos nosotros. Volvamos por un momento a los israelitas en el desierto. Ellos se quejaron porque extrañaban los deliciosos manjares de su vida anterior en Egipto. Murmuraron contra Dios y contra Moisés, pidiendo pan.

¿Alguna vez has querido quejarte con Dios porque no te da algo que quieres, o algo que necesitas? ¿Alguna vez has sentido que Dios ignora tus necesidades? ¡Es muy fácil perder la confianza en Dios! Los israelitas le demandaron pan a Dios, y sin embargo, murieron por su pecado. Jesús, en cambio, se negó a usar su poder como Hijo de Dios para satisfacer sus propias necesidades.

Aunque tenía cuarenta días sin comer, seguía confiado en esta gran verdad: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Sabes, Dios te está hablando todo el tiempo. El te habló esta mañana cuando salió el sol. Te decía: Mira lo que hice por ti. El te escribió una carta de amor que se llama la Biblia. ¿La has leído? El incluso te mandó a su único Hijo para que lo pudieras conocer.

¿Estás escuchando lo que Dios te está diciendo? ¿Estás escuchando su Palabra? ¿O te fijas más bien en lo material, en el dinero y la comida y la ropa y todas esas cosas tan necesarias que te distraen de lo más importante? No sólo de pan vive el hombre. Necesitamos pan para vivir, pero aun más nos hace falta la Palabra de Dios. Satanás te tentará con lo material, pero Dios te llama a recordar lo que realmente importa.

En la segunda tentación, el diablo le tentó a Jesús a poner a Dios a prueba. ¡Es tan astuto el diablo que hasta usa las Escrituras mismas para tentarnos! Un versículo de la Escritura, mal interpretado y sacado de su contexto, se puede convertir en un pretexto para pecar. Debemos de tener mucho cuidado.

¿Qué significa esto de poner a Dios a prueba? Los israelitas lo hicieron en el desierto, cuando tenían sed y le preguntaron a Moisés: ¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Sólo para matarnos de sed? Los israelitas dudaban de que el Señor realmente estuviera con ellos. Lo provocaron y lo probaron, diciendo: ¿Está el Señor realmente con nosotros?

Me los imagino, muy parecidos a la mujer manipuladora que le dice a su querido: Tú ya no me quieres. Si tú me quisieras, me comprarías ese vestido que quiero. Tales juegos quizás se den entre pareja, pero no tienen ningún lugar en nuestra relación con Dios. Cuando nosotros dudamos de su presencia y su cuidado, lo ponemos a prueba.

Esto es lo que Satanás quería que Jesús hiciera: lanzarse del punto más alto del templo para comprobar que Dios estaba con El. ¿No decía la Palabra de Dios misma que los ángeles tendría que venir a rescatarlo? Pero Jesús vio más allá del falso argumento del diablo, pues sabía que la Escritura no puede contradecirse - y la Escritura también dice: No pondrás a prueba al Señor tu Dios.

Vemos nuevamente la importancia de conocer la Palabra de Dios para poder resistir la tentación, y la importancia de confiar en el cuidado y la presencia de Dios. Si el enemigo te logra convencer que Dios ya no está contigo, que EEl te ha olvidado, te tiene en la palma de su mano. No dudes del Señor. No lo pongas a prueba.

En la tercera tentación, Satanás trató de ilusionar a Jesús con el esplendor de todas las naciones del mundo. Jesús había venido para reinar sobre personas que cada nación, pero El sabía que sólo lo podría lograr mediante el sacrificio de la cruz. De otro modo, su reino sería injusto y mundano.

Satanás trata de ilusionarnos a nosotros con la gloria de este mundo, así como lo hizo con los israelitas en el desierto. Ellos recordaban y añoraban todas las cosas que habían tenido en Egipto, olvidando que allí habían sido esclavos. Adoraron dioses falsos, tratando de tener lo que todas las naciones tienen. Ellos se dejaron cautivar por la belleza del mundo, pero Jesús no.

Este mundo tiene mucho esplendor. Las calles de cualquier gran ciudad brillan como joyas, mostrando su mercancía e interminable lujo. Sus rascacielos son impresionantes. Sus bares y salas de fiesta prometen placer. ¿Detrás de todo esto? Detrás no hay nada. Si tú vives para este mundo, te quedarás con las manos vacías.

Jesús sabía quién se merece nuestra adoración y nuestro servicio: Dios, y sólo Dios. Fue así que El pudo vencer las tentaciones del enemigo. ¿Estás preparado para decirle hoy, Enséñame a vencer como tú venciste? ¿Estás dispuesto a guardar su Palabra en tu corazón, para no pecar contra El? ¿O quieres vivir en derrota?

Jesús quiere enseñarte a vivir en victoria sobre cada mentira, sobre cada tentación, sobre cada artimaña del enemigo. El lo puede hacer, porque El venció. Pídele hoy que te ayude a caminar en victoria esta semana. Recuerda, cuando enfrentamos una tentación, que está contigo el que ya venció. Caminemos juntos en victoria, porque Dios tiene mucho para darnos.


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