Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 26 de Septiembre del 2010

Amor no correspondido
Pastor Tony Hancock

¿Alguna vez has sido víctima del amor no correspondido? A menos que no hayas llegado aún a la adolescencia, es casi seguro que te ha pasado al menos una vez. Te enamoras de alguien, crees que sólo esa persona te puede hacer feliz, y luego descubres que esta persona no comparte tus sentimientos.

¡Qué decepción! ¡Qué tristeza! Entre los sentimientos encontrados de cariño y de rechazo se vive una tremenda desilusión, hasta que el corazón logra sanar. El dolor del amor no correspondido puede ser muy profundo. Tristemente, algunas personas que no han logrado ver el final del túnel han terminado con sus vidas como resultado.

¿Me creerías si te dijera que Dios ha sido víctima del amor no correspondido? ¡Es verdad! El último profeta del Antiguo Testamento, el profeta Malaquías, nos explica cómo sucede esto. Nos llama a examinar nuestros propios corazones, para ver si nosotros estamos correspondiendo al amor de Dios.

Abramos nuestras Biblias en Malaquías, capítulo 1. El nombre de Malaquías significa “mi mensajero”, y Malaquías fue el último mensajero profético que Dios envió a su pueblo hasta la llegada de Juan el Bautista, 400 años después. Después de la muerte de Malaquías, hubo 400 años de silencio por parte de Dios.

Las reformas de Nehemías y Esdras habían sucedido varios años antes de las profecías de Malaquías, y el pueblo había vuelto a la mediocridad. No se habían convertido en idólatras; el exilio les había quitado esa manía. Simplemente ya no se apasionaban por el Señor. No le ponían interés al servicio de Dios.

Veamos cómo responde el Señor. Leamos el verso 2: "Yo los he amado, dice el Señor". ¿Oyes la emoción detrás de esa declaración? Dios, como un amante apasionado, le declara a su pueblo: ¡Te amo! ¡Te lo he mostrado muchas veces! Y el pueblo, como una vulgar cazafortunas, le responde: ¿Cómo nos has amado? ¿Qué nos darás, para mostrarnos que nos amas?

Dios responde en los versos 2 y 3 mencionando su elección de Jacob, el ancestro de Israel:

1:2 Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob,
1:3 y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto.

Dios lo había escogido por encima de su gemelo, Esaú. Los edomitas, descendientes de Esaú, aún vivían cerca de Israel, y los judíos les tenían envidia. Dios dice, sin embargo, ustedes son mi pueblo, no ellos.

Era al pueblo de Israel que Dios, siglos antes, había sacado de su esclavitud en Egipto con muchos milagros. Era a su pueblo que Dios había establecido en la tierra prometida. Les había dado su ley, sus reyes del linaje de David y su templo. Aun después de castigarlos por su rebelión, los había restaurado a la tierra y les había permitido reconstruir el templo y los muros de la ciudad.

¡Y aun así le preguntaban, Cómo nos has amado! ¡Qué cinismo! Ah, pero te aseguro que tú y yo hemos hecho precisamente la misma cosa. Cuando nos llega un problema, lo primero que decimos es: ¡Dios! ¿Dónde estás? ¡Yo pensaba que me amabas! ¿Cómo puedes permitir que yo sufra esto?

¿Cómo me has amado? La respuesta final a esta pregunta es ésta: Yo te he amado hasta una cruz. De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito. Esa es la prueba contundente del amor de Dios: el hecho de que El estuvo dispuesto a morir en una cruz por ti y por mí.

Sin embargo, muchas veces - como el pueblo de Dios - nos dejamos convencer de que si Dios realmente nos amara, no tendríamos problemas; seríamos ricos, disfrutaríamos de salud perfecta y todo nos iría perfectamente bien. La Biblia jamás nos enseña esto; es una mentira del enemigo.

¿Qué pasa cuando creemos esta mentira? Precisamente lo que sucedió con el pueblo del día de Malaquías. Lo primero que sufre es la adoración. En el verso 6, leemos el mensaje de Dios a los sacerdotes: "El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? ". Ellos consideraban que Dios era su Padre, pero no le daban el honor que un hijo le debe a su padre.

Si llamamos a Dios nuestro Padre, tenemos que respetarle como un hijo lo debe de hacer. Sin embargo, los sacerdotes fallaban. Ofrecían en sacrificio animales ciegos y enfermos, animales que jamás se les ocurriría dar al gobernador del estado - pero no pensaban dos veces antes de dárselos a Dios. Les pesaba servir en el templo; lo hacían por obligación, no como un privilegio y un gozo.

Gracias a Dios que ya no tenemos la obligación de darle sacrificios de animales. ¡Con cuánto más gozo deberíamos de servir en su iglesia! Es muy fácil, sin embargo, dejar que nuestro servicio al Señor se convierta en una carga, en lugar de verlo como el privilegio que es. ¿Aprecias o menosprecias tu servicio al Señor?

No sólo eran los líderes quienes fallaban en la adoración. También el pueblo le robaba a Dios. ¿Te atreverías a robarle a Dios? ¡Quizás ya lo estés haciendo! Leamos los versos 8 y 9 del capítulo 3:

3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
3:9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

La Biblia enseña una y otra vez que el 10% de nuestras ganancias le pertenece al Señor. Abraham lo reconoció, cuando dio el diezmo a Melquisedec. Formó parte de la ley de Moisés. Jesús les dijo a los de su día que no lo debían dejar de hacer, y Pablo nos enseñó a dar con alegría.

Hay muchos aspectos de la ley del Antiguo Testamento que ya se han cumplido, y que nosotros no tenemos que cumplir - la ley de los alimentos, la ley del sábado, los sacrificios de animales, la circuncisión y otras cosas. El Nuevo Testamento claramente enseña que ya no estamos bajo la obligación de cumplir con estos requisitos.

Sin embargo, el diezmo nunca ha sido cancelado. En ningún momento se nos dice que ya no tenemos que diezmar. Pero cuando dudamos del amor de Dios, cuando no le correspondemos, cuando perdemos esa pasión, una de las cosas que fácilmente dejamos de hacer es darle con gozo a Dios nuestros diezmos y ofrendas.

Cuando el pueblo de Dios se une en diezmar, hay gran bendición. La obra del Señor avanza. Nosotros tradicionalmente hemos sido un pueblo que diezma, y el Señor ha usado esa obediencia para que mandemos misioneros alrededor del mundo entero. En cambio, cuando dejamos de amar a Dios con nuestros diezmos, perdemos esa bendición.

La segunda cosa que sufre cuando dejamos de amar a Dios es la familia. Leamos los versos 10 al 16 del capítulo 2:

2:10 ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?
2:11 Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño.
2:12 Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.
2:13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano.
2:14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.
2:15 ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.
2:16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Al parecer, los hombres judíos veían la posibilidad de avanzar económicamente casándose con mujeres extranjeras, mujeres de dinero, así que se divorciaban de sus esposas judías - hijas del Señor - y se casaban con las hijas de dioses extraños.

Cometían dos errores: abandonaban su compromiso matrimonial, un compromiso solemne ante el Señor, y se unían a mujeres que no adoraban al Señor. ¿Cómo respondía el Señor? Les retiraba su mano de bendición; pero eran tan sinvergüenzas que se ponían a llorar ante el altar del Señor, preguntando por qué ya no escuchaba sus oraciones.

En el mundo, la gente trata el matrimonio como si fuera cuestión de conveniencia y el divorcio como si fuera de rutina, pero Dios quiere algo diferente para su pueblo bendecido. Odio el divorcio, dice el Señor. Hay algunas situaciones en las que el divorcio es la mejor de dos malas opciones, pero estas situaciones son contadas.

Lo que Dios desea es que ambos - el hombre y la mujer - trabajen para formar un hogar sólido, un hogar donde los hijos puedan crecer en la fe y llegar a ser personas de bien - descendencia dada por Dios, como dice el verso 15. Hay muchas cosas que llegan a atacar este ideal: la traición, el abuso doméstico, la falta de comprensión, el sexo prematrimonial - es decir, la fornicación, y muchas más.

Dios nos está llamando a compartir su visión del matrimonio cristiano: una relación sagrada, una relación tan importante que vale la pena proteger y cuidarla con mucho trabajo, una relación que no existe solamente para la conveniencia humana, sino que ha sido creada por Dios. Cuando dejamos de corresponder al amor de Dios, nos empezamos a volver más y más egoístas - y la familia sufre.

Dios, el amante rechazado, declara que pronto vendrá para juzgar. Leamos el capítulo 3, versos 1 y 2:

3:1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.
3:2 ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.

Primeramente, El declara que está por enviar a su mensajero. Este mensajero fue Juan el Bautista. Después de la venida de Juan para preparar al pueblo, dice la profecía, llegaría repentinamente al templo el Señor que ellos buscaban.

Jesús cumplió esta profecía cuando llegó al templo y lo purificó. Apasionadamente buscó restaurar el propósito inicial del templo, un lugar de oración, un lugar de relación. Sin embargo, como en muchas profecías del Antiguo Testamento, esta profecía no separa las dos venidas del Señor. El ya ha llegado al templo, y ese templo posteriormente fue destruido.

Pero sigue en pie la pregunta del verso 2. Este verso se refiere a su segunda venida, cuando El vendrá para hacer justicia. La respuesta a esta pregunta es que sólo podrá soportar el día de su venida el que se ha arrepentido y vive en confianza humilde en el Señor, el que corresponde al amor de Dios.

Dios los describe en el capítulo 4, versos 1 al 3:

4:1 Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.
4:2 Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.
4:3 Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Ya viene el día del juicio del Señor. Aquel día, toda la gente que ha confiado en su religiosidad - los soberbios - y todos los que han vivido como si Dios no existiera - los malvados - serán como paja, destruidos en el ardor del fuego.

En cambio, los que viven temiendo al Señor - honrándole, correspondiendo a su amor - serán alumbrados por el sol de justicia. Brincarán gozosos como terneros recién alimentados. Todos los sufrimientos, todos los insultos, todos los sacrificios serán olvidados en el gozo de aquel día.

Dime, ¿le has correspondido a Dios? ¿Cómo has respondido ante su amor? El hoy te invita a cambiar de actitud, a humillarte ante El y pedirle perdón. El te invita a caminar con El, confiando en su amor, y prepararte así para una eternidad a su lado.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe