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Domingo 11 de Julio del 2010

Malos consejos - y uno bueno
Pastor Tony Hancock

El paciente esperaba, nervioso, para ver qué le diría el famoso especialista a quien había llegado a consultar. El renombrado doctor le preguntó: ¿A quién consultó usted antes de llegar aquí? El paciente respondió: A mi doctor general, el Dr. García.

¡Un doctor general! - exclamó el gran especialista-. ¡Qué pérdida de tiempo! ¿Qué inútil consejo le dio García? El paciente replicó: Me dijo que lo viniera a consultar a usted. No sé cómo respondió el famoso especialista, pero quizás consideró que los consejos del Dr. García no eran tan inútiles.

La Biblia nos dice que la sabiduría se encuentra en la multitud de consejeros. Es de sabios buscar el consejo. Sin embargo, también descubrimos que hay buenos consejos y malos consejos. ¿Cómo podemos distinguir el buen consejo del malo? ¿Cómo podemos saber quién es digno de fiar?

La semana pasada vimos la forma en que el rey Salomón se alejó del Señor bajo la influencia de sus muchas mujeres que no compartían su fe, y que lo influenciaron para que empezara a servir también a sus dioses falsos. Como resultado, Dios le anunció que su hijo perdería casi todo su reino.

Ahora llegamos al momento en que esta profecía se vuelve realidad. Lo que Dios le había anunciado a Salomón se realiza de una forma muy interesante. Leamos 1 Reyes 12:1-11 para ver lo que sucedió:

12:1 Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey.
12:2 Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto,
12:3 enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 
12:4 Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.
12:5 Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.
12:6 Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
12:7 Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.
12:8 Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él.
12:9 Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?
12:10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre.
12:11 Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones. 

Salomón había fallecido, y ahora su hijo Roboán sería coronado rey. Para conseguir el apoyo de las diez tribus del norte, Roboán se dirigió a Siquén - una ciudad del norte - para reunirse con ellos. Mientras tanto, un tal Jeroboán - que había sido enemigo de su padre, y como consecuencia, se había tenido que refugiar en Egipto - también se enteró de lo sucedido.

El pueblo había sufrido por años bajo el trabajo obligatorio que los hombres tenían que rendirle a Salomón, y bajo los impuestos altos que les exigía. Todavía nos quejamos de los impuestos, así que los podemos comprender. Ellos le pidieron a Roboán que fuera más comprensivo con ellos.

Observen ahora lo que sucede cuando Roboán pide consejo. Habla primero con los hombres ancianos, hombres de experiencia y sabiduría, que le habían aconsejado también a Salomón. Ellos le recomiendan que se muestre flexible con el pueblo, para así ganar su lealtad permanente.

Parece ser, sin embargo, que a Roboán no le gustó mucho este consejo. Quizás pensaba que, si él consentía a la petición del pueblo, tendría que reducir su propio estilo de vida. No podría vivir con tanto lujo, si bajaba los impuestos. Decidió hablar también con sus amigos, jóvenes de la nobleza que se habían criado - o quizás más bien malcriado - con él.

Ellos le aconsejaron que fuera duro con el pueblo. El decidió aceptar el consejo de sus amigos, y el resultado fue desastroso. Leamos los versos 12 al 19 para ver qué pasó:

12:12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día.
12:13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado;
12:14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
12:15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
12:16 Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.
12:17 Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.
12:18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén.
12:19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.

Es muy interesante esta frase del verso 15: "Las cosas tomaron este rumbo por voluntad del Señor". Dios había anunciado de antemano lo que iba a suceder; incluso había enviado un profeta para hablarle a Jeroboán.

¿Será, entonces, que Dios usó a Roboán como un títere, puesto que ya había decidido lo que iba a hacer? El verso 13 dice que Roboán rechazó el buen consejo de los ancianos y decidió seguir el mal consejo de sus amigos. Roboán no fue ningún títere; tomó sus propias decisiones.

¡Qué interesante! Descubrimos que Dios está en control de todo lo que sucede, sin destruir la libertad de elección del ser humano. Aunque Roboán tomó una decisión libre de aceptar un mal consejo, Dios ya sabía qué decisión tomaría, y lo había incluido en su plan para su gloria.

Los expertos se preguntan cómo es posible que Dios esté en control de todo y que, al mismo tiempo, seamos libres en nuestras decisiones. No te puedo decir cómo, pero sí te puedo decir que la Biblia nos indica claramente que es así. Podemos estar seguros de que Dios está en control. Ninguna situación está fuera de su control. Al mismo tiempo, nuestras decisiones son reales e importantes. No somos títeres, ni de Dios ni del destino. Lo que hacemos importa.

Tristemente, Roboán tomó una decisión equivocada. Escuchó un mal consejo. En Roboán vemos que el mal consejo puede parecer agradable. A Roboán le agradaba la idea de no reducir los impuestos del pueblo, de no tener que reducir su estilo de vida, de poder vivir a lo grande.

Sin embargo, Roboán ignoraba un principio importante del liderazgo. El buen líder sabe cuándo apretar las riendas y cuándo ser comprensivo, pero Roboán pensaba que ser líder era sólo cuestión de apretar las riendas todo el tiempo. Este principio se puede aplicar en cualquier área de liderazgo. Tú dirás: ¡Yo no soy líder! Pero de seguro ejerces el liderazgo en alguna área de tu vida.

¿Eres padre? ¿Enseñas una clase? ¿Das direcciones en el trabajo? Si contestaste que sí a una de estas cosas, eres líder. Como tal, tienes que saber cuándo insistir - porque es necesario - y cuándo ser comprensivo. Tienes que saber cuándo tragarte el orgullo y darles más libertad a los que guías, en lugar de insistir en siempre tener la razón. Este consejo no es agradable, pero es necesario.

Roboán no lo supo tomar, y los resultados fueron desastrosos. El mal consejo que escuchó Roboán le fue agradable, pero trajo el desastre. ¿Sabes qué? Te rodean consejeros que te darán consejos que te parecen agradables, pero te traerán el desastre. Sólo tienes que prender la televisión para escuchar consejos: ¡Deja tu matrimonio si no está funcionando! Pero Dios te llama a luchar por él.

Cuidado con los consejos que escuchas. Pueden ser agradables, pero no por ese motivo son buenos. Ahora vamos a ver otro ejemplo de un mal consejo. Leamos los versos 25 al 33 del capítulo 12:

12:25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.
12:26 Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,
12:27 si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.
12:28 Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.
12:29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.
12:30 Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
12:31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
12:32 Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.
12:33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso. 

Jeroboán había llegado a ser rey de las 10 tribus del norte, pero tenía un problema: el templo del Señor estaba en Jerusalén, la capital del sur, y todos tenían que ir tres veces al año para adorar allí.

¿Qué hacer? Nos dice el verso 28 que Jeroboán actuó "después de buscar consejo". ¡Esta idea tan horrible no nació sólo de la mente de Jeroboán! Hubo quienes lo animaron a hacerlo. Lo que hizo fue establecer su propio sistema de adoración en el norte. De pronto, sólo hizo unos leves ajustes a la fe. Construyó unos becerros de oro - no para ser adorados directamente, sino como representaciones de que Dios cabalgaba sobre sus espaldas.

Luego, estableció un día de fiesta - semejante al que se celebraba en Judá. Su religión se parecía a la que Dios había establecido, pero no era la misma. No seguía las órdenes dadas por Dios en su Palabra. ¿Se complacería Dios con una adoración sólo levemente cambiada, cuando El había dado instrucciones muy claras? Leamos el capítulo 13, versos 1 al 3 para ver lo que sucede:

13:1 He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso,
13:2 aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.
13:3 Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.

Dios anuncia que, pocas generaciones después, los sacerdotes de esta falsa religión morirían sobre sus propios altares. Dios no acepta adoración que no se ofrezca como El manda. Aquí vemos una segunda cosa acerca del mal consejo: puede parecer práctico. Era conveniente para Jeroboán evitar que la gente fuera a Jerusalén, al parecer; pero el consejo que él recibió, a pesar de parecer práctico, fue desastroso.

De hecho, hubo consecuencias para toda la familia de Jeroboán. Leamos 1 Reyes 15:25-31:

15:25 Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años.
15:26 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en los pecados con que hizo pecar a Israel.
15:27 Y Baasa hijo de Ahías, el cual era de la casa de Isacar, conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era de los filisteos; porque Nadab y todo Israel tenían sitiado a Gibetón.
15:28 Lo mató, pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo.
15:29 Y cuando él vino al reino, mató a toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a la palabra que Jehová habló por su siervo Ahías silonita;
15:30 por los pecados que Jeroboam había cometido, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo a Jehová Dios de Israel.
15:31 Los demás hechos de Nadab, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 

Los pecados de Jeroboán condenaron a muerte a su hijo, e hicieron que se extirpara su linaje y que otro tomara su lugar sobre el trono de Israel. La falsa religión que Jeroboán había establecido en Israel - al parecer, tan práctica - resultó en la destrucción de su familia y de su reino.

De hecho, todos los reyes de Israel - es decir, de las diez tribus del norte después de la separación - fueron reyes malos que seguían la falsa religión establecida por Jeroboán. Su pecado tuvo una sombra muy larga, una sombra que se extendió por siglos. Así suele ser el pecado.

Los malos consejos pueden parecer muy prácticos, aun en el ámbito espiritual - como lo fue el mal consejo que siguió Jeroboán. Pero la medida de la fe no es si funciona, según nuestros criterios, sino más bien si es verdad. Jeroboán se preocupó más por lo práctico que por lo verdadero, y pagó el precio. Tú y yo también podemos buscar una religión práctica, una que no nos exige mucho y nos da todo lo que queremos, en lugar de buscar la verdad.

¿Y dónde se encuentra esa verdad? ¿Dónde podemos encontrar buenos consejos? Leamos el Salmo 73:24: "Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. " El salmista le dice a Dios: "Me guías con tu consejo". ¿No te gustaría que Dios mismo te diera consejos? ¡Ya lo ha hecho! Sólo tienes que decidir si los va a escuchar, o si prefieres los consejos agradables y prácticos que te da el mundo.

Jesús nos prometió un Consejero muy especial. Leamos Juan 14:15-17:

14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.
14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Cuando Jesús habla de otro Consejero, nos da a entender que El también es un Consejero. Podemos leer sus consejos - los mejores que hay - en los evangelios. Sin embargo, Jesús promete a los que se someten a su dirección - los que deciden obedecerle - que les dará otro Consejero, el Espíritu Santo, que estará siempre presente con ellos para dar consejo y dirección.

Cuando nosotros aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador, el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros. El trae a nuestra memoria palabras de la Biblia que nos hacen falta en el momento preciso. El nos hace sentir incómodos cuando estamos a punto de hacer algo que no está bien, y nos llama la atención cuando hemos hecho mal. Es el mejor Consejero de todos.

A ti y a mí nos toca decidir a cuál consejero vamos a seguir. ¿Escogeremos a los muchos consejeros que nos rodean, como Roboán y Jeroboán lo hicieron? ¿O escucharemos la voz del mejor Consejero de todos, Dios mismo, quien se revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo? Es hora de tomar una decisión consciente: ¿a quién escucharemos?


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