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Domingo 7 de Julio del 2002

El precio de entrada
Pastor Tony Hancock

El mes pasado, tuve la oportunidad de hacer un viaje a mi país. Como se imaginan, hice muchos preparativos para el viaje. Empaqué la ropa correcta, todos los artículos de higiene necesarios, y algunos regalos para personas allá. Hasta hice una lista para estar seguro de no dejar nada en la casa.

Pero había una cosa más importante que cualquiera. Cuando llegué al aeropuerto en Lima, nadie estaba interesado en lo que había empacado para mi viaje. Sólo querían ver mi pasaporte. Con ese documento, tenía libre ingreso al país; sin él, me tendría que regresar a la casa.

Para entrar al reino de Dios, también hay un pasaporte. Hay un requisito de entrada. Y en el cielo, no habrá ilegales. Sólo podrán entrar los que tienen el derecho legítimo de estar allí. Veamos cuál es ese requisito de entrada al reino de Dios.

Lectura: Juan 3:1-3

3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

¿Cómo podremos entrar en el Reino de Dios? Es la pregunta que nos ocupa en esta mañana. Vamos a ver la respuesta que Jesús nos da.

I. El nuevo nacimiento es el requisito para entrar en el Reino de Dios

¿Será verdad que todos tienen que nacer de nuevo? ¿No será algo necesario sólo para la persona realmente mala? Ésta sería la forma de pensar de Nicodemo. En días de Jesús, la expectativa era de que todo judío, menos el que rechazaba totalmente a Dios o era muy malo, entraría en el cielo. Era una creencia similar a la que tienen muchas personas hoy en día. Piensan que si han sido bautizados en la iglesia, tienen el cielo asegurado a menos que cometan algún delito muy grave.

Jesús, sin embargo, rechaza esta idea; él indica que quien no nazca de nuevo no verá el Reino de Dios.

Nicodemo vino de noche, indicando que él aún vivía en una noche de oscuridad espiritual. Él, aunque era el Reverendísimo Profesor Doctor Nicodemo, estaba todavía en oscuridad espiritual. Hoy en día, muchos piensan como Nicodemo. Conque no haya cometido muchos pecados, conque crea que Dios exista, soy cristiano y entraré en el Reino de Dios. A nosotros, Cristo responde de la misma manera: Tendrás que renacer.

Si tú estás confiando en que tus padres te llevaron a bautizarte en la iglesia cuando eras niño para entrar al cielo, o piensas que es suficiente con ir a la iglesia, o crees que podrás entrar por alguna otra razón, pero nunca has nacido de nuevo, entonces estás muy equivocado.

Se ha dicho que Dios no tiene nietos. El sólo tiene hijos, y si vamos a entrar en el Reino de Dios, tenemos que llegar a ser sus hijos también. Esto sucede cuando nacemos de nuevo. La pregunta que tenemos que hacernos es éste: ¿He nacido de nuevo?

Está bien, pero ¿qué significa esto de nacer de nuevo? Si es verdad que todos tenemos que hacerlo, ¿qué es?

II. El nuevo nacimiento es un nacimiento espiritual (vv. 4-8)

Lectura: Juan 3:4-8

3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
3:8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

¿Cómo es posible que alguien nazca otra vez? Fue la pregunta de Nicodemo – y quizás la nuestra también.

Jesús no estaba hablando de experimentar otro nacimiento humano; es algo espiritual. Dios es espíritu, así que para entrar en su reino tenemos que recibir vida espiritual. La Biblia nos enseña que vivimos muertos en nuestros delitos y pecados – somos como zombis, que caminan y viven muertos. De nuestros padres recibimos vida física, pero sólo podemos recibir vida espiritual de Dios – y esto es el nuevo nacimiento.

Nos dice, además, que esto es nacer de agua y del Espíritu. La explicación de esta expresión está en el AT, en Ezequiel 36:25, donde Dios promete: Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes. Claramente la referencia al agua no es al bautismo, sino que se refiere a la purificación del corazón que Dios logra cuando nos hace nacer de nuevo.

Vemos también que es algo que no podemos entender en términos humanos. No es algún fenómeno sociológico, explicable al entender los factores psicológicos que rigen sobre la persona. No es simplemente una experiencia, o una decisión, o una terapia. Es algo que Dios logra de una manera tan inexplicable e invisible como la acción del viento al mover los árboles.

Así que, para tener vida espiritual, para entrar en el Reino de Dios, nos hace falta nacer espiritualmente. Es como alguien que siembra semillas de pepino. ¿Qué van a producir las plantas que nacen de esas semillas? No importa si ponemos grandes letreros que dicen tomates, o si los empaquetamos en cajas que digan manzanas, o si les decimos a todos ¡Miren las calabazas tan bonitas que tenemos! Siempre van a ser pepinos – porque esa es la naturaleza que traen de semilla. Así también, nosotros podemos llamarnos cristianos, asistir a una iglesia, y llevar nuestras Biblias; pero si no hemos recibido una nueva naturaleza, al nacer de nuevo, seguimos siendo nada más que humanos con vida física y no tenemos acceso al Reino de Dios porque no tenemos vida espiritual.

Si bien, entonces, el nuevo nacimiento es el requisito para entrar en el Reino de Dios, y si es algo que el Espíritu Santo logra dentro de nuestro corazón, ¿no habrá algo que tengamos que hacer nosotros? ¿O simplemente esperamos pasivamente hasta que Dios nos toca? Vemos aquí la respuesta:

III. El nuevo nacimiento viene por fe en Jesús (vv. 9-15)

Lectura: Juan 3:9-15

3:9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
3:10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
3:12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
3:13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
3:15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Quizás Nicodemo tenía curiosidad acerca de los detalles del cielo, cómo sería, etc. Jesús le dice: si no entiendes lo que te digo acerca de lo que tienes que hacer aquí para entrar en el cielo, ¿cómo vas a entender lo que te digo acerca del cielo?

Jesús luego describe su autoridad única para hablar del camino al cielo. ¿Quién hay que haya ido al cielo y regresado para darnos información? Hemos mandado astronautas a la luna, y ellos nos dijeron que no era de queso como muchos creían. Pero no hemos podido mandar ninguna nave espacial al cielo. Nuestra única fuente de información verídica y confiable es Jesús, el que vino del cielo.

Y el vino con este propósito: vino para morir. Vino para ser levantado en la cruz, muriendo en nuestro lugar y por el pecado que todos hemos cometido, para que pudiéramos recibir vida en vez de muerte al confiar en él. Ésta es la cosa que tenemos que hacer para nacer de nuevo; confiar en Jesús.

Tenemos que ser muy claros: esto no es simplemente creer que él existió; los demonios creen eso. Es, más bien, entrar en una relación con él. Confiar en él de tal manera que nuestro destino queda en sus manos. Incluye reconocer y arrepentirnos de nuestro pecado, aceptar el perdón que Dios nos ofrece a través de la muerte de Cristo, e invitar a Cristo a tomar control de nuestra vida.

Tomar la decisión de creer en Cristo es la llave que abre la puerta para que Dios haga su obra en nosotros. ¿Alguna vez han usado un cajero automático? Con su tarjeta uno tiene que teclear su código de acceso. ¡Más que una vez me he encontrado frente a la máquina y se me ha olvidado el código! Y sin esos 4 números, la máquina no suelta ni un cinco.

Así es con nosotros, si queremos entrar en el Reino de Dios. Hay un requisito de entrada, y es nacer de nuevo. Ese nuevo nacimiento lo obra el Espíritu Santo en nuestro corazón, cuando decidimos que vamos a poner nuestra confianza en Cristo y en lo que él hizo el morir en la cruz por nosotros. Entrar en el Reino de Dios significa tener entrada al cielo cuando muramos, pero esa nueva vida empieza ahora - con el perdón de los pecados, la seguridad de estar bien con Dios, la paz que sólo él puede dar. Jesucristo mismo lo dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Cuando estaba en la universidad, participaba en el coro. Un año, hicimos un viaje al país de Estonia. Justo antes del viaje, a uno de mis compañeros se le extravió el pasaporte. Todos pasamos varios momentos de gran preocupación, porque sin ese pasaporte él se quedaría atrás. Tendríamos que ir sin él. Gracias a Dios, finalmente apareció el documento.

Jesús es el único pasaporte que nos puede dar la entrada en el Reino de Dios. Sólo podemos entrar a través de él. Quizás sientes que Dios está tocando tu corazón en esta mañana. Te das cuenta de tu necesidad de nacer de nuevo - de recibir vida espiritual, de entrar en una relación con Dios. Hoy, dice la Escritura, es el día de salvación. No esperes más; entrégale tu vida a Cristo, y pon tu confianza en él como Señor y Salvador.


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