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Domingo 23 de Mayo del 2010

Sabio, poeta y loco
Pastor Tony Hancock

¿Qué harías si Dios se te apareciera en un sueño y te ofreciera cualquier cosa que quisieras? ¿Qué le pedirías? Quizás tu deseo sería que Dios te concediera buena salud el resto de tu vida. Posiblemente le pedirías éxito en el trabajo, o que todos tus deseos se cumplieran.

Esto le sucedió a uno de los personajes de la Biblia, pero él no pidió ni salud, ni dinero ni éxito. Veamos lo que él pidió, leyendo 1 Reyes 3:1-15:

3:1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.
3:2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
3:3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
3:4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar. 
3:5 Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé. 
3:6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
3:7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.
3:8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
3:9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
3:10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.
3:11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oir juicio,
3:12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.
3:13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
3:14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
3:15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus siervos.

Salomón fue hijo del rey David. David lo nombró su sucesor, aunque no era su hijo mayor. La vida de Salomón como rey muestra la verdad del refrán: "De sabio, poeta y loco todos tenemos un poco". Salomón poseía estas cualidades en mayor medida que la mayoría de nosotros. Dios le dio sabiduría mayor a la de cualquier persona de su tiempo. El supo grabar su sabiduría en poesía, pues gran parte del libro de Proverbios fue escrito por él. Sin embargo, hacia el final de su vida, se volvió loco - sobre todo por las mujeres; y lo llevaron a la ruina.

Al principio de su reinado, Dios se apareció a Salomón y le ofreció lo que él quisiera. Era una especie de prueba, pues de esta forma, el Señor lograría revelar lo que había en el corazón de Salomón. Si él pedía éxito militar, riquezas o larga vida, mostraría su propio egoísmo. Al pedir sabiduría, Salomón mostraba que tenía un corazón deseoso de servir al Señor, como lo había hecho su padre David.

Tú y yo no somos reyes de Israel, pero nos hace falta sabiduría también. ¿Qué es la sabiduría? Bueno, hablemos primero de lo que no es. La sabiduría no es lo mismo que la inteligencia. La inteligencia es la capacidad mental para pensar rápidamente, para ver las conexiones entre diferentes cosas y para recordar datos.

Hay muchas personas muy inteligentes que carecen de sabiduría. Muchos de los criminales famosos son muy inteligentes, pero no son muy sabios. La sabiduría tampoco es lo mismo que la astucia. No es lo mismo ser listo que ser sabio. La astucia puede producir buenos resultados a corto plazo. Esto se ve en la astucia del Chapulín Colorado, que siempre producía buenos resultados en menos de una hora. La sabiduría, en cambio, produce buenos resultados a largo plazo.

La astucia te dirá que una mentira te puede sacar de un apuro, mientras que la sabiduría te demuestra que decir la verdad es la única forma de tener relaciones de confianza con Dios y con los demás. La astucia te dirá que puedes hacer maldades sin que nadie se dé cuenta si eres listo, pero la sabiduría te dirá que Alguien siempre te está mirando.

La sabiduría se describe en el verso 9. Se trata del discernimiento para realizar bien nuestra tarea - en el caso de Salomón, la tarea de gobernar. Se trata de la capacidad para distinguir entre el bien y el mal. Dios es el único que tiene la perspectiva necesaria para distinguir realmente entre el bien y el mal.

¿Cómo podemos tú y yo llegar a poseer esta clase de sabiduría? De Salomón podemos aprender dos lecciones. La primera se trata de la actitud de corazón que lleva a la sabiduría. ¿Qué palabra capta la actitud de Salomón en su oración? Es la palabra humildad. ¡La humildad lleva a la sabiduría!

Leamos nuevamente la oración de Salomón en los versos 6 al 9. El empieza hablando de la grandeza y misericordia de Dios, y luego habla de su propia necesidad. Es lo opuesto del orgullo; la persona orgullosa sólo habla de sí misma, y se considera más que capaz de hacer cualquier cosa.

Salomón nos muestra la actitud que nos prepara para recibir la sabiduría de Dios; es la actitud de humildad. Pedro habló de esto cuando declaró: "Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo" (1 Pedro 5:6). La humildad ante Dios trae sabiduría.

Si tú quieres tener sabiduría como Salomón, no tienes que esperar hasta que Dios se te aparezca en un sueño. Santiago dice: "Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie" (Santiago 1:5). Empieza a orar hoy, pidiéndole sabiduría a Dios. Humíllate ante El y reconoce tu necesidad, porque El no menosprecia a nadie. Se opone al soberbio, pero da gracia al humilde.

Me preguntarás: ¿Para qué sirve la sabiduría? La verdad es que la sabiduría conlleva muchas otras bendiciones. ¿Qué le sucedió a Salomón cuando le pidió sabiduría a Dios? Sucedió que Dios se complació con él, y le concedió muchas otras cosas buenas también. La verdad es que la sabiduría conlleva muchas otras bendiciones.

La sabiduría se parece en algo a Santa Claus; cuando llega, trae consigo muchos regalos. Los beneficios de la sabiduría son muchos; te ayudará a evitar problemas, te dará éxito duradero en la vida, y sobre todo, te acercará a Dios. Dios se complace con el que sinceramente busca su sabiduría, y lo bendice de otras formas también.

Esta linda historia tan ejemplar tiene su lado oscuro, sin embargo. La historia comenzó con una boda, la boda de Salomón con la hija del faraón de Egipto. Este matrimonio no estaba prohibido bajo la ley de Dios, y el hecho de que el faraón de Egipto diera su hija en matrimonio a Salomón demuestra el poder de Salomón como rey. Era un gran honor entrar en alianza con un país tan poderoso.

Sin embargo, esto también presagia un problema que Salomón tendría después. Siguió casándose con mujeres de otras naciones con el fin de lograr avances políticos, pero estas mujeres desviaron su corazón de seguir al Señor. Su casamiento con la hija del faraón fue la primera indicación de un problema mucho más grande.

El lugar donde Salomón tuvo su encuentro con el Señor también es significativo. Gabaón era uno de los lugares altos, cumbres de colinas o montes que los cananeos habían usado para adorar a sus dioses. Los israelitas habían tomado esta mala costumbre de ellos, y Dios lo toleró mientras el templo en Jerusalén seguía sin construirse. Salomón lo construyó más tarde en su reinado.

Los lugares altos o santuarios paganos fueron un problema recurrente en Israel. Los profetas una y otra vez predicaban en contra de ellos, porque fácilmente se convertían en lugares de adoración a dioses distintos al Señor y lugares de falsedad y mentira. En los lugares altos y en las esposas de Salomón vemos una lección importante.

Las cosas que toleramos en nuestra vida sabiendo que no le agradan a Dios siempre traen consecuencias negativas, aunque no siempre lo hacen de inmediato. La familia que adopta una víbora como mascota puede vivir por muchos años sin problemas, pero tarde o temprano llegará el día en que esa serpiente se convertirá en un peligro. Desgraciadamente, se han visto varios casos de serpientes mascotas que matan a miembros de su hogar.

Esto es lo que sucede cuando no confrontamos el pecado. Salomón no quitó del país los lugares altos, ni quitó de su corazón el deseo de casarse con muchas mujeres extranjeras. Ambas cosas, a la larga, tuvieron un costo muy elevado para él y para su pueblo, aunque las consecuencias no fueron obvias de inmediato.

Por esto te digo, mi hermano, que si has dejado que algo entre en tu vida que no está bien, quítalo antes de que se haga peor. Quizás se trate de una amistad con una señorita que empezó con simple amabilidad, pero se está convirtiendo en algo que amenaza el bienestar de tu matrimonio. Es hora de cortar esa amistad antes de que te destruya.

O quizás has empezado a leer algunos libros o revistas interesantes, que te hablan de cosas misteriosas y ocultas. Es hora de cortar con eso antes de que destruya tu fe en el Señor. La vida de Salomón nos demuestra que no es suficiente tener mucha sabiduría si no poseemos la fuerza de voluntad suficiente para tomar las decisiones que la sabiduría nos indica.

Es por esto que necesitamos a uno que fue más sabio aun que Salomón. Leamos de El en Mateo 12:42: "La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar". En su día, Salomón fue conocido por todas partes como un hombre de sabiduría, a tal grado que recibió la visita de una reina lejana que quiso averiguar si era cierto lo que le habían dicho de su sabiduría. Cuando se fue, ella declaró que ni le habían dicho la mitad.

Sin embargo, su sabiduría se desvaneció cuando su corazón se entregó a la necedad. Por eso, si tú y yo sólo tenemos la sabiduría de Salomón, seguimos en peligro. Necesitamos otra sabiduría, una sabiduría que es capaz de cambiar tanto la mente como el corazón.

Esa sabiduría se encuentra en Jesucristo. Salomón fue el hijo de David y rey conocido por su sabiduría, pero Jesús es descendiente de David (por la carne) mayor que Salomón en su sabiduría. Es a El que se refiere Mateo 12:42. El tiene poder para cambiar nuestro corazón y mostrarnos una sabiduría mucho más profunda aun que la de Salomón, una sabiduría realmente divina. Cuando conocemos y confiamos en Jesús, El nos transforma por dentro. Leamos lo que nos dice Romanos 8:9-10:

8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

Cuando conocemos a Cristo, recibimos a su Espíritu Santo que mora en nosotros y nos capacita para dominar los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa y vivir de acuerdo al Espíritu. Ese Espíritu es también el Espíritu de sabiduría, según Efesios 1:17: "para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él". En Cristo lo tenemos todo.

Salomón nos dejó registros de gran sabiduría, en particular en el libro de Proverbios. Léanlo. Es parte de la Palabra inspirada de Dios, y El lo usa para formar en nosotros una mente sabia. Sin embargo, si no llegamos a conocer la sabiduría aun más grande de Jesucristo, nos quedamos a medias. Sólo en Cristo se encuentran todas las riquezas de la sabiduría de Dios.

Dios te está preguntando hoy: ¿Qué deseas? ¿Qué le vas a responder? ¿Buscarás humildemente su sabiduría, pidiéndosela y confiando en Jesucristo? La sabiduría conlleva mucha bendición. No te la pierdas.


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