Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 9 de Mayo del 2010

Lo que Dios ve
Pastor Tony Hancock

Era un regalo - de Navidad o de cumpleaños, no me acuerdo. Venía envuelto en papel bonito, y cuando quité el papel, encontré una caja. Sobre la caja venían fotos de un juguete hermoso - un regalo encantador. Estaba a punto de agradecer efusivamente el regalo cuando el dador me dijo: ¡Abrelo!

Al abrirlo, me encontré con una sorpresa - lo que estaba dentro de la caja no era lo que venía anunciado. La persona que me dio el regalo había reciclado la caja y la había usado para envolver algo totalmente diferente. Me había dejado llevar por las apariencias, sin mirar lo que había dentro. ¡Qué desengaño!

Reza el dicho: "Caras vemos, corazones no sabemos". Sin embargo, ¡cuán propensos somos a juzgar a las personas por lo que vemos de ellas! Vemos a una persona bien parecida y bien vestida, y nos llama la atención. Vemos a un mendigo en la calle, y - en realidad, ni lo vemos. Para nosotros, no existe. Pregunta: ¿a cuál de aquellas dos personas ama Dios más?

Hoy vamos a aprender acerca de lo que Dios ve cuando mira una persona. La semana pasada, vimos lo que busca la gente. Cuando le pidieron a Dios un rey, se lo pidieron como los que tenían las demás naciones. Estaba pensando como quien dice: "Mi vecino se acaba de comprar un auto nuevo. ¡Tengo que comprarme uno también!"

Dios les concedió su deseo. Les dio un rey como los que tenían las demás naciones - un hombre alto, al que todos podrían admirar y seguir. Sólo había un problema. Saúl, ese hombre tan alto y buen guerrero que quedó bien con todo el pueblo, no quedó bien con Dios. Al contrario; él rechazó a Dios, el verdadero Rey del pueblo, y por ende, Dios lo rechazó a él.

¡Esto es lo que puede pasar cuando sólo vemos lo externo! Podemos seguir a una persona que nos alejará de Dios. En lugar de Saúl, Dios decidió levantar a otro rey, uno diferente a Saúl. Leamos la historia de su selección en 1 Samuel 16. Empecemos con los versos 1 al 5:

16:1 Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.
16:2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.
16:3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.
16:4 Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
16:5 El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.

El profeta Samuel lamentaba a Saúl - no porque estuviera muerto, sino porque había rechazado al Señor, y por ende, el Señor lo había rechazado a él. Dios le dice, sin embargo: Es hora de mirar hacia el futuro, no el pasado. Es hora de nombrar a otro rey. Es una buena lección para nosotros; hay momentos para llorar y arrepentirnos, pero no podemos vivir siempre así. Llega el momento de mirar otra vez hacia el futuro.

Samuel, sin embargo, teme que Saúl se entere de lo que está haciendo. Si llegara a saber que Samuel estaba ungiendo a otro rey en su lugar, de seguro lo mataría - como Herodes trató de matar al bebé Jesús. Dios le da una razón para darle a Saúl, y Samuel sale de viaje a Belén.

Sigamos leyendo ahora los versos 6 al 12:

16:6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
16:8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.
16:9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová.
16:10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.
16:11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.
16:12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es.

Cuando se presentó el hijo mayor de Isaí, Eliab, Samuel estaba seguro que éste era el que Dios había escogido. Era alto, apuesto - un hombre digno de tomar el lugar de Saúl. Sin embargo, no era el que Dios había escogido. ¿Por qué no? Por estas palabras: "La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón" (v. 7).

Samuel estaba mirando la envoltura, pero Dios miraba lo que había dentro. El sabía que éste no era un hombre conforme a su corazón. Dios no valora lo que el hombre valora. Pasaron los siete hijos mayores de Isaí, pero ninguno de ellos era el escogido. Por fin, Samuel tuvo que preguntar: ¿No hay otro? Resultó ser que el último era tan insignificante que lo habían dejado cuidando las ovejas cuando el gran profeta Samuel los citó a sacrificar al Señor.

Sin embargo, aquel joven que su familia tenía como insignificante era el que Dios había escogido como líder de su pueblo. Al que habían dejado para cuidar el rebaño de ovejas, Dios lo quería para que apacentara a su pueblo. Dios vio más allá de la edad de David y su estatura para ver su corazón, un corazón sensible - un corazón que supo arrepentirse cuando falló, a distinción de Saúl, que no supo hacer más que pretextos.

¿Te puedes identificar con David? Quizás las personas también te han menospreciado, pensando que no eres nadie o que no puedes hacer nada. Dios no ve lo que la gente ve. El está buscando hombres y mujeres de corazón sencillo y humilde para usarlos en su obra. Escucha estas palabras de Isaías: "Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra" (Isaías 66:2).

Dios está buscando gente que tiene tanta necesidad de El que tiembla ante su Palabra. A El no le importa tu color o tu estatura, tu nivel de educación o tu nivel económico. El mira tu corazón. ¿Cuál es tu ilusión? ¿Deseas ser como Saúl - un hombre respetado por todo el pueblo pero rechazado por Dios, un fracaso al final? ¿O quieres ser como David - un hombre olvidado por su familia, pero recordado por Dios por su corazón? Dios no valora lo que el hombre valora.

Leamos ahora el verso 13 del capítulo 16: "Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá." En el Antiguo Testamento, ciertos líderes - principalmente reyes y sacerdotes - eran ungidos con aceite. De un cuerno se vertía el aceite sobre la cabeza de la persona. Esto representaba en forma simbólica la venida del Espíritu Santo para capacitarle para la obra a la que era llamada.

Aquí vemos de forma directa la conexión entre el aceite y el Espíritu. Cuando Samuel ungió a David, el Espíritu Santo vino con poder sobre él. Dios capacita a los que escoge por medio de su Espíritu. El secreto del éxito de David no fue su astucia o fuerza física, sino la presencia del Espíritu Santo.

De hecho, la llegada del Espíritu Santo fue una experiencia muy memorable y transformadora para David. Años después, cuando él había caído en pecado, oró: "No quites de mí tu Santo Espíritu" (Salmo 51:11). El no quería perder aquella presencia que había estado con él.

¡Qué lindo sería poder tener esa misma presencia que estuvo con David! ¿verdad? Pero ¡sí la tenemos! Siglos después de la vida de David, Dios profetizó un futuro diferente. Bajo estas nuevas condiciones, el Espíritu Santo vendría con poder sobre todos, no sólo sobre algunas personas especiales.

Leamos acerca de esto en Joel 2:28: "Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones." Jesús inauguró la nueva era de la presencia del Espíritu Santo. Ahora, el Espíritu Santo está presente en toda persona que se entrega a Cristo. ¡Ese mismo Espíritu que estuvo en David está en ti y en mí también!

Esto significa que, así como David fue capacitado sobrenaturalmente para hacer la obra que Dios le llamó a realizar, nosotros también hemos sido capacitados por el Espíritu Santo para vivir en victoria, para vencer la tentación, para compartir a Cristo y para impactar a nuestra sociedad.

Sin embargo, aun con la presencia del Espíritu Santo en su vida, el rey David cayó en pecado. Fue un gran rey y un gran guerrero; fue un hombre conforme al corazón de Dios, un gran adorador que nos ha dejado muchos salmos y un hombre justo. Sin embargo, fue también un hombre que se dejó llevar por sus deseos y que no supo ser un buen padre.

Fue por esto que Dios le prometió a David que levantaría a uno de sus descendientes para reinar perfectamente en justicia, para siempre. Leamos la historia en 2 Samuel 7. Vamos a empezar con los primeros 3 versículos:

7:1 Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor,
7:2 dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas.
7:3 Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo.

El Natán que se menciona en este pasaje era un profeta que Dios usó para hablarle a David. Tiempo después, cuando David cayó en pecado, Natán mismo lo confrontó.

David deseaba hacerle una casa al Señor, es decir, un templo. Le parecía injusto que él viviera en lujo, mientras que al Señor se le adorara en una tienda de campaña. Pensando como hombre, a Natán le pareció bien la idea. Sin embargo, el Señor tenía otros planes, y se los hizo saber esa noche. Leamos lo que le dijo, en los versos 4 al 17:

7:4 Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo:
7:5 Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?
7:6 Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo.
7:7 Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?
7:8 Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel;
7:9 y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.
7:10 Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio,
7:11 desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.
7:12 Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.
7:13 El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.
7:14 Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres;
7:15 pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti.
7:16 Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.
7:17 Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.

En estas palabras, vemos algo importante acerca del Señor. El toma la iniciativa. El sacó a Israel de Egipto; El sacó a David del redil para que pastoreara a su pueblo. Dios no había escogido a Israel porque le habían construido un templo esplendoroso, como lo que hacían las naciones paganas para sus dioses. Más bien, se había revelado en un humilde tabernáculo.

El hijo de David, Salomón, construiría un templo para el Señor. Dios le dice que El mismo lo afirmaría en el trono, y que lo castigaría cuando hiciera lo malo. Sin embargo, Dios mismo le haría una casa a David. ¿A qué clase de casa se refiere? No se refiere a un edificio; está hablando de una casa real, es decir, una dinastía.

Saúl, el rey rechazador y rechazado, murió sin dejar descendencia sobre el trono; David tendría una descendencia que reinaría para siempre. Tras un largo linaje de reyes, se presentó uno que era descendiente de David y que reinaría para siempre. Su nombre se encuentra en Mateo 1:1: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham."

Jesucristo es el hijo de David que reinará sobre ese trono que quedó establecido para siempre. El es el Rey perfecto, conforme al corazón de Dios. Es el descendiente del gran rey David, que es más grande que su ancestro.

Nosotros cantamos: "El es el rey de mi vida". Mi pregunta es ésta: ¿Es verdad? ¿Vives realmente como si Jesucristo fuera tu rey? ¿O le declaras tu rey el domingo, para negarlo con tus palabras el lunes? Jesucristo es el rey legítimo, el único que ocupa un trono eterno. Los reyes de la tierra pasarán al olvido, pero El jamás.

Un día volverá para establecer su reino. Cuando llegue ese día, ¿te reconocerá como ciudadano de su reino? Eso depende de la respuesta que le has dado ahora. Si tú te has arrepentido de tus pecados y, por fe, lo has reconocido como tu Señor y Salvador, podrás vivir para siempre bajo su reinado justo y bueno.

El hombre ve lo exterior, pero Dios mira el corazón. Es precisamente tu corazón - lo más profundo de tu ser - que Jesús desea. El ve lo que realmente está en ti. Invítale hoy a tomar el trono de tu corazón y reinar en tu vida. Así podrás reinar con El cuando El regrese para establecer su reino.


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe