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Domingo 25 de Abril del 2010

Dios está obrando
Pastor Tony Hancock

Se cuenta la historia de un señor que, al no saber qué más comprarle para su cumpleaños, le regaló a su suegra una parcela funeraria en un cementerio exclusivo de su ciudad. El regalo pasó sin comentarios. El año siguiente, el mismo hombre no le regaló nada a su suegra en su cumpleaños.

La suegra empezó a quejarse. "Mi yerno no me ha regalado nada", decía ella en voz alta durante su fiesta. "Pero, suegra", le respondió su yerno, "todavía no ha usado el regalo que le di el año pasado". Qué lástima con las suegras, ¿verdad? Son el blanco de un sinnúmero de chistes. Pero, ¿sabías que Dios usó a una suegra para rescatar el linaje que traería a su Hijo Jesucristo al mundo?

¡Es verdad! Una suegra puede ser de gran bendición. Esta suegra se llamaba Noemí. Ella vivió durante el tiempo en que los jueces gobernaban en Israel - un tiempo de oscuridad moral y espiritual. Siendo ella una madre joven, ella y su esposo huyeron con sus dos hijos a una tierra lejana debido a la situación económica de su pueblo. Eran de un pueblito llamado Belén - quizás lo han oído mencionar - donde las cosechas habían fallado durante varios años, y no había comida.

Se fueron a la lejana tierra de Moab, donde sus hijos crecieron y se casaron. Así fue que Noemí se convirtió en suegra. Pasado el tiempo, el esposo de Noemí falleció, dejándola viuda. Luego fallecieron sus hijos, y sus nueras se quedaron viudas también.

Noemí ya no era una mujer joven. Ningún hombre se fijaría en ella. Estaba en una tierra lejana, donde con el tiempo sus nueras se volverían a casar y ella se quedaría totalmente sola. Ella sentía que su vida se había acabado; no tenía nietos, y su esposo y sus hijos habían muerto. Por tanto, decidió regresar a su tierra. Al menos allí quizás algún familiar se compadecería de ella.

Cuando salió hacia su pueblo, sus dos nueras - mujeres de noble corazón - partieron con ella. Pero Noemí trató de disuadirlas. ¿Qué les puedo ofrecer a ustedes? -les decía. Por fin, con lágrimas, una de ellas decidió regresar a su familia y, con un beso, se despidió de su suegra.

Abramos ahora la Biblia para ver qué sucedió con la otra. Leamos Rut 1:15-18:

1:15 Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.
1:16 Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.
1:17 Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.
1:18 Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más.

Estos versículos son un lindo ejemplo de amor. La clase de amor que Rut expresó hacia Noemí nos sirve a nosotros para imitar, en el matrimonio, por ejemplo. Pero veamos un poco más allá.

¿Qué le dijo Noemí a Rut? Le puso como comparación a su cuñada, diciéndole: "Tu cuñada se vuelve a su pueblo y a sus dioses". Los moabitas como Rut adoraban ídolos; no conocían al Señor Dios de Israel. Pero Rut le dice a Noemí: "Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios".

Rut no sólo quería acompañar a Noemí de regreso a su pueblo. Ni siquiera estaba dispuesta simplemente a formar parte de la vida de su pueblo. Ella quería también conocer al Dios de Noemí, el Dios de Israel. ¿Cómo podría ser esto? La única explicación es que Noemí ya le había hablado de su Dios. Le había testificado del Señor, y Rut estaba interesada en conocerlo.

El libro de Rut demuestra de una y mil maneras que Dios está obrando. Aun en medio de la rebelión, de la oscuridad, de los problemas que surgen cuando todo el mundo hace lo que mejor le parece, Dios está obrando. Aquí vemos una de las formas en que Dios obra: Dios obra por medio del testimonio.

Noemí le había dado testimonio a Rut de su fe en el Señor, y El lo usó para despertar en su corazón el deseo de conocerle. Tú y yo también vivimos en una cultura que cada vez más se aleja de las normas bíblicas y del temor del Señor. Lo más fácil es callarnos la boca y simplemente tratar de no llamar la atención. Sin embargo, tenemos que entender que Dios todavía está obrando. Una de las formas en que El obra es por medio de nuestro testimonio. No nos cansemos de compartir nuestra fe en el Señor, porque El va a usar nuestro testimonio.

Sigamos ahora con la historia de Noemí y Rut, su nuera. Ellas regresaron a Belén, donde Rut no conocía a nadie y de donde Noemí había estado ausente durante mucho tiempo. Leamos lo que Rut hizo cuando llegaron a Belén, en Rut 2:1-3:

2:1 Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.
2:2 Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Vé, hija mía.
2:3 Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.

Bajo la ley que Dios le había dado al pueblo de Israel, los terratenientes tenían la responsabilidad de dejar las orillas de sus campos y las espigas que caían durante la cosecha para que los pobres los fueran a recoger. De esta forma, los pobres podrían salir a cosechar de las orillas de los campos. Era una forma de ayuda social, pero requería que los pobres se esforzaran también por salir a recogerlo.

Rut, entonces, decide salir a recoger espigas para que ella y su suegra puedan comer. Da la casualidad de que el campo a donde ella llegó pertenecía a un pariente de su difunto suegro. Pero - ¿habrá sido casualidad? Claro que no - en los planes de Dios, las casualidades no existen. Dios estaba obrando en ese detalle también.

¡Dios está obrando! En la acción de Rut, vemos que Dios obra en conjunto con la iniciativa humana. Rut no se quedó en casa con los brazos cruzados para ver qué hacía Dios para ayudar a dos pobres viudas; hizo lo que estuvo a su alcance. Dios lo tomó, y sucedió mucho más de lo que ella esperaba.

Una de las armas que usa el enemigo en nuestra contra es el desánimo. El nos quiere convertir en pasivos, ¡y hasta trata de convencernos de que la fe es lo mismo que la pasividad! Pero cuando la Biblia nos habla de estar quietos y saber que el Señor es Dios, no se refiere a quedarnos pasivos. Se refiere a una actitud de confianza que se expresa en un corazón quieto y apacible, con manos activas.

Si enfrentas una situación difícil, tu primera reacción debe ser orar. Después de eso, no te quedes con los brazos cruzados. Haz lo que puedas, con la confianza de que Dios está obrando. De hecho, la Biblia dice que El está obrando en nosotros de acuerdo con su propósito perfecto.

Rut salió a hacer lo que pudiera, y se encontró en el campo de Booz. Este hombre era pariente del esposo difunto de Noemí, y bajo la ley del Antiguo Testamento, el pariente más cercano de un hombre que moría sin dejar descendencia tenía la responsabilidad de casarse con la viuda para tener hijos que entonces llevarían el nombre del difunto y heredarían su propiedad.

Rut no sabía quién era Booz, pero cuando ella regresó a casa y le contó a Noemí dónde había recogido comida, Noemí sí sabía quién era Booz. Mientras tanto, Booz también se había fijado en Rut. Leamos por qué se fijó en ella, en el capítulo 2, versos 10-12:

2:10 Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?
2:11 Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes.
2:12 Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.

Booz no se fijó en Rut porque era una joven bella, sino por su carácter. Había llegado a sus oídos lo que ella había hecho al acompañar a su suegra a vivir en Belén. La cualidad más importante que puede tener una mujer es su carácter. Si estás buscando una esposa, no busques a la más bella por fuera, sino por dentro. Si tu esposa ya no luce tan joven y esbelta, no te fijes en su apariencia; admira su corazón, y enamórate otra vez.

Rut regresó a su suegra y le contó lo que había pasado. Noemí, recordando que Booz era pariente, le sugirió a Rut que fuera de noche al lugar donde se trillaba el grano. Una vez allí, ella debía destapar los pies de Booz y esperar hasta que él se despertara. Cuando leemos esta historia - se relata en el capítulo 3 de Rut - nos parece extraño. Algunas personas han llegado a pensar que Rut estaba seduciendo a Booz con esta acción.

Sin embargo, esto más bien se refiere a una costumbre que existe aún entre algunos pueblos del Medio Oriente. Cuando un hombre coloca una esquina de su vestimenta sobre una joven, esto significa que se quiere casar con ella. Rut, entonces, fue a la era de noche para que su acción no fuera pública; para que la reacción de Booz no dependiera de lo que la gente pensaba.

Al destaparle los pies, ella le invitaba a cubrirla con la esquina de su manto, señalando su deseo de casarse con ella. Sin embargo, había un problema. Booz estaba dispuesto a casarse con Rut, pero había otro familiar más cercano que tenía ese derecho. Por lo tanto, le dijo a Rut que tendría que hablar con ese hombre primero. Ella se fue a casa, y al día siguiente, Booz se encontró con el hombre a la puerta de la ciudad, donde se realizaban los tratos legales.

Primero le planteó la cuestión de las propiedades de Noemí, y el hombre parecía estar dispuesto a comprarlas. Luego, Booz le señaló que tendría también que casarse con Rut, para cumplir con la ley. Esto no lo quería hacer el hombre, pues temía que sus propias propiedades podrían complicarse con una descendencia nueva. Por lo tanto, le dijo a Booz que no quería casarse con Rut.

En ese tiempo, la forma de indicar un acuerdo legal era que una de las partes se quitaba la sandalia y se la daba al otro. El pariente más cercano, entonces, se quitó la sandalia y se la dio a Booz. De esta forma, Booz quedó libre para casarse con Rut. Ellos se casaron, y Rut tuvo un hijo. ¡Todo había cambiado para las dos viudas! Rut era madre y esposa, y Noemí ahora era abuela, con un hogar donde vivir.

En medio de una situación desesperante, Dios estaba obrando. Dios obra para traer esperanza en la desesperación, y la historia de Rut es un gran ejemplo de esta realidad. Dios tomó a dos viudas y las puso en un hogar, con un hijo.

Pero allí no se termina la historia. Leamos Rut 4:16-17:

4:16 Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su aya.
4:17 Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.

Ese hijo de Rut se llamó Obed, y es el abuelo de David, el rey más grande de Israel. Es más, de David descendió el Rey de reyes, el Rey Jesús, el que nos vino a salvar de nuestros pecados e incluir en su reino, que no tendrá fin.

En medio del hambre, de la muerte y la desorganización social del tiempo de los jueces y la vida de Noemí, Dios no había dejado de preparar el camino para la venida al mundo de su Hijo. La historia de Rut y Noemí es más que una historia inspiradora acerca del poder de Dios para ayudarnos; demuestra que nada va a detener el trabajo de Dios en su obra de salvación.

La única pregunta que nos queda para contestar es ésta: ¿nos uniremos a El en su obra de restauración? Como Rut, ¿lo seguiremos como nuestro Dios? Como Noemí, ¿hablaremos de El a otras personas? Dios está obrando. ¿Te unirás, por fe, a El?


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