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Domingo 4 de Abril del 2010

¿Quién es como el Señor?
Pastor Tony Hancock

La gente se maravillaba de una pareja de ancianitos. Aunque tenían muchos años de casados, el esposo le decía a su esposa "Mi amor, mi cielo, querida" y otras palabras de afecto. Déjenme decirles que ésta es una buena forma de mantener vivo el amor entre la pareja.

Sin embargo, en este caso, la razón era otra. Un amigo le comentó al hombre que se sorprendía del cariño que le mostraba a su esposa, y el hombre le confesó: Es que hace como diez años, se me olvidó su nombre. Ahora dime: ¿alguna vez se te ha olvidado algo? Nosotros los seres humanos somos muy olvidadizos. Es por esto que Dios constantemente nos llama a recordar.

La semana pasada, dejamos a los israelitas caminando por el desierto debido a su falta de confianza en el Señor. Durante casi 40 años, ellos dieron vueltas en el desierto, viviendo del maná. Aunque estaban bajo castigo, Dios fue fiel durante esos 40 años. No les faltó nada.

Por fin, llegó el día en el que se empezaron a preparar para entrar a la tierra prometida. Debido a uno de sus propios errores, Moisés no iba a poder entrar con ellos. Estando acampados al sureste de la tierra prometida, Moisés se dirigió al pueblo una vez más. Los sermones que él dio al pueblo están registrados en el libro de Deuteronomio, el quinto libro de la Biblia. Estos sermones consisten mayormente en repasos - repasos de lo que Dios había hecho por Israel, repasos de las leyes que El les había dado, repasos de instrucciones para el pueblo.

¿Por qué tanto repaso? Simplemente porque somos muy propensos a olvidar. Tú y yo padecemos de lo mismo que ellos. Se nos olvida muy fácilmente lo que Dios ha hecho y lo que El nos llama a hacer. Tenemos que ser constantes en pasar tiempo en la Palabra de Dios, en pasar tiempo con nuestros hermanos, en estudiar y repasar - porque sólo así podemos recordar y vivir.

Hoy mismo celebramos la Cena del Señor, que Jesús instituyó con estas palabras: "Hagan esto en memoria de mí" (Lucas 22:19). Esa celebración también tiene como propósito central ayudarnos a recordar. Consideremos, entonces, algunas de las cosas que Dios nos llama a recordar a través de las palabras de su siervo Moisés. Empezamos en Deuteronomio 4:32-40.

Deuteronomio 4:32-40
4:32 Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella.
4:33 ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, sin perecer?
4:34 ¿O ha intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?
4:35 A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él.
4:36 Desde los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte; y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y has oído sus palabras de en medio del fuego.
4:37 Y por cuanto él amó a tus padres, escogió a su descendencia después de ellos, y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder,
4:38 para echar de delante de tu presencia naciones grandes y más fuertes que tú, y para introducirte y darte su tierra por heredad, como hoy.
4:39 Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.
4:40 Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da para siempre.

¿Cuándo se han visto cosas parecidas? - pregunta Moisés al pueblo. ¿Qué otro dios hay como el Señor? Lo que Dios hizo al sacar a su pueblo de Egipto era algo inaudito. Ninguno de los supuestos dioses de las naciones era capaz de hacer algo semejante. Los israelitas habían oído la voz de Dios cuando estaban frente al monte Sinaí. Ningún otro pueblo había oído la voz de su supuesto dios.

Nosotros, con mayor razón, podemos preguntar: ¿Quién es como el Señor? A nosotros se nos ha revelado más acerca del Señor de lo que sabían ellos. Sabemos que Dios mismo, en la persona de su Hijo, vino a este mundo para reconciliarnos con El. Por amor, El tomó sobre su propio cuerpo la carga del pecado que llevábamos nosotros. El venció nuestro enemigo, la muerte, y nos abre la puerta a su misma presencia.

¿Quién es como el Señor? ¿Qué otro dios ha sacrificado tanto por nosotros? ¿Qué otro dios podría ser digno de nuestro amor y nuestra lealtad? Hay muchos otros dioses que tratan de distraernos. Está el dios del dinero, al que Jesús llamó Mamón - y dijo que nadie puede servir a dos señores.

Quizás llegaste a este país en busca de una vida mejor para tu familia, y te pusiste a trabajar para conseguirlo. Está bien. Pero quizás ese deseo de lograr una vida mejor se ha convertido en un deseo afanoso de conseguir siempre más, de obtener más seguridad, cueste lo que cueste - y estás tan cansado de trabajar por tener dinero que no pasas tiempo con tus hijos, no tienes altar familiar, y muy apenas te puedes levantar el domingo para llegar a la iglesia. Si esto te describe, ¿quién es el verdadero dios de tu vida?

Déjame decirte que no hay dios como el Señor. El dinero nunca dará su vida por ti. Al contrario; tiene la maña de abandonarte cuando más lo necesitas. No puedas comprar el gozo del Señor, su paz, su satisfacción. No podrás comprar tu entrada al cielo. No hay ningún dios como el Señor, ninguno que hace lo que El ha hecho.

Por eso, El se merece tu lealtad completa. Leamos lo que dice el capítulo 7, versos 1 al 6.

Deuteronomio 7:1-6
7:1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú,
7:2 y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.
7:3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.
7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.
7:5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
7:6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

Dios estaba llevando a los israelitas a la conquista de una tierra poblada por otras naciones. Estas naciones habían llegado a un nivel de tal depravación que el Señor decidió destruirlos. Fue un evento único en la historia. Estos versículos no se aplican directamente a nosotros. No somos llamados a matar a nadie.

Lo que sí se aplica a nosotros es la importancia de no mezclar nuestra fe, de no comprometer nuestra fe al unirnos con el mundo o con los que no comparten la fe en Jesucristo. El verso 3 prohíbe el matrimonio entre los israelitas y los miembros de las naciones de Canaán. Esto no es por racismo, sino para que la fe no se perdiera entre la idolatría de estas naciones.

El Nuevo Testamento repite esta prohibición cuando dice: "No formen yunta con los incrédulos" (2 Corintios 6:14). Padres, enséñenles a sus hijos a buscar su futura pareja entre los que comparten su fe. Cuando empiecen a tener novio o novia, aunque no sea nada serio, aunque sea cosa de chiquillos, incúlquenles que tiene que ser alguien que comparte su fe. El tal llamado noviazgo evangelístico generalmente no funciona.

Tengan cuidado también de no mezclar la fe con creencias extrañas a la Biblia. Esto ha sucedido durante siglos. No hace mucho se descubrió un recipiente en Egipto que llevaba la frase: "a Cristo el mago". Claramente Cristo no es mago, pero alguien lo consideraba tal, y quería usar su poder mágico para lograr sus propios deseos.

No cometas este error. No mezcles tu fe en Jesucristo con otras creencias. Mira lo que dice el capítulo 18, versos 14 y 15.

Deuteronomio 18:14,15
18:14 Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.
18:15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

Moisés indica que el Señor no hablaría a su pueblo mediante hechiceros y adivinos, ni te hablará a ti de ese modo tampoco. Si escuchas la voz de algún adivino, de algún psíquico, de algún hechicero, no es la voz de Dios la que escuchas.

Más bien, Dios levantaría profetas para hablar de su parte. Pedro citó estos versos en Hechos 3:22-23 para indicarnos que el profeta culminante de ese linaje profético es el Señor Jesús: "Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo." Si queremos oír la voz de Dios, entonces, tenemos que escuchar a Jesús. El nos habla a través de su Palabra. Sólo El es la verdad que puede guiarnos por buen camino.

Hay otro peligro que enfrentarían los israelitas en la tierra prometida además del peligro de las religiones extrañas. Es el peligro de la prosperidad. ¿Habías pensado que la prosperidad presenta un peligro? Todo el mundo hoy busca la prosperidad, pero es peligrosa. Leamos las palabras de Deuteronomio 8:10-18:

Deuteronomio 8:10-18
8:10 Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.
8:11 Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy;
8:12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites,
8:13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente;
8:14 y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;
8:15 que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;
8:16 que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien;
8:17 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.
8:18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.

Si su pueblo era obediente, Dios les daría paz y prosperidad en su tierra. Allí llegaría el peligro: de que se olvidaran del que les había dado todo esto, y empezaran a pensar que ellos mismos habían logrado su propio bienestar. Moisés dice: ¡Recuerda! ¡Recuerda quién te da todo esto! ¡Recuerda!

Quizás tú te criaste en un hogar muy humilde. De niño te acostabas en un petate, o quizás ni eso tenías. Recuerdas el hambre que pasabas, y lo especial que era poder comer carne muy de vez en cuando. Ahora tienes de todo. Tus hijos jamás tendrán que pasar las miserias que tú sufriste. Dime: ¿quién te ha dado todo esto? ¿Quién te dio salud para trabajar? ¿Quién te ha bendecido con una vida mejor?

No te olvides de El. En tu prosperidad, no dejes de esforzarte por agradar al Señor. No olvides quién te dio todo lo que tienes. Dios nos ama tanto que El nos ayuda cuando le buscamos, pero al hacerlo, toma un gran riesgo. No tomes a la ligera las bendiciones de Dios.

Todo esto nos lleva a la conclusión que encontramos en el capítulo 30, versos 11 al 20:

Deuteronomio 30:11-20
30:11 Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.
30:12 No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?
30:13 Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?
30:14 Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.
30:15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;
30:16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.
30:17 Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,
30:18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.
30:19 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;
30:20 amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.

Pablo cita los versos 12 al 14 en Romanos 10, aplicándolos al mensaje de salvación en Cristo Jesús: "Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo);  o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).  Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón ." (Romanos 10:6-8a) La fe no está lejos de nosotros; no tenemos que viajar lejos para encontrarla, ni mandar a alguien a buscarla. No; la Palabra de Dios está cerca de nosotros, para creer y obedecerla. Así como el pacto de Dios con los israelitas no era difícil de cumplir, tampoco lo es el nuevo pacto que El ha establecido con nosotros en Cristo Jesús. Lo tenemos cerca. La pregunta es ésta: ¿la cumpliremos?

¿Cuál es tu decisión? ¿Qué eliges? ¿Eliges la vida, confiando en Jesucristo y obedeciéndole? Ama al Señor tu Dios; sé fiel a El, porque de El depende tu vida. ¿Cuál será hoy tu decisión?


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