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Domingo 7 de Marzo del 2010

El camino a la libertad
Pastor Tony Hancock

¿Te gustaría ser libre? De seguro, todos diríamos que sí - todos queremos ser libres de algo. Algunos quieren ser libres de preocupación, otros libres de pobreza, otros libres de algún vicio. En lo más profundo del corazón, todos anhelamos la libertad.

Por tanto, podemos identificarnos con los israelitas en su clamor al Señor buscando la libertad de su dura labor en Egipto. Como vimos la semana pasada, Dios oyó su clamor y escogió a Moisés para sacarlos de su esclavitud y llevarlos hacia la tierra que El le había prometido a Abraham. Sería el siguiente paso hacia la realización de la promesa.

Este evento de liberación llega a tener dos significados principales en la Biblia. Por una parte, es el momento en que la nación de Israel se constituye en la nación que Dios le había prometido a Abraham. La nación de Israel le pertenece al Señor porque El la liberó.

Por otra parte, llega a tener un significado espiritual al señalar hacia la liberación que Jesús lograría en la cruz. El éxodo bajo Moisés es el prototipo de una nueva liberación bajo un líder mayor, Jesús. Por esto, si queremos llegar a comprender mejor lo que Cristo hizo por nosotros, tenemos que entender lo que pasó hace tres mil cuatrocientos años en Egipto.

El camino a la libertad empieza, por supuesto, en la esclavitud. La semana pasada vimos cómo pasó el tiempo, los israelitas se multiplicaron, y el rey egipcio decidió convertirlos en sus esclavos. Luego, Dios llamó a Moisés a guiar al pueblo a la libertad. Moisés, por supuesto, de inmediato expresó su confianza en el Señor para ayudarle a realizar esta labor.

Bueno, no fue exactamente así que sucedió. Moisés puso un pretexto tras otro, pero por fin se convenció. Veamos ahora lo que sucedió cuando Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón.

Abran sus Biblias conmigo en Exodo 5:1-2:

5:1 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.
5:2 Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.

Los egipcios adoraban a muchos dioses, y el faraón los conocía a todos. También conocía a los dioses principales de las naciones vecinas. Del Señor, Jehová, él no sabía nada. El no pensaba doblegarse ante la voluntad de algún Dios desconocido, salido de quién sabe dónde.

De hecho, el resultado inmediato de la acción de Moisés y Aarón fue que la vida de los israelitas se hizo más dura. El faraón mandó a sus capataces que dejaran de darles la paja que necesitaban para fabricar sus ladrillos y obligaran a los israelitas mismos a buscarla, pero no disminuyó la labor diaria que se esperaba de ellos.

Fíjate que, cuando Dios empieza a trabajar a tu favor, las cosas no siempre mejoran de inmediato. Dios estaba trabajando, pero las cosas de momento estaban peores. Sin embargo, cuando terminara Dios de mostrar su poder, el faraón ya no diría ¿quién es el Señor? - lo conocería muy bien.

La forma en que Dios se demostró al faraón y a todo su pueblo fue mediante diez plagas que cayeron sobre la tierra de Egipto. El propósito principal de las plagas no fue castigar al faraón o al pueblo de Egipto, aunque sí causaron sufrimiento. Su propósito principal fue demostrar quién es el Señor, y mostrar que El es más grande que los supuestos dioses de Egipto.

Leamos acerca de la primera plaga en Exodo 7:14-18:

7:14 Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo.
7:15 Ve por la mañana a Faraón, he aquí que él sale al río; y tú ponte a la ribera delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió culebra,
7:16 y dile: Jehová el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oír.
7:17 Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.
7:18 Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río.

El río Nilo era esencial para la vida en Egipto. Sin sus aguas de riego, no había alimento, y era también un centro de transporte. Los egipcios veneraban a un dios del Nilo. Cuando Dios convirtió las aguas de este río en sangre, entonces, estaba afectando el centro económico del país y mostrando la incapacidad de su dios de protegerlo.

Todo esto tiene como propósito "que conozcan que yo soy el Señor". Lo mismo se repite en conexión con la segunda plaga, la plaga de ranas, y con cada plaga sucesiva. Las plagas iban aumentando en severidad, causando más y más daño, pero ninguna de ellas fue suficiente para que el faraón cambiara de corazón y dejara salir al pueblo de Israel.

Por fin llegó la última plaga. Esta sería diferente de todas las demás; sería más grave, y resultaría en la liberación del pueblo de Israel. Dios le había explicado a Moisés la lógica de esta última plaga en Exodo 4:22-23:

4:22 Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.
4:23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.

Ya que el faraón, en su obstinación y rebeldía, había esclavizado a la nación que Dios consideraba su hijo, el faraón perdería a su propio hijo.

La forma en que se realizaría sería ésta: cierta noche, un ángel pasaría por toda la nación de Egipto, matando a todos los primeros hijos de bestia y hombre. Sólo había una forma de quedar a salvo de la acción del ángel de muerte, y éstas fueron las instrucciones que Dios les dio a los israelitas por medio de Moisés.

Ellos debían matar a un cordero, sin defecto, y untar su sangre sobre la entrada de la casa. Cuando el ángel de la muerte pasaba por la casa y veía la sangre, pasaría por alto ese lugar. El hijo de esa casa quedaría a salvo, gracias al sacrificio del cordero.

Para conmemorar este evento, Dios les ordenó a los israelitas que celebraran cada año la Pascua. En esta celebración, comerían cordero - para recordar los corderos sacrificados en Egipto - junto con pan sin levadura, para representar la prisa con la que saldrían de Egipto, y hierbas amargas, en memoria de su trabajo amargo en Egipto.

Leamos ahora lo que sucedió la noche que murieron todos los primogénitos de Egipto. Busquen Exodo 12:31-38:

12:31 E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho.
12:32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.
12:33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.
12:34 Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.
12:35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.
12:36 Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios.
12:37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.
12:38 También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado.

Por fin quedó convencido el faraón de que debía obedecer la voz del Señor, porque había visto su poder desplegado de un lado de su reino al otro. Permitió a los israelitas irse. No salieron con las manos vacías, sino que recibieron de sus vecinos el pago de su labor.

También nos dice la Palabra que muchas otras personas salieron con ellos. El despliegue del poder de Dios había servido para que muchos llegaran a creer en El y fuesen liberados, juntamente con los descendientes de Abraham. A través de las plagas, todos llegaron a ver el poder de Dios. Algunos respondieron diciendo "¡Váyanse!", como lo hizo el faraón. Otros dijeron "¡Vámonos!", y se unieron a los israelitas. Pero nadie desconocía el poder de Dios.

En las últimas cuatro décadas ha surgido una interpretación del éxodo que lo ve como el patrón para la liberación política de los pueblos marginados. Estoy completamente a favor de la liberación política de los pueblos marginados, y como creyentes, debemos de trabajar activamente para lograr la justicia y la paz de nuestra sociedad.

Sin embargo, bíblicamente hablando, el Exodo no es un paradigma de la liberación política, sino de la liberación espiritual. La esclavitud, la demostración del poder de Dios y la liberación que experimentaron los israelitas señalan hacia el ministerio de Jesús. El murió durante la Pascua. Primera de Corintios 5:7 declara que El es nuestro cordero pascual, cuya sangre derramada nos libra de la muerte: "Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros."

Es que nosotros estábamos en la misma situación que los israelitas. Eramos esclavos de un amo muy cruel. En nuestro caso, era el pecado. Miren lo que dice Juan 8:34: "Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado." Todos nosotros, como descendientes de Adán y Eva, vivíamos esclavizados por el pecado. Aunque sabíamos lo que es bueno, no lo hacíamos. Vivíamos bajo el poder del pecado, y enfrentábamos como consecuencia la muerte eterna.

Sin embargo, Dios no se había olvidado de nosotros. El desplegó su poder - en la cruz, Jesús conquistó a todos los poderes espirituales que estaban en contra nuestra. Leamos lo que dice Colosenses 2:15: "y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz." La cruz de Cristo es la suma manifestación del poder de Dios y de su sabiduría.

Cuando Jesús fue colgado en la cruz, Satanás pensó que había ganado. Ignoraba que, en la cruz, se haría el perfecto sacrificio que rescataría a muchos de su poder. Tres días después, Jesús conquistó la muerte saliendo de la tumba con poder.

Cuando empezamos a comprender lo que sucedió en la cruz, podemos apreciar más y más la sabiduría, el poder y el amor de Dios. En Egipto, Dios se dio a conocer mediante las plagas; pero en la cruz, El se ha revelado a toda la humanidad. Es nuestra la decisión de unirnos por fe a esta liberación, o rechazarla.

Si la aceptamos, llegamos a ser libres. Apocalipsis 1:5-7 lo expresa bien:

1:5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
1:6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.
1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

El nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, para que seamos parte de su reino y sirvamos a Dios por siempre. Cristo nos ha librado de nuestra esclavitud para que caminemos en libertad hasta que El nos lleve a vivir para siempre en su reino.

Quiero preguntarte a ti que conoces a Cristo: ¿estás caminando en su libertad? ¿Has dejado atrás el pecado del pasado? Si el Hijo te ha hecho libre, eres verdaderamente libre. Camina en esa libertad. Búscalo en tus tentaciones, en tus pruebas, en tu desánimo, y El te ayudará a vencer. No vuelvas al pasado de esclavitud.

En los días de Moisés, la decisión de unirse o no al pueblo de Israel en su liberación era la decisión de un instante. Se iban, y se iban ya. Hoy en día, la decisión de seguir a Cristo en la liberación que El nos ofrece es una decisión abierta. Sin embargo, lo oportunidad no durará por siempre. Hoy es el día de salvación, declara la Biblia, porque no sabemos cuántos días más veremos.

Si tú nunca has aceptado a Cristo como tu Señor y Salvador, si nunca le has entregado el control de tu vida, hoy lo puedes hacer. Hoy puedes orar e invitarle a tomar el control de corazón.


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