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Domingo 14 de Febrero del 2010

Un destello a la distancia
Pastor Tony Hancock

Introducción

Quizás también te ha tocado a ti verlo. Se observa a la orilla de un lago plácido, mientras se pone lentamente el sol, cuando de repente un suave viento encrespa levemente sus olas y produce un efecto inolvidable: cientos de destellos de la luz del sol que bailan y alegran toda la escena.

¿Lo has visto? Quizás lo has visto en el mar, o en algún río - el reflejo del sol que centellea en una y mil lugares sobre la superficie del agua. Pensando en esa escena, analicemos un poco. Esos destellos no son el sol; son el reflejo de su luz. No son tan grandes como el sol, pero reflejan algo de su luz y de su color.

En el Antiguo Testamento observamos un fenómeno similar. Los estudiosos de la Biblia lo llaman tipología. Se refiere a la presencia de diferentes personajes y situaciones que, de diferentes formas, reflejan de forma parcial y anticipatoria a Jesús. Son como aquellos destellos sobre la superficie del lago; no son el sol, pero lo reflejan y llevan nuestra mirada hacia él.

Estos personajes no son encarnaciones de Jesús, pero en la trayectoria de la Biblia, llevan nuestra mirada hacia El y lo reflejan. Hoy día conoceremos a grandes rasgos la vida de una de estas personas, un hombre que, con su vida, reflejó lo que Cristo después vendría a hacer. Se llama José.

José fue el bisnieto de Abraham, el hombre del que aprendimos la semana pasada. Se acordarán que Dios le hizo una gran promesa a Abraham, y Abraham le creyó a Dios. Fue por su confianza en Dios que Dios lo consideró justo, así como nosotros también llegamos a ser justos ante Dios cuando humildemente confiamos en su Hijo Jesucristo.

Durante la vida de José, Dios se reveló en tres ocasiones particulares por medio de sueños. Cuando lo llamó, mientras José sufrió y en el momento de su exaltación, en cada una de estas ocasiones hay dos sueños importantes. Dios todavía nos puede hablar mediante los sueños, aunque es importante recordar que no todos los sueños son de El, y que la Biblia es superior a cualquier sueño.

Los primeros sueños vinieron a José cuando él era un joven de diecisiete años. Leamos acerca de esto en Génesis 37:3-11:

37:3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.
37:4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente.
37:5 Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.
37:6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:
37:7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.
37:8 Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras.
37:9 Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí.
37:10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?
37:11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto.

José era el menor de los hermanos; más tarde su padre tendría un hijo más, pero a estas alturas de la historia, José era el menor.

En esta historia hay una lección muy importante para los padres acerca del favoritismo. Es natural en una familia que el padre o la madre se sienta más cerca de uno o el otro de sus hijos, quizás porque es el menor, porque tienen un carácter similar o por algún otro motivo.

El padre sabio no deja que sus sentimientos lo lleven a mostrar favoritismo hacia uno de sus hijos. Más bien, valora a cada hijo por lo que es, y los ama a todos por igual. Ya me puedo imaginar a Jacob diciéndoles a sus demás hijos: ¿Por qué no pueden ser como José? - y los resultados son obvios. Tuvieron celos de su hermanito.

Padres, no den lugar al enemigo para que siembre celos en los corazones de sus hijos. Más bien, sean amorosos y equitativos con todos ellos. Jacob, el padre de José, no tuvo la sabiduría para hacer esto, y el resultado fue división en su familia.

Los celos de los hermanos de José llegaron a tal grado que un día, cuando él estaba con ellos lejos de la casa, decidieron matarlo. Fue sólo por la conciencia de uno de ellos que abogó por él que resolvieron finalmente venderlo como esclavo a unos mercaderes que pasaban en caravana por ahí, y sólo decirle a su padre que una fiera había matado a su hermano.

Jacob se entristeció al recibir esta falsa noticia, mientras José fue llevado por sus nuevos dueños al lejano país de Egipto, donde lo vendieron a un tal Potifar, capitán del ejército del faraón de Egipto. Allí empieza el sufrimiento de José. Leamos acerca de su experiencia en la casa de Potifar en Génesis 39:2-5:

39:2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.
39:3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.
39:4 Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.
39:5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.

Observa algo acerca de la experiencia de José. Sus hermanos lo habían vendido como esclavo. Su papá pensaba que estaba muerto. Estaba lejos de su hogar, había perdido todo lo que tenía, probablemente nunca iba a volver a ver a su familia - ¡y Dios estaba con él!

Creo que, si yo me encontrara en la situación de José, mi reacción sería preguntar ¿dónde está Dios? Aquí está la respuesta: Dios estaba con él. Quizás tú te encuentras en una situación que te hace preguntar ¿dónde está Dios? La respuesta es que Dios está contigo, si lo quieres reconocer.

Aun en medio de su sufrimiento, José no se olvidó de Dios. De hecho, llegó el día en que la esposa de su amo se fijó en José, pues era un joven apuesto, y quiso acostarse con él. Ella lo acosaba una y otra vez. Miremos la respuesta de José en Génesis 39:9: "No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? ". ¿Te das cuenta? Aun en medio de sus dificultades, José no se había olvidado de Dios, y no quería pecar contra El. Cuando la tentación se puso muy fuerte, José salió corriendo de la presencia de su patrona.

Seguramente Dios se sintió contento por la obediencia de José, ¿verdad? ¡Seguramente le fue muy bien después de pasar la prueba con la esposa de su amo! Sí - le fue tan bien que su amo, creyendo las acusaciones falsas que su esposa levantó contra José después de ser rechazada por él, lo echó a la cárcel. ¡A la cárcel! Dios estaba contento con él, pero esto no llevó a bendición inmediata.

Fue mientras José estaba en la cárcel que encontramos los siguientes dos sueños, que marcan el colmo del sufrimiento de José. No le tocó a José tener los sueños esta vez, sino a dos de sus compañeros de cárcel - el copero y el panadero del rey. Ambos tuvieron sueños que Dios permitió a José interpretar. El sueño del copero era de su restauración, mientras el sueño del panadero era de su ejecución.

José le pidió al copero, el que tres días después sería restaurado, que se acordara de él y abogara por él ante el faraón. ¿Creen que el copero lo hizo? Típico, ¿verdad? Le ayudas a alguien, y al rato se le olvida por completo. Es lo que pasó con el copero - tan pronto había salido de la cárcel, se olvidó de José... hasta que el faraón también tuvo dos sueños, dos años después.

Estos dos sueños marcan la restauración y la exaltación de José. Cuando el copero supo de los sueños del faraón, se acordó de José y le comentó al faraón que quizás José podría interpretarle los sueños. El sentido de los dos sueños fue éste: habría siete años de buenas cosechas, seguidos por siete años de hambre. Al oír esta interpretación, el faraón nombró a José encargado de la preparación. El llegó a ocupar el segundo puesto en todo el país de Egipto.

Con la sabiduría que Dios le dio, José almacenó grano durante los siete años de abundancia. Los graneros del faraón se llenaron a reventar. Cuando llegaron los siete años de escasez, entonces, la gente venía a comprar comida - no sólo de Egipto, sino de muchos de los países vecinos también.

Entre los que llegaron a comprar se encontraban los hermanos de José. Ellos no lo reconocieron, pero él sí. Por este motivo, los puso a prueba; arregló las cosas para ver si ellos realmente habían cambiado, o si eran todavía los mismos que años atrás lo habían vendido a la esclavitud.

Lean ustedes la historia de la prueba en Génesis 42 y 43 - es fascinante. Pero nosotros vamos a avanzar al momento en que José trajo a toda su familia - su papá, sus hermanos y toda su familia - a vivir a Egipto. Ellos llegaron a vivir en las tierras más fértiles del país, y durante más de cuatrocientos años la familia creció. Quedaron a salvo de la hambruna.

Cuando Jacob murió, estando en Egipto, los hermanos de José temieron que, al fin, él se vengaría por lo que ellos le habían hecho. Leamos la respuesta de José en Génesis 50:19-21:

50:19 Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?
50:20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.
50:21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.

José tomó dos decisiones. La primera fue dejar la venganza en manos de Dios. Aunque sus hermanos le habían hecho mal, él no se puso en el lugar de Dios para castigarlos.

El también tomó la decisión de confiar en Dios para su propio bienestar. Confió en que Dios estaba obrando todo en su vida para bien. Al principio del libro de Génesis, encontramos a una pareja - Adán y Eva - que se pusieron en el lugar de Dios, decidiendo lo que era bueno y lo que era malo por su propia cuenta. Al final del libro, encontramos a un hombre justo - José - que se rehusó a ponerse en el lugar de Dios, y confió en Dios para hacer el bien en su vida. Y tú - ¿a cuál de ellos te pareces más?

José representa un cumplimiento parcial de la promesa a Abraham, pues gracias a su obediencia muchas naciones fueron bendecidas. José también sirve como un destello del ministerio de nuestro Señor Jesucristo. Observa algunas de las comparaciones que se reflejan en su vida.

Los dos fueron rechazados por sus hermanos, y vendidos a precio de plata. Ambos fueron a un lugar de esclavitud - José a Egipto, Jesús a este mundo esclavizado por el pecado - para rescatar a su familia: José su familia de carne, Jesús a sus hermanos espirituales.

Los dos tuvieron que resistir la tentación en el camino a la victoria - José en la forma de la esposa de Potifar, mientras Jesús fue tentado directamente por el enemigo. Los dos fueron señal de salvación y de condenación: José para los dos que fueron encarcelados con él, Jesús para los que lo aceptan o lo rechazan.

Los dos trajeron bendición a muchos pueblos. Los dos confiaron en Dios en medio de la prueba, lo cual llevó a su éxito. La trayectoria de la vida de José es similar a la de Jesús: humillación, tentación, prueba - y luego, exaltación y salvación para muchos. Cuando nosotros seguimos a Jesús, nuestras vidas siguen el mismo patrón.

Tenemos que enfrentar tentaciones y pruebas, a veces durante mucho tiempo. Estoy seguro que casi todos podemos enfrentar una tentación o prueba en particular que estamos enfrentando en este momento. La pregunta es ésta: ¿cómo vamos a responder? La vida de José, como un destello, nos lleva a la luz de Jesús. Nos demuestra que, si confiamos en el Señor, la restauración viene a nuestras vidas también. Sigamos firmes, hermanos, hacia la meta, sabiendo que Cristo tiene una gran cosecha para nosotros, si no nos desanimamos.


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