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Domingo 10 de Enero del 2010

Armando el rompecabezas
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un hombre anciano pidió por correo un caballito de madera para regalárselo a su nieta. El juguete llegó a su casa en 189 pedazos, con instrucciones para armarlos. Las instrucciones decían que se podía hacer en una hora, pero el ancianito demoró dos días en terminarlo.

Cuando había terminado, escribió un cheque a la empresa para pagar el juguete, rompió el cheque en 189 pedazos y los puso en el correo. Si alguna vez han tratado de armar un producto que llegó desarmado, quizás puedan entender la frustración del abuelito.

La verdad del asunto es que la mayoría de las cosas no sirven si están desarmadas. En mi juventud tomé una clase de mecánica, y parte de la clase se trataba de desarmar un motor pequeño y volverlo a armar. Cuando empecé, el motor no servía; y cuando lo volví a armar, tampoco servía. Quizás fue por eso que decidí no dedicarme a la mecánica.

El punto es éste: hay que saber armar las cosas para que queden bien, y puedan servir su función. Un aparato mal armado simplemente no sirve, o hasta puede ser peligroso. La Biblia nos cuenta cómo Dios armó el universo para que sirviera.

Lectura: Génesis 1:1-2

1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Cuando Dios empezó su obra de creación, hizo la materia prima. Esta materia estaba desordenada; era un caos total. Se parece al fabricante que empieza con metal y plástico, y pretende hacer de ellos un automóvil. Si hubiéramos visto el universo en ese momento primordial, habríamos visto un lugar espantoso, oscuro e inútil para la vida.

En ese momento, Dios habló. Su Palabra poderosa expresó: "¡Sea la luz!" Por la Palabra de Dios, la luz llegó a existir. En medio de esa densa oscuridad, un rayo de luz iluminó. Así empezó la obra de creación divina: con la luz.

Este acto de creación es un acto de organización. Dios separó la luz de las tinieblas, haciendo posible la vida. El segundo día del relato también es un acto de organización: Dios separa las aguas, haciendo el cielo y las nubes. El tercer día, Dios organiza la tierra; separa las aguas terrestres, haciendo surgir la tierra y llenándola de vegetación.

Los días cuatro, cinco y seis, Dios llena de habitantes los lugares que había preparado en los tres días anteriores. El día cuatro, El crea el sol, la luna y las estrellas para dominar la luz y las tinieblas. El día cinco, El crea aves y vida marina para vivir en las aguas que El había organizado el día dos.

Finalmente, el día seis, El crea la vida terrestre para vivir en la tierra que había preparado el día tres. Como corona de su creación, hace al hombre. El hombre es parte de la creación; es un ser físico. Sin embargo, es también un ser espiritual; sólo el hombre fue creado a imagen de Dios. El hombre fue creado para estar en relación con Dios y ser su representante en la tierra.

Al ver que su creación era buena, Dios descansó de su obra creadora. Así estableció un patrón de trabajo y reposo que nosotros hacemos bien en seguir. Tanto el trabajo como el descanso tienen su lugar en una vida buena, y no debemos despreciar ninguno de los dos.

Quiero que te imagines ahora el acto de creación, así como lo hemos descrito, como si fuera un video en avance rápido. Comenzamos con una masa desordenada de elementos caóticos sumidos en oscuridad. Brilla la luz. Se separan las aguas. Surge la tierra y se llena de vegetación. Aparecen las estrellas, la luna y el sol.

Las aves revolotean en el cielo, y los peces brincan en el mar. Finalmente, la tierra se llena de animales y aparece el hombre. De un desorden total, hemos llegado a un mundo fructífero, ordenado, bello y preparado para ser morada del hombre. De hecho, la ciencia nos dice que la tierra está perfectamente habilitada para ser morada de la vida y de la humanidad.

¿Cómo sucedió todo esto? ¿Cómo empezó? Volvamos al verso 3: "Y dijo Dios... " El segundo día, es lo mismo; el verso seis empieza, "Y dijo Dios... " Lo mismo en el verso 9, para el tercer día; el verso 14, para el cuarto; el verso 20, para el día 5; y el verso 24, para el día 6. Todo esto sucedió por la Palabra de Dios.

Conozcamos más acerca de esa Palabra.

Lectura: Juan 1:1-3

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 
1:2 Este era en el principio con Dios. 
1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Cuando leemos aquí, "En el principio ya existía el Verbo", podemos substituir "Palabra" por "Verbo". No se refiere a un verbo en el sentido gramático, sino a una expresión, una palabra. La palabra griega es logos. El logos siempre ha existido, porque en el principio ya existía. El logos es personal, porque estaba con Dios en relación. El logos es Dios; comparte su esencia, no es un ser creado distinto a Dios mismo.

Este logos, esta Palabra, es quien trajo orden al mundo; todo fue creado por medio de El. Cuando Dios creaba el mundo, el logos fue su agente en hacer brillar la luz, en separar las aguas, en formar las hojas de los árboles y el pétalo de cada flor. Fue esta Palabra la que dio forma al cuerpo humano, con sus órganos que funcionan en perfecta armonía, con su capacidad para construir y expresarse y relacionarse con otros seres.

Ahora quiero que veas algo más.

Lectura: Juan 1:14

1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Esa Palabra, siendo Dios, se hizo hombre. Tomó naturaleza humana. La misma Palabra poderosa que había dado orden a todo el universo se convirtió en un bebé que lloraba, que tenía hambre y que se ensuciaba los pañales. Vino al mundo que El mismo había creado, y se relacionó con muchas personas que lo vieron, oyeron y tocaron.

Cristo no es simplemente una realidad espiritual lejana, un ser elevado y misterioso acerca del que sólo podemos especular. El se hizo uno de nosotros, compartió nuestra vida con su risa y lágrimas y sudor. La Palabra divina que da orden a todo este mundo se hizo parte de su creación.

¿Por qué lo hizo? Volvamos hacia arriba.

Lectura: Juan 1:10-13

1:10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 
1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 
1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 
1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

La misma Palabra que nos creó ahora nos viene a rescatar. Así como Cristo, la Palabra, tomó esa materia prima desordenada e inútil y la convirtió en algo bello, ordenado y fructífero, El quiere tomar nuestras vidas, hechas desordenadas e inútiles por el pecado, y convertirlas en algo bello, ordenado y fructífero.

La Palabra se hizo hombre para ser la luz. El que había creado la luz en aquel primer día de creación vino para ser la luz que cada uno de nosotros necesita. Vino para alumbrar la oscuridad de nuestra vida para que podamos ver las cosas como son y caminar en la verdad.

Vino también para darnos el derecho de ser hechos hijos de Dios. La misma Palabra que había creado al hombre a imagen de Dios vino para rescatarnos y darnos el derecho de llegar a ser sus hijos. Así podemos caminar en este mundo con una nueva identidad y con una seguridad eterna.

Todo esto empieza a realizarse en nuestras vidas cuando tomamos la decisión de recibir a Cristo y darle el lugar que El se merece en nuestras vidas. Dice el verso 12: "Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios." Recibir a Cristo es darle la bienvenida a nuestra vida, es darle la atención que El se merece y permitir que El reine en nuestro corazón. Es reconocer que lo necesitamos, que necesitamos su perdón y su poder.

Ese es el comienzo. Pero no se termina la obra allí, así como no se terminó la obra creador de Cristo cuando hizo la luz. El quiere hacer mucho más en tu vida. Lo hará en la medida que tú te entregas a El y te rindes a su control.

¿Qué es lo que Cristo quiere cambiar en tu vida? No sea que hayas aceptado a Cristo en vano. Todavía hay áreas de tu vida que están desordenadas, infructuosas, dominadas por la oscuridad. Deja que Cristo brille su luz en cada aspecto de tu vida.

Una de esas áreas es tu uso del tiempo. El tiempo fue creado por Cristo, cuando El creó el universo en siete días. ¿Cómo usas tú el tiempo que El te da? ¿Separas tiempo para pasar con El en oración y en estudio de su Palabra? ¿O dejas que el tiempo se te vaya en actividades sin sentido? Martín Lutero comentó una vez: "Tengo tantas cosas que hacer hoy que pasaré las primeras tres horas en oración." ¡Qué diferencia de nuestras actitudes! ¿verdad?

Tienes que tomar el control del tiempo, porque si no, el tiempo te controlará a ti. Tienes que tomar el control de tu televisor, porque si no, te controlará a ti. Tienes que tomar el control de los juegos de video de tus hijos y el tiempo en Internet, porque si no, controlarán a tu familia.

A un famoso profesor de Harvard del siglo XIX se le ofreció la oportunidad de dar un discurso frente a una sociedad de eruditos. Se negó a aceptar la invitación, pero el presidente de la sociedad insistió. "Estamos preparados para darle una buena suma de dinero", le dijo. El profesor respondió: "Tengo demasiadas cosas para hacer como para perder el tiempo en ganar dinero. "

Cristo, la Palabra de Dios, hizo el mundo en siete días. Y tú, ¿qué harás en esta semana? Te invito a buscarle a El para que te ayude a aprovechar al máximo el tiempo que te da.


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