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Domingo 3 de Enero del 2010

Palabra abierta, ojos abiertos
Pastor Tony Hancock

Introducción

Estas fechas del año son fechas de nuevos comienzos. Muchas personas empiezan nuevos proyectos, tiene nuevos planes y propósitos o esperan conseguir un nuevo trabajo. Vengan conmigo en esta mañana a esos días inmediatamente después de la resurrección de nuestro Señor Jesús. Era también un tiempo de nuevos comienzos, pero igualmente de mucha confusión.

Pónganse por un momento en el lugar de los discípulos. Su maestro, Jesús, aquel que ellos habían creído ser el Salvador que los rescataría, había sido crucificado como un criminal común. Parecía que con El se habían muerto todas sus esperanzas. Quizás alguna vez te has sentido como ellos se sintieron en ese momento - que con un evento toda la esperanza en la vida se ha terminado.

De repente, se aparecieron algunos con una historia extraña. Algunas de las mujeres decían que habían visto vacía la tumba, y que unos ángeles les habían dicho que Jesús había resucitado. Seguramente algunos de los discípulos varones pensaron: ¡Mujeres histéricas! - pero resulta que las mujeres tenían razón.

Luego, Pedro y Juan visitaron la tumba, y la encontraron vacía. Pero - ¿podría ser verdad? ¿Cuándo se ha sabido que un hombre resucite así de los muertos? ¿Quién podría esperar a un Salvador, un Mesías crucificado? ¡Parecía imposible! En este estado de duda, de sentimientos encontrados, de decepción y de esperanza imposible, dos de los seguidores de Jesús salieron de viaje a un pueblo cercano. Veamos qué les sucedió.

Lectura: Lucas 24:13-35

24:13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén.
24:14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.
24:15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.
24:16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.
24:17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?
24:18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?
24:19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
24:20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.
24:21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.
24:22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;
24:23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.
24:24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.
24:25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
24:26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
24:27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.
24:28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.
24:29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
24:30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.
24:31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.
24:32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
24:33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,
24:34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
24:35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

Estos dos seguidores de Jesús andaban por el camino. Ellos no pertenecían a los doce discípulos, porque ninguno de los doce se llamaba Cleofas; más bien, eran personas que habían llegado a creer en Jesús durante su ministerio y acompañaban a los discípulos.

Fíjense en lo que les sucede. Jesús se les acerca en el camino, pero ellos no lo reconocieron. El texto nos dice que sus ojos estaban velados. Yo me pongo en el lugar de ellos, y me pregunto: ¿cuántas veces no me ha pasado a mí exactamente lo mismo? En mi caminar por la vida, Jesús está a mi lado, pero yo no me doy cuenta.

Quizás a ti también te sucede. ¿Sabes? Jesús está a tu lado, aunque tú no lo reconozcas. En los momentos más tristes de tu vida El ha estado a tu lado. En esos momentos en que, como los dos discípulos, no entendías lo que estaba pasando y pensabas que la esperanza se había muerto - El estaba a tu lado, aunque no lo hayas reconocido. El está a tu lado ahora.

Jesús empieza a conversar con estos discípulos, y les pregunta de qué venían hablando. Al parecer, El ignoraba todo lo que había sucedido. Lo irónico es que El era el único que entendía lo que realmente había sucedido. Ellos tratan de explicárselo, pero se nota en su explicación que su entendimiento era sólo parcial.

Para empezar, ellos describen a Jesús como un profeta. Jesús era un profeta, pero es mucho más que un simple profeta. Sería como decir que el presidente Obama es un mamífero. Por supuesto que lo es, pero es mucho más que un simple mamífero. Igualmente ellos veían a Jesús como un simple profeta, cuando es mucho más - el Salvador, el Mesías, Dios hecho hombre.

Luego, nos damos cuenta que todavía no les cuadraba la idea de la resurrección. Ellos mencionan la experiencia de las mujeres en la tumba, lo que dijeron los ángeles y lo que sucedió con Pedro y Juan, pero todavía no entienden que Jesús ha resucitado. Jesús, entonces, los regaña por su falta de discernimiento.

¿Por qué los regañó Jesús? Porque ellos tenían las profecías acerca de El, pero no las habían comprendido; habían andado con El, pero no habían entendido lo que El decía. Me pregunto cuántas veces perderá Jesús la paciencia con nosotros, porque no entendemos lo que está claro ante nuestros ojos. Hemos oído lo que dice su Palabra, pero no lo hemos vivido. No lo hemos entendido y aplicado a nuestras vidas.

Ojalá que ya no seamos torpes y tardos de corazón para creer lo que dice su Palabra. Después del regaño, sin embargo, vino un gran privilegio. Jesús les explicó personalmente lo que se refería a El en todas las Escrituras. En forma figurada, El les abrió las Escrituras para que pudieran ver cómo hablaban de El.

Los judíos a veces se referían al Antiguo Testamento como "la Ley y los Profetas". El verso 27 nos dice que Jesús empezó por Moisés - es decir, los libros de Moisés, los primeros cinco libros de la Biblia - y continuó por todos los profetas. El les enseñó lo que todo el Antiguo Testamento dice de El.

¡Qué lindo hubiera sido estar allí con ellos, y poder escuchar de labios de Jesús su explicación perfecta de la Biblia! En este año 2010, mi propósito para nosotros es que caminemos con estos discípulos por el camino a Emaús y conozcamos el testimonio que nos dan las Escrituras acerca de nuestro Señor Jesús.

La próxima semana, comenzaremos desde el principio e iremos recorriendo toda la Biblia para ver, de forma resumida, la forma en que cada página nos habla de nuestro Salvador. Mi propósito para nosotros es que, al final del año, la Biblia ya no sea un libro misterioso para ninguno de nosotros, sino que cada uno entienda su mensaje y pueda explicarlo a otros.

Regresemos ahora al camino a Emaús. Llegando al pueblo, el hombre que seguía siendo un desconocido para los dos discípulos hizo como si fuera a continuar su viaje, pero ellos insistieron en que se quedara a compartir su comida. Cuando El bendijo los alimentos, sus ojos fueron abiertos.

Quizás habían estado con El en aquella ocasión en la que partió el pan y dio de comer a cinco mil hombres con cinco panes y dos pescados. De todas formas, en ese instante en que El partió el pan y bendijo los alimentos, ellos reconocieron al Pan de Vida y la Bendición de todas las naciones.

Una vez que sus ojos habían sido abiertos, ya no les hacía falta la presencia física de Jesús, y El desapareció. Observen lo que ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (v. 32) Cuando ellos reconocieron a Jesús, sus ojos fueron abiertos y sus corazones se regocijaron.

Estoy convencido de que nosotros podemos compartir su experiencia con Jesucristo. No es necesario que viajemos por ese camino al otro lado del mundo. No tenemos que hacer peregrinaje con ellos, sino que, al llegar a conocer la Escritura, podemos sentir ese ardor en nuestro corazón también.

Podemos llegar a reconocer a Jesús en su Palabra, y podemos aprender a reconocer a Jesús a nuestro lado también. Podemos experimentar su presencia cada momento de cada día. Podemos caminar con El, aprendiendo a obedecer su voz, a conocer el calor de su compañía y disfrutar de su protección.

Hay personas que usan la Biblia como fetiche. Llevan una Biblia en la guantera o detrás del asiento de su carro para que los proteja de accidentes. Lucen una Biblia grande en alguna mesa de la casa para protegerla, pero nunca se les ocurre abrirla y leer sus palabras.

Aprendamos a amar la Biblia, no como un objeto o fetiche, sino como el libro que nos revela, de tapa a tapa, a nuestro Señor Jesucristo. Aprendamos a reconocerlo a El en cada momento de nuestra vida. ¿Estás preparado para tomar este viaje conmigo? Si lo estás, ayúdame a orar durante toda esta semana para que Dios nos guíe a través del año a una fe más profunda y una comprensión más completa de su Palabra.


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