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Domingo 13 de Diciembre del 2009

No temas - Dios trae restauración
Pastor Tony Hancock

Hace algunos años, un hombre entró a un museo en Holanda con una navaja escondida en la ropa. Al llegar frente a un cuadro famoso pintado por Rembrandt, sacó la navaja y empezó a cortar la pintura en pedazos. Alcanzó a desfigurar la obra de arte con varias cortaduras antes de que los guardias lograran detenerlo.

Poco después, un hombre entró al Vaticano con un martillo y empezó a desfigurar una escultura famosa de Miguel Ángel. Logró sacar varios pedazos de la figura de piedra antes de ser detenido. Me pregunto: ¿qué habrán hecho los dueños de estas obras de arte al verlas alteradas de esta forma tan cruel?

¿Las tiraron a la basura? ¿Las quemaron? ¿Las vendieron por chatarra? No hicieron ninguna de estas cosas. Más bien, contrataron equipos de expertos para devolverlos, hasta donde fuera posible, a su belleza original. En lugar de desecharlos, invirtieron tiempo y esfuerzo en restaurarlos.

Lo mismo le sucedió a este mundo y a su máximo habitante, la humanidad. Un enemigo llegó y, con la colaboración de la humanidad misma, causó grandes daños a la creación bella y pura de Dios. Los estragos de esa acción se ven hasta el día de hoy; deshonestidad, decepción, odio, homicidio, traición, desenfreno, soberbia, injusticia, contaminación ambiental y un sinfín de problemas.

¿Qué decidió hacer Dios con su obra de arte? ¿Desecharla? ¿Destruirla y empezar de nuevo? No. El decidió restaurarla. De esto se trata la Navidad: de la decisión que Dios tomó de restaurar su creación, en lugar de desecharla. Dios quiere restaurarte a ti también, y quiere que participes en su restauración. En su relato de algunos de los eventos relacionados con el nacimiento de Jesús, Mateo nos hace ver precisamente esto.

Lectura: Mateo 2:13-18

2:13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.
2:14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto,
2:15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
2:16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.
2:17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo:
2:18 Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.

Cuando Jesús vino al mundo, Satanás sabía que la guerra había estallado. El Hijo de Dios mismo había invadido el mundo que - hasta ese punto - parecía haber estado completamente en manos del enemigo. Decidió que tenía que deshacerse del invasor a como diera lugar, y usó a un rey paranoico y cruel llamado Herodes para intentarlo.

Sin embargo, Dios siempre está en control. El sabía lo que iba a suceder, y mediante un sueño, avisó a José de lo que iba a suceder para que pudiera huir a Egipto. Era un lugar lógico; en aquel tiempo, había una colonia numerosa de judíos en Egipto, quizás incluyendo algunos parientes de José. Era un lugar relativamente pacífico, y sobre todo, estaba fuera del control de Herodes.

Allá en Egipto, Jesús, María y José estuvieron a salvo. Interesantemente, este es el único viaje fuera de Palestina que se registra en la vida de Jesús. Su único viaje internacional lo hizo siendo bebé, y sin embargo, El ha logrado transformar vidas alrededor del mundo.

Pero hay un significado en este evento que va mucho más allá de lo que ya hemos mencionado. Al reflexionar sobre este evento bajo inspiración del Espíritu Santo, Mateo - el escritor de este evangelio - ve conexiones mucho más profundas. Para comprender la conexión que él ve, tenemos que entender algo acerca de la relación que existe entre el Antiguo Testamento y Jesús.

Puesto de forma muy sencilla, todo el Antiguo Testamento señala hacia Jesús, y sirve para prepararle el camino. La historia del pueblo de Israel anticipa, de diversas formas, lo que Jesús vendría a hacer. Jesús es, en otras palabras, el cumplimiento de lo que Israel no pudo lograr; el Hijo perfecto de Dios hacia el cual, de formas a veces misteriosas, todo lo que sucedió anteriormente con Israel señalaba.

El pueblo de Israel también pasó tiempo en Egipto, y fue sacado de allí por obra de Dios. Es a este evento que se refiere Oseas 11:1, el versículo citado por Mateo en el verso 15 de nuestro pasaje: "Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo." Dios describe a Israel como su hijo, al que sacó de la esclavitud en Egipto para llevarlo a la tierra prometida.

¿Se acuerdan de esa historia? ¿De cómo Moisés, el tartamudo, fue usado por Dios para enfrentar al hombre más poderoso del mundo - el faraón egipcio - y sacar a su pueblo de la esclavitud? ¿De cómo Dios, con su poder, mandó diez plagas sobre Egipto para convencer al faraón?

Dios liberó a su pueblo esclavizado sacándolo de Egipto 1.400 años antes de que naciera Jesús. Ahora había llegado otro Hijo de Dios que también saldría de Egipto, no para ser liberado, sino para liberar. Dios sacó a su Hijo mayor, Jesús, de Egipto para restaurar a su pueblo esclavizado.

Al decir que se había cumplido lo dicho por medio del profeta, Mateo nos hace entender que el significado pleno ahora ha llegado a comprenderse. El plan de Dios no se terminaba con Israel; estaba preparando el camino para traer de la sangre de Israel a un Hijo que haría plenamente su obra.

Los israelitas habían sido esclavizados en Egipto por un faraón que los obligó a trabajar arduamente sin recompensa. Tú y yo hemos sido esclavizados por el pecado, que nos obliga a trabajar arduamente para tratar de satisfacer sus demandas - y nos da como recompensa la muerte.

Jesús vino para liberarnos de ese pecado. Por su vida y su muerte, El nos ofrece libertad de esa esclavitud. Ese bebé que huyó con sus padres a Egipto nació para que tú pudieras ser libre - libre de los deseos que hacen guerra con tu corazón, que te llevan a lastimar a los que más quieres, que te limitan y aprisionan. Hoy tú puedes encontrar en El la libertad.

Cuando José huyó con Jesús y María a Egipto, fue para escapar un gran desastre. El rey Herodes decidió deshacerse del rival que los sabios le habían mencionado. Por ende, mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén, pues según el reporte de los magos, Jesús tendría esa edad.

Belén no quedaba muy lejos de Jerusalén, la capital; era un pueblo pequeño, así que no se trataba de una gran cantidad de niños - quizás entre 6 y 12. Sin embargo, para sus madres, habría sido un evento estremecedor. De seguro se habría oído lamento en Belén - sollozos de madres inconsolables frente a la injusta e inexplicable matanza de sus hijos.

Mateo, bajo inspiración del Espíritu Santo, nuevamente ve una conexión con la historia de Israel. El cita un mensaje del profeta Jeremías, que ahora ha cobrado un nuevo significado. En su contexto original, estas palabras de Jeremías se referían al destierro de Judá - cuando los judíos fueron llevados al cautiverio en Babilonia.

Poéticamente, Jeremías se imagina a Raquel - esposa de Jacob, el patriarca - lamentando a sus descendientes que han muerto o están siendo quitados de su tierra. Jeremías se había imaginado a Raquel haciendo duelo por sus descendientes seiscientos años antes, cuando los judíos fueron llevados al destierro, y Mateo ahora se la imagina aún lamentándose, porque su pueblo aún no ha sido restaurado.

En medio de la triste muerte de los niños de Belén, Mateo ve una señal de que el pueblo de Dios todavía no vive tranquilamente en su tierra. Todavía no ha llegado la restauración final. Raquel aún hace duelo por sus hijos que ya no existen. ¡Pero ha llegado la solución!

Ese niño que mediante un sueño fue salvado de morir con los demás había venido precisamente para restaurar a su pueblo que vive en exilio. ¿Qué es el exilio? Es vivir fuera de nuestra tierra, de la patria que nos pertenece. Y todos nosotros estamos en esa situación. No me refiero solamente a que vivamos en un país distinto a nuestro país natal.

Mas bien, todos vivimos en una tierra que no es nuestra. No hemos llegado aún al hogar. Dios está preparando otra tierra, una tierra donde reinan la justicia y el bien, para que moremos allí con El para siempre. Esa es nuestra patria verdadera - y Jesús vino para abrirnos el camino a ese lugar.

Mientras tanto, los reyes de este mundo siguen haciendo guerra esporádica contra los miembros del pueblo de Dios, así como lo hizo Herodes contra Jesús. El lamento de Raquel por sus hijos en Belén es también el lamento de Dios sobre todos sus hijos que andan perdidos, sin hogar, sin seguridad, lejos de El.

Pero Cristo vino para llevarte a casa. El vino para que pudieras tener un hogar - un hogar para tu corazón, y un hogar para todo tu ser en el mundo que ha de venir. Cuando El triunfó en la cruz, venció las fuerzas espirituales que nos mantenían alejados de nuestro hogar, con Dios.

Cristo te invita a regresar a casa. Te invita a encontrar libertad del pecado y descanso para tu alma en El. En esta Navidad, confía en ese Jesús que vino a este mundo para liberar y restaurarte. Conócele. Vive la libertad y la ciudadanía celestial que El te puede dar.


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