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Domingo 8 de Noviembre del 2009

La mentalidad de riqueza
Pastor Tony Hancock

Introducción

Una canción popular en inglés de algunos años atrás llevaba como título "Quiero ser rico". El autor de esa canción no es el único. Parece que el deseo de alcanzar grandes riquezas yace en el corazón de cada ser humano. ¿De qué otra forma podemos explicar, por ejemplo, el atractivo de las estafas que ofrecen a la gente la falsa oportunidad de hacerse ricos?

Si tienes una cuenta de correo electrónico, es casi seguro que has recibido correos de personas desconocidas en países lejanos que te ofrecen un porcentaje de una cantidad fabulosa de dinero a cambio de hacer una pequeña inversión, darles tus números de cuenta y estar dispuesto a recibir una transferencia de fondos.

Por supuesto, los que responden a estos mensajes pronto descubren que, en lugar de recibir una pequeña fortuna, más bien pierden fondos de sus cuentas, y el adelanto que habían enviado queda perdido, sin jamás recibir lo que se les había prometido.

Las estafas de esta índole se han vuelto famosas; salen repetidamente en los programas informativos, y sin embargo, miles de personas siguen perdiendo dinero cada año ante los criminales que manejan estas estafas. Déjame decirte algo: si una oferta de dinero parece ser tan buena que no puede ser cierto, entonces - ¡no es cierto! No te dejes engañar.

Estas estafas siguen funcionando porque cada persona desea hacerse rica. Yo también deseo que cada uno de nosotros sea rico. ¿Deseas ser rico? Aclaro que me refiero a la verdadera riqueza. Hoy Dios nos invita a aprender a tener una mentalidad de verdadera riqueza. Y es que:

I. La verdadera riqueza sólo se encuentra en Cristo

Si vamos a llegar a tener una mentalidad de riqueza, tenemos que aprender primero de dónde viene la verdadera riqueza. De un asaltante de bancos de antaño se dice que, en cierta ocasión, le preguntaron por qué robaba bancos, y él replicó que era porque allí estaba el dinero. Este hombre consideraba que los bancos eran la fuente de la riqueza, y por eso los asaltaba.

Sin embargo, esto hombre fue arrestado, y ahora está muerto; todas las riquezas mal habidas que consiguió no le sirven de nada. ¿Dónde, entonces, podemos encontrar la verdadera riqueza? Leamos Colosenses 1:25-27 para verlo:

1:25 de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,
1:26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,
1:27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

Pablo habla de la misión que se le había entregado, la misión de predicar la Palabra de Dios. Esta Palabra se cumple por medio de la realización de un misterio. En la Biblia, un misterio es algo que había estado oculto, pero que ahora se ha dado a conocer. Este misterio había estado oculto durante siglos y edades, pero ahora se ha manifestado entre los santos, es decir, entre los escogidos de Dios, los que han creído en Jesucristo.

¿En qué consiste este misterio? Consiste en riquezas - la gloriosa riqueza que es Cristo en nosotros. Leamos nuevamente el verso 27. La fuente de la verdadera riqueza - la riqueza más gloriosa, la riqueza que nunca podemos perder, que nunca dejará de existir, que satisface nuestras necesidades más profundas - está en Cristo.

Si tienes a Cristo, eres la persona más rica del mundo. En cambio, un millonario sin Cristo es igual a un mendigo. Le falta lo más importante. Si tienes a Cristo, eres hijo de Dios; has sido perdonado y limpiado; tienes la seguridad de la vida eterna con Jesucristo y la promesa de su presencia en el presente; si tienes a Cristo, todo es tuyo.

En cambio, si todo lo que tienes es de este mundo, no tienes nada; este mundo pasa, y sus deseos. Si todo lo que tienes es para este mundo, pronto te quedarás en la miseria. El que vive sólo para este mundo se queda al final sin nada. Por el contrario, el que tiene la riqueza de Cristo encuentra bendición también en esta vida. La riqueza de Cristo es tal que hasta desborda en bendición para nuestra vida actual también. Leamos Filipenses 4:19: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús."

Pablo aquí escribe a una iglesia que había sacrificado para apoyarlo en su esfuerzo misionero, y él les dice: el sacrificio que ustedes han hecho no resultará en pobreza, sino en riqueza; Dios suplirá todas sus necesidades con una generosidad que corresponde a la riqueza de Cristo.

La verdadera riqueza que tenemos en Cristo, por fe, cuando se demuestra en nuestras vidas en generosidad, resultará en provisión suficiente para esta vida también. ¡Esta es la verdadera riqueza! Provisión para hoy, y gloria por la eternidad. Esta es la base de conocer la verdadera riqueza. Empieza cuando nos entregamos a Jesucristo, y recibimos su presencia en nuestro corazón.

¿Cómo vivimos esta vida de día en día?

II. La vida de riqueza nace de un corazón satisfecho y en paz

Muchas personas persiguen afanosamente la riqueza, buscando tener más y más. En cambio, cuando conocemos la verdadera riqueza y nuestro corazón tiene paz con Dios, podemos disfrutar de una vida verdaderamente rica. Leamos Proverbios 11:28: "El que confía en sus riquezas caerá; mas los justos reverdecerán como ramas."

Aquí vemos dos formas de vivir. Podemos vivir confiados en las riquezas, o podemos vivir confiados en Dios. El que confía en sus riquezas se marchita; puede florecer durante un tiempo, pero le llega su hora, y se cae. En cambio, el justo es el que tiene un corazón recto ante Dios por medio de la fe.

Si somos justos, seremos como hojas verdes. En esta temporada del año vemos claramente la diferencia entre los árboles que conservan sus hojas verdes y los que pierden sus hojas. Nuestras vidas pueden florecer, como aquellas hojas verdes, si somos justos ante Dios.

La verdadera riqueza, entonces, no depende del tamaño de nuestra cuenta bancaria, de la casa en la que vivimos o el carro que manejamos. Depende de nuestro corazón. Si nuestro corazón está satisfecho, agradecido, arrepentido y purificado por la fe en Cristo, nuestra vida será una vida rica.

Hay una gran ironía aquí. Cuando tenemos ese corazón en paz con Dios, muchas veces disfrutamos más de nuestras posesiones, y las usamos mejor. Déjenme explicar. Cuando nuestras posesiones son nuestra felicidad, pedimos más de ellas de lo que nos pueden dar. Conseguimos alguna posesión nueva, y por un rato nos sentimos bien - como niños que abren un regalo en la Navidad.

Sin embargo, al poco tiempo nos damos cuenta de que no estamos satisfechos, y despreciamos esa posesión buscando la siguiente adquisición. Cuando nuestra felicidad está en las cosas, necesitamos cada vez más cosas para tratar de comprar la felicidad - pero nunca es suficiente.

En cambio, he visto algo insólito en los que realmente conocen a Cristo. Al no amar sus cosas, las tratan mejor. Al no amar sus cosas, duran más. Al no amar sus cosas, les sacan más provecho. Cuando entiendes que tus posesiones son una bendición del Señor, un encargo, y no tu felicidad, quedas libre para vivir en verdadera paz, y al mismo tiempo disfrutar de tus cosas.

La paz que tenemos en Cristo se refleja en un hogar limpio, ordenado y acogedor; no una mansión, sino un hogar donde Cristo reina. La paz que tenemos en Cristo se refleja en mantener el aseo personal, vestirnos con ropa limpia y atractiva, no lujosa ni cara, sino suficiente. La persona del mundo se amarga por lo que no tiene; el creyente en Cristo se regocija en lo que tiene y lo aprecia, precisamente porque no es la fuente de su felicidad y seguridad. Pero hay más:

III. La vida verdaderamente rica desborda en bendiciones para otros

Leamos primero Hechos 20:35: "En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir." Pablo aquí registra un dicho de nuestro Señor Jesús que no aparece en ninguna otra parte de las Escrituras; probablemente formaba parte de los recuerdos verbales que circulaban entre los apóstoles. ¿Qué dice? Que hay más dicha en dar que en recibir.

Esta pequeña frase pone de cabeza la forma de pensar de muchos de nosotros, pero refleja perfectamente la actitud de Cristo. El no vino a este mundo a buscar beneficios, a ver qué la gente le podría dar o a beneficiarse personalmente; El vino a dar su vida por nosotros. Si lo hemos aceptado como nuestro Salvador y lo estamos siguiendo, tenemos que pensar igual que El.

Miren también lo que dice Efesios 4:28: "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad."  Aquí el apóstol Pablo nos habla del cambio que trae Cristo a nuestras vidas. La persona que antes aumentaba sus ingresos estafando a su patrón, robándose algunos materiales de la labor o sacando unas monedas de la caja, ahora debe trabajar con dedicación.

¿Por qué? ¿Porque debemos de ser personas honradas? ¿Porque es mejor ser honestos? Sí, pero hay algo más; es para tener algo para compartir con los que padecen necesidad. Tu meta y la mía, si somos creyentes, no puede ser simplemente tener lo suficiente para nuestras propias necesidades; nuestra meta tiene que ser el poder ayudar a otros, como Cristo nos ayudó a nosotros.

Conclusión

Cristo nos ha traído la verdadera riqueza, y si le tenemos a El, lo tenemos todo. Guillermo Shakespeare comparó al hombre rico de este mundo con un asno cargado de barras de oro, que carga sus riquezas durante la jornada de esta vida, y al final, la muerte lo descarga.

Si tú ya conoces a Cristo, no te dejes seducir por lo que este mundo parece ofrecer. Aprende a vivir con una mentalidad de riqueza, reconociendo de dónde viene tu verdadera seguridad y disfrutando de la bendición que tienes en Cristo.

Si no lo conoces, hoy te invito a venir a Cristo y conocer la verdadera riqueza. Si no lo conoces, si El no es rey de tu vida, ven hoy a aceptarlo como tu Señor y Salvador, a entregarle por fe el control de tu vida y empezar a caminar con El.


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