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Domingo 25 de Octubre del 2009

El pueblo de la Palabra
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Cuál es la diferencia entre una iglesia viva y una iglesia muerta? Alguien reunió algunos ejemplos. Una iglesia viva nunca tiene suficiente dinero; una iglesia muerta no necesita mucho dinero. Una iglesia viva tiene problemas de estacionamiento; la iglesia muerta tiene espacios vacíos.

Una iglesia viva tiene muchos niños inquietos; una iglesia muerta está tan tranquila y callada como un cementerio. Una iglesia viva cambia su forma de hacer las cosas; una iglesia muerta no ve la necesidad de cambiar. Una iglesia viva apoya las misiones con sus ofrendas; una iglesia muerta se queda con todo su dinero.

Una iglesia viva está llena de personas que ofrendan con alegría; una iglesia muerta está llena de personas que, sin muchas ganas, dan la limosna. Los miembros de una iglesia viva buscan a quién ayudar; los miembros de la iglesia muerta buscan de qué quejarse. Finalmente, los miembros de una iglesia viva leen la Biblia y se la traen a la iglesia; los miembros de una iglesia muerta dejan su Biblia como adorno en la repisa.

En esta lista hay mucha verdad, sobre todo en el último punto. El experto en crecimiento de iglesias C. Peter Wagner entrevistó a cientos de pastores para descubrir los factores más importantes para el crecimiento de la Iglesia. El factor número uno - el más importante - fue éste: el conocimiento bíblico. En las iglesias que crecían, según los estudios de este hombre, las personas estudiaban la Biblia, crecían en su conocimiento bíblico y sabían cómo aplicar la Biblia a su vida diaria.

¿Se podría decir eso de nuestra iglesia? Espero que sí. Espero que todos también estemos seguros de querer que nuestra iglesia crezca. En estos últimos domingos hemos aprendido acerca del poder y el propósito de la Palabra. Hoy veremos que nosotros somos llamados a ser un pueblo de la Palabra.

Desde el comienzo de la Iglesia ha sido así. El día en que la Iglesia se fundó tras la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, la Biblia no fue ignorada. La emoción de haber recibido al Espíritu Santo no llevó a los apóstoles a olvidarse de la Biblia. Al contrario; cuando el apóstol Pedro predicó aquel mensaje que llevó a la salvación de tres mil personas, él se basó en la Palabra.

Leámosla para ver.

Lectura: Hechos 2:14-36

2:14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
2:15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
2:16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
2:17 Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;
2:18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
2:19 Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo;
2:20 El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
2:21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
2:24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
2:25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
2:26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza;
2:27 Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
2:28 Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia.
2:29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
2:30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,
2:31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.
2:32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
2:33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 
2:34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
2:35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Aquí descubrimos una gran verdad: la Iglesia se fundamenta en la Palabra.

Observemos primeramente la forma del mensaje de Pedro. La mayoría de las Biblias tienen ciertos párrafos sangrados dentro del pasaje. Esto sirve para indicar que estos párrafos representan pasajes citados del Antiguo Testamento. Si observamos el sermón de Pedro, al menos la mitad consiste en citas directas de la Biblia - del Antiguo Testamento, que era la parte que se había escrito hasta esa fecha.

Observemos más de cerca. Lo que había sucedido en aquel día era que el Espíritu Santo había venido sobre todos los creyentes. Como resultado, ellos habían empezado a hablar en otros idiomas - los idiomas de las personas de diferentes partes del mundo que estaban presentes en Jerusalén en ese momento. ¡Todos escuchaban la Palabra de Dios en su propio idioma!

Pedro les explicó lo que había sucedido. Algunos, burlándose, decían que los discípulos estaban tomados. ¿Alguna vez se han burlado de ti por tu fe en Jesucristo? Las burlas no son nada nuevo. Pedro aclaró que no se trataba de embriaguez, sino que lo que se estaba viendo era el cumplimiento de una profecía. Siglos antes, el profeta Joel había declarado que Dios mandaría estas señales de cumplimiento cuando llegara la era de salvación. Esto explicaba lo que estaba pasando.

Desde sus inicios, la Iglesia ha basado su experiencia en la Palabra. Para explicar lo que estaba sucediendo en ese momento, Pedro no buscó alguna razón psicológica o sociológica. Estas disciplinas tienen su lugar, y son buenas; pero la explicación de lo que Dios hace en su Iglesia y en la vida de sus hijos no se encuentra en alguna teoría científica, sino en la Biblia.

Tú y yo, entonces, tenemos que entender nuestras experiencias como hijos de Dios y dentro de la Iglesia en base a la Biblia también. Si tú recientemente has llegado a conocer a Cristo y quieres saber lo que te ha pasado, estudia la Biblia. Allí aprenderás lo que todo esto significa. Notemos ahora un segundo detalle en el mensaje de Pedro. Inmediatamente después de explicar lo que estaba sucediendo, él empieza a hablar de Cristo.

Esa es nuestra labor, hermanos; hablar de Cristo. Es muy lindo que la gente visite la iglesia, pero si no llegan a conocer a Cristo, de nada les sirve el haber estado aquí. Cuando Pedro testifica de Cristo, él lo hace basándose en la Palabra. Aunque él había visto a Jesús personalmente y podría relatar muchas historias de su vida, él recurre a la Palabra para explicar quién es Jesús.

Podemos verlo en los versículos 25 y 34. ¿Qué es lo que Pedro enfatiza? El resalta dos cosas: la muerte y la resurrección de Jesucristo. Estos dos eventos están al centro del evangelio, y son los eventos más importantes de la historia humana: que Jesús murió una vez en la cruz, en tu lugar y el mío, para pagar por nuestros pecados, y que El resucitó, venciendo la muerte.

A aquella gente en México que venera la muerte, tenemos que decirles: ¡la muerte ha sido derrotada! Jesús resucitó de la muerte. Aquí está el punto: al hablar de esto, Pedro se basa en la Biblia para hacerlo. Cita pasajes del Antiguo Testamento y los explica para proclamar lo que Cristo hizo.

Esta es nuestra tarea también; usar la Palabra de Dios para proclamar a Cristo. Ninguno de nosotros es incapaz de memorizar uno o dos versículos que puede compartir con los que no conocen a Cristo. Es sumamente importante que nosotros sepamos al menos lo suficiente de la Biblia como para poder explicar lo que Cristo hizo, usando la Biblia.

Algunos de ustedes conocen el camino de Romanos. Si no lo conocen, se lo puedo enseñar. Hay otras formas también de explicar la obra de Cristo usando la Biblia, pero no cometas el error de tratar de predicar a Cristo sin usar su Palabra. El poder para la proclamación está en la Palabra.

La Iglesia, entonces, se fundamenta en la Palabra. La verdad que sostiene a la Iglesia es la verdad bíblica. La proclamación que hace avanzar el ministerio de la Iglesia es la proclamación bíblica. Aun en su extensión, la Iglesia crece donde se respeta y estudia la Palabra. Algunos capítulos más adelante en el libro de Hechos, el libro que nos relata el crecimiento de la Iglesia en sus comienzos, encontramos la historia de un grupo de personas que muestran esto, y nos sirven de ejemplo.

Lectura: Hechos 17:10-12

17:10 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos.
17:11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
17:12 Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.

El predicador aquí ya no es Pedro, sino Pablo, en su segundo viaje misionero. En el pueblo anterior, el de Tesalónica, un grupo de judíos había causado problemas para Pablo. En Berea, sin embargo, leemos que las personas eran más nobles. ¿Por qué eran más nobles? ¿Porque compartieron su comida con Pablo? ¿Porque le dijeron cuánto sentían que los tesalonicenses lo habían maltratado?

No, la nobleza de los bereanos consistía en una cosa: en que ellos, dice la Palabra, "todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba" (v. 11). Los bereanos no aceptaron sin consideración lo que Pablo les decía; no se basaron en sus capacidades como orador, o en lo atractivo de su mensaje.

Tampoco lo rechazaron simplemente porque no lo habían oído antes, aferrándose ciegamente a la tradición. ¡No! Los bereanos eran nobles, y son dignos de imitación, porque ellos escudriñaban - es decir, examinaban con cuidado - las Escrituras, para ver si lo que Pablo les decía era cierto o no.

¡Lo mismo debemos de hacer tú y yo! Uno de los legados de la Reforma del siglo XVI fue devolver la Biblia a las manos de la congregación. Nosotros no nos podemos imaginar lo que costó en sufrimiento para que cada uno pudiera tener su propia copia de la Palabra. No debes menospreciar ese privilegio.

No creas lo que un predicador te dice simplemente porque suena bonito, o porque es famoso, o porque te hace sentir bien, o porque parece hacer milagros. Ni creas lo que yo te digo simplemente porque soy tu pastor. Créelo porque lo has visto tú mismo en la Biblia. Corrobora mis palabras en la Palabra de Dios.

Algunos de ustedes quizás se sientan excluidos, porque no saben leer, o no saben leer muy bien. A ustedes, les digo dos cosas. En primer lugar, aprovechen las maneras en que sí pueden escuchar la Palabra - sea usando grabaciones, o en su altar familiar cuando otro lee. Grábense en el corazón lo que escuchan.

En segundo lugar, ¿por qué no se proponen aprender a leer? No hay mejor libro que la Palabra de Dios, ni mejor razón para aprender a leer que para poderla estudiar nosotros mismos.

Conclusión

Un predicador llegó a predicar en una iglesia, y depositó una moneda en la caja de la ofrenda. No llegaron muchas personas al culto, y las que llegaron parecieron no disfrutar mucho del mensaje. Al final, el predicador vació la caja, y sólo salió la moneda que él había echado. Su hijo observó esto y le dijo: "Papá, si hubieras metido más, habrías sacado más."

Sabes, lo mismo sucede con la Biblia. Conforme más esfuerzo le metes, más provecho le sacas. Hermanos, yo deseo que seamos gente de la Palabra. Esta iglesia va a crecer y se va a fortalecer en la medida en que llegamos a ser un pueblo de la Palabra. ¿Quieres ser parte de ese pueblo?


Visita la página web del Pastor Tony Hancock: www.pastortony.net.

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