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Domingo 16 de Junio del 2002

¿De qué sirve tu fe?
Pastor Tony Hancock

Un día, un padre y su hijo pequeño estaban haciendo mecánica juntos. El padre le dice a su hijo, "Tráeme una llave para quitar esta tuerca". El niño se mete en la casa, y aparece después de un rato - con la llave de la puerta. "No, hijo", le dice su padre, "esto no me va a servir". Le había traído una llave, pero no era la clase de llave que necesitaba. Aunque llevaba el nombre de lo que hacía falta para llevar a cabo el trabajo, no era la herramienta necesaria.

Ahora bien, creo que todos sabemos que, si queremos acercarnos a Dios, la herramienta esencial es la fe. Sin fe, dice la Biblia, es imposible agradar a Dios. Pero nos hacemos la pregunta: ¿Habrá algo que se hace pasar por fe, pero que no sirve para hacer el trabajo necesario? ¿Será que la fe que algunos profesan, o piensan tener, realmente no es suficiente para salvarlos? En esta mañana, te invito a hacerte la pregunta: ¿De qué sirve tu fe?

Lectura: Santiago 2:14-26

2:14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?
2:15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
2:16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
2:17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
2:18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
2:19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
2:20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
2:21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
2:22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?
2:23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.
2:24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
2:25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?
2:26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Hay diferentes cosas que se llaman fe. Hay personas que creen tener fe, pero se están engañando. En esta mañana, a todos nos conviene examinarnos para ver qué tan real es nuestra fe. Quizás encontraremos que la fe que hemos pensado tener realmente no es ninguna clase de fe. O quizás encontraremos que nuestra fe es algo débil, y veremos cómo tener una fe más fuerte. Pero, ¿cómo podemos saber de qué sirve nuestra fe? La respuesta que nos da Santiago es sencilla, pero muy profunda: observa las obras que produce tu fe. Así verás qué tan útil es. Es que

I. La fe verdadera se demuestra con acciones

Imaginen que a la hora de las peticiones de oración, el hermano David se pusiera de pie y dijera: "Hermanos, me ha ido muy mal en el trabajo. Mis hijos están sin comer por dos días ya, y nos van a quitar la casa. Necesito ayuda." Todos respondemos: "Ay, ¡qué pena! Espero que pronto puedas encontrar algo mejor. Te deseo todo lo mejor para ti y tu familia." ¿Piensan ustedes que esos buenos deseos puedan llenar los estómagos vacíos de sus hijos? ¿Creen que con esas palabras se resuelva el problema de David? ¡Claro que no!

La fuerza de nuestros buenos deseos se demuestra en llevar una bolsa de comida a la casa de David, en invitarle a salir a comer, en ayudarle a encontrar otro trabajo mejor. Si expresamos deseos bonitos, pero no hacemos lo que está en nuestro poder para hacer, entonces nuestros deseos suenan muy huecos.

De igual modo, podemos hablar todo lo que queramos acerca de la fe. Podemos decir ¡Aleluya! y ¡Gloria a Dios! todo lo que queramos, pero si no se ven los resultados en nuestra vida, entonces la simple realidad es que esa fe que profesamos tener no nos va a salvar. En el día del juicio, será con nosotros como aquellos que llamaron a Jesús "¡Señor, Señor!" y les respondió, "Nunca los conocí".

La manera en que se puede ver la realidad de nuestra fe está en los efectos que produce. En las minas, cuando se quiere distinguir entre ciertas clases de minerales, se puede usar una lámpara ultravioleta. Las distintas clases de metales producen diferentes efectos bajo la luz ultravioleta. Según sus efectos, se distinguen. De igual modo: si tu fe es verdadera, se distinguirán los efectos en tu vida.

La cuestión es simplemente que la fe y las obras no se pueden dividir. Esto lo vemos en los versos 18-19. Es importante entender esto. Podríamos creer que Santiago nos está diciendo que tenemos que agregarle obras a nuestra fe para que sea verdadera. Pero eso no es posible, porque la fe y las obras no se pueden dividir. Si tenemos fe verdadera, entonces las obras seguirán como resultado.

Es igual con los árboles. Si tienes un árbol en el jardín, y quieres saber si es manzano o peral, espera hasta que dé su fruto. Si salen manzanas, no es peral. Y si no se ven frutos en tu vida, sencillamente no tienes fe bíblica.

Para ver esto en acción, volvamos nuestra atención al padre de la fe. ¿Cuál figura bíblica es el ejemplo principal de la fe? Considerémoslo para ver que

II. La fe bíblica se mostró con acciones

Ese hombre era, por supuesto, Abraham. Santiago nos comenta su ejemplo, mencionando la ocasión en que fue mandado por Dios a ofrecer su único hijo como sacrificio. Nosotros sabemos que Dios realmente no quería que Abraham sacrificara a su hijo, pero Abraham no sabía esto. El evento sirvió como una prueba de la realidad de la fe de Abraham.

¿Qué pasó? Dios le dijo que sacrificara a su hijo, y Abraham salió de viaje con Isaac. Lo llevó al monte que Dios le había mandado, y preparó la leña para el sacrificio. Fue en ese momento que la voz llamó del cielo y le dijo que no lo sacrificara. Había probado su obediencia.

Abraham es considerado el principal ejemplo de la fe. El apóstol Pablo cita su ejemplo para mostrarnos cómo Dios nos acepta por medio de la fe. Pero, ¿cómo sabemos que Abraham tuvo fe? Su fe se hizo visible en las obras que hizo.

Abraham no fue el único que mostró su fe por sus obras. Una mujer de la vida alegre, llamada Rajab, tuvo la misma experiencia. Ella vivía en el pueblo de Jericó allá por el tiempo de la invasión israelita. Había oído acerca de las grandes cosas que había hecho el Dios de Israel, y llegó a creer que él daría la victoria a su pueblo. Cuando llegaron unos espías para ver el pueblo, ella los escondió en su techo. Pidió a los espías que, cuando llegaran a invadir su pueblo, dejaran con vida a ella y a su familia. Y así fue. Jericó fue conquistado por los israelitas bajo el mando de Josué, y Rajab y su familia fueron salvados. Rajab se integró a la nación israelita, y llegó a ser antepasada de nuestro Señor Jesucristo.

En el ejemplo de Rajab vemos fe; vemos que ella creyó que el Dios de Israel era el Dios verdadero, más fuerte que los dioses falsos que ella había adorado. Pero esa fe se tuvo que expresar en acción. Tuvo que llegar un momento en que ella escondió a los espías, arriesgándose a sí misma, porque creyó que era lo mejor.

El ejemplo de Rajab nos enseña que cualquier persona es capaz de tener fe. Si una prostituta, una persona que estaba tan fuera del pueblo de Dios que su ciudad estaba a punto de ser conquistada por ellos, pudiera tener fe y así agradar a Dios, entonces cualquiera de nosotros también puede tener esa fe. Pero esa fe tiene que producir obras en nuestra vida. Por eso decimos que

III. La fe tuya se debe mostrar con acciones

Si tú crees que tienes fe, pero tu vida no ha cambiado en nada, entonces te estás engañando. Déjame hacerte una pregunta: ¿qué diría tu pareja si le preguntáramos qué cambio ha hecho la fe en tu vida? Si la respuesta es ninguno, entonces es muy probable que no tengas fe.

¿Qué dirían tus compañeros de trabajo si les preguntáramos qué cambio ha hecho la fe en tu vida? ¿De qué maneras ha cambiado tu forma de ser? Fíjense en lo que dice el versículo 22: Su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo.

Este versículo nos enseña que la fe tiene una finalidad. La fe es imperfecta, está vacía, es estéril a menos que produzca obras. El apóstol Pablo dice lo mismo; justo después de decirnos que somos salvos mediante la fe, y no por obras, nos dice que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras. (Efesios 2:10)

Pretender tener fe que no produce obras es como tener un sol que no produce luz, o un fuego que no arde, o agua que no moja. ¡Algo anda mal con todas esas ideas! De igual modo, algo anda mal si nuestra fe no se completa con obras.

Quiero que seas muy honesto ahora contigo mismo. ¿Tu fe ha transformado la manera en que te portas en el trabajo? ¿Tu fe ha transformado la forma en que portas con tu familia? ¿Tu fe ha transformado tu estilo de tratar con las personas? Si no hay ningún cambio, si sigues igual, si no tienes ningún deseo de cambiar ni ves ningún cambio en tu vida, entonces tengo que decirte muy honestamente: esa fe que tú piensas tener no te puede salvar. Es posible que te hayas bautizado, es posible que hayas repetido una oración de salvación, es posible que te consideres cristiano; pero si no hay obras, entonces no hay fe.

¿Recuerdas al niño que le trajo a su papá la llave de la casa para quitar una tuerca del carro? Le resultó tan inútil como te resultará una fe que no produce obras.

Si te das cuenta en esta mañana que has estado viviendo con fe inútil, quiero invitarte a renovar tu compromiso con Dios y pedirle que obre a través de ti. Esta invitación es para ti que alguna vez aceptaste a Cristo como Señor y Salvador, pero no ves fruto en tu vida. Te invito a darle vida a tu fe, invitándole a Dios a hacer lo que él quiere hacer en ti.


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